Cosmos

¿Cómo vivió el alunizaje la Unión Soviética?

Ana Cristina Olvera 19 / Jul / 19
En la carrera espacial de mediados del siglo XX, impulsada por la Guerra Fría, la Unión Soviética llevó siempre un pie adelante, hasta la llegada de la misión Apolo 11 a la Luna. Para los vencidos fue una experiencia agridulce, pero intentaron mantenerse en la competencia hasta el último momento por su propio pie

Aunque en la actualidad la ciencia espacial es una de las herramientas diplomáticas y de cooperación más consistentes, sabemos que nació de la competencia entre dos regímenes políticos: el capitalismo de los Estados Unidos, y el comunismo de la Unión Soviética. Hace 50 años la llegada a la Luna de Armstrong, Aldrin y Collins puso fin a esta lucha por la superioridad aeroespacial; y las subsecuentes misiones Apolo acabaron con toda posibilidad de un repunte. 

Fueron los rusos quienes pusieron el primer satélite en órbita, enviaron el primer ser vivo y al primer hombre y a la primera mujer al espacio. Además realizaron la primera caminata espacial y lograron el primer alunizaje controlado en nuestro satélite, pero el logro de la misión Apolo 11 desdibujó todos esos triunfos y dio por ganador a los Estados Unidos. ¿Cómo vivieron los soviéticos el gran triunfo de los norteamericanos? 

Una cobertura moderada y en negación

Para el público en general de la Unión Soviética, el paseo de dos astronautas por la superficie de la Luna no fue un gran acontecimiento. Al contrario, de los 500 millones de espectadores que tuvo la transmisión en vivo que se replicó en el país norteamericano y por sus aliados, en ese vasto territorio del mundo oriental no hubo tal vivencia simultánea. En vez de eso, los periódicos, televisoras y radiodifusoras dieron una escueta y poco resaltada versión de los hechos, como si se tratara de una noticia más. 

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Hace 50 años la llegada a la Luna de Armstrong, Aldrin y Collins puso fin a esta lucha por la superioridad aeroespacial; y las subsecuentes misiones Apolo acabaron con toda posibilidad de un repunte | Foto: Especial

En un monitoreo de medios hecho por la misma Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) se citan algunas de estas publicaciones. Según el documento, la cobertura del 16 de julio, día del lanzamiento, se centró en una breve explicación del hecho y un video corto del despegue transmitido en uno de los noticieros nocturnos más importantes de Moscú.

El 17 de julio, la prensa, específicamente Izvestia, tomó la noticia de la declaración del presidente Richard Nixon acerca de que dos medallas de cosmonautas fallecidos serían colocadas en la superficie selenita por los astronautas del Apolo 11. El 20 y 21 de julio el entonces presidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética, Alexsey Kosygin, felicitó a los Estados Unidos por el alunizaje y expresó su interés en ampliar la cooperación con el país, en el marco de una reunión con el entonces vicepresidente americano, Hubert H. Humphrey, quien realizaba una visita. 

Los periódicos como el Pravda incluyeron breves artículos, y en las noticias televisadas o radiofónicas no hubo cobertura en vivo del alunizaje. Los personajes del programa espacial soviético que salían en algunos segmentos noticiosos comentando el hecho reconocían el gran esfuerzo; y algunos, como Georgy Petrov, director del Instituto Soviético de Estudios Cósmicos, lo calificó como un logro sobresaliente, pero aseguró que una misión robótica habría sido más efectiva. 

La única transmisión en vivo que los soviéticos pudieron disfrutar del acontecimiento ocurrió hasta el 24 julio de julio, día del regreso a la Tierra de los viajeros. También se anunció que el Presidente Nikolay V. Podgorny, había enviado un telegrama a Nixon felicitando y ofreciendo sus mejores deseos a los pilotos espaciales. Y un mensaje fue enviado de parte de los cosmonautas rusos donde le decían a Neil, Buzz y Michael que habían seguido de cerca la proeza y les enviaban sentidas felicitaciones.

