Geo

¿Cómo frenar la pérdida de área de las playas de Cancún?

Valeria Román 03 / Jan / 19
¿Disfrutaste tus vacaciones en la playa? ¿Te preguntaste por qué cada vez hay menos arena? A continuación una posible solución a este problema

Cancún y otras zonas de playas de la Península de Yucatán sobresalen en el mundo por el mar turquesa y las arenas finas y claras. Pero el desarrollo turístico descontrolado llevó a un problema dramático de erosión de esas playas del Caribe que hace que el mar se robe la arena constantemente. La solución puede estar en la naturaleza, según revelaron científicos del Instituto Real Holandés para la Investigación del Mar, de Holanda, y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Los científicos realizaron un experimento en las costas de la Península de Yucatán, y observaron que las playas que cuentan con la presencia de praderas de pastos marinos están mejor protegidas contra la erosión crónica. Por lo cual, sugieren en un trabajo publicado en la revista BioScience que, en lugar de que se sigan gastando millones de dólares en rellenos con arena o en muros de contención, es más efectivo y barato promover que las praderas de pastos marinos crezcan. 

Las praderas son ecosistemas dominados por plantas que están sumergidas bajo el agua del mar, y que crecen al fijarse en lodo, arena, arcilla y rocas. En México, se han registrado 9 especies de pastos marinos. Pero la intervención de los humanos, al hacer construcciones en las playas del mar Caribe, afectó el estado de salud del ecosistema. Los flujos de agua y arena han sido perturbados, y ya hay playas que directamente desaparecieron en el mar. El cambio climático, el aumento del nivel del mar, la acidificación del océano y la mayor frecuencia de grandes tormentas podrían empeorar la situación. 

 

Un canal de agua portátil, que fue diseñado en Holanda, se utilizó para medir la capacidad de las praderas de pastos marinos para conservar la arena en el lugar y prevenir la erosión
Foto: Rebecca James

Para probar la hipótesis, los científicos usaron un canal artificial portátil que les permitió observar cuándo el agua empezaba a moverse sobre las praderas de pastos marinos. Junto con algas calcificantes, constataron que las praderas son eficientes para asegurar los sedimentos de arena en el mismo lugar, más allá del movimiento del agua. También encontraron que en las playas en las que las praderas de pastos estaban destruidas había más erosión. 

El estudio reveló que “si se trabaja con el flujo natural de los ecosistemas, tanto la restauración como la protección de playas son más efectivas. Los ecosistemas son más resilientes y si los cuidamos y reponemos las condiciones en los que puedan crecer y mantener, las restauraciones serán de más largo periodo y a menor costo”, dijo a Tangible uno de los coautores de la investigación, Rodolfo Silva Casarín, del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
 
El trabajo publicado integró por primera vez resultados de estudios previos, con una visión transdisciplinaria de biólogos, oceanólogos, e ingenieros costeros. “En los sitios en los que hay condiciones naturales, las praderas de pastos marinos juegan un papel muy importante en la estabilidad de playas. Por un lado, reducen la energía del oleaje, y por el otro, las raíces hacen al sustrato más resistente al transporte de sedimentos”, explicó el ingeniero Silva Casarín. Como es una solución económica y eficiente, el investigador sostuvo que se debería promover que haya más praderas. “Hay varias formas para promover el crecimiento de las praderas de pastos marinos: mantener la buena calidad del agua, evitar la remoción de las praderas de pastos, promoviendo su restauración, entre otras medidas”. 

Autor: Valeria Román
Periodista científica independiente. 2004-05 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, ambiente y salud para publicaciones como la revista Science (Estados Unidos), Nature (Inglaterra), Scientific American (Estados Unidos), Infobae.com (Argentina) y Periodismo en Salud de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Fue editora de ciencia y salud del diario Clarín de Argentina. Coautora del libro Darwin 2.0 La teoría de la evolución en el siglo XXI. Ha sido docente de periodismo científico en la Universidad de Buenos Aires y otras casas de estudios, y expositora en encuentros sobre periodismo y comunicación en Corea del Sur, Canadá, México, Qatar, Estados Unidos, Inglaterra, España, entre otros países. Fue vicepresidente de la Federación Mundial de Periodistas Científicos (2009-2011)