SCI-Tech

Bebés genéticamente modificados: ¿Comenzó la nueva era de la humanidad?

Federico Kukso 30 / Nov / 18
Tarde o temprano iba a suceder. Esta semana la comunidad científica internacional fue sacudida por investigador chino que anunció haber creado —en el más completo secreto— los primeros bebés modificados genéticamente del mundo. ¿Se trata del comienzo de una nueva humanidad?

Decidido y con paso firme, un hombre algo desalineado de camisa blanca a rayas irrumpió en el auditorio de la Universidad de Hong Kong. Con un maletín de cuero en su mano derecha y un puñado de excusas en la izquierda avanzó hasta el estrado acallando en ese gesto al mundo. Cada periodista, fotógrafo, biólogo, filósofo, bioeticista y curioso presente en la aturdida audiencia de la Segunda Cumbre Internacional sobre edición genética en humanos en la ciudad menos china de China ansiaba registrar cada mueca, diseccionar cada palabra del físico devenido en genetista He Jiankui y comprender al fin por qué hizo lo que dijo que había hecho: “crear” a los primeros bebés modificados genéticamente del mundo.
 
La bomba científica había estallado el lunes. En un video de Youtube de 4.44 minutos, un joven y desconocido investigador anunció exultante en un discurso guionado el nacimiento de dos niñas  distintas: mucho antes de su primer respiro, dos gemelas chinas habían atravesado una cirugía genética. “Cuando eran una sola célula, Lulu y Nana -dijo He Jiankui en un tono mesiánico y en un inglés poco fluido-, removimos la puerta a través de la cual el VIH ingresa e infecta a las personas. Secuenciamos sus genomas y verificamos que la cirugía genética había salido bien. Las niñas están sanas como cualquier otro bebé. Su padre, Mark, tiene VIH. Y cuando las vio dijo que encontró una razón para vivir, para trabajar, un propósito. Como padre de dos niñas, yo no pienso en un regalo más hermoso para la sociedad que darle a otra pareja la oportunidad de comenzar una familia amorosa. Entiendo que mi trabajo será controversial, pero yo creo que las familias necesitan de esta tecnología y estoy dispuesto a recibir las críticas por ellos”.
 
Tenía razón. No pasaron minutos de que medios como Associated Press y el MIT Technology Review revelaran la noticia para que el bombardeo comenzara. “Científicos chinos están creando 'bebés CRISPR'”, “El reclamo de un bebé editado genéticamente provoca indignación internacional”, “¿Debes editar los genes de tus hijos?”, fueron algunos de los titulares. “¿Cuento chino?", publicó el diario colombiano El Espectador en su portada.
 
El debate ético se encarnizó. Gran parte de los científicos y especialistas en esta rama de la filosofía han condenado al investigador chino y calificado el procedimiento de irresponsable, injustificado. Destacaron la falta de transparencia y que no se había ajustado a las normas internacionales: hasta el momento la edición genética en humanos es ilegal en muchos países. La excepción es el Reino Unido, donde desde 2017 la investigación está permitida en embriones pero no su implantación.

En Estados Unidos no hay leyes que lo impidan específicamente pero los fondos federales no pueden utilizarse para esos estudios. Mientras que en China, donde se permite la investigación in vitro de células madre embrionarias humanas por un período máximo de 14 días, los experimentos están menos regulados y la rigurosidad de los comités éticos es altamente variable.
 
Donde este científico chino de 34 años formado en las universidades estadounidenses de Rice y Stanford ve una nueva esperanza médica para borrar enfermedades genéticas antes de nacer -algo así como un paso más allá de la fertilización in vitro-, gran parte de la comunidad científica internacional advierte la apertura de la caja de Pandora de la podrían llegar a escapar de su interior los nuevos males del mundo: bebés de diseño, seres humanos genéticamente mejorados, es decir, nuevas formas de eugenesia y de discriminación como tan bien lo retrató la película distópica Gattaca en 1998.
 

En un video de Youtube de 4.44 minutos, un joven y desconocido investigador anunció exultante en un discurso guionado el nacimiento de dos niñas  distintas: mucho antes de su primer respiro, dos gemelas chinas habían atravesado una cirugía genética
Foto: He Jiankui / AP

El científico chino de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur, en Shenzhen (sureste de China), había trasladado la edición genética del laboratorio a la sala de partos. Lo que hasta ahora era una posibilidad teórica se había vuelto una realidad. Supuestamente: porque no sometió su investigación a la revisión de otros científicos y hasta el momento no hay confirmación independiente ni publicación alguna en revistas especializadas. Lo que se sabe es que, bajo un manto de secretismo, reclutó parejas en un esfuerzo para crear los primeros bebés genéticamente editados al eliminar en los embriones un gen llamado CCR5 y así hacerlos resistente al VIH, la viruela y el cólera.
 