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Edición del Pravda del 22 de julio de 1969 | Foto: arhivtime.ru

Entre la admiración y la derrota 

Pero, ¿cómo lo vivieron los integrantes de ese círculo rojo, que habían estado involucrados con la carrera espacial y veían materializarse uno de sus más grandes sueños en las botas de su adversario? Los cosmonautas, ingenieros y científicos del programa espacial soviético tenían mucho más acceso a la información que el escueto recuento que los medios ofrecían al público en general. 

En un libro en coautoría con David Scott, comandante del Apolo 15, Alexey Leonov, el primer hombre en hacer una caminata espacial y quien —se cuenta—  entrenaba para ser el primer soviético en la Luna, describió su reacción como “envidia blanca” o envidia de la buena, como diríamos los mexicanos. Este sentimiento era compartido por otros personajes cercanos, quienes estaban muy felices por este gran logro de la humanidad y reconocían el extraordinario trabajo y esfuerzo de los involucrados, pero definitivamente resentían la derrota de no haberlo logrado primero. 

En el Centro de Control de Vuelos Espaciales (CCVE) de la Unión Soviética el silencio fue sepulcral. Así lo relata el académico Mijaíl Márov uno de los principales científicos del Instituto Keldysh de Matemáticas Aplicadas de la Academia de Ciencias de Rusia, en declaraciones a la agencia oficial RIA-Nóvosti y la La Razón en España. Todos los integrantes del equipo ahí presentes parecían tener el mismo sentimiento contradictorio. 

En primer lugar, evidentemente, sentí admiración por ver un acontecimiento histórico con el que sólo unos años antes no se podía haber ni soñado. También sentí exaltación por el hecho de que ocurriera en mi generación y por verlo con mis propios ojos. Pero después pensé: ¿Y por qué no lo logramos nosotros? Nosotros también podríamos haberlo hecho".

En una entrevista con Scientific American, Sergei Khrushchev, hijo del exprimer ministro Nikita Khrushchev, el gran artífice de la época espacial de oro en la Unión Soviética, dijo que el sentimiento en su país en ese momento era muy similar al que habían tenido los estadounidenses cuando tuvo lugar la gran hazaña de Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio. “Algunos trataron de ignorarlo, otros se sintieron insultados. Pero no creo que haya tenido ningún efecto popular. No era secreto, pero tampoco era mostrado constantemente al público. Los rusos tenían muchos problemas en su día a día como para preocuparse por el primer hombre en la Luna.”
 

Alexey Leonov, cosmonauta que realizó la primera caminata espacial de la hisotria.
Foto: Russia Beyond

¿Un despilfarro?

En esta misma postura de aparente indiferencia, hubo quienes optaron por sostener la versión de que la tan sonada competencia por la conquista lunar siempre fue un invento megalómano de los estadounidenses. Voceros soviéticos repitieron en diferentes ocasiones en entrevistas que el país estaba más interesado en el lanzamiento de satélites y misiones robóticas que arriesgar vidas humanas. History cita una transmisión radiofónica en la que un vocero califica la hazaña como "el despilfarro fanático de la riqueza saqueada de los pueblos oprimidos del mundo en vías de desarrollo."

Y el mismo Sergei Kruschev dijo en entrevista con la BBC que su país no estaba dispuesto a gastar una cantidad semejante de dinero para cumplir un estrafalario sueño: "Mi padre le dijo a Korolev que en la Unión Soviética había otras prioridades: producir más alimentos para acabar con la escasez y construir más viviendas. Él no quería gastar todo ese dinero en vencer a los estadounidenses en la carrera por llegar a la Luna"

Un último intento

Pero los soviéticos habían dado una última batalla. Aún cuando su programa tripulado a la Luna, protagonizado por su cohete N1, había sido cancelado por sus intentos infructuosos, recurrieron a su antiguo programa Luna (LuniK), el esfuerzo más contundente de la Unión Soviética por alcanzar nuestro satélite y, hasta antes del Apolo, un plan bastante exitoso. Fue mediante 25 triunfantes misiones de las 33 que se enviaron entre los años 1958 y 1976 que se lograron lo hitos de ir más allá de la órbita terrestre (Luna-1); tomar las primeras fotografías del lado oculto (Luna-3); o hacer el primer alunizaje controlado (Luna-9), entre varios otros. 

