Antropología de las Kardashian... y su poder de colarse en los sueños

El secreto para mantener el interés del público en un reality show que lleva más de 15 años presentando lo mismo —si acaso incorporando a miembros de reserva como Kendall y Kylie Jenner, hermanastras que, física y conductualmente y guardando las conocidas proporciones entre unas y otra, son como semiclones de Kim— radica, según Moeller, en la habilidad que ha desarrollado este emporio familiar para rumiar las mismas historias una y otra vez: presentarlas en diferentes medios y diferentes tiempos de manera casi idéntica, pero añadiendo cada vez nuevos trozos de información para mantener el interés de sus seguidores.  

El secreto para mentener el interés del publico, radica en la habilidad que ha desarrollado este emporio familiar para rumiar las mismas historias una y otra vez: presentarlas en diferentes medios y diferentes tiempos de manera casi idéntica, pero añadiendo cada vez nuevos trozos de información para mantener el interés de sus seguidores.

Para ejemplificar esta estrategia rumiante de autopromoción, Moeller analiza el misterioso (es un decir) caso de la noche en que se le pasó la dosis a Lamar Odom, basquetbolista de la NBA mientras que, para su desdicha (en cuanto a exposición pública se refiere) estuvo casado con Khloé Kardashian, ceremonia que, por supuesto, tenía que ser transmitida durante un episodio de Keeping Up With the Kardashians y boda que, claro está, había que aprovechar para lanzar un spin-off apropiada, ya que no creativamente, titulado Khloé & Lamar (al aire entre 2011 y 2012) y que al menos duró más que uno de los matrimonios de su hermana Kim. 

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Las Kardashian posan en la alfombra roja de la Gala Met de 2019 | Foto: EFE / Justin Lane

Debido a una sobredosis, el 13 de octubre de 2015 Lamar Odom fue hallado inconsciente en un burdel de Las Vegas y hospitalizado, lo que motivó a su exesposa Khloé a visitarlo y permanecer a su lado en tiempos tan aciagos. Antes de ese suceso, todo mundo (al menos todo mundo que seguía su carrera profesional) sabía que las drogas le eran tan familiares como el balón de basquetbol a este jugador, y los medios cubrieron de manera intensa y extensa absolutamente todo lo que había pasado en Las Vegas… con excepción de lo que Khloé y el resto de su familia experimentó en esos momentos. 

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Khloe Kardashian Odom y el basketbolista profesional Lamar Odom | Foto: AP / Evan Agostini

En ese entonces, lo único que Khloé compartió con el mundo fueron sus plegarias por la próxima recuperación de su exmarido, lo que casi podría llevarnos a pensar que, después de todo, la empatía y generosidad es más frecuente en nuestro mundo que lo que programas como Game of Thrones nos quieren hacer creer, sólo que… Un año después (2016) Khloé y su familia entera dedicaron varios episodios de dos temporadas para dar su versión sobre lo que había ocurrido la noche de la sobredosis, así como de anécdotas variopintas a lo largo del proceso de rehabilitación de Lamar, y todavía en 2018 Kim Kardashian seguía tuiteando chismes escabrosos sobre un incidente tan de pesadilla para el basquetbolista como redituable para la socialité. 

Empatía cinemática

Y si de pesadillas y sueños hablamos, el antropólogo Robin E. Sheriff exploró de qué manera Kim se ha introducido en los sueños de jóvenes mujeres de Estados Unidos.

La presencia de celebridades como Kim y demás contenido proveniente de la televisión y otros medios de comunicación en nuestros sueños no es nueva ni inesperada: despreciando por completo la pseudociencia freudiana y apoyándose en la ciencia neurocognitiva que indica que existe una continuidad entre lo que soñamos y nuestras experiencias y preocupaciones mientras estamos despiertos, el contenido onírico sirve como indicador, entre muchas otras cosas, de cambios culturales como los provocados por la aparición, multiplicación y diversificación de los reality shows, de entre los cuales pocos hay que puedan medirse con el éxito del de las Kardashian.

Sheriff nos dice que, si bien los llamados sueños diegéticos (aquellos en los que el soñador forma parte del sueño) anteceden a los realities, es a partir de estos que uno sueña con que compite en programas como America’s Next Top Model (o el que sea de nuestra preferencia). Este cambio cultural ha favorecido la proliferación de sueños diegéticos en los que Kim aparece en el papel de ella misma, como bien pudo comprobar al pedir a universitarias de entre 19 y 25 años que describieran sus sueños y recolectar estos durante los años 2014 y 2016. Varias de estas jóvenes soñaban, por ejemplo, que Kendall y Kylie Jenner entraban a comprar ropa en una tienda atendida por la soñadora en el sueño, y que se hacían amigas y se retiraban juntas del lugar, y que tenían sueños en los que alguna de las Kardashian participaba con una periodicidad semanal. 

Para Sheriff, esta continua invasión de las Kardashian a nuestro espacio onírico se debe a lo que en neurociencias se conoce como empatía cinemática, una tendencia a sentirnos identificados con los personajes y celebridades que vemos en nuestras ahora tan variadas y ominpresentes pantallas. Sheriff advirtió también que una posible causa de esta irrupción frecuente y no deseada (con excepción de una, todas las jóvenes aseguraron despreciar el reality de Kim) es el exceso de exposición, dado que varias de las entrevistadas habían pasado la mayor parte de su vida viendo la de las Kardashian. 

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Las hermanas Khloé, Kourtney, Kylie y Kim Kardashian rodeadas de todos sus hijos | Foto: Instagram

Y he aquí la última paradoja de este reality como placer culposo: si no queremos tener una vida como la de Kim, ¿por qué no podemos dejar de seguirla?

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