Sociedad

¿Artificial o natural? Lee esto antes de poner tu árbol navideño

Carmina de la Luz Ramírez 12 / Dec / 18
¿Puede ser un árbol natural más ecológico que uno de plástico? ¿Es mejor adquirirlo nacional o importado? Tu decisión puede impactar positivamente en el medio ambiente

Maru y su familia ya habían recorrido casi todo el expendio sin encontrar el arbolito de navidad ideal. Estaban a punto de ir a otro sitio cuando finalmente lo vieron, un poco escondido entre otros ejemplares. Era perfecto para ellos, sobre todo por su fresco olor a bosque que haría de la navidad algo inolvidable. Esta no es la primera vez que Maru compra un arbolito natural, pero sí es el primer año en el que adquiere uno producido en una plantación forestal mexicana. 

Para los expertos en manejo forestal, las plantaciones de árboles navideños son una promesa de desarrollo rural y conservación de los bosques. Efectivamente, la experiencia en México, impulsada por instituciones como la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), ha traído diversos beneficios sociales, económicos y ambientales. Sin embargo, antes de poder decir ¡feliz navidad!, el sector productivo de árboles navideños en México tiene que evitar algunos problemas, como la importación sin certificado fitosanitario, la tala ilegal y la huella de carbono.
 
Biodiversidad mexicana
De acuerdo con datos de la CONAFOR, desde la década de 1960 existen en México plantaciones específicas para producir árboles de navidad; pero no fue sino hasta el 2001 que dicha actividad pasó a ser parte de las políticas públicas al tiempo que incorporaba el conocimiento científico. 

Nuestro país es afortunado: su ubicación geográfica y la forma de su territorio hacen posible que los principales tipos de clima, suelo y vegetación del mundo estén representados. Por ejemplo, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad señala que los bosques de coníferas ocupan el 16% del territorio. Es en este tipo de ambientes donde, de acuerdo con una investigación publicada en la Revista Mexicana de Biodiversidad en 2014, habitan 94 especies de coníferas (cipreses, abetos, tejos y pinos). De hecho, México ocupa el primer lugar a nivel mundial en diversidad de estos últimos; no existe ningún otro país en el planeta con tantas especies de pinos, es aquí donde se concentra el 50% de la diversidad de este grupo de árboles. 

Por lo anterior y porque representan una opción aparentemente rentable (entre 2013 y 2016 la CONAFOR le invirtió 7.8 millones de pesos y al final de ese periodo reportó una derrama económica de 360 millones), resulta evidente que las autoridades forestales aboguen a favor de las plantaciones comerciales de árboles de navidad. Sin embargo, hay un par de reglas que se deben seguir para poder establecerlas. 

 

Nuestro país es afortunado: su ubicación geográfica y la forma de su territorio hacen posible que los principales tipos de clima, suelo y vegetación del mundo estén representados
Foto: El Universal

La primera consiste en escoger aquellas especies que corresponden a la biodiversidad propia del lugar; esto con el fin de evitar la competencia, lo cual suele suceder cuando se introducen especies que no se darían de manera natural. La segunda regla es la elección de los lugares adecuados, pues las políticas de la CONAFOR están enfocadas en rescatar sitios que han perdido productividad debido a una sobreexplotación previa con fines agrícolas, pecuarios o de tala ilegal. Esto significa que el árbol adquirido por Maru y su familia no fue extraído de un bosque, sino de un sitio que actualmente funciona como una “extensión” de los bosques aledaños, y que de no haberse convertido en plantación forestal comercial probablemente sería un territorio desierto, amenazado por la inminente llegada de la mancha urbana. 

Ese arbolito verde que ahora adorna con luces navideñas la casa de Maru tiene su propia historia, y es resultado de un conjunto de investigaciones, técnicas y tecnologías aplicadas al manejo forestal. Para empezar, las sobresalientes cualidades genéticas estudiadas en su árbol padre hicieron que fuera seleccionado desde que era una semilla; entonces fue llevado a un banco de germoplasma (o banco de semillas), donde recibió diferentes tratamientos para asegurar su germinación; una vez convertido en plántula, fue trasladado a un invernadero, con las condiciones controladas de humedad y temperatura que lo harían parte del 60% de plantas sobrevivientes en su respectivo lote. El arbolito, aún siendo un bebé, llegó finalmente a la plantación forestal, donde recibió los cuidados (casi “personalizados”) de los miembros de una comunidad rural que encontraron en la plantación una fuente de empleo. 
 
No todo es color verde 

Para Maru el árbol de navidad simboliza el inicio de las celebraciones decembrinas, y además le recuerda su infancia, cuando ella y sus hermanos pasaban tiempo con su mamá eligiéndolo y adornándolo. “¡Pero tiene que ser natural!”, exclama, “…porque son más bonitos y ecológicos; los de plástico contaminan y son tóxicos”. En parte, Maru tiene razón, pero también tienen razón las personas que prefieren los árboles de navidad artificiales como una opción más amigable con el ambiente. 

En Estados Unidos ambas posturas están representadas por organizaciones comerciales, como la Asociación Americana de Árboles de Navidad (ACTA, por sus siglas en inglés), en pro de los árboles sintéticos, y la Asociación Nacional de Árboles de Navidad (NCTA), promotora de los árboles naturales. Cada año, estas asociaciones financian estudios con el objetivo de hallar evidencia que respalde su producto y lo coloque por encima de la competencia. 

Por ejemplo, la ACTA alega que los árboles naturales representan una buena parte de las fuentes de incendios en los hogares estadounidenses, mientras que sus productos artificiales cuentan con innovaciones químicas, como los retardantes de fuego, que los hacen más seguros. Por su parte, la NCTA desfavorece a los árboles sintéticos porque en su mayoría están hechos de PVC, un polímero o plástico en cuyo proceso de producción se utiliza mercurio, sustancia altamente contaminante y tóxica; aunque ya hay en el mercado árboles de navidad artificiales elaborados con polietileno, un polímero sintético menos peligroso.

Desde una perspectiva más neutral, la organización británica Carbon Trust (experta en ofrecer a las empresas soluciones para una economía sostenible que ayude a mitigar el cambio climático) ha analizado la huella de carbono que dejan los arbolitos de navidad, tanto artificiales como naturales. Esta es una de las formas más simples de medir el impacto ambiental de determinado producto. Al respecto, Carbon Trust encontró que un árbol navideño artificial deja una huella de carbono de 40 kilogramos de dióxido de carbono, en comparación con los 3.5 kg que se generan en la producción de un arbolito natural. 

Es decir, el primero debe ser utilizado por lo menos 10 años para comenzar a ser competitivo frente al árbol natural en términos “verdes”. ¿Qué pasa con una persona que durante 15 años ha comprado un arbolito natural distinto?, ¿acaso cuida menos el ambiente que alguien que ha reutilizado por 20 años su arbolito artificial? 

La respuesta es relativa, pues en ambos casos la huella de carbono puede incrementarse según de dónde provengan los ejemplares y a dónde vayan a dar. Por ejemplo, un árbol natural importado tiene una huella de carbono mayor debido a los combustibles quemados para su traslado; y si este árbol es desechado en un basurero, su descomposición al aire libre elevará la huella de carbono hasta 16 kilogramos. 
 
Contra la tala ilegal
En general, los arbolitos que proceden de plantaciones forestales locales son vistos como una opción más amigable debido a la forma en que son producidos. “Las plantaciones forestales comerciales de árboles de navidad brindan diversos servicios ecosistémicos, como la captura de agua y carbono, la retención del suelo; regulan el clima y sirven de hábitat de la fauna silvestre”, dice Carlos Mallén Rivera, académico del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP). El experto en conservación y mejoramiento de ecosistemas forestales destaca, además, dos cualidades de este tipo de cultivos: “son eficientes, pues se pueden obtener hasta 4000 árboles por hectárea, y son cíclicos, es decir, una vez que se corta un ejemplar para venderlo, el tocón puede volver a echar un brote que se convertirá en otro árbol dentro de 5 a 8 años”. 

Sin embargo, aunque cada vez en menor medida, este sector todavía tiene que enfrentarse a la competencia de la tala ilegal, que en México se castiga con seis meses a nueve años de prisión y una multa de cien a tres mil días de salario mínimo, según en Código Penal Federal. Estos delitos son vigilados por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la cual también regula (mediante la Norma Oficial Mexicana NOM-013-Semarnat) la importación de árboles. Por ejemplo, en noviembre de este año, la PROFEPA evitó la entrada de un cargamento de más de 2000 arbolitos de navidad provenientes del Oregon (Estados Unidos), pues el Laboratorio Nacional de Referencia Forestal identificó la presencia de larvas de un escarabajo que, de convertirse en plaga, podría comprometer la producción nacional o los bosques naturales. 

Maru y su familia compraron un arbolito navideño con todas las de la ley: sano y con un certificado nacional forestal, respaldo que brinda la CONAFOR. Pasada la navidad, ellos tendrán que buscar un destino distinto a la basura para ese objeto que les brindó tantas alegrías. Para ello, nuestro país cuenta con centros de acopio en 29 entidades de la República; es a partir de esos sitios que los arbolitos pueden ser reintegrados a diversos ciclos (como la elaboración de artesanías, composta y material de jardinería) para que, de cierta forma, continúen vivos. 
 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez