Cosmos

Cómo ganar 350 mil pesos sin levantarse de la cama en 60 días

Federico Kukso / Agencia Sinc 15 / Oct / 19
En un instituto del Centro Aeroespacial Alemán, en Colonia, doce voluntarios se sacrifican por la ciencia: pasan 60 días recostados en un estudio que simula las condiciones de microgravedad del espacio, y busca contrarrestar la degeneración de huesos y músculos que sufren los astronautas. El trabajo fue solicitado por 20 mil personas

En las oscuras profundidades del espacio, el astronauta Roy McBride (Brad Pitt) bordea la locura. Su mente se resquebraja mientras se dirige hacia los confines del Sistema Solar en busca de su padre. El más completo aislamiento y la ingravidez lo golpean tanto dentro como fuera de su cuerpo. Se desmorona. Y de ser un hombre estoico y decidido pasa a ser un individuo errático y aterrorizado.

Solo las 571 personas que han visto la Tierra desde afuera comprenden los síntomas del protagonista de la película Ad Astra. “Ahora estoy solo, verdaderamente solo y absolutamente aislado de cualquier vida conocida”, pensó el estadounidense Michael Collins en el módulo de comando de la misión Apolo 11 mientras sus compatriotas Buzz Aldrin y Neil Armstrong aterrizaban en la superficie de la Luna en 1969 y se recibían de héroes. 

Ruth Hemmersbach nunca viajó al espacio pero conoce de cerca el impacto de la microgravedad en los procesos y organismos biológicos. En el Instituto de Medicina Aerospacial del Centro Aeroespacial Alemán (DLR, por sus siglas en alemán) en la ciudad de Colonia, esta biomédica dirige un batallón de psicólogos, enfermeras, fisioterapeutas, deportólogos, nutricionistas, oftalmólogos y demás investigadores que buscan comprender exactamente cómo un viaje largo a la Luna o Marte podría llegar a repercutir en los cuerpos y mentes de los astronautas y qué medidas se deberían tomar para contrarrestar tales adversidades.

“Los viajes espaciales son caros y peligrosos, pero entender los efectos de vivir en el espacio es fundamental para enviar humanos a otros planetas”, cuenta. “Por eso los estudios en la Tierra son importantes para conocer los riesgos que enfrentan los futuros exploradores”.

Aquí hay una cámara de 110 metros cuadrados para estudiar los efectos de la reducción de oxígeno y la disminución de la presión ambiental; salas para simulaciones y rehabilitaciones de estrés psicológico producto de la convivencia en espacios reducidos y contacto social limitado; laboratorios para investigar el impacto de la radiación espacial.

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Por fuera el :envihab parece un Lego gigante. Por dentro se asemeja a una nave espacial | Foto: Federico Kukso

Solo las 571 personas que han visto la Tierra desde afuera comprenden los síntomas del protagonista de la película Ad Astra. “Ahora estoy solo, verdaderamente solo y absolutamente aislado de cualquier vida conocida”, pensó el estadounidense Michael Collins en el módulo de comando de la misión Apolo 11

Pero dentro de toda esta oferta científica hay un experimento estrella en el que miles de personas de todas partes del mundo solicitan participar: un estudio que paga 16.500 euros a cualquier hombre o mujer que consiga permanecer 60 días corridos acostado en una cama. Toda una aventura por amor a la ciencia.

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En el :envihab del Centro Aeroespacial Alemán (DLR), se estudian los efectos físicos y psicológicos de los viajes espaciales | Foto: Fereico Kukso

Con la mente en la Luna

Por fuera parece un enorme bloque blanco de Lego o una losa gigante. Pero por dentro el :envihab -de las palabras “medio ambiente” y “hábitat”- se asemeja a una estación espacial: una instalación de 3500 metros cuadrados sin ventanas.

