Cosmos

50 años de la conquista lunar

Berenice González Durand 15 / Jul / 19
Medio siglo después de llegar a la Luna, la NASA quisiera repetir la hazaña, pero las apuestas podrían inclinarse a los chinos como los próximos humanos en alunizar

Lucía lo recuerda con claridad. Eran casi las nueve de la noche y estaba sentada en la sala de su casa junto a su pequeño hijo de cuatro años mirando la transmisión de la llegada del hombre a la Luna en su pesada televisión a color marca Admiral. Al niño parecía no interesarle las imágenes borrosas explicadas por Jacobo Zabludovsky, pero a Lucía se le enchinaba la piel al imaginarse a ella misma caminando sobre ese misterioso lugar que solo podía concebir como un enorme foco nocturno; territorio de sueños más que de realidades. En su pequeño departamento de la Ciudad de México, ella era una de las 600 millones de personas en todo el mundo que veían la conquista más esperada hasta ese momento en la historia espacial.

El 20 de julio de 1969 la nave espacial Apolo 11 de la NASA aterrizó en la Luna. La hazaña se transmitió en vivo a los televidentes de todo el mundo. La Tierra se paralizó para atestiguar como el astronauta Neil Armstrong dejaba la primera huella humana en la superficie lunar bajo la mítica frase:“Es un pequeño paso para el hombre; un gran salto para la humanidad”. Lo acompañaban en la odisea espacial Edwin E. Aldrin (apodado Buzz y quien también recorrió la superficie lunar) y Michael Collins. Llevaban algunos  experimentos muy básicos, como un sistema para medir la sismicidad lunar y telemetría por láser para calcular mejor la distancia entre la Luna y la Tierra.

La imagen más nítida que conserva Lucía de la transmisión televisiva es la de la bandera de EU colocada más allá de las fronteras terrestres. No es gratuito que el recuerdo de esta mujer que hoy tiene más de ochenta años se remonte a la bandera de las barras y estrellas. Después de una cerrada carrera espacial entre la entonces Unión Soviética y EU, este último país había anotado un gol espacial que el mundo tenía que atestiguar y nuestra nación vecina había preparado todo cuidadosamente para hacerle saber al mundo quién conquistó la Luna.

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El 16 de julio de 1969, el enorme cohete Saturn V de 363 pies de altura se lanzó a la misión Apollo 11 desde el Pad A, Complejo de lanzamiento 39, del Centro Espacial Kennedy | Foto: NASA

Diez años antes ya se habían iniciado los preparativos para comunicarle al mundo la noticia. La NASA concedió dos contratos para la realización de diversas cámaras para captar las proezas del Proyecto Apolo, uno a RCA y otro a Westinghouse. La primera compañía construyó la cámara del módulo de comando del Apolo 11; la segunda empresa se encargó de diseñar la cámara del módulo lunar y fue la que registró la llegada de los primeros seres humanos a la Luna.

Estaba situada dentro de un cubículo de almacenamiento llamado MESA. La cámara era cubierta por una manta térmica para aguantar las temperaturas lunares de menos de cien grados centígrados. Esta cobertura tenía un agujero por el que salía la lente y se prendía mediante un interruptor que estaba dentro del módulo lunar. La señal se enviaba desde la antena del módulo lunar a una red de transmisión con tres antenas de 26 metros de diámetro puestas de forma equidistante en EU, España y Australia. En la antena de este último país se utilizó un convertidor para pasar la imagen televisada hasta el Centro de Control en Houston. De allí al resto del mundo.

En junio de 1969, apenas un mes antes del despegue, los astronautas del Apolo 11 continuaron entrenando en el Centro Espacial Kennedy de la NASA para su misión. En la imagen, el piloto del Módulo de Comando Michael Collins practica en el simulador de CM el 19 de junio de 1969, en el Centro Espacial Kennedy
Foto: NASA

Saltos y tumbos

Es así que mientras la televisión a color se consolidaba en la mayoría de las pantallas de la Tierra, la historia se dibujaba y transmitía desde el espacio exterior propulsada por el cohete Saturno V que había despegado desde el Centro Espacial Kennedy en Florida el 16 de julio de 1969. El Apolo11 era parte de un proyecto pensado para ganar. El Programa Apolo empezó en realidad en 1961 con el anuncio del presidente John F. Kennedy de enviar un hombre en la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo antes de finalizar la década de los sesenta.

Roger D. Lanius, historiador de la NASA, escribía recientemente en un artículo para la revista Nature que el programa Apolo se considera el resultado de la Guerra Fría entre EU y la Unión Soviética, pero fue también una lucha científica que al final le dejo ganancias al mundo. Según Lanius, en un inicio se planteó como una proyecto que aprovecharía los avances técnicos de ambas naciones y de hecho dos meses antes del asesinato de Kennedy, el entonces presidente había ofrecido un mensaje en la ONU con la propuesta de una expedición lunar conjunta. A pesar de los idealismos, al final EU se adjudicó el triunfo y Nixon resplandeció como si él mismo se hubiera bañado de polvo lunar.

Los estadounidenses llevaron astronautas del Programa Apolo en la Luna seis veces entre julio de 1969 y diciembre de 1972, pero en realidad el brillo lunar de esta primera fase histórica de exploraciones inició en la Unión Soviética (pioneros en misiones no tripuladas) y EU desde 1958 hasta 1976. Se trató de un periodo de frenética actividad durante el cual se realizaron 90 lanzamientos a la Luna (con perros y monos incluidos), aunque la gran mayoría no llegó a buen término.

El furor lunar descendió paulatinamente y hasta la década de los noventa volvió a encenderse cuando otras naciones empezaron a plantearse metas propias. Los retos en cuanto a exploración lunar hasta el día de hoy no han sido asumidos sólo por Estados Unidos y Rusia, sino también por la Unión Europea, China, India y Japón. Los proyectos con diferentes niveles de éxito se han enfocado en misiones no tripuladas. El siguiente paso es el establecimiento de bases lunares habitadas que permitirían mejorar la exploración de todo el espacio.

Jim Bridestine, Administrador de la NASA, ha dicho que el presidente Donald Trump les pidió que acelerara los planes de regresar a la Luna para que los humanos pudieran volver a su superficie en 2024.

Iremos con nuevas tecnologías y sistemas innovadores para explorar más lugares en la superficie de lo que nunca se creyó posible. Esta vez, cuando vayamos a la Luna, nos quedaremos y luego usaremos lo aprendido para dar el siguiente gran salto: enviar astronautas a Marte”, afirma Bridestine.

Es así que el equipo de Donald Trump impuso el reto de cinco años para llevar nuevamente humanos a la Luna y a pesar del entusiasmo de algunos, otros especialistas dudan que la empresa sea sencilla. Científicos como Ryan Watkins del Instituto de Ciencia Planetaria han declarado que la meta sólo podría ser alcanzable si se superan no sólo los desafíos técnicos, sino los financieros y políticos, pues a pesar de las ambiciones, la ciencia no supone realmente una prioridad para el Congreso de EU, ni en realidad para Trump, aunque la idea de brillar como Nixon sea tan tentadora.
 

Los retos en cuanto a exploración lunar hasta el día de hoy no han sido asumidos sólo por Estados Unidos y Rusia, sino también por la Unión Europea, China, India y Japón. Los proyectos con diferentes niveles de éxito se han enfocado en misiones no tripuladas. Conoce más en nuestro interactivo

Artemisa y los chinos

La nueva misión de la NASA enfocada en la Luna se llama Artemisa (en honor a la hermana gemela de Apolo). Este proyecto está planeado grosso modo en tres fases: un viaje no tripulado, una vuelta al satélite con astronautas a bordo y finalmente la llegada a la Luna con astronautas, entre ellos una mujer.

Algunos de los “peros” que podrían retrasar los objetivos de la misión son que la NASA aún no tiene listo al cohete y la cápsula de tripulación de Orion que llevaría a los astronautas al espacio profundo y que también serviría para impulsar la nueva odisea lunar. En la primera misión, conocida como Exploration Mission-1, un Orion no tripulado se aventurará miles de millas más allá de la Luna en el transcurso de unas tres semanas. La primera prueba no tripulada del combo cohete-cápsula está programada para mediados de 2020, con la primera prueba tripulada no antes de 2022. Otro “pero” es que la NASA tampoco ha desarrollado un vehículo de aterrizaje lunar desde que el programa Apolo terminó en el lejano año de 1972.

Llevar experimentos científicos y técnicos a la superficie lunar es primordial para el posterior triunfo de una eventual misión tripulada, pero en este aspecto, los proyectos en papel parecen haberle ganado a las realidades. Es así que se está confiando en la capacidad de los socios comerciales de la NASA para asumir estos retos de manera más eficaz. Hace un par de meses esta agencia espacial anunció que había firmado contratos con tres compañías, cada una de las cuales contempla llevar hasta 14 experimentos a la Luna a bordo de pequeños robots.

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Los chinos mandaron la sonda Chang'e-4 al lado más alejado de la Luna | Foto: Captura de pantalla

Para muestra: un botón, o más bien un módulo de aterrizaje. La compañía de New Jersey Orbit Beyond of Edison tiene la intención de enviar un módulo de aterrizaje a la llanura de lava del Mare Imbrium o Mar de la lluvia para el tercer trimestre de 2020. La sonda llevará hasta esta superficie circular cubierta de basalto y rodeada de tres anillos montañosos, instrumentos de la NASA, incluido uno para vigilar el nivel de radiación cósmica al que estarían expuestos los astronautas que pudieran habitar el satélite. Las otras dos compañías elegidas son Intuitive Machines y Astrobotics.

La NASA está contra reloj, mientras China paso a pasito esta cumpliendo con sus objetivos. Para los chinos la llegada de humanos a la Luna está contemplada para 2030, pero mientras tanto la serie de misiones lunares sin tripulación que ha lanzado durante la última década le ha traído gran reconocimiento. Su más reciente proeza: la llegada de la sonda Chang'e-4 al lado más alejado de la Luna. Este alunizaje abrió un nuevo capítulo en la exploración lunar a principios de este año. El objetivo es lanzar otras cuatro misiones robóticas, como la inminente Chang'e-5, que podría lanzarse en diciembre de este 2019.

Los investigadores esperan que las misiones chinas presenten nuevas pistas que brinden más certeza para la exitosa fundación de una futura base lunar. Una nueva carrera está lista y parece que tal como ocurrió hace medio siglo: cuando la ciencia está de por medio, la humanidad puede ser la verdadera ganadora.

Este es nuestro especial por los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Selecciona el texto y descubre detalles exclusivos de la NASA:

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.