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De cazadores a guardianes para salvar al Manatí en México

Citlali Aguilera 07 / Sep / 19
En el Día Nacional del Manatí te contamos cómo se ha logrado revertir la cacería del gran mamífero acuático del sistema lagunar de Alvarado, Veracruz

Hace unos años Blanca Cortina me llevó a conocer a Juventino. Era mi oportunidad de ver a un manatí por primera vez. Tomamos una lancha que a rajatabla navegó las aguas del sistema lagunar de Alvarado, Veracruz, un Humedal de Importancia Internacional (Ramsar). Durante el trayecto observamos el vuelo de aves, y escuchamos el sonido de animales escondidos en espesura de los manglares que llena los ojos de un verde intenso. 
 
Al llegar a Nacaste, la gente dio una costeña y efusiva bienvenida a “Blanquita”, como le llaman a la bióloga y conservacionista del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) de la Universidad Veracruzana (UV) y quien coordina en esa zona las acciones de conservación, protección y manejo del manatí, especie catalogada en peligro de extinción por la Norma Oficial Mexicana 059-Semarnat-2010,  y por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
 
Juventino en ese entonces tenía casi 2 años de edad, flotaba plácidamente en un estanque donde la gente del pueblo —con asesoría de la UV— lo rehabilitaba y cuidaba día y noche desde que lo encontraron con tres semanas de vida. ¿Cómo es posible que una bióloga haya transformado a los cazadores de aquel gigante mamífero en sus más fervientes y cariñosos cuidadores? Esta es la historia.

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Don Aladino Chávez de la comunidad de Paso Platanar del municipio de Alvarado, fue cazador, ahora muestra una infografía a su bisnieta sobre la importancia de proteger al manatí | Foto: Proyecto IIB-UV / Blanca E. Cortina Julio

Gigantes acuáticos

Así como el águila real, el oso negro y el jaguar, el manatí es considerado una especie “sombrilla”. Se les denomina de esta forma a los seres vivos que, por sus características biológicas, ayudan a proteger tanto a otras especies como a los ecosistemas donde viven. Son, además, indicadores de salud de su hábitat. Los manatíes, al ser herbívoros, son controladores naturales de plagas vegetales y sus excrementos abonan el suelo acuático.

Conocido científicamente como Trichechus manatus manatus es el único mamífero marino herbívoro. Se alimenta de pastos acuáticos, algas y lirio. Vive en las aguas de ríos, lagunas y zonas donde hay manglares o cenotes.

En el continente americano se encuentra distribuido en la zona tropical desde Florida en los Estados Unidos, pasando por México (Tamaulipas, Tabasco, Veracruz, Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo), hasta el río Amazonas en Brasil donde habita otra especie más, conocida como Trichechus inunguis.

Son verdaderos gigantes, pues llegan a medir hasta 3 metros de longitud, y pesan entre 500 y 800 kilos, pero existen registros de ejemplares que alcanzan una tonelada. Son grises de origen, aunque la gente los suele ubicar con un lomo verdoso, como efecto producido por las algas. Sus voluminosos cuerpos se completan con una aleta caudal aplanada en forma de cuchara y dos aletas pectorales con tres uñas para sujetar la comida.
 
En el rostro poseen un gran labio superior prensil dividido por mitad con el que corta las plantas acuáticas para poder masticarlas con las muelas, las únicas piezas dentales con las que llena su dentadura. Además, en cada uno de sus orificios nasales tiene una válvula que se abre cuando requiere salir a respirar a la superficie.

Los manatíes llegan a vivir 60 años. Son inofensivos y llevan una vida mayormente solitaria, aunque se les puede observar reunidos para alimentarse o cortejarse. Tienen un periodo de gestación de 12 a 13 meses y la cría es cuidada por la madre durante un periodo de dos a tres años. Para ellos, las hembras tienen glándulas mamarias ubicadas en las axilas con un pezón muy grande donde se sujeta la cría.
 

Bióloga Blanca Elizabeth Cortina Julio quien coordina las acciones de conservación, protección y manejo del manatí en el Sistema Lagunar de Alvarado, alimentando al bebe manatí Juventino en su proceso de rehabilitación
Foto: Proyecto IIB-UV / Antonio Maruri García

El filo de los arpones y los cuchillos

En el caso de esta zona veracruzana, el filo de los arpones y cuchillos de cazadores ha sido la razón que los ha llevado al borde de la extinción, al grado que hoy resulta muy difícil poderlos ver. Enrique Portilla Ochoa, biólogo y mentor de Blanca, documentó que en las décadas de los 40 y 50 se llegaban a cazar entre 14 y 17 manatíes por mes en esta región. Una práctica común que se extendió hasta el año 2000.

El motivo de la cacería no era otro que alimentarse con su cuerpo:

Sacaban pailas y pailas de manteca (la grasa del animal); con la carne preparaban diversos guisos, como barbacoa y tamales; la piel, al ser gruesa y rugosa, también se ocupaba; con sus huesos fabricaban harina y mangos de cuchillos y machetes. Cuando lo cazaban le daban uso a todas sus partes”, me cuenta Blanca.

Educación para conservar

“¿Cómo voy a cambiar la forma de vida de quienes lo cazan? ¿Por dónde comienzo?”, se preguntó la bióloga ganadora del Premio Estatal de Medio Ambiente 2005 cuando en el año 1999, la UV y Pronatura A.C. la nombraron coordinadora de las estrategias de educación ambiental del Proyecto de Conservación del Manatí del Sistema Lagunar de Alvarado.

Fue el inicio de una serie de estrategias para generar fuentes alternas de ingresos económicos para los pobladores de la zona, como el proyecto de cooperativas pesqueras. Con ellas la gente podría ganar dinero y no tendrían que recurrir a la cacería del mamífero acuático para alimentarse. De manera paralela impartió un sinfín de talleres de educación ambiental junto con sus estudiantes universitarios para sensibilizar a la gente sobre la importancia del mamífero acuático.
 

Actividades de Educación Ambiental para la conservación del manatí en la comunidad de Costa de San Juan del municipio de Alvarado, Veracruz, con la participación de la gente local
Foto: Proyecto IIB-UV / Enrique Portilla Ochoa

Poco a poco las cosas comenzaron a cambiar. En lugar de cazarlos, hoy la gente vigila y reporta sus avistamientos a la UV o a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la información es utilizada por los científicos para registrar las zonas donde se alimenta y reproduce, o para ir a rescatarlos si se encuentran lastimados o en peligro.

Es muy bonito observar a las personas que fueron cazadoras como ahora platican a los niños sobre la importancia de cuidarlos”, me dice Blanca con los ojos llenos de alegría y admiración.

Voluntad inquebrantable

Juventino estaba destinado a morir, pues era prácticamente un bebé y no tenía a su madre. Pero la comunidad lo acogió y lo cuidó durante tres años para que pudiera ser liberado en las aguas de la laguna donde nació. Este tipo de acciones ha hecho que la Profepa haya acreditado a la comunidad del Nacaste y Costa de San Juan como el Comité Local para la conservación del Manatí.

“La siguiente meta es construir un centro de rehabilitación y reincorporación del manatí”, dice Blanca y señala necesaria la continuidad del apoyo y compromiso de la universidad, organizaciones no gubernamentales (ONG´s), el acuario de Veracruz, el gobierno y de todo aquel que se quiera sumar.
 

Doña Elsa Crisantos y Don Alejandro Palacios Carmona de la comunidad de Nacaste del municipio de Alvarado, Veracruz. Miembros del Comité Local para la Protección y Conservación del Manatí, con el manatí Juventino.
Foto: Proyecto IIB-UV / Blanca E. Cortina Julio

Blanca es una mujer tenaz, aguerrida y amorosa. Su compromiso con la conservación de los manatíes y las comunidades donde habita nace de lo que percibo como una auténtica pasión y compromiso por el respeto a la vida. Su convicción transforma a quien la escucha. Han sido sus acciones como líder de un gran equipo, y el poder de su pedagogía ambiental lo que ha logrado transformar en cuidadores acérrimos a quienes antes apuntaban con el arpón.

No descansaré hasta que el manatí salga de la lista de animales en peligro de extinción”, me dice al tiempo que atestiguo en sus ojos una voluntad inquebrantable.

Autor: Citlali Aguilera