Cosmos

¿Amenaza espacial?: Un asteroide podría impactar la Tierra en el año 2175

Federico Kukso 25 / Jan / 19
De todas las catástrofes naturales conocidas, el impacto de un asteroide se puede prever y detener. Pero la tarea no sería sencilla. Conoce las misiones que buscan conocer estas potenciales amenaza

El año arrancó con grandes hazañas espaciales. Pero la que menos atención recibió quizás sea la más importante para el futuro de la especie humana. En los fríos límites del sistema solar, la sonda New Horizons sobrevoló el objeto del Cinturón de Kuiper 2014 MU69, apodado Ultima Thule. La misión espacial china Chang'e 4, por su parte, se estacionó en el lado oculto de la Luna, donde desplegó al rover Yutu-2 y en su interior germinó una pequeña planta de algodón que vivió poco tiempo.

La entrada en órbita de la nave OSIRIS-REx alrededor del asteroide Bennu, sin embargo, pasó casi  desapercibida. Al fin y al cabo, no era la primera vez que algo así se conseguía: en 2003, la sonda Hayabusa llegó al asteroide Itokawa; en 2007, la nave Dawn orbitó Vesta antes de dirigirse al planeta enano Ceres; y en estos momentos la japonesa Hayabusa 2 se encuentra dando vueltas alrededor del asteroide Ryugu.

Pero a esta misión de la NASA habría que seguirla más de cerca por una simple razón: Bennu es un objeto potencialmente peligroso. Científicos han calculado que hay probabilidades de que este asteroide de medio kilómetro de ancho y con forma de diamante impacte la Tierra entre 2175 y 2196.

“Hay una posibilidad entre 2.700 de que impactar el planeta, que son probabilidades muy pequeñas pero significativas”, señala Dante Lauretta, principal investigador de la misión. “Es algo a lo que debemos prestar atención. La buena noticia es que el posible impacto no se producirá hasta bien entrado el siglo XXII. Parte de la misión OSIRIS-REx consiste en comprender su órbita futura y refinar aún más la probabilidad de impacto. Y además recopilar información crucial sobre este objeto: su forma, rotación, órbita, composición, masa, para que cualquiera que necesite diseñar una misión de desviación esté bien equipado para emprender esa tarea".

Orden de captura
Desde hace unos 20 años, se detectan y catalogan probables amenazas espaciales para el planeta. El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA rastrea asteroides y cometas con órbitas que los llevan al llamado Sistema Solar interior, zona que se extiende entre el Sol y la Tierra. La misión de esta división del Jet Propulsion Laboratory en California es predecir sus próximos acercamientos y evaluar de manera confiable sus posibilidades de impacto en nuestro planeta. Hasta el momento se conocen unos 18 mil NEOs (Objetos cercanos a la Tierra) y la tasa de descubrimiento promedia alrededor de 40 por semana. 

A Bennu se le descubrió en 1999. Se cree que este asteroide con un diámetro un poco más grande que la altura del Empire State Building en Nueva York está hecho de una acumulación de rocas y polvo que podrían ser los mismos que se desprendieron de estrellas moribundas y eventualmente se unieron para crear el Sol y sus planetas hace casi 4.600 millones de años. 

Las simulaciones sugieren que esta antigua piedra espacial que orbita alrededor del Sol cada 436 días probablemente comenzó en el cinturón interior de asteroides como un fragmento de un cuerpo más grande con un diámetro de 100 km.

El cálculo de sus órbitas futuras indica que Bennu tiene una de las probabilidades de impacto más altas en los próximos siglos que cualquier asteroide conocido. Existe una posibilidad de impacto de 1 en 1800 con la Tierra el 24 de septiembre de 2182. En 2010 el italiano Andrea Milani y sus colaboradores predijeron una serie de ocho impactos potenciales de Bennu a finales del siglo XXII.

