Cosmos

Curar a distancia: La era de la telemedicina y la telepidemiología

Ana Cristina Olvera 03 / Jul / 19
Los beneficios de la exploración espacial son patentes en aplicaciones tecnológicas que hoy permiten diagnósticos y atención en poblaciones o regiones lejanas

Explorar el universo nos ha dado una perspectiva invaluable de los problemas que existen en nuestro planeta y cómo resolverlos. Paradójicamente, alejarnos 35.800 km sobre el Ecuador —distancia y posición en la que se encuentran los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones— nos ha permitido superar algunos obstáculos que impone la lejanía a condiciones fundamentales para el bienestar de los seres humanos, como lo son, por supuesto, la comunicación, pero también completar la cobertura en la educación y potenciar la procuración de la salud.

Aunque los médicos habían usado ya diferentes métodos para transferir datos y mejorar la calidad de vida de enfermos en comunidades lejanas, fue hasta el inicio de la era espacial cuando las tecnologías de la información y comunicación probaron ser herramientas extremadamente útiles para llevar bienestar físico hasta los rincones más apartados del mundo o, incluso, hasta la Luna, sin la necesidad de tener a un experto en cientos de kilómetros a la redonda.
 
Según Pascal Mitchel, experto mundial en la recolección de datos espaciales para usos en salud pública —y quien fuera líder del proyecto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de nombre Action Team 6 Follow-Up Initiative– para mejorar la salud pública a través de aplicaciones de tecnología espacial desde el 2007, antes del inicio de la era espacial se sabía poco acerca de los efectos que los viajes al espacio exterior tendrían en la fisiología humana, lo cual atrajo mucha atención de la comunidad médica. Sobre todo con el rápido desarrollo de un sistema completo de monitoreo remoto de constantes vitales de los astronautas.

Monitoreo satelital

Prueba irrefutable la vivimos los mexicanos cuando, el 24 de diciembre de 1968, el doctor Ramiro Iglesias, del Instituto Politécnico Nacional, recibió el primer electrocardiograma (ECG) proveniente del espacio del astronauta William Alison Anders de la misión Apolo 8.  Además, con la inauguración de las telecomunicaciones vía satélite gracias al lanzamiento de Telstar 1 el 10 de julio de 1962, esta nueva vía empieza a ser considerada por los médicos para dar consultas a distancia, como sucedió en un esfuerzo de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) en 1985, después del terremoto que sacudiera a la Ciudad de México; o su uso en 1990, en Islas Vírgenes, donde el Pentágono utilizó la telemedicina ante los desastres causados por el huracán Hugo; o en 1991 en la guerra del Golfo Pérsico y en 1992, para ayuda civil en Somalia. Por citar sólo algunos ejemplos emblemáticos.

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Electrocardiograma recibido desde la órbita de la Luna por el Dr. Ramiro Iglesias Leal | Cortesía: Dr. Iglesias 

En paralelo, afirma Pascal Mitchel en una entrevista publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los satélites empezaron a llamar la atención de los expertos de la salud por sus capacidades de percepción remota —empezando en la década de los ochenta, con un aumento notable en los años noventa— particularmente para poder utilizar los datos aportados por estos en el rastreo de enfermedades transmitidas por vectores, como los mosquitos. 

De esta manera diferentes tipos de satélites pasaron a ser útiles para potenciar los tratamientos de salud pública. Por un lado, los satélites de telecomunicaciones hacen posible llevar vía telefónica o de otras plataformas digitales, consultas o capacitación médica a lugares o comunidades donde no existe infraestructura de conectividad terrestre, abriendo la puerta a lo que se conoce como telemedicina y telesalud. Y los satélites de percepción remota hacen posible la recolección de datos de grandes áreas del territorio, como temperatura, cambios en la vegetación, humedad en el suelo o el tipo de cultivo que está creciendo. Todo lo cual es información que provee herramientas para comprender y atender los factores de contaminación o transmisión de enfermedades. 

¿Qué es la medicina a distancia?

Al ser conceptos que pueden abarcar una gran cantidad de aplicaciones, tecnologías y áreas de la medicina, se comprende de diferentes formas en distintos países y grupos sociales. Pero la OMS define a la telemedicina como:

La prestación de servicios de atención médica donde la distancia es un factor crítico, por parte de todos los profesionales de la atención médica, utilizando tecnologías de información y comunicación para el intercambio de información válida para el diagnóstico, tratamiento y prevención de enfermedades y lesiones, investigación y evaluación, y para la educación continua de los proveedores de atención médica, todo en aras de mejorar la salud de individuos y sus comunidades.” 

De ese concepto se desprenden, según enumera el Dr. Juan Carlos Hernández Marroquín, Coordinador de Telemedicina en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Anáhuac de México, y uno de los pioneros de la telemedicina móvil en México, las propias especialidades médicas en su modalidad de transmisión remota de datos. 

“De imágenes, serían teleradiología principalmente, que fue de las primeras. Utilizando el audio, pues sería telecardiología. Utilizando nada más teleconferencia, pues sería telepsiquiatría, telepsicología. Pero recientemente hay algo muy interesante que es utilizar las imágenes satelitales en beneficio del paciente, tratando de hacer un cruce entre la información médica y la información geográfica ambiental. A esto le llamamos telepidemiología y ahora surge la geomedicina.” 

En general la telemedicina se ha convertido en un componente importante y de crecimiento acelerado en el mundo. Solamente en los Estados Unidos, según datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos, actualmente hay más de 200 redes de telemedicina y 3 mil 500 sitios de servicio. En el 2011, la Administración de Salud de los Veteranos brindó más de 300 mil consultas de manera remota utilizando estas tecnologías, y más de la mitad de los hospitales en el país usan de alguna manera aspectos de esta disciplina.
 

Diferentes tipos de satélites pasaron a ser útiles para potenciar los tratamientos de salud pública. Por un lado, los satélites de telecomunicaciones hacen posible llevar vía telefónica o de otras plataformas digitales, consultas o capacitación médica a lugares o comunidades donde no existe infraestructura de conectividad terrestre, abriendo la puerta a lo que se conoce como telemedicina y telesalud
Foto: Especial

Rastreando enfermedades desde el espacio

El programa de las Naciones Unidas de Aplicaciones de la Tecnología Espacial fue creado dentro de la Oficina de las Naciones Unidas para los Asuntos del Espacio Ultraterrestre en 1971. En el área de telemedicina, ha organizado talleres y cursos de entrenamiento en diferentes partes del mundo desde el 2005. A raíz de un taller sobre el uso de la tecnología espacial para la salud humana en Argentina en septiembre del 2005, los 21 países participantes iniciaron un esfuerzo bajo el nombre de “Grupo Panamericano de Telepidemiología”, con el objeto de utilizar, desarrollar y compartir las tecnologías espaciales aplicadas a la salud pública.

Tecnología aplicada en México

En el caso particular de México, en 1980, el Instituto Mexicano del Seguro Social empezó a utilizar radiocomunicaciones con los médicos. En 1985, el Hospital Infantil de México Federico Gómez, inició la labor de brindar Educación Médica a Distancia, vía satélite, a toda la República Mexicana a través el Centro Mexicano de Educación en Salud por Televisión (CEMESATEL). En 1990, en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado se comienzan los primeros pasos de telesalud y telemedicina. Para el año 2000 se instala el programa e-salud, coordinado por la Secretaría de Salud y el Centro Nacional de Evaluación Tecnológica en Salud.

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Marco de la Telemedicina en la Secretaría de Salud de México | Foto: Secretaría de Salud

Pero el rastreo de enfermedades transmitidas por vectores, como los mosquitos, chinches, cucarachas o pulgas, entre otros, ha resultado en los últimos años ser una gran área de oportunidad para el uso social de la tecnología espacial. Y es que de acuerdo con la OMS, 61% de todos los patógenos humanos son zoonóticos, es decir, son transmitidos en el contacto con animales, y estos han representado 75% de todos los patógenos emergentes en la última década.

Los esfuerzos en México en este sentido han llamado incluso la atención de las instituciones y agencias espaciales más importantes de mundo. La doctora Amanda Oralia Gómez González, directora de Redes de Telecomunicaciones de Secretaría de Salud, fue reconocida en el 2016 por la NASA por su trabado “Telepidemiología de Chagas”, realizado mientras colaboraba en la Agencia Espacial Mexicana (AEM) como gerente de Desarrollo Gubernamental, con apoyo de instituciones de educación superior, centros de investigación, instancias gubernamentales y el entonces Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

En una entrevista publicada por esta institución, declaró que esta enfermedad está estrechamente vinculada con la pobreza, pues la adquieren las personas que deben dormir en el piso y lugares con higiene pobre, propicios a la proliferación de la chinche que la transmite. Y aunque 8 millones de personas la padecen en el país, existe muy poca información al respecto y muy pocos médicos saben diagnosticarla en sus primeras etapas. 

