¿Cómo pensar igual que un científico? Te lo dice un Premio Nobel

“El problema es que los maestros llenamos los cerebros de información cuando deberíamos moldearlos”, explica Wieman. Al localizar el problema, el investigador recurrió a su equipo para trabajar y se apoyaron de la psicología conductual para mejorar la educación en la ciencia.

Foto: Carl Wieman con Chris Monroe / Especial

Pensar de forma científica 

Carl Wieman aplica el método científico a la enseñanza de la educación de la ciencia desde hace 30 años porque la investigación es falsificable, “significa que cualquiera puede refutar los resultados, siempre que utilicen el mismo método experimental”, explica.

La ciencia no se trata de si mis palabras son válidas porque 'yo soy yo'. Se trata de aprender a demostrar algo, “no me creas porque tengo un Nobel, créeme porque soy un investigador de la ciencia”, apunta Carl Wieman.

El objetivo de la investigación de educación en ciencia es lograr que los estudiantes piensen como científicos. El pensamiento científico se trata de distinguir los hechos de las opiniones. Saber organizar mentalmente la información. Ser capaz de reflexionar sobre tu propia forma de razonar y aprender.

“El pensar de forma científica tiene que ver con resolver problemas donde tienes algo que quieres entender. En ese proceso estás tomando decisiones guiadas por la ciencia, escogiendo qué conceptos sirven, qué ciencia funciona para resolver el problema”, explica Wieman.

“El proceso de aprendizaje es el fortalecer o debilitar ciertas conexiones de una manera determinada. No sabemos cómo almacenamos información, pero sí cómo fortalecer las conexiones”

Carl y su equipo han propuesto un método para enseñar a los a estudiantes a pensar "como expertos": como un médico, alguien que toma decisiones importantes basadas en información incompleta.

Recablear profesores y estudiantes

“Actualmente la mayor parte de los profesores se limitan a transmitir contenidos curriculares como “sopas de conocimiento”, pero el objetivo es recablear los cerebros” dice el investigador.

A través de la experimentación con un grupo de control, Wieman y su equipo de investigación han desarrollado un método capaz entrenar el cerebro para pensar como físicos —pero es aplicable a toda la educación—. La herramienta para obtener este resultado no es la conferencia tradicional, sino el desafío de resolver problemas.

“Surge una situación problemática y se invita a los estudiantes a proponer soluciones, aquí cada uno trabaja individualmente. Las respuestas se discuten de forma colectiva y, al final, proporcionamos comentarios sobre cuáles son las correctas, cuáles no, y sobre todo por qué. De esta forma se identifica el error, y entienden la causa que lo produjo”, explica el físico.

Este método, según los resultados de 30 años de trabajo, es más efectivo que la lección frontal y conduce a mejores resultados para toda la clase, no solo para quienes convencionalmente ya destacan.

La verdadera conquista

Pero antes de cambiar el cerebro de los estudiantes, hay que cambiar el de los maestros, quienes han aplicado el mismo método durante años: el de los monasterios, donde el maestro estaba de pie y los alumnos escuchaban.

“Es complicado este paso porque es decirle a un profesor que todo la vida a estado haciendo mal su trabajo. Será un poco como la medicina en 1860, cuando a los médicos se les dijo que debían dejar de hacer sangrías y usar nuevos métodos —inyecciones y antibióticos—para curar a sus pacientes.”, dice Wieman.

Un método educativo que favorece la producción de respuestas creativas y nuevas ideas es ciertamente más efectivo que el método que enseña al estudiante a responder preguntas, adaptándose al profesor.

Según la experiencia del profesor Wieman, “los estudiantes motivados producen maestros motivados, mayor bienestar en el aula y mejores resultados, esa es la verdadera conquista”, concluye.

Este texto es producto de una entrevista exclusiva con Carl E. Wieman durante el 5to Congreso Internacional de Innovación Educativa, un evento organizado por el Tecnológico de Monterrey.

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