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Churince: crónica de una muerte anunciada

Berenice González Durand 31 / Oct / 19
La extracción voraz del agua de Cuatro Ciénegas, Coahuila, ha llevado a la muerte de uno de sus principales humedales, donde aún sobreviven las bacterias que le dieron su color azul al planeta

En Cuatro Ciénegas se encuentran las bacterias que cambiaron el color del planeta Tierra de anaranjado en azul hace millones de años. Así lo explica la doctora Valeria Souza, quien se ha convertido en la principal investigadora de esta región sui generis del mundo donde aún habitan estructuras microbianas conocidas como estromatolitos, organismos que dominaron el registro fósil de la Tierra por millones de años durante el Precámbrico.

La doctora Souza, recientemente nombrada como miembro de la Academia Americana de Ciencias y Artes (AAAS), comenta que una de las principales ventajas de este reconocimiento es poder hacer eco sobre la tragedia ambiental que vive Cuatro Ciénegas, en Coahuila, el foco de sus investigaciones desde hace dos décadas y en donde la extracción voraz de agua finalmente mató al Churince, uno de sus principales sistemas hídricos.

La emoción se desborda cuando habla del lugar que ha sido el epicentro de sus investigaciones desde hace muchos años. “Cuatro Ciénegas es un verdadero oasis en el desierto, de hecho, es un lugar único en todo el planeta: es el humedal más biodiverso que conocemos”, señala y subraya que esa biodiversidad es extraordinaria porque es muy antigua. Es el único lugar del mundo donde actualmente coexisten los estromatolitos, organismos característicos de la vida temprana en la Tierra, con una heterogénea comunidad de animales. En este sentido, el lugar se ha vuelto un sitio estratégico para la astrobiología, una disciplina que pretende estudiar la vida fuera de la Tierra y cuyo objetivo es entender cómo empezó y evolucionó nuestro planeta para facilitar la búsqueda de vida en otros planetas de manera más eficiente, pues en este lugar, las bacterias parecen ser la base de la cadena alimenticia.

Biólogos, limnólogos, genetistas, paleontólogos y otros especialistas han analizado este territorio que en la actualidad funciona como un laboratorio natural para el estudio de la evolución en la Tierra, de hecho, el interés de instituciones como la NASA en este territorio está vinculado a que el tipo de sales y la dinámica del agua podrían ser análogas a las de Marte y, por lo tanto, serviría como un modelo para buscar vida en el llamado Planeta Rojo.

La científica del Instituto de Ecología de la UNAM explica que la sobrexplotación del agua de este oasis incrustado en una montaña ha impedido que el agua fluya naturalmente hacia el desierto, dañando a las “bioingenieras más poderosas que se conocen”, las comunidades vivas antiquísimas que convirtieron los océanos y la atmósfera en medios oxidantes que le dieron a nuestra atmósfera el oxígeno que nos permite respirar y la capa de ozono que nos protege de la radiación solar ultravioleta.

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Una vista de estas formaciones coralinas llamadas estromatolitos se observan en el lago Poza Azul en Cuatro Cienegas, México, 18 de febrero de 2007 | Foto: Henry Romero / Reuters
 

En Cuatro Ciénegas se encuentran las bacterias que cambiaron el color del planeta Tierra de anaranjado en azul hace millones de años

Cuenta que en tiempos de Porfirio Díaz fue diseñado un canal llamado Saca Salada, cuya función era sacar el agua del humedal para poder sembrar y establecer el pueblo. Al principio era un canal somero, pero en tiempos de Echeverría, a principios de la década de los setenta, creció a tres metros de ancho por cinco de profundidad. El extraer todos los días el agua del humedal hacia la ciudad de Frontera, en Monclova, se convirtió en una tragedia, pues hasta hoy se utiliza el agua más preciosa del planeta, la que guardó la vida de una Era, para cultivar alfalfa en medio del desierto.

Para la especialista, la única forma que sobreviva Cuatro Ciénegas es cerrar ese histórico canal y brindar a los usuarios de afuera del Valle un sistema de agua de pozo porque es una zona rodeada de montañas que ofrece este recurso. De esta forma podrían tener incluso una mejor calidad de agua, sin extraer el 90% que extraen del humedal y que acabó con el Churince. “Si no se hace ahora, los daños serán cada vez mayores. Ya se murió uno de sus ecosistemas más diversos y lo que se perdió ya no se puede recuperar. Además de los microorganismos que se llevó, murió con sus variedades de peces, tortugas, ranas y caracoles. Se murió también sin la posibilidad de acabar el inventario que estábamos haciendo, un recuento completo de uno de los lugares más diversos y diferentes de la Tierra”.