Y mientras los astronautas estadounidenses se preparaban para hacer historia, éste seguía siendo el depositario de las esperanzas de arrebatar una primicia: la de traer a la Tierra las primeras muestras de rocas lunares. Luna-15 partió del cosmódromo de Baikonur tres días antes del despegue del Saturno-V desde la plataforma 39-a del Centro Espacial Kennedy en Florida. 

La nave soviética de cinco toneladas tenía programado alunizar el 17 de julio de 1969, tres días antes que su contraparte tripulada, pero quedó atrapada en órbita alrededor de la Luna y no pudo más que ser testigo muy cercano, mientras el Apolo 11 alunizaba; y Neil y Buzz recolectaban piedras y realizaban otros experimentos en la superficie. 

Dos horas antes de que el módulo lunar Eagle partiera con los dos astronautas a bordo, Luna-15 intentó completar su objetivo de tocar la superficie para empezar su recolección de 100 gramos de muestras, pero se estrelló en Mare Crisium, al norte del Mar de la Tranquilidad, terminando prematuramente con la esperanza de la Unión Soviética de arrebatar la última victoria a los estadounidenses.

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Sonda Lunik 15, lanzada el 13 de Julio de 1969 | Foto: Astrowiki Creative Commons

La historia pudo haber sido diferente

A pesar de la manera en se dieron los hechos, el fin de la Guerra Fría pudo haber sido mucho más dulce y significativo con una llegada triunfal a la Luna en conjunto entre las dos superpotencias en el espacio. John F. Kennedy le propuso esa opción en repetidas ocasiones a Nikita Khrushchev, siendo la más sobresaliente en un discurso ante las Naciones Unidas en 1963. 

El ex historiador en jefe de la NASA, Roger D. Launius, describió para la revista Nature que durante la Asamblea General de las Naciones Unidas del 20 de septiembre de 1963 en Nueva York, Kennedy afirmó:

En un campo donde Estados Unidos y la Unión Soviética tienen una capacidad especial —el cosmos— hay espacio para una nueva cooperación, para esfuerzos conjuntos adicionales. Incluyo entre estas posibilidades una expedición conjunta a la Luna. ¿Por qué deberían los Estados Unidos y la Unión Soviética realizar esfuerzos paralelos que incluyan "duplicación, investigación, construcción y gasto?”

La única bandera soviética que viajó hasta la Luna en una misión tripulada en el Museo de la Cosmonáutica de Moscú.
Foto: photo.bondareff.ru

Era al menos la cuarta que se hacía la propuesta y Khrushchev empezaba a considerar la idea, pero no hubo una respuesta afirmativa antes de que Kennedy fuera asesinado el 22 de noviembre de ese mismo año. Así la antes potencia dominante en la conquista del cosmos quedó fuera de la conquista lunar. 

A pesar de ello, los tripulantes del Apolo 11 realizaron varios tributos al programa espacial que había marcado los primeros pasos en la carrera. Uno de ellos, llevar hasta la Luna una bandera de la URSS, la única que hasta la fecha, ha viajado al espacio y regresado a la Tierra. Un año después de la proeza, el mismo Armstrong la llevó personalmente a Alexéi Kosygin, presidente del Consejo de Ministros. Kosygin exclamó asombrado “lo que tú has visto es algo que yo jamás podré ver.” En la actualidad se puede contemplar la insignia en el Museo de la Cosmonáutica de Moscú.

Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con larga trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es conductora de INTERFAZ, y co-conductora del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Colabora en Radio UNAM y NASA en español, entre otros medios nacionales e internacionales. Creadora del proyecto 4ta Revolución.