Un pasillo largo con piso color verde conduce a las habitaciones. Son pequeñas y de paredes blancas. No se ven plantas ni cuadros. En cada una, hay una cama. Pero no se trata de camas normales: sus cabeceras están inclinadas 6 grados por debajo de la horizontal. “Esto imita los efectos de la microgravedad en los músculos, huesos y tendones de los voluntarios”, indica la investigadora Michaela Girgenrath. “Al estar tanto tiempo recostados, los fluidos corporales se alteran. Es la manera que tenemos de reproducir en tierra algo que sufren tanto los hombres como mujeres en órbita: un incremento de la presión intracraneal y cambios en la retina y el nervio óptico”.
 

Al estar tanto tiempo recostados, los fluidos corporales de los voluntarios se alteran. Así, los científicos del Instituto de Medicina Aerospacial en Colonia buscan desarrollar métodos para contrarrestar los cambios en los cuerpos de los astronautas en el espacio
Foto: DLR

La vida en nuestro planeta se ha desarrollado bajo la influencia permanente y dictatorial de la gravedad. Pero una vez que los seres humanos abandonan el planeta, las consecuencias de esta liberación se presentan en cascada: sin la gravedad que empuja la sangre hacia las piernas, las cabezas de los astronautas se llenan de fluidos, lo que da como resultado el síndrome de “cabeza hinchada y patas de pájaro”: una sensación de resfriado constante, acompañada por el desgaste de músculos y huesos. 

Vivir en el espacio por más de unos pocos días es malo para la salud. Los análisis realizados en el astronauta estadounidense Scott Kelly -que regresó a la Tierra luego de pasar un año en órbita mientras su hermano gemelo Mark Kelly permaneció en el planeta- mostraron que incluso el sistema inmunológico y la vista se ven afectados.
 

El innovador experimento de la NASA que convocó a los astronautas y gemelos monocigóticos (ahora ambos retirados) permitió comparar el impacto de los vuelos espaciales en contraposición con la vida cotidiana en la Tierra. Conoce más de ellos dando click en la imagen o aquí
Foto: NASA/Robert Markowitz

De ahí la importancia de los estudios de reposo en cama que ofrecen a los científicos formas de ver cómo el cuerpo se adapta a la ingravidez. Tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea (ESA) han realizado varios de estos experimentos anteriormente pero esta vez han comenzado a hacerlos en forma conjunta. 

“Todo el mundo ahora está pensando en el regreso humano a la Luna”, señala Hemmersbach. “Pero no estamos preparados para viajes espaciales largos. Hay muchas preguntas que tenemos que investigar. Por ejemplo, qué medidas debemos tomar para contrarrestar la pérdida de masa muscular en otros mundos o ambientes con menos gravedad o cuál debería ser el mejor entrenamiento físico a realizar en órbita. Actualmente los astronautas entrenan de dos a tres horas por día en la Estación Espacial Internacional. Y hemos visto que no es del todo efectivo”.

El actual estudio que están llevando a cabo en el :envihab se llama “AGBRESA”, siglas de Gravity Artificial Bed Rest Study (estudio de reposo en cama por gravedad artificial). Consta de dos campañas. Los primeros participantes se mudaron el 25 de marzo de 2019. La segunda tanda comenzó a principios de septiembre y concluirá en diciembre.

Los viajes espaciales son caros y peligrosos, pero entender los efectos de vivir en el espacio es fundamental para enviar humanos a otros planetas”: Ruth Hemmersbach 

Las camas de los participantes del estudio AGBRESA -realizado en conjunto entre la ESA y la NASA- están inclinadas seis grados hacia abajo en la cabecera. Esto permite simular los efectos de la ingravidez en la Tierra
Foto: DLR

Oficialmente, dura un total de 89 días: 15 días de familiarización, 60 días de reposo en cama y luego dos semanas de descanso y rehabilitación. Además, hay cuatro visitas de seguimiento obligatorias: después de 14 días, a tres meses, en diciembre de 2020 y en 2021.

“Para esta última campaña recibimos 20 mil aplicaciones de todo el mundo”, revela entre risas Friederike Wütscher, responsable de las relaciones públicas del instituto. “Pero a la mayoría las descartamos rápidamente. Solo aceptamos a aquellos que sepan alemán. Deben entender todo y poder comunicarse nosotros. También muchos desistieron cuando les dijimos que pagamos una vez realizado el experimento, no antes”.