“Lo que se hace en la AEM es observar imágenes mediante percepción remota, se identifican los nichos en donde vive la chinche y se hace una confirmación de la presencia del vector mediante fotografías o videoconferencias para actuar en consecuencia. En caso de que detectemos algún caso, se le hace un electrocardiograma al paciente, se transmite vía satélite a un centro de diagnóstico que se encuentra en Guadalajara, Jalisco, para confirmarnos la cardiopatía chagásica. Lo que abarcamos es, tanto el tratamiento del paciente como la teleducación a los médicos de la zona donde fue detectado el vector.”, declara la científica al Conacyt. 

Monitoreo de mosquitos

En la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Ángel de Jesús Quiroz Gaspar, pasante de la carrera de Ingeniería en Geomática, realiza un proyecto, dentro del Laboratorio Nacional de Geoprocesamiento de la Información Fitosanitaria (LaNGIF), de Vigilancia epidemiológica del vector Aedes aegypti a través de espectrorradiometría de campo y herramientas de la geomática, también en colaboración con la AEM. Con éste se han logrado identificar y reconocer reservorios potenciales para la identificación de lugares donde pueda haber mosquitos Aedes aegypti, transmisor del dengue, chikungunya, zika y otras enfermedades. Las pruebas se hicieron en los municipios de Soledad de Graciano Sánchez y en Ciudad Valles de ese estado. 

De este mismo laboratorio han también emanado propuestas de implementación de sistemas de vigilancia para monitorear la enfermedad de  Chagas en la región huasteca potosina a cargo de Hugo Medina Garza, Carlos Contreras Servín, Ma. Guadalupe Galindo Mendoza y José de Jesús Mejía Saavedra. Sólo por mencionar algunos esfuerzos interesantes en el campo. 

Geomedicina: tecnología espacial y big data para la atención de los más necesitados

El Dr. Hernández Marroquín fundó el año 1999, en la Universidad Anáhuac de México, el primer desarrollo de telemedicina en la variedad móvil en el país. Y con unidades móviles 4x4 todo terreno, llevaron consultorios completos, generando una red de 18 camionetas, vehículos de supervisión y un equipo de ingenieros y médicos que alcanzaron lugares apartados de la selva de Guerrero, de Oaxaca, de Chiapas, de Michoacán y de Jalisco, llegando a tener unas 20 mil teleceonsultas mensualmente. A fines de 2004 se habían otorgado 11,756 consultas generales y 2,420 consultas de especialidad.

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Fotografía de flotilla de unidades de Telemedicina móvil de la Universidad Anáhuac de México. | Foto: Especial

Pero en la actualidad busca llevar esta tecnología al siguiente nivel integrando la participación de la ingeniería biomédica, la inteligencia artificial y el Big Data. Hoy se tiene la capacidad de monitorizar al menos 400 parámetros vitales, los cuales, siendo captados por sensores biométricos instalados en diferentes dispositivos de los llamados “wearables”, o vestibles, pueden ayudar a dar un seguimiento remoto a los pacientes afectados por distintas enfermedades, incluyendo aquellas rastreadas por los parámetros vía satélite.

Así busca demostrarlo con el programa que desde el 2016 desarrolla en la comunidad indígena maya tzeltal de Sibaniljá Pocolum, Chiapas, de 35 mil habitantes, donde espera que el espacio le permita por fin cerrar una brecha que se ha hecho cada vez más grande, entre las de las comunidades indígenas y los servicios de salud. Cada 6 semanas se traslada para hacer un seguimiento médico de la comunidad a partir de los parámetros que también ha analizado a través de las imágenes de satélite y otros datos geográficos.

