SCI-Tech

Ciencia ficción se vuelve realidad en exploración espacial

Berenice González Durand 24 / Sep / 18
15 proyectos recientemente aprobados para el programa de Conceptos Avanzados e Innovadores (NIAC) de la NASA, proponen herramientas visionarias para el estudio del espacio, como la búsqueda de vida

En el fondo de un océano en Europa un vehículo anfibio busca trazas de material biológico. La anterior frase no tendría mucho de excepcional, pero todo cambia cuando sabemos que la Europa referida no es el continente en la Tierra, sino la homónima Luna de Júpiter.

El diseño de vehículos autónomos anfibios capaces de explorar en las superficies líquidas de diferentes cuerpos celestes, es sólo uno de los 15 proyectos seleccionados recientemente por el programa de la NASA llamado Conceptos Avanzados e Innovadores (NIAC), que se encarga de nutrir a la agencia estadounidense de proyectos visionarios que podrían transformar futuras misiones al espacio.

El programa fue operado desde 1998 hasta 2007 bajo el nombre Instituto de la NASA para Conceptos Avanzados. Durante ese periodo su gestión estaba a cargo de una red universitaria.

El NIAC continuó su trabajo a partir del 2011, administrado directamente por la agencia espacial. Durante su primera década de vida se recibieron más de mil 300 propuestas, de las cuales sólo fueron aceptadas 126 para ser incluidas en la llamada Fase I. Cada año la imaginación se desborda, pero siempre avalada por el hecho científico.
Para el desarrollo de estas tecnologías pioneras en la investigación espacial se contemplan dos fases que intentan impulsar de manera concreta toda esta serie de proyectos que parecen superar la ficción, pero que son técnicamente aplicables.

Actualmente la Fase 1 provee a los seleccionados de 100 mil dólares y nueve meses de plazo para el desarrollo de conceptos y análisis prospectivos. Los ganadores de la Fase 2, tienen un plazo de dos años para continuar sus diseños y podrán recibir hasta un monto de 500 mil dólares.
Termómetro del futuro

El rover anfibio para hacer exploraciones submarinas en el espacio es un proyecto del doctor Mason Peck, bajo la codirección del doctor Robert Shepard. Ambos trabajan para la Universidad de Cornell. Para ellos, un punto fundamental de esta investigación es proponer desarrollo tecnológico en misiones que no puedan ser impulsadas por  energia solar nuclear. Este aparato se asemeja en su forma física a un calamar.

Inspirado en las características naturales del animal, sus "tentáculos" son estructuras que le sirven como medio de propulsión; pero también constituyen amarres electrodinámicos para cosechar energía localmente al utilizar los campos magnéticos generados en el material líquido al interior del satélite. También se pretende que mediante un proceso de electrólisis este artefacto puede generar la energía eléctrica necesaria para alimentar sus subsistemas. Si el concepto se puede desarrollar con éxito, no solo podrá explorar Europa, sino otras lunas con océanos y lagos líquidos en Júpiter y Saturno.
 

 

"Si eventualmente la humanidad tuviera que trasladarse a otras partes, como seguramente ocurrirá en alrededor de 5 mil millones de años, cuando el sol finalmente se apague, se tendría que proyectar la búsqueda de lugares donde pudiera haber agua líquida. Además siempre está la curiosidad de entender qué es lo que hay afuera de la Tierra".
Luis Felipe Rodríguez. Centro de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM

Demostraciones virtuales de vuelos en la estratósfera, robots autónomos capaces de explorar superficies gaseosas para extraer energía de sus campos magnéticos, así como un proyecto capaz de extraer agua de los asteroides, son otros de los proyectos aceptados en la más reciente Fase 1 del NIAC en la NASA. Finalmente estas propuestas marcan la pauta de algunos de los intereses fundamentales que la agencia no planea perder de vista, como la realización de herramientas de exploración que tengan menores costos y mayores posibilidades; así como la exploración de los posibles tesoros hídricos de nuestro sistema planetario.

Para el doctor Luis Felipe Rodríguez Jorge, investigador del Centro de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, con sede en Morelia, la vida, como la entendemos nosotros, en sus más grandes y microscópicas manifestaciones, necesita del agua para realizar sus funciones metabólicas. Es así que el interés en este tipo de proyectos es elemental y académico en un primer momento, pues impulsa tecnologías que después se pueden convertir en herramientas prácticas útiles a corto, mediano y muy largo plazo.

"Si eventualmente la humanidad tuviera que trasladarse a otras partes, como seguramente ocurrirá en alrededor de 5 mil millones de años, cuando el sol finalmente se apague, se tendría que proyectar la búsqueda de lugares donde pudiera haber agua líquida. El sol va a pasar por varias etapas. Va a crecer primero, luego se ira apagando y si la humanidad no tiene la capacidad de moverse a una estrella más joven, sucumbirá. Además siempre está la curiosidad de entender qué es lo que hay afuera de la Tierra".

