Cosmos

Alunizaje chino: Un paso gigante al liderazgo espacial

Carmina de la Luz Ramírez 07 / Jan / 19
Con la misión Chang’e 4, la súper potencia oriental se pone a la altura de Estados Unidos y Rusia, tradicionales líderes en la exploración espacial, y amenaza con superarlos en los próximos lustros

Gracias a la Administración Espacial Nacional China (CNSA, por sus siglas en inglés), nunca más volveremos a decir que la cara oculta de la Luna es un lugar inexplorado. Erróneamente llamado “lado oscuro” —porque en realidad recibe la misma luz solar que el resto del territorio lunar—, esta región de nuestro satélite natural es imperceptible desde la Tierra debido a un fenómeno conocido como rotación sincrónica, lo cual significa que la Luna da un giro completo sobre su propio eje al mismo tiempo que termina de dar una vuelta en torno a la Tierra. 

Esta coincidencia entre los movimientos de rotación y traslación lunares ha convertido a la cara opuesta al “conejo” en todo un enigma para la humanidad, enigma que ahora está siendo revelado por el país con la bandera de las cinco estrellas amarillas.   

En cuanto a exploración lunar se refiere, China está lejos de llevarse el crédito completo, pues entre 1959 y 1976 fueron Estados Unidos y la entonces Unión Soviética quienes enviaron a la Luna una misión tras otra. Las siguientes décadas resultaron poco productivas, por no decir aburridas, y la exploración de la Luna se limitó a mapear la superficie con ayuda de orbitadores —como el Clementine de la NASA―, convirtiendo en un recuerdo nostálgico aquella época en que los astronautas del programa Apollo caminaban sobre la arena blanca a más de 300 mil kilómetros de distancia de la Tierra. Ahora, con Chang’e 4, China protagoniza una nueva vuelta de tuerca al alunizar, por primera vez en la historia, en la cara oculta de la Luna. 

Diosa de la Luna

Lanzada el 7 de diciembre de 2018 desde Jiuquan, la misión Chang’e 4 (cuyo nombre está inspirado en la diosa china de la Luna) consiste en un módulo de descenso y un rover que se posaron suavemente sobre la cuenca Aitken el pasado 3 de enero. Detrás del éxito de esta misión está la perseverancia.

Según información de la propia CNSA, el Programa Chino de Exploración Lunar se remonta a 2004, de tal forma que las misiones previas a Chang’e 4 consistieron tan solo en puestas en órbita (Chang’e 1 y 2, entre 2007 y 2010) y ensayos de alunizaje (Chang’e 3, en 2013). ¿A qué se debe tanto empeño por parte de los chinos para posarse en el lado oculto de la Luna? 

“Explorar lugares desconocidos es parte de la naturaleza humana, y también constituye un ímpetu fundamental para el desarrollo de la ciencia y la tecnología; por eso escogimos ir al lado oculto de la Luna entre todas las opciones que teníamos, aunque eso significara un mayor desafío”, fue lo que dijo a los medios Wu Weiren, director de las misiones lunares en la CNSA.

De acuerdo con Sun Zezhou, diseñador en jefe de la sonda Chang’e 4, es más difícil alunizar en el terreno del lado oculto de la Luna, donde además se presenta un problema en las comunicaciones. Al respecto, Mario De Leo Winkler, doctor en Astrofísica por la Universidad Nacional Autónoma de México, explica para Tangible que la cara oculta de la Luna está “blindada” ante las señales de radio provenientes de la Tierra. 

Por ello, previo al lanzamiento de la Chang’e 4, China colocó el satélite Queqiao en una órbita lunar (en mayo de 2018). Este instrumento es responsable de recibir señales de la Tierra, repetirlas para que lleguen a la Chang’e 4, y viceversa. Lo que antes representaba un obstáculo, ahora incluso es visto como una bondad: “El lado oculto de la Luna sería un lugar ideal para instalar radiotelescopios que nos ayuden a estudiar otras regiones del Universo, porque no está contaminado por las emisiones de radio producto de la actividad humana; así que China quiere ver esa posibilidad con la Chang’e 4”, dice De Leo Winkler, quien recientemente aceptó el cargo de Director del Sistema Nacional del Investigadores y Vocaciones Científicas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. 

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Chang’e 4 | Crédito: CASC

En busca de agua lunar

Mario De Leo describe el lado oculto de la Luna como un sitio lleno de cráteres y recovecos: “Algunos están en oscuridad completa, nunca les ha dado el Sol y, por lo tanto, tienen yacimientos de agua en estado sólido; es hielo de agua, escondido en esos recovecos”. China va tras esa agua porque constituye la fuente ideal de combustible (hidrógeno) para hacer de la Luna una especie de “gasolinera” espacial: “Ahí está el combustible que necesitamos para diferentes misiones; la ventaja de usar ese hidrógeno en lugar de las fuentes terrestres es que por la gravedad de la Luna [equivalente a una sexta parte de la gravedad terrestre] sería más barato lanzar desde ahí abastecedores de combustible a misiones que estén en órbita”, señala quien fuera Director de Educación y Extensión del programa FIELDS entre la NASA y la Universidad de California Riverside. 

El agua no es el único tesoro que China pretende buscar con la misión Chang’e 4; las llamadas “tierras raras”, sustancias ampliamente utilizadas en la electrónica y cada vez más escasas en la Tierra, también son parte de sus objetivos. Los celulares y las computadoras contienen estos elementos del grupo de lantánidos y actínidos, cuya explotación representa un negocio de trillones de dólares. Para poder rastrear todos estos intereses, el rover y el aterrizador de Chang’e 4 fueron equipados con instrumentos como un georradar, analizador de polvo, sismómetro, interferómetros y espectrómetros. Asimismo, el módulo de aterrizaje funciona como un laboratorio para experimentos de germinación de semillas de papa y eclosión de huevecillos de gusanos de seda. 

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Imágenes de Chang’e 4 | Crédito: CNSA

Liderazgo chino

En conjunto, Chang’e 4 constituye una tecnología que antes únicamente hubiera podido desarrollar Estados Unidos y tal vez Rusia. Para algunos periodistas, como el reportero canadiense Ryan Hicks de la CBC, los alcances espaciales de China son más un asunto geopolítico que científico; para otros, el éxito de la misión Chang’e 4 es clave en el contexto de una nueva carrera espacial, cuya supremacía será debatida entre Estados Unidos y China; algunos hasta la han asociado con la frase “un pequeño paso para Chang’e 4, un gran salto para la humanidad”. 

Todavía no se asoma una respuesta por parte de nuestro vecino del norte, pero antes de que China continúe con su Programa de Exploración Lunar ―la Chang’e 5 está pensada como una misión de retorno con muestras lunares y la Chang’e 6 quizá cuente con tripulación humana― otros países lo imitarán. Será 2019 el año en que India (con su misión Chandrayaan 2), Israel (con SpaceIL) y Corea del Sur (con el orbitador KARI) también lleven a la humanidad de regreso a la Luna. 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez