Cosmos

Secretos del Sol: de Teotihuacan a la Nasa

Berenice González Durand 24 / Mar / 19
Desde la antigüedad, diversas culturas le han rendido homenaje al Sol con la entrada de la primavera. A su manera, la ciencia también venera al gran astro

Durante el equinoccio de primavera, el Sol aparece por el centro de la Piramide del Sol como el gran protagonista. El escenario es seductor y la gente acude en masa a “llenarse de energía”.

En realidad, el objetivo de acudir a la zona arqueológica, tiene que ver con la energía metafórica del lugar, pues en el sentido estricto del término no hay variantes en la radiación de energía solar que dependa de un cambio de estación: la cantidad de Sol que llega a la Tierra es similar en todas las épocas del año, mientras que la potencia de la radiación varía según el momento del día y las condiciones atmosféricas que la amortiguan.

Más allá de los mitos, muchas de las civilizaciones de la antigüedad, desarrollaron una compleja comprensión del movimiento de los cuerpos celestes a través de la cual fueron capaces de inventar complejos calendarios e incluso lograron predecir los eclipses de la Luna y el Sol con exactitud. 

La comprensión de la mecánica celeste, y la de ciertos ciclos, como el comienzo y fin de las estaciones, sólo requería de la cuidadosa observación del movimiento periódico de los astros. El comportamiento del gran astro es fácil de registrar por su regularidad, así que su movimiento en el horizonte constituyó la base de cualquier sistema de medición del tiempo.

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Muchas civilizaciones de la antigüedad fueron capaces de inventar calendario y predecir eclipses | Foto: Reuters

En las ciudades mesoaméricanas, era común orientar edificios de acuerdo con el plano celeste. De esta forma, se alzaron impresionantes conjuntos arquitectónicos cuyo propósito fue realizar observaciones de los movimientos solares. Los especialistas piensan que la luz del gran astro en el horizonte sirvió como una especie de dispositivo de calibración donde tiempo y geografía del lugar jugaba un papel preponderante en la vida cotidiana.

En Teotihuacán, la astronomía estaba íntimamente ligada a las matemáticas, la geometría y la arquitectura. El trazo perfecto de sus avenidas, los diferentes grosores de sus muros y los pasajes al interior de la tierra constituyeron no sólo centros rituales, sino la materialización del conocimiento integral del Universo. La observación era y es el elemento central del método científico y las civilizaciones pasadas la pusieron en práctica con absoluto rigor; la diferencia con el estudio del Sol en la actualidad es el alcance que pueden tener nuestros ojos gracias a las cada vez más sofisticadas herramientas tecnológicas.

Para verte... y oírte mejor
En la actualidad, los científicos también veneran al Sol muy a su manera. El estudio del Sol y su interacción con la Tierra y el Sistema Solar se llama heliofísica. Las principales agencias espaciales del mundo, tienen una rica gama de proyectos basados en esta ciencia; el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO) es un ejemplo de esto. Este proyecto en conjunto de la ESA y la NASA ha capturado el movimiento dinámico de la atmósfera del Sol durante más de 20 años.

Esta sonda se encuentra ubicada en el llamado punto L1, un punto definido como aquel en que la gravedad de la Tierra contrarresta la del Sol, por lo que este observatorio se encuentra en una zona de estabilidad, que le permite orbitar sin problema cada 11 meses. En condiciones normales, transmite fotografías continuamente a 200 Kbps a través de la Red del Espacio Profundo (Deep Space Network). Como datos curiosos, cabe señalar que aproximadamente la mitad de los cometas conocidos han sido descubiertos por el SOHO y más mil quinientos científicos en todo el mundo están involucrados con el funcionamiento de sus instrumentos.

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El estudio del Sol y su interacción se conoce como heliofísica | Foto: Especial

Uno de ellos es el Espectrómetro de Diagnóstico Coronal (CDS), que detecta líneas de emisión de iones y átomos en la corona solar y la región de transición, proporcionando información de diagnóstico sobre la atmósfera solar, especialmente del plasma en el rango de temperatura de 10 mil a más de un millón de grados centígrados.

