Sociedad

A diez años de la pandemia del H1N1: ¿Qué hemos