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Amazonia: radiografía de un pulmón enfermo

Berenice González Durand 05 / Sep / 19
El daño ecológico es aún incalculable. Las llamas han limitado el poderío de esta maquinaria natural que capta carbono y produce oxígeno. Las malas políticas ambientales se pagan de manera global

El fuego no discrimina. Jaguares, pirañas de vientre rojo, víboras, arañas bananeras, lagartos, ranas doradas, anacondas y hormigas gigantes, entre otras especies, han sufrido los estragos de las llamas. A lo largo de sus casi siete millones de kilómetros cuadrados, la Amazonia, como se le conoce a la región de la parte central y septentrional de América del Sur que comprende la selva de la cuenca del río Amazonas, alberga el bosque tropical más grande del mundo.

Con alrededor de siete millones de kilómetros cuadrados, lo que equivaldría a una superficie superior al doble del territorio de la India, es hogar de al menos 10% de la biodiversidad del planeta. Su bioma inigualable es engrosado por 2.5 millones de especies de insectos, 2 mil 500 de peces, más de mil 500 de aves, 550 de reptiles y 500 de mamíferos, según datos de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.

La humedad natural de este ecosistema tendría que bastar como una barrera para limitar incendios de gran magnitud, pero el humano es capaz de todo. La deforestación que ha sufrido esta zona, aunada al incremento de las temperaturas, fueron la suma perfecta para colapsar al llamado “pulmón del planeta” y la vida que habita en él.

La doctora María José Villanueva, Directora de Conservación de WWF en México, señala que es difícil conocer los daños precisos en la Amazonia:

Los bosques tropicales tienen alta riqueza biológica en los que existen, por ejemplo, muchos microendemismos”. Apunta que en este sentido va a ser tardado tener un diagnóstico preciso para reconocer el gran daño causado por los recientes incendios, pero agrega que ya han surgido cifras por parte de los especialistas que alertan sobre ecosistemas específicos.

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El fuego no discrimina. Jaguares, pirañas de vientre rojo, víboras, arañas bananeras, lagartos, ranas doradas, anacondas y hormigas gigantes han sufrido los estragos del fuego | Foto: EFE / Beethoven Delano

“Se considera que alrededor de cien jaguares se han perdido de sus grupos o se encuentran heridos. El asunto es preocupante porque la cuenca del Amazonas concentra el 85% de todos los jaguares en la región”. En los últimos cien años, este animal ha perdido casi el 50% de su histórico rango de distribución, pero la especialista explica que las poblaciones de la Amazonia habían sido consideradas sanas por la poca fragmentación del hábitat. “Esta zona se considera un bastión importante para esta especie”.

La conservacionista señala que en términos de la floresta, se calcula que tomará alrededor de cincuenta años recuperar parte de su vegetación, pues estaba poblada por árboles grandes o de largo crecimiento. “El impacto también es económico. Según consideraciones en nuestro país, restaurar un hectárea tiene un costo aproximado de 180 mil pesos, mientras que el costo de la conservación es de 3 mil pesos”.

Sin embargo, subraya Villanueva, las perdidas en este momento son incalculables también porque esta zona le provee al planeta servicios invaluables, como la captura de carbono. A este respecto, el doctor Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, señala que ciertamente estamos perdiendo la capacidad de esta gran máquina que capta dióxido de carbono, produce oxígeno y que genera condiciones para que el clima sea más propicio en todo el planeta:

Las plantas son los únicos seres en la Tierra que pueden convertir los rayos del Sol en un foco de energía listo para ser utilizado por otras plantas y por los animales. La luz solar es captada y mediante soluciones químicas, las plantas producen oxígeno como desecho y carbono (que permanece en sus células), productos que son transmitidos a los animales, incluido el hombre”.

El doctor Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, señala que ciertamente estamos perdiendo la capacidad de esta gran máquina que capta dióxido de carbono, produce oxígeno y que genera condiciones para que el clima sea más propicio en todo el planeta. En la imagen un bombero de la operación ABAFA Amazonia apaga un incendio en un bosque en la ciudad de Uniao do Sul, en Mato Grosso, Brasil
Foto: Reuters / Amanda Perobelli

El fuego no todo lo cura

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales en Brasil (INPE) precisa que se registraron 80 mil incendios entre el primero de enero y el 20 de agosto de este año. Estos datos son muy cercanos a los del Laboratorio de Ciencias Biosféricas en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA que monitorea el uso del suelo y los cambios ambientales a través de datos satelitales. Entre enero y finales de agosto, los satélites Terra y Aqua de la NASA detectaron 100 mil "focos de fuego" en la Amazonia brasileña, el número más alto en ese período desde 2010. En este lugar se mantiene una base de datos global de emisiones de incendios, que rastrea las emisiones de carbono y las áreas quemadas por la actividad de incendios en todo el mundo, estudiando la vulnerabilidad y la resistencia de los bosques a la sequía, el fuego y la tala.

