Conoce a la mujer que introdujo la Internet en México

R: Pero antes, usted tuvo que tocar muchas puertas…

K: Así es. Iniciamos el proceso con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. En aquella época había una red llamada TELEPAC, pero sus capacidades eran muy limitadas; por ejemplo, no permitía un login remoto, ni acceso a muchas de las bases de datos de la NASA. Además, tardaron como 3 años en darnos una conexión... Sí, ¡dije 3 años! Compáralo con lo que nos lleva hoy en día conectarnos a la red. Después contactamos a redes privadas en Estados Unidos, para saber si nos podían dar servicio. Finalmente, hablamos con contactos que teníamos en el mundo astronómico: en el Observatorio Nacional de Kitt Peak, Arizona; el observatorio International Ultraviolet Explorer, de la NASA; el Instituto del Telescopio Espacial en Baltimore. Ellos nos fueron encaminando hasta que le hablamos a Steve Wolf, el encargado de echar a andar el NSFNet en la National Science Foundation.  

R: Habían pasado casi 20 años desde que el computólogo Leonard Kleinrock consiguió enviar el mensaje “Lo” desde una máquina en la Universidad de California Los Ángeles a otra en la Universidad de Stanford, conectadas con cables. ¿Cómo había cambiado la tecnología para 1989?

K: Dado que las líneas telefónicas en México estaban en condiciones desastrosas, la única tecnología viable era la satelital. Entonces la UNAM adquirió tres estaciones terrenas que instaló en Ciudad Universitaria, Ensenada y Cuernavaca. Cada una consistía en una antena parabólica, un transmisor y un receptor, conectadas a una computadora; y la condición para formar parte de NSFNet era que todas las computadoras debían tener como lenguaje común el llamado TCP/IP. La National Science Foundation y la NASA compartieron el costo de la estación terrena ubicada en Boulder. Estos equipos se intercomunicaron a través de los satélites Morelos I y II, que México había adquirido en 1985.
 

Armado de la antena de la estación terrena colocada en la azotea del Instituto de Astronomía de la UNAM. Ken Tsutsumi (adentro de la antena) y Adolfo Margaín (a la derecha)

Foto: Libro "Los inicios de Internet en México"

 
R: ¿Y cómo le hicieron las otras instituciones educativas en México para conectarse?

K: Muchas de ellas utilizaron equipos de microondas; y ojo, todo esto era usando la línea de comando, es decir, tecleando comandos. Una de las primeras interfases para acceder al Internet sin teclear comandos, como lo hacemos actualmente, fue Mosaic, inventado hasta 1993, seguido por el Netscape, inventado en 1994.

R: La primera conexión de México a Internet ocurrió el 20 de julio de 1969, 20 años después de la llegada de la humanidad a la Luna, ¿a quién se le ocurrió enviar “este primer mensaje es un pequeño paso para nosotros y un gran paso para la Universidad”?

K: Ese día yo no estaba en México; el crédito es para Susana Biro, Marco Ambriz y Adriana Marroquín. Ellos tres fueron quienes configuraron la computadora y el ruteador en el Instituto de Astronomía de Ciudad Universitaria para poder establecer esa primera conexión, y fueron ellos quienes enviaron el mensaje [muy al estilo Neil Armstrong] a Joseph Choy, quien estaba en Boulder.

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El Insituto de Astronomía fue el encargado de establecer la conexión a Internet | Foto: Genaro Guerrero

R: Una vez que se logró esta primera conexión, ¿cuáles fueron sus expectativas como científica?

K: Para mí era evidente que el poder conectarnos a Internet nos abriría numerosas puertas. Establecer una comunicación y transferir grandes volúmenes de datos entre centros científicos nacionales abriría las posibilidades de colaboración entre científicos mexicanos y con colaboradores en el extranjero; permitiría hacer uso de equipo extraordinariamente especializado y caro. Por ejemplo, varios de mis colegas, como José Franco y Luis Aguilar, que empleaban supercomputadoras en Estados Unidos y Alemania, podrían acceder a ellas sin viajar a esos países;  colegas como Luis Felipe Rodríguez, quien utilizaba el radiotelescopio VLA de Nuevo México, podría programar sus observaciones y traerse los datos directamente a su oficina.

R: Fuera de la academia, si tuviera que elegir tres de las puertas que Internet abrió para México, ¿cuáles serían?

Acceso a la información, modernización tecnológica en materia de telecomunicaciones, y modernización en todo lo que se refiera a trámites y servicios.

La antena es sostenida por la grúa, mientras Ken Tsutsumi y Bruno Lara arman la “araña” y Adolfo Margaín y Gloria Koenigsberger observan

Foto: Libro "Los inicios del Internet en México"

R: ¿Existe un lado negativo sobre el uso de Internet?

K: Lamentablemente, algunos hacen uso de las redes sociales para agredir, propagar información falsa y tratar de cometer fraudes. Creo que la única manera de combatir estos aspectos negativos es con la educación y estando a la frontera en la tecnología. Hay que convencer a los usuarios de mantener una mentalidad abierta, crítica y cautelosa para defenderse de los ataques cibernéticos.

R: La compañía de consultoría The Competitive Intelligence Unit calcula que en México existen 86.6 millones de internautas, ¿qué opina sobre este alcance actual?

K: El Internet a la que nos conectamos en 1989 era exclusivamente para transmisión de información científica y académica; estaba prohibido usar la red para cualquier propósito comercial. Hoy en día es todo lo contrario. Jamás me hubiera imaginado al Internet de hoy.

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