Los actuales voluntarios tienen entre 24 y 55 años. Miden entre 153 y 190 cms. y no fuman. Son cuatro mujeres y ocho hombres. “Quisiéramos tener seis hombres y seis mujeres. Pero hemos notado que a las mujeres mucho no les interesa participar en estos estudios”.

La rutina de un “camanauta”

Los voluntarios deben hacer todo lo que hacen en un día normal pero manteniendo al menos un hombro en contacto con el colchón en todo momento. No lo advierten pero en las habitaciones hay un ligero aumento de dióxido de carbono, que imita el entorno de la Estación Espacial Internacional.

Cada día comienza con estiramientos y masajes realizados por fisioterapeutas. Un desfile de médicos pinchan a los participantes con agujas, les toman la presión y muestras de orina. Les hacen exámenes de sangre, así como pruebas cognitivas, de audición y de agudeza visual. 

La visión de los astronautas es un tema que preocupa a la NASA y a la ESA, en especial si se considera que un viaje a Marte dura 18 meses. La tripulación podría llegar al planeta rojo y haberse vuelto completamente ciega. De ahí la importancia de estudiar estas alteraciones: en una encuesta hecha a 300 hombres y mujeres astronautas, un 23 por ciento de tripulantes en vuelos cortos y un 49 por ciento en vuelos largos reportaron haber tenido problemas de visión a corta y larga distancia durante sus misiones. Algunos también afirmaron que los problemas de visión persistieron durante años después de su regreso al planeta.
 

La visión de los astronautas es un tema que preocupa a la NASA y a la ESA. Unos 300 astronautas reportaron haber tenido problemas de visión a corta y larga distancia durante sus misiones
Foto: DLR

La jornada de los voluntarios del estudio continúa con visitas a un resonador magnético para medir el crecimiento y la descomposición de sus músculos. Radiografías verifican su densidad ósea. Las sesiones de entrenamiento y mediciones del rendimiento cardiovascular se alternan con una dieta estricta, calculada caloría por caloría por nutricionistas para no ganar ni perder peso durante el estudio. “No les damos comida espacial”, dice la especialista Olga Hand. “Está todo estandarizado. Cocinamos nuestra propia comida así sabemos exactamente lo que contiene. Cuidamos que los alimentos no afecten los resultados del estudio. No se permite el cacao, el té de hierbas o el café. Todos los sujetos reciben el mismo menú y deben comerlo todo”. 

La vida en nuestro planeta se ha desarrollado bajo la influencia permanente y dictatorial de la gravedad. Pero una vez que los seres humanos abandonan el planeta, las consecuencias de esta liberación se presentan en cascada: sin la gravedad que empuja la sangre hacia las piernas, las cabezas de los astronautas se llenan de fluidos, lo que da como resultado el síndrome de “cabeza hinchada y patas de pájaro”.

Los médicos examinan la agudeza visual de los voluntarios. La alteración de los fluidos provoca un incremento de la presión intracraneal y cambios en la retina y el nervio óptico
Foto: DLR

Como en el espacio, las actividades más mundanas se vuelven complicadas. Los voluntarios no pueden reclinarse para comer ni para orinar o defecar. Para ducharse, lo hacen recostados en una habitación especialmente acondicionada. 

Los voluntarios entonces descubren que la experiencia no era tan placentera como al principio creían. Sus cuerpos se alteran. El corazón usualmente se modifica a los cinco días. Los músculos muestran signos de desgaste en 30 días y los huesos, a los dos meses. 

Los voluntarios sufren de dolores de cabeza por el cambio en el flujo sanguíneo. También dolores de espalda: a la columna le resulta difícil lidiar con toda la presión de los órganos.