Ceballos explica que estas quemas, provocan la concentración de gases de efecto invernadero que también tienen una implicación en el clima. “Pero algo que también nos afecta en México son las cenizas, que no sólo dañan de manera directa a la salud de los pobladores de Sao Paulo, sino que llegan hasta los ríos y mares”. El especialista agrega que estos nutrientes son una de las causas del crecimiento del sargazo en México. “Una conexión de apariencia lejana ha dejado una colección de sargazo en el Caribe, donde el alga llegó para quedarse”.

Estos incendios en la Amazonia han provocado la muerte de millones de seres vivos y la muy probable extinción de varias especies, algunas ni siquiera conocidas. Estamos hablando también del impacto a una zona donde habitan muchas tribus, incluso no contactadas por el humano occidental. Se trata de una tragedia en términos climáticos, de biodiversidad y de cultura”.

Entre enero y finales de agosto, los satélites Terra y Aqua de la NASA detectaron 100 mil "focos de fuego" en la Amazonia brasileña. Conoce más en nuestro interactivo

El mundo se enciende

Gerardo Ceballos opina que lo que sucede en la Amazonia también se conecta con una tendencia global, pues llevamos una década con fuegos atípicos. “Vemos cómo se está quemando el Congo, Indonesia, Rusia, Alaska y California. En este último lugar recientemente se perdieron 150 millones de árboles. En el Amazonas probablemente se perderán más de mil millones de árboles, pues estamos hablando de un lugar con mayor densidad y diversidad de especies”, dice y agrega que es evidente la forma en que estos puntos en la geografía global muestran cómo está relacionado el clima en todo el planeta.

“No debemos olvidar que México también sufrió importantes incendios este año y debemos seguir trabajando en la prevención”. Explica que hace un año había treinta mil chamusquines, gente de las comunidades rurales preparada para combatir incendios, pero este año hubo dos mil. “Debemos prepararnos de nuevo con esta práctica que ayuda además a las comunidades más vulnerables con recursos, con trabajo”.

Aunque reconoce que los fuegos en el Amazonas no son algo nuevo, lo que es muy impresionante es la escalada que han tenido estos fenómenos en el último año. Para Ceballos esto es consecuencia directa del desmantelamiento de la legislación ambiental en Brasil por parte del presidente Bolsonaro. “Como tantos otros gobernantes del planeta, este sujeto no entiende las consecuencias de sus acciones, pues se ha propiciado que gran parte de la deforestación la causen grandes corporaciones agrícolas y ganaderas, mediante fuegos que se salieron de las manos. Es decir, una política ambiental inadecuada te puede llevar a una situación catastrófica”, señala y agrega que como país deberíamos fortalecer las instituciones nacionales que cuidan el medio ambiente y tomar medidas que hablen de este descontento con el daño al pulmón global.

Acciones que tengan repercusiones, como dejar de comprar carne a Brasil; algo que de alguna forma limite políticas absurdas”.

Estos incendios en la Amazonia han provocado la muerte de millones de seres vivos y la muy probable extinción de varias especies, algunas ni siquiera conocidas. En la imagen los restos de una serpiente en el suelo en un área afectada por incendios forestales en el Parque Nacional Otuquis, al sureste de Bolivia
Foto: AFP / Aizar Raldes

Por su parte, Villanueva señala que la gente muestra una respuesta sin precedentes ante este tipo de eventos. “La lección para México es que el pueblo va a reclamar un ambiente sano que aparte es un derecho constitucional”, dice Villanueva y explica que cuando el crecimiento de la frontera agropecuaria no es sustentable, no sólo lleva a la perdida de la biodiversidad, sino al empobrecimiento de las comunidades locales. La especialista alerta que un ejemplo de esto sucede en otro importante resguardo de la biodiversidad del continente: la selva maya, donde los riesgos están latentes.

Para Ceballos, los ejes de fauna y flora de un país son factores de seguridad nacional, no menos. “Si se quemarán, por ejemplo, los bosques del Nevado de Toluca, no habría agua para el Valle de México”. Para él, desgraciadamente la tendencia en todo el mundo va por decisiones contrarias a la protección de los ecosistemas. “La gente se ha acogido a gobiernos populistas, que ofrecen cosas que no van a poder cumplir porque no tienen conocimiento de cuál es el impacto de las herramientas que brinda el medio ambiente. Esperemos que la presión social también ayude a resolver estas contradicciones”, concluye.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.