Principio y fin del planeta

Valeria Souza cuenta que hace poco estuvieron en la zona con representantes de la Comisión Nacional de Aguas, así como de Áreas Protegidas, pero desgraciadamente las obras que se realizan para tratar de regresar agua al humedal son mínimas. “Con unos tubos muy angostos, de alrededor de 10 centímetros de diámetro, tratan de recargar los humedales. Hay buena voluntad, pero lo vemos como una especies de ‘curita’ para un enfermo grave que se desangra”.

Desde 2002, la muerte de este sistema hídrico era inminente ante la voraz extracción del vital líquido y a decir de Souza se realizaron algunas acciones, que simplemente retardaron la muerte de una laguna de dos kilómetros de diámetro y un río que lo conectaba con una laguna intermedia y un manantial. Alguna de las acciones mencionadas fue detener el desarrollo de 250 pozos en uno de los valles. “Sin embargo, se han abierto más pozos en el Valle del Hundido, al sur de cuatro ciénegas y sí están conectados. Además está saliendo el agua por otros cinco canales. Es quitar por varias partes y en el desierto la suma de estas variables es más determinante...Hoy, de toda la riqueza del Churince, sólo queda un ojo, un ojito de agua, pero todo lo demás se perdió y con él una parte fundamental del tesoro ecológico de México y vestigio fundamental de la humanidad”.

Biólogos, limnólogos, genetistas, paleontólogos y otros especialistas han analizado este territorio que en la actualidad funciona como un laboratorio natural para el estudio de la evolución en la Tierra, de hecho, el interés de instituciones como la NASA en este territorio está vinculado a que el tipo de sales y la dinámica del agua podrían ser análogas a las de Marte
Foto: Especial

A pesar del sombrío panorama, Souza dice que aún hay oportunidad de rescatar esta ventana al pasado y futuro del planeta, pero se debe terminar con la extracción de agua de los humedales cerrando  los canales que llevan el agua del humedal hasta 80 kilómetros afuera del valle. Hace poco, los especialistas tuvieron la fortuna de encontrar otro ecosistema también muy diverso, aunque diferente al Churince. Su nombre es Domos del arqueano y se encuentra dentro de los límites del rancho de Pronatura. “Lo que está en juego son las criaturas que hicieron a este planeta tal como lo conocemos y que, de hecho, pueden formarlo otra vez, pues el valor biotecnologico de este territorio es gigantesco”. Cuenta que en estos microorganismos milenarios hay posibilidades crear nuevos antibióticos y se han identificado bacterias que tienen compuestos incluso con potencial para tratar enfermedades como el cáncer”, señala sobre investigaciones donde trabajan especialistas involucrados en el área como la Universidad Autónoma de Nuevo León y el CINVESTAV Irapuato, entre otros.

La sobrexplotación del agua de este oasis incrustado en una montaña ha impedido que el agua fluya naturalmente hacia el desierto, dañando a las “bioingenieras más poderosas que se conocen”

Otro punto fundamental para el rescate de Cuatro Ciénegas es su potencial de agricultura sustentable, no como los cultivos de alfalfa que consumen indiscriminadamente los recursos hídricos de la región. Para esta labor ha sido fundamental la vinculación de los especialistas con proyectos educativos en la zona, como el Caso del Bachillerato Tecnológico Agropecuario 22 (CBTA), donde un grupo de científicos se han involucrado para darle nuevas herramientas a los estudiantes para conocer el lugar donde viven y hacerlos consientes de su riqueza. La labor empezó incluso dándoles seguimiento desde su educación básica. Mediante el Laboratorio de Evolución Molecular y Experimental iniciaron un proyecto con la finalidad de acercar a los habitantes locales al conocimiento científico de Cuatro Ciénegas.

“Estos chicos pasaron de estar en un bachillerato olvidado a ser un ejemplo de cómo crear proyectos sustentables para cultivar en el desierto. La gente local es la que mejor emprende soluciones locales”. Narra que cuando llegaron a trabajar con ellos en 2004 había mucha deserción escolar y ahora es una escuela que muestran con orgullo y ahora tienen expectativas universitarias. Para Souza, si se busca un cambio radical, las soluciones se tienen que plantar de raíz, pues no se puede salvar un ecosistema si los dueños del ecosistema no coinciden.
Ahora Souza está inmersa en un proyecto para conseguir equipo, pues agricultura sustentable requiere herramientas científicas. “La alfalfa en el desierto es un desastre espantoso, pero ellos están encontrando nuevas alternativas. Ellos son los hijos de los campesinos, los dueños de la tierra. Antes no había orgullo en volverte campesino, pero cuando se dieron cuenta que podían transformar el mundo con buena agricultura cambiaron las expectativas, ya hay orgullo de su tierra y entonces hay esperanza”.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.