El día no termina sin una visita diaria a la gran “centrifugadora humana”: una sala circular, donde estos “astronautas terrestres” -¿o camanautas?- viajan en círculo todos los días durante 30 minutos, como si estuvieran en un carrusel. “Por lo general, escucho a Pink Floyd, que encaja bien”, señala el “sujeto B”. “O un audiolibro como Veinte mil leguas de viaje submarino”.

Todos los días los voluntarios visitan la gran "centrifugadora humana": una sala circular, donde viajan en círculo durante 30 minutos, como si estuvieran en un carrusel
Foto: DLR

 

Todo el mundo ahora está pensando en el regreso humano a la Luna”, señala Hemmersbach. “Pero no estamos preparados para viajes espaciales largos. Hay muchas preguntas que tenemos que investigar.

Como resultado, los voluntarios experimentan la gravedad artificial, que en el futuro podría ser un nuevo método potencial de entrenamiento para misiones espaciales de largo alcance. En 60 días, los sujetos habrán completado 54000 vueltas en la centrifugadora.

“La investigación espacial sobre la pérdida ósea y muscular tiene también sus beneficios para miles de personas en la Tierra”, señala el médico Jens Jordan. “Estudiar cómo cambia el cuerpo de los astronautas ayuda a mejorar los tratamientos contra la osteoporosis o la distrofia muscular. Podemos transferir nuestro conocimiento del espacio a la Tierra”.

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La dieta de los voluntarios es estricta: es establecida por un nutricionista para que los participantes no ganen ni pierdan peso durante el estudio | Foto: DLR 

Lucha contra el aburrimiento

Algunos voluntarios son más solitarios y quieren permanecer más tiempo a solas. Meditan, ven series y películas, realizan un curso online. Leen desde la mañana hasta la noche o pasan varias horas al teléfono o en Skype con amigos y familiares. 

Por razones de seguridad son monitoreados a través de cámaras las 24 horas del día, los 7 días de la semana. “Aunque las cámaras no enfocan sus partes privadas”, aclara Wütscher. “Pueden hacer lo que gusten en soledad pero sin levantarse de la cama”. 

Otros, en cambio, sufren el aislamiento. No soportan estar largos períodos de tiempo solos con sus pensamientos, acompañados únicamente por el miedo y la ansiedad, como podrían sufrir los astronautas en un largo viaje a Marte.

Para esta última campaña recibimos 20 mil aplicaciones de todo el mundo”, revela entre risas Friederike Wütscher, responsable de las relaciones públicas del instituto.

“Por eso realizamos fiestas sorpresa para que los participantes hablen entre sí sin salir de las camas", dice Hemmersbach. “El gran problema es el aburrimiento. También son importantes las visitas de astronautas que les cuentan sobre sus misiones y experiencias en el espacio. Hace unas semanas vino el alemán Alexander Gerst. Es crucial que los voluntarios sientan que están haciendo algo por la humanidad. Que contribuyen al bienestar de los astronautas y que su sacrificio los ayuda a sobrevivir los desafíos de la vida en el espacio. No lo parece pero requiere mucho esfuerzo. El cuerpo humano no está acostumbrado a estar recostado en una cama por largos períodos de tiempo”.

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Los participantes del estudio son monitoreados las 24 horas por cámaras | Foto: DLR

Eso se advierte al finalizar el experimento: a la mayoría de los participantes del estudio les cuesta volver a caminar con normalidad. Después de pasar 60 días inclinados en un ángulo negativo de seis grados, los voluntarios pierden el equilibrio y la coordinación, se marean. Deben adaptarse a un entorno completamente nuevo.

“Apenas podía levantar los pies del suelo, la resistencia del suelo era completamente nueva", advirtió el participante “F”. “Mientras estaba en la cama pensaba que iba a ser fácil volver a caminar. Pero el primer día que me levanté fue duro. Mis piernas se sentían como globos que podían explotar en cualquier momento”. 

Nadie recordará sus nombres ni sus proezas pero estos anónimos “camanautas” forman parte de la historia espacial, junto a Yuri Gagarin, Valentina Tereshkova y Neil Armstrong.

Este texto se publicó también en Agencia SINC

Autor: Federico Kukso / Agencia Sinc