Hasta el momento había una moratoria internacional para avanzar con cautela con la tecnología de edición genética CRISPR. Este científico cruzó la línea. Y al hacerlo desató una condena generalizada por razones tanto científicas y éticas.
         
Los nuevos doctores Frankenstein
En diciembre de 2002, otro anunció provocó un terremoto social y científico. En aquella ocasión no tuvo su epicentro en China sino en Miami, Estados Unidos. En una conferencia de prensa celebrada en un hotel Holiday Inn, Brigitte Boisselier, directora ejecutiva de la empresa de biotecnología Clonaid —relacionada con la secta canadiense de los raelianos—, reveló la clonación del primer ser humano: una niña a la que simbólicamente se refirió como “Eva”.

No se suministraron ni fotografías ni pruebas de esta réplica genética exacta de su madre, una estadounidense de 31 años que no podía concebir de forma natural. Solo hubo conmoción generada por los miembros de este culto canadiense que basa sus creencias en que los seres humanos fueron creados con ADN procedente de una raza extraterrestre. Las polémicas alimentaron novelas como La posibilidad de una isla del francés Michel Houellebecq, quien presagió: “Todo lo que la ciencia permite será realizado, incluso si modifica profundamente aquello que hoy estimamos humano o deseable”.
 
A unos 16 años de aquellos anuncios grandilocuentes sin evidencias, los fantasmas retornaron. En un artículo publicado en The CRISPR Journal días antes de que explotase la noticia, He Jiankui escribió: “Más de siete millones de niños nacen cada año con enfermedades letales o debilitantes de origen genético. Las cirugías genéticas, que incluyen técnicas de edición de genes como CRISPR, prometen nuevas estrategias terapéuticas durante la fertilización in vitro para curar o prevenir estas enfermedades antes de que un niño sufra”.
 
Y, además de criticar el sensacionalismo del periodismo y recordar las controversias suscitadas en 1978 por el nacimiento de la primera “bebé de probeta”, también enunció cinco principios básicos para la cirugía genética en embriones humanos: misericordia para las familias necesitadas; solo para enfermedades graves, nunca vanidad; respetar la autonomía de un niño; los genes no nos definen; todos merecen estar libres de enfermedades genéticas.
 
Hasta el momento no está claro dónde fue que He Jiankui realizó la investigación y quién pagó por ella, si bien asegura que los gastos de los voluntarios corrieron por su cuenta. Los directivos de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur inmediatamente se despegaron de la controversia: declarararon que el científico se encontraba de licencia en el momento y que los ensayos clínicos no se llevaron a cabo en su institución.
 

“Más de siete millones de niños nacen cada año con enfermedades letales o debilitantes de origen genético. Las cirugías genéticas, que incluyen técnicas de edición de genes como CRISPR, prometen nuevas estrategias terapéuticas durante la fertilización in vitro para curar o prevenir estas enfermedades antes de que un niño sufra”.
Foto: He Jiankui / EFE

 
“No fue transparente -señaló el premio Nobel David Baltimore, presidente de la Segunda Cumbre de Edición Genética-. Solo lo descubrimos después de que sucedió y después de que nacieron las niñas”.
 
Conmoción global
El hospital con el que el científico alega haber colaborado, HarMoniCare en Shenzhen, lo denunció por supuesta falsificación de firmas en el permiso del comité ético que, según el centro sanitario, nunca se reunió. Ahora la Junta de Expertos de Ética Médica de aquella ciudad dijo que comenzaría una investigación. “Esto representa un gran golpe para la imagen y el desarrollo de las ciencias de la vida chinas en el escenario mundial”, proclamó un grupo de 122 académicos y científicos chinos que emitieron una declaración en la que condenaba la investigación.
 
“Si se verifica, este trabajo significa una ruptura con el enfoque cauteloso de la comunidad científica mundial del uso de CRISPR-Cas9 para la edición de la línea germinal humana”, afirmó enojada la genetista Jennifer Doudna, una de las pioneras y principales protagonistas de esta revolución de apenas unos seis años. Si bien la edición genética existe hace tiempo, la técnica CRISPR es relativamente nueva: surgió recién en 2012 como una poderosa herramienta -barata, precisa y fácil de implementar- para manipular y editar genes, como quien borra una palabra en un procesador de textos.
 
