Sociedad

ABC astronómico para entender el mundo de Game of Thrones

Luis Javier Plata Rosas 12 / Apr / 19
No está de más un poco de especulación cosmológica para voltear a ver los cielos de la popular serie creada por D. Benioff y D.B: Weiss

Con sus temperaturas idóneas exclusivamente para la proliferación de lo que en la Tierra llamamos zombis, y en Westeros (uno de los cuatro continentes de este mundo imaginario) caminantes blancos, el invierno en Los Siete Reinos de Juego de Tronos representa una amenaza mucho mayor para la humanidad entera que conspirar, dirigir ejércitos o montar dragones para sentarse en el Trono de Hierro, lo que seguramente implica que no ha sido por falta de empeño que los astrónomos de los cuatro continentes que forman "El mundo conocido" -nombre de esta especie de Tierra especular creada por George R.R. Martin- no hayan encontrado aún una forma de predecir la llegada y duración de esta estación.

Cielos westerianos

De comportarse como en la Tierra, las estaciones en Westeros serían el resultado de la inclinación del eje de rotación de este planeta con respecto a una línea perpendicular al plano en que orbita alrededor del Sol y, a lo largo del año —sea cual sea su duración en el hogar de La madre de los dragones— habría una variación en la cantidad de luz que llega a cada hemisferio.

Es seguro que la mecánica de los cielos westerianos presenta uno o varios grados más de dificultad que la de nuestro pequeño rincón del universo, dado que los científicos de la Tierra han propuesto, sin mucho éxito hasta antes de abril de 2018, varias hipótesis para explicar la irregularidad de las estaciones en "El mundo conocido", entre ellas:

1. Westeros (para simplificar, sustituyamos el nombre del planeta por el de este continente) es parte de un sistema estelar binario (constituido por dos estrellas). Esto puede explicar los cambios estacionales de Westeros, pero el planeta tendría que orbitar en la proximidad de ambas estrellas y terminaría chocando con una de ellas o siendo expulsado del sistema. Además, ningún personaje ha comentado que existan dos soles en un cielo al estilo de Tatooine, refugio temporal de Luke Skywalker en La guerra de las galaxias.

2. El eje de inclinación de Westeros oscila. Oscilaciones grandes en una escala pequeña de tiempo (de algunos años) explicarían la irregularidad de los ciclos estacionales, pero la energía necesaria para provocar estas fluctuaciones sólo se obtendría con eventos catastróficos como colisiones con otros planetas, lo que significaría el fin de dragones, caminantes blancos y, para acabar pronto, de toda esta saga fantástica.

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Las extremas condiciones climáticas del mundo ficticio de Juego de Tronos podría tener una explicaicón cosmológica | Foto: Especial

3. Órbitas excéntricas. No en el sentido de “estrafalarias” sino, en su acepción geométrica, como una medida de qué tan elíptica es la trayectoria que describe Westeros al dar la vuelta al Sol. Entre más excéntrica, más cortos los veranos y más largos los inviernos, pero tendrían un comportamiento regular que no es el registrado por los habitantes de Westeros.

4. Westeros es parte de un sistema solar con un cinturón de asteroides muy denso y tiene una órbita muy excéntrica que cruza por este cinturón. Cada que atraviesa la zona asteroidal, múltiples impactos con asteroides desencadenan fuertes cambios en la temperatura del planeta. El problema es que, de nuevo, ningún personaje ha señalado jamás la ocurrencia de estas colisiones.

El problema de Sitnikov

Otras teorías involucran, de manera más o menos desastrosa, actividad volcánica, cambios en las corrientes oceánicas y perturbaciones por la influencia gravitacional de planetas vecinos, pero la teoría que finalmente resuelve el problema, o que por lo menos no es contradicha por ninguno de los sucesos narrados en Juego de tronos, fue expresada en 1961 por el matemático ruso Kirill Alexandrovitch Sitnikov —y por ello se conoce desde entonces como El problema de Sitnikov— y aplicada a Westeros por los astrónomos Florian Freistetter y Ruth Grützbauch.

El problema de Sitnikov considera tres cuerpos celestes: dos primarios —como dos estrellas— y un tercero mucho más pequeño —como un planeta— y cuya masa es considerada nula por ser despreciable (física y matemáticamente hablando) su efecto en comparación con la de los cuerpos primarios. Si dejamos que las estrellas orbiten bajo su mutua influencia gravitacional, entonces se moverán alrededor del baricentro o centro de gravedad común de este sistema.

La teoría de que El mundo conocido orbite alrededor de dos estrellas abre la posibilidad de poder explicar los cambios tan drásticos en la duración de sus estaciones, lo que genrearía que el planeta experimentara calentamiento global seguido de un enfriamiento global. Al menos no contradice nada de lo dicho en Juego de Tronos 
Imagen: T. Pyle

Al colocar exactamente en el baricentro al planeta, su despreciable masa no causará ninguna perturbación en el movimiento de ambas estrellas, pero él sí se verá afectado por la gravedad de éstas y seguirá una órbita que cruza y es perpendicular al baricentro, de manera que oscilará por arriba y por debajo del plano orbital de las estrellas. Cada que se aproxima al plano orbital de las estrellas el planeta experimenta un calentamiento global seguido de un enfriamiento global a medida que se aleja.

En la mayoría de las ocasiones, la duración de las fluctuaciones periódicas arriba/abajo del plano orbital estelar es caótica, impredecible: cambios muy pequeños en la condiciones iniciales de este sistema de tres cuerpos pueden producir resultados completamente distintos y, de acuerdo con un teorema matemático (el teorema de Moser), siempre es posible hallar una configuración inicial de dos estrellas y un planeta  tal que el movimiento oscilatorio de este último reproduzca una secuencia elegida —la que se nos ocurra— de números enteros.

¿Magia universal?

Si, por ejemplo, proponemos la secuencia 3, 9, 2, 7, 1, esto significa que el planeta estará tres años debajo del plano orbital de las estrellas, alejándose primero y luego acercándose al baricentro hasta que lo cruce y siga ahora su movimiento por arriba del plano orbital de las estrellas durante nueve años, después dos abajo y así de manera sucesiva y alterna, y entre más cerca esté del plano orbital. Lástima que, al elegir la secuencia de enteros, ninguno de los dioses de Los siete reinos tuvo la precaución de comunicársela a sus fieles.

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George R. R. Martín es el creador de esta saga fantástica dónde parece que la magia universal da explicación a todo hecho físico extravagante | Foto: Juan Carlos

Pero… ¿no habíamos descartado ya un sistema estelar binario por la ausencia de dos soles en el cielo? Bueno, la ventaja de la aplicación del problema de Sitnikov a Westeros es que una de las estrellas pudo haber ya explotado como supernova y verse reducida a una estrella de neutrones, que no sería visible en el cielo de Westeros. Además, si la explosión ocurrió en un momento en que Westeros estaba lejos del plano orbital de las estrellas, los efectos negativos habrían sido mínimos.

Y, como no dudan en recordarnos Freistetter y Grützbauch, si la existencia de un sistema con una estrella, un planeta y una estrella de neutrones nos parece improbable en extremo, siempre podemos recurrir a la magia universal.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).