Él y su equipo ha tenido que ganarse la confianza de la comunidad, ampliar su conocimiento en herbolaria y medicina tradicional, para que, finalmente, hayan accedido a portar dispositivos, pulseras con sensores, con motivos y gráficas que hacen referencia a sus tradiciones y que han sido autorizados por los líderes espirituales de la comunidad. “Nos costó mucho hacer empatía para explicarles que es una pulsera que va a monitorizarles los signos vitales. Fue muy complejo. Pero lo logramos. Entonces estamos con cierta premura aquí en ingeniería para dejarles la pulsera hecha con impresión 3D. Todo para dejar estos dispositivos y que estas comunidades se vean beneficiadas”, explica a Tangible. 

El programa será redondeado con el desarrollo de los artefactos tecnológicos biomédicos a cargo del equipo de la Dra. Marisol Martínez Alanís, encargada del diplomado en telemedicina de la facultad de Ingeniería de la Universidad Anáhuac. Y también con la atención de otros profesionales, en odontología, psicología, rehabilitación, pedagogía y otras pertinentes para poder dar seguimiento vía remota a los problemas específicos de la comunidad. “A partir de nuestra llegada como médicos para hacer telemedicina, esperamos que esto se convierta en un centro de desarrollo integral de la comunidad.”

Retos inmediatos 

Como sucede habitualmente cuando la tecnología avanza más rápido que la socialización de sus bondades, beneficias y peligros, la telemedicina y telepidemiología actualmente sufren el flagelo de la falta de regulación o la sobrerregulación. Según el Dr. Hernández Marroquín, uno de los principales obstáculos es que no exista un parámetro estandarizado para el intercambio de datos o, por lo menos, para dictar cuáles deben ser las características básicas, tanto cualitativas como técnicas, de un expediente médico digital.

Otro obstáculo importante para estandarizar la práctica de la geomedicina es que, en muchos países, como México, los dispositivos para medir las diferentes variables biométricas no están avalados para su uso médico formal, aun cuando son completamente eficientes en sus funciones.

En México se ha confirmado un comité federal en donde representantes de instituciones públicas y privadas de salud se reúnen para discutir de manera colegiada cuál es la mejor práctica de la telemedicina, lo cual resultó en la creación de la Norma Oficial Mexicana de Telemedicina. Ésta buscaba establecer un estándar de los requerimientos técnicos de los equipos para realizar telemedicina, así como las buenas prácticas de los profesionales.

Sin embargo, la NOM 136 de telemedicna, que fue publicada para consulta pública el 21 de diciembre de 2015, recibió un aviso de cancelación el 27 de abril del 2018. Además de no haberse logrado el consenso necesario para su publicación en el Diario Oficial de la Federación, la complejidad mayor  radica en que, según explica el especialista de la Anahuac, la tecnología y los equipos se actualizan más rápido de lo que lo hace la norma, que es revisada cada 5 años.

Hoy a lo mejor requiero un equipo de 1 millón de dólares para cumplir con la norma, y para mañana sale un súper equipo de 50 mil pesos que hace los mismo, más pequeño y más económico. Entonces la NOM ya no me sirve. La vida real supera a la ficción.” 

Y en esta norma ni siquiera estaban contemplados los sensores y biomarcadores de última generación de los cuales existe gran cantidad hoy en día. “Tenemos un inventario de 950 pulseras diferentes que proporcionan electrocardiogramas y otros parámetros, de las cuales el 70% están aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos y la Comunidad Europea para hacer diagnóstico, monitoreo y tratamiento, pero no en nuestro país.”

Regularizar estas situaciones resultaría, como un beneficio mínimo, en la descarga de la saturación de los hospitales, sobre todo en el segundo nivel, el de los especialistas. Reforzaría una cultura de salud preventiva y facilitaría que los pacientes sepan a qué tipo de médico acudir. Según el Dr. Juan Carlos, se de be impulsar la inversión de telemedicina en el primer nivel de atención ya que éstas pueden resolver los cuidados primarios, ahorrando que mucha gente llegara hasta el segundo o el tercer nivel. “Cuando nosotros hacíamos nuestras teleconsultas, atendiendo a 20 mil consultas al mes, lográbamos que el 90% no llegará al segundo nivel. Y si tenemos la oportunidad de hacer un seguimiento tan puntual como el que permiten estas tecnologías, podríamos reforzar de manera importante la cultura de la prevención.”

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Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con larga trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es conductora de INTERFAZ, y co-conductora del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Colabora en Radio UNAM y NASA en español, entre otros medios nacionales e internacionales. Creadora del proyecto 4ta Revolución.