Cuando el sol está más activo, los fuertes campos magnéticos aparecen como puntos brillantes en las imágenes ultravioleta de la corona. La actividad también se hace evidente en la fotosfera, que es la superficie que se aprecia en la luz visible.

La observación de las manchas solares le brindan a los científicos importante información sobre el peligro que podrían desencadenar las tormentas solares. Cuando el Sol se encuentra en sus niveles máximos de actividad, las partículas cargadas del viento solar (reforzado por las eyecciones de protuberancias y erupciones) penetran en nuestra atmósfera siguiendo las líneas magnéticas del campo terrestre.

La inyección de tales partículas se realiza cerca de los polos, con las llamadas auroras boreales, estallidos multicolores que pueden ser potencialmente muy peligrosos, pues las centrales eléctricas, las telecomunicaciones, y en general, todas las aplicaciones basadas en satélites pueden verse afectadas por una tormenta solar.

Pero los estudios de SOHO también tienen otras posibilidades de estudio a través del sentido del oído. En la actualidad también es posible escuchar detalladamente los sonidos que el Sol produce y de esta forma encontrar una nueva forma de analizar sus movimientos.

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Los datos de SOHO, sonificados por el Laboratorio de Física Experimental de Stanford, capturan las vibraciones naturales del Sol y proporcionan a los científicos una representación concreta de sus movimientos dinámicos. Mediante el sonido de ondas, bucles y erupciones se puede analizar lo que no se puede observar a simple vista. en este sentido, Alex Young, director asociado de ciencia en la División de Ciencia Heliofísica en el Centro de Vuelo Espacial Godd ard de la NASA en Greenbelt, Maryland, ha dicho que “al carecer de formas sencillas de observar muy al interior del Sol, como un microscopio que pudiera hacer zoom en su núcleo, es posible usar sus vibraciones para ver mejor”

Otra de las principales misiones de la NASA relacionadas con el estudio del Sol es el Solar Dinamics Observatory (SDO), lanzado hace nueve años con la finalidad de entender mejor las variaciones solares que influyen la vida en la Tierra y los sistemas tecnológicos creados por la humanidad. El que se planeaba en cierta forma como el sucesor del SOHO, actualmente orbita el planeta a unos 36 mil kilómetros de distancia.

Las peligrosas tormentas solares
La NASA planeó enviar una misión hasta la corona solar durante décadas, sin embargo, no se contaba con la tecnología que pudiera proteger a una nave y sus instrumentos del calor. Finalmente se logró en el verano del año pasado con el lanzamiento de la sonda Parker Solar Probe.

Américo González Esparza, Coordinador del Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE), ha comentado que uno de los objetivos fundamentales de la misión Parker es entender el calentamiento de la corona, pues al saber por qué su atmósfera es tan caliente, podremos comprender mejor cómo se propagan las tormentas solares en el viento solar y cómo pueden afectar a la Tierra. “Muchos de los estudios que esperamos se desarrollen con los resultados de la misión Parker tienen aplicaciones directas al clima espacial y nos van a ayudar a preveer mejor. En el LANCE vamos a ser usuarios directos de estos datos”.

Una cantidad creciente de investigaciones indica que las tormentas solares pueden ser más poderosas de lo que las mediciones han demostrado hasta ahora. Un nuevo estudio internacional dirigido por investigadores de la Universidad de Lund (Suecia), utiliza, incluso, muestras de hielo de Groelandia, formadas durante los últimos cien mil años, para encontrar evidencias de tormentas solares. De Teotihuacán a la NASA, las teorias se comparten: el Sol es sinónimo de vida en la Tierra, pero también podría colapsarla.
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Entender por qué la atmósfera es tan caliente ayudaría a entender otros fenómenos y cómo ellos pueden afectar a la Tierra | Foto: Especial

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.