Alucinaciones: Cuando vemos o escuchamos lo que no existe

El cerebro es uno de los mecanismos más complejos que se conocen en la actualidad. Los daños físicos, defectos congénitos, desequilibrios químicos o enfermedades, puede afectar su equilibrio, perturbando la percepción de lo que interpreta como realidad, produciendo a lo que los médicos han denominado como “alucinaciones”. 

Ilustración: Especial

Experiencia religiosa y espectros

Hablar de alucinaciones, desde el panorama de la ciencia —en especial de la psiquiatría y la neurología— puede implicar entrar a terrenos escabrosos. Debido a que se pueden discutir textos sagrados, en donde los personajes que tuvieron diálogos con seres divinos, pueden ser diagnosticados con algún tipo de trastorno o mecanismo, como el uso de alucinógenos, que los llevo a esta experiencia.

Raúl Escamilla, en su día a día dentro del Instituto Nacional de Psiquiatría está familiarizado con el trato de pacientes que aseveran que han tenido experiencias sobrenaturales o divinas, afirmando que “atendió pacientes, por ejemplo, los que han realizado viajes sagrados, porque una voz en su cabeza se lo ordenó, pero ya estudiando su caso con profundidad, diagnosticamos algún tipo de trastorno mental”.

Manifestar un hecho religioso como una alucinación, puede herir susceptibilidades o generar menosprecio en la perspectiva aportada por la medicina; al poner en tela de juicio las apariciones divinas y manifestaciones de espíritus, fantasmas o seres mágicos que se revelaron ante una persona.
 

El desconocimiento de los trastornos que generan alucinaciones son detonante de prejuicios sociales, y deja desprotegidos a los que padezcan este tipo de padecimientos.

Foto: Especial

El neurólogo británico Oliver Sack describe en su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero que “…no pensamos nunca, en principio, que una visión pueda ser cosa «médica»; y si se localiza o sospecha una base orgánica, se considera que ésta «devalúa» la visión (aunque, claro está, no es así: los valores, las valoraciones, no tienen nada que ver con la etiología).”

Un doloroso estigma
 

 ¡Este señor está loco! Una expresión peyorativa común, en el momento de apreciar a un ser humano que sufre, al ser perseguido por voces o imágenes atrapados dentro de su cabeza como sucedió al icónico personaje de Cervantes.

El desconocimiento de los trastornos que generan alucinaciones son detonante de prejuicios sociales, y deja desprotegidos a los que padezcan este tipo de padecimientos.

Un informe realizado por la oficina de información para el Congreso de la Unión (INCyTU), perteneciente al Foro Científico y tecnológico A.C., conglomeró la información más actual sobre la salud mental en el país, con el objetivo de poner al día a los tomadores de decisiones; y en cual comunica que, en México “el estigma y la discriminación que sufren los enfermos mentales y sus familias puede impedir que recurran a los servicios de salud apropiados.”

También, INCyTU informa, que “del presupuesto en salud en México, sólo se destina alrededor del 2% a la salud mental, cuando la Organización Mundial de la Salud, OMS, recomienda que se invierta entre el 5 y el 10%. Además, el 80% del gasto en salud mental se emplea para mantener hospitales psiquiátricos, mientras que se destina muy poco a detección, prevención y rehabilitación”.

México, alejado de las recomendaciones de la OMS, propicia un panorama con una baja en la atención hacia un sector de la población que no se atiende de manera óptima, sumando a la deficiente comunicación social sobre los temas de salud mental; en comparación, a la que se le ha puesto énfasis como diabetes e hipertensión.
 

En México, sólo se destina alrededor del 2% a la salud mental, cuando la Organización Mundial de la Salud, OMS, recomienda que se invierta entre el 5 y el 10%. Además, el 80% del gasto en salud mental se emplea para mantener hospitales psiquiátricos, mientras que se destina muy poco a detección, prevención y rehabilitación”.

Foto: Instituto Nacional de Psiquiatría

El Dr. Raúl Escamilla Orozco subraya la necesidad de informar a través de los medios de comunicación a la población sobre las enfermedades mentales, que aún siguen siendo focos de discriminación y aislamiento social.

“No me preocupa los pacientes que acuden a nuestro instituto, eso habla que están con la disposición de tratarse y reconocen su problema; me preocupa los que están allá afuera, y que, por miedo, desinformación o no estén conscientes, no sean ayudados”, concluye el especialista.

 

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