El científico señala que hace 20 años no sabíamos que las estrellas que vemos en el cielo tienen a su alrededor planetas y ahora se sabe que muy probablemente la mayoría represente un sistema planetario, lo cual cambia nuestra visión de la posible existencia de vida en otros lugares.

Una de los grandes retos de los científicos es cómo lograr que los humanos puedan soportar los trayectos hasta otros planetas y de hecho uno de los proyectos aceptados por el NIAC durante el 2013 fue una investigación que analizaba las posibilidades del cuerpo humano, y los medios de soporte adecuados, para lograr un estado de hibernación durante los viajes espaciales.

Para Rodríguez Jorge a veces la ficción retoma asuntos que plantean previsiones muy realistas, como en la película Interestelar (Christopher Nolan, 2014), donde se retrata la necesidad de ir en busca de otros mundos donde haya agua líquida. "En un sistema solar como el nuestro la estrella al centro es la que calienta a los planetas y según su proximidad a ellos se determina la presencia de agua, desde su estado gaseoso hasta sólido. En este sentido, hay una zona que se le llama de habitabilidad, que en nuestro sistema solar va más o menos de Venus a Marte, donde se calculan existen las temperaturas adecuadas para que el agua permaneciera líquida", señala.

"En un sistema solar como el nuestro la estrella al centro es la que calienta a los planetas y según su proximidad a ellos se determina la presencia de agua, desde su estado gaseoso hasta sólido"

El especialista en radioastronomía agrega que sin embargo también en planetas que están fuera de este rango, como el caso de Júpiter, se han encontrado rastros que sugieren la presencia de agua en estado líquido. Este es el caso del satélite Europa, en el que ocurren fuerzas de marea, similares a las que tiene la Tierra. Estos movimientos calientan el interior del satélite volviendo el agua a un estado líquido debajo de los kilómetros de hielo de su superficie. De hecho, otros científicos han descrito coloquialmente a Europa, como una especie de chocolate relleno.
 

Alt
 
Alt
 
Alt
 

El doctor Armando Arellano Ferro, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, señala que el agua no siempre es sinónimo de vida pues se conocen moléculas de esta materia en estado gaseoso en el espacio interestelar (la materia y energía que existe entre las estrellas dentro de una galaxia), pero el único ejemplo que tenemos de vida únicamente ocurre cuando está en estado líquido, por la forma en cómo entendemos el proceso vital en la Tierra.

"La búsqueda del agua ciertamente no deja de estar asociada, cuando menos en el imaginario del ser humano, con la búsqueda de vida. Así se reviste también el interés de ciencias como la astronomía y la biología por estudiarla in situ. Esto conlleva diferentes retos tecnológicos, pero actualmente la humanidad tiene el acceso a ese tipo de herramientas", señala y agrega que sin embargo es necesario contener la imaginación y sólo dejarla fluir ante el hecho científico.

Arellano Ferro piensa que lo que posiblemente sucederá cuando sea posible analizar este tipo de agua es que se encuentren muestras de vida en estado primitivo, que podrían ser bacterias o virus, de hecho él considera que estamos más emparentados con los virus de lo que pensamos.

"A veces cuando se habla con el público en general de estos asuntos, creen que se podrían encontrar formas de vida más evolucionadas, pero siempre conviene ser prudente sobre los límites reales", señala Arellano Ferro y puntualiza que el único sistema planetario al que tenemos acceso es éste. Los indicadores de otros sistemas planetarios existen, pero serán sólo indicadores en los que tendremos que confiar a la distancia. Cuando se descubrieron los planetas alrededor de otras estrellas fue algo extraordinario, algo que abrió un montón de posibilidades en muchos campos más allá de otras formas de vida. Por ejemplo, para el estudio de la física ha sido muy alentador. Existe la promesa de muchos hallazgos extraordinarios sobre las primeras etapas de la formación del sistema solar", señala y subraya diciendo que el plus sería el encuentro de microorganismos, pero éste también sería el límite.

"Difícilmente vamos a encontrar una forma de vida más evolucionada o más compleja. Cualquier forma de desarrollo biológico en nuestras cercanías tiene que ser necesariamente primitiva. Si se parecieran a nosotros, los conoceríamos hace mucho tiempo", dice el también autor de Por qué no hay extraterrestres en la Tierra, publicado en la colección la ciencia par todos del FCE.

El divulgador científico señala que si encontráramos señales de vida, serían rastros a nivel microscópico. "A veces la imaginación del ser humano va demasiado rápido y piensa que se podría ver un ser parecido a nosotros, pero eso entra en el terreno de la fantasía y conviene ponerle límites a la imaginación porque nos puede llevar a caminos muy alucinantes. Debe prevalecer siempre el hecho científico. Sin más fantasías, el encuentro con microorganismos sería ya algo extraordinario, una fuente muy rica de conocimiento".

 

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.