 

En julio de 2020 la sonda OSIRIS-REx utilizará un brazo mecánico de tres metros para recoger polvo y rocas del asteroide Bennu. Las guardará en una cápsula y viajará de regreso a la Tierra, dejándola caer en el desierto de Utah el 24 de septiembre de 2023, donde los científicos estarán esperando para recogerla. DART es la primera misión de defensa espacial: en octubre de 2022 impactará contra el asteroide Didymos B, en un plan para intentara desviar su trayectoria
Foto: NASA

¿Encender las alarmas?
Suena alarmante pero no es tanto. Dicho de otra manera, las proyecciones indican que hay un 99,963 por ciento de probabilidades de que el asteroide no impacte contra la Tierra.

Aún así vale la pena estudiar de cerca esta posible amenaza, ensayar posibles caminos de acción. Así nació OSIRIS-REx, una misión rodeada de alusiones a la mitología egipcia: Osiris es el dios de la vida futura, mientras que Bennu representa a la garza y la creación.

Lanzada en 2016, la sonda llegó a las cercanías de su objetivo el 3 de diciembre pasado. Lo primero que hizo fue fotografiarlo al detalle. A partir de los datos enviados, los científicos descubrieron que la superficie del asteroide está llena de minerales parecidos a la arcilla que indican que en algún momento de su pasado lejano habría contenido agua líquida.

 La misión, sin embargo, no solo toma imágenes bonitas. El objetivo de OSIRIS-REx es recolectar al menos 60 gramos de polvo y roca de Bennu. Para ello, no aterrizará. Luego de inspeccionar cada centímetro cuadrado de este antiguo grupo de escombros que queda de la formación de nuestro sistema solar, la sonda se acercará a su superficie en julio de 2020 y utilizará un brazo mecánico de tres metros para recoger estas partículas. Después, guardará la muestra en una cápsula y viajará de regreso a la Tierra, dejándola caer en el desierto de Utah el 24 de septiembre de 2023, donde los científicos estarán esperando para recogerla.

 Poder examinar estas muestras es clave para conocer nuestro pasado y también nuestro futuro. Los asteroides —hasta ahora se conocen en total unos 780.000— son cápsulas del tiempo del sistema solar primitivo que se conservan en el vacío del espacio: podrían guardar secretos sobre el medio ambiente en el que se formó nuestro propio planeta y nuestro vecindario espacial. Por ejemplo, los asteroides podrían desempeñar un papel clave en el transporte de compuestos formadores de vida a la Tierra. Es más: los asteroides podrían contener metales preciosos como hierro, aluminio y platino y alentar nuevas industrias como la minería espacial.

El efecto Yarkovsky
En el caso de Bennu, OSIRIS-REx también analizará de cerca el llamado “efecto Yarkovsky”, crucial para determinar con precisión su órbita. En el año 1900, el ingeniero polaco Ivan Osipovich Yarkovsky observó que el calentamiento diurno provocado por el Sol de un objeto pequeño como un asteroide podría influenciar a largo plazo sus órbitas.

Bennu viaja alrededor del Sol a una velocidad de 101.389 kilómetros por hora a aproximadamente la misma distancia que la Tierra. El asteroide se calienta con los rayos del Sol y, al elevar su temperatura, emite radiación térmica en diferentes direcciones mientras rota. Los astrónomos han calculado que su órbita se ha desviado aproximadamente 280 metros por año hacia el Sol desde que se descubrió. 

Estudiar el efecto Yarkovsky in situ permitiría entender cómo se modifican las órbitas de otros asteroides y así ayudar a prevenir y a predecir futuros peligros para nuestro planeta.

“Es una gran aventura para explorar un mundo desconocido —dice Dante Lauretta—. Vamos a alcanzarlo y a tocarlo, y entonces vamos a traer un tesoro en forma de muestras a la Tierra para el análisis científico. Para mí no hay nada más excitante que eso”.
 

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NASA

Apuntar al blanco
La vigilancia espacial, sin embargo, no es completa. Gran parte de estas potenciales amenazas son cuerpos pequeños, oscuros y difíciles de ver. Por lo que es posible que un día aparezca uno en los radares sin previo aviso.

Desde su nacimiento, nuestro planeta ha estado expuesto a este tipo de bombardeos. Los ha sufrido, como cuando hace 66 millones de años un gran asteroide aniquiló a los dinosaurios y dejó estampada su huella en el cráter de Chicxulub,  al noroeste de la península de Yucatán.
 
“El riesgo de una colisión de asteroides con la Tierra es real”, señala el astrofísico francés Patrick Michel y especialista en asteroides. “Si un objeto de 1 km impactase sobre la Tierra, causaría daños a escala global. Este escenario ocurre cada 500.000 a 1 millón de años. En 2029, un objeto llamado Apophis, de 350 metros de diámetro, pasará a menos de 36.000 km del planeta. Incluso será visible a simple vista. Si cayera en la Tierra, haría daño a escala de continente”.

A diferencia de los dinosaurios, no estamos condenados a esperar nuestro final con los brazos cruzados. De todas las catástrofes naturales conocidas —sismos, tsunamis, erupciones, huracanes—, esta es una que podemos prever y detener.
   
Así nació la idea de desarrollar métodos para desviar asteroides: algunas propuestas van de enviar una sonda kamikaze a lanzar una ojiva nuclear, opción concebible sólo para las grandes asteroides.

La primera misión defensiva
La visita de OSIRIS-REx a Bennu es una de las primeras misiones que forma parte de una estrategia mayor. No solo basta con detectar estas posibles amenazas a tiempo y conocerlos íntimamente. Es preciso contar con algún tipo de plan. La misión DART (Double Asteroid Redirection Test o Prueba de Redireccionamiento del Asteroide Doble) es uno de ellos: se trata de la primera misión de defensa planetaria. 

En tres años, esta sonda de la NASA viajará 10 millones de kilómetros e impactará contra un asteroide de 160 metros de largo. Será un acto de defensa propia: más que destruirlo, buscará por primera vez en la historia espacial humana desviar su trayectoria.
“Hasta ahora las misiones espaciales han buscado recopilar datos científicos y aprender más sobre cómo funciona el universo, el pasado del sistema solar, el sistema solar primitivo, cómo se formó todo", advierte la científica planetaria Nancy Chabot, del  Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory. “La defensa planetaria, en cambio, se trata realmente del sistema solar actual y de lo que vamos a hacer en el presente".

Originalmente, se trataba de una misión conjunta entre la agencia espacial europea y la NASA. Pero el proyecto de la ESA se canceló. El objetivo de la misión DART -del tamaño de un automóvil- es Didymos, un asteroide binario: Didymos A mide aproximadamente 780 metros de ancho y Didymos B, un asteroide más pequeño que lo rodea como una luna, es de unos 160 metros. En verdad, no representan una amenaza para la Tierra. Pero sí forman un buen blanco para empezar a practicar la técnica de deflexión, es decir, de desviación del asteroide para proteger al planeta.

“Un asteroide binario es el laboratorio natural perfecto para esta prueba”, dice Tom Statler, científico del programa de DART. “El hecho de que Didymos B esté en órbita alrededor de Didymos A hace más fácil ver los resultados del impacto y asegura que el experimento no cambie la órbita de ambos alrededor del Sol”.
La sonda DART se lanzará en junio de 2021 y en octubre de 2022 impactará a Didymos B, es decir el asteroide más pequeño, a una velocidad de 6 km por segundo, nueve veces más rápido que una bala.

“Debemos estar listos antes de que lo necesitemos”, advierte Patrick Michel, codirector del comité de Coordinación de la misión. “Porque cuando detectemos un asteroide asesino no sabemos cuánto tiempo tendremos para actuar”

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.