La conmoción global no fue exagerada. Sucede que lo que más preocupa de esta controversial tecnología todavía experimental es que los cambios genéticos se transmitirían a las generaciones futuras, provocando la alteración de las bases genéticas de la humanidad de una vez para siempre. Aún hay demasiadas incógnitas, demasiados riesgos desconocidos como para aplicar la herramienta a embriones humanos con fines terapéuticos. Por ejemplo, se podrían introducir mutaciones accidentales o causar problemas genéticos en etapas tempranas y posteriores de la vida, incluido el desarrollo de cáncer, según Julian Savulescu, especialista en ética en la Universidad de Oxford.
 
En este caso, no se trató de una edición parar curar. Fue una mejora genética realizada por un investigador deseoso por quedar ante la historia como un pionero, un disruptor. “La enorme ambición en China, el deseo de ser el primero, choca con el deseo de crear y hacer cumplir los estándares”, advierte el sociólogo Jing-Bao Nie, de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda.
 
No se tiene certeza sobre cómo será la vida de las niñas editadas en un país con una larga historia de uso de la tecnología para controlar y manipular la reproducción. La desactivación del gen CCR5, por ejemplo, podría provocar que sean más susceptibles a otras amenazas como el virus del Nilo Occidental o incluso la influenza.
    
Desigualdades genéticas
“Por este caso, me siento orgulloso”, dijo desafiante He Jiankui en su discurso durante la Cumbre de Edición Genética frente a 700 asistentes y miles de personas que lo veían en internet, defendiendo su trabajo contra la condena casi universal. Y arrojó otra bomba: dijo que había comenzado otro embarazo con embriones editados.
Si se confirma el nacimiento de las niñas, el científico habrá creado una estirpe nueva de humanos. Para lograrlo violó el consenso al que había llegado la comunidad científica internacional durante la Primera Cumbre sobre Edición Genética celebrada en Washington en 2015. Ganó publicidad, atención, posibles clientes que le solicitarán este proceso de edición genética.
 
El mensaje que envió así fue peligroso. “¿Estamos preparados para las consecuencias de la ingeniería genética de nuestra propia evolución? -indicó la canadiense Françoise Baylis, especialista en bioética-. Plantea una amenaza existencial significativa porque los cambios pueden persistir en toda la población humana durante generaciones, con riesgos desconocidos. No podemos permitir que los científicos por sí solos decidan el destino del genoma humano”.
 
Esto no quiere decir que en un futuro próximo no se vaya ni pueda a usar la edición genética para erradicar enfermedades. Pero aún es muy pronto. Las consecuencias podrían ser letales para la humanidad entera. Como escribió el genetista Eric Topol: “No debemos avanzar por este camino hasta que sepamos mucho más sobre las consecuencias de lo que estamos haciendo”.
 

No se tiene certeza sobre cómo será la vida de las niñas editadas en un país con una larga historia de uso de la tecnología para controlar y manipular la reproducción. La desactivación del gen CCR5, por ejemplo, podría provocar que sean más susceptibles a otras amenazas como el virus del Nilo Occidental o incluso la influenza.
Foto: AP

 
La edición de genes humanos podría conducir a una mayor desigualdad social. “Una vez que comienzas a crear una sociedad en la que los niños de las personas ricas obtienen ventajas biológicas sobre otros niños, las nociones básicas de igualdad humana salen por la ventana”, señala el biólogo molecular inglés David King.
 
En 1997, la Convención de Derechos Humanos y Biomedicina del Consejo de Europa de 1997 —la llamada Convención de Oviedo— prohibió las intervenciones de la línea germinal, es decir, el conjunto de información genética que pasa a los descendientes: “El miedo final es la modificación intencional del genoma humano para producir individuos o grupos completos dotados de características particulares y cualidades requeridas”.
 
Sacudidos por la noticia, los organizadores de la Segunda Cumbre Internacional de Edición Genética condenaron el controvertido estudio pero no exigieron una moratoria global en investigaciones similares, como esperaban algunos científicos. Lo cual ya tuvo su reacción: el Centro para la Genética y la Sociedad en Berkeley y la organización Human Genetics Alert en Londres organizaron una petición para solicitar a los gobiernos y a las Naciones Unidas que establezcan moratorias exigibles y se prohiban los experimentos reproductivos.
 
Lo que sigue es incierto. Ya dejamos atrás las fronteras de la ciencia ficción. Durante miles de millones de años, la vida evolucionó a su ritmo. Ahora, con la edición genética, el ser humano tiene por primera vez la posibilidad de alterar su manual de instrucciones, el de otras especies y el entorno a su antojo. Sin saberlo, podríamos estar en las primeras instancias del nacimiento de una nueva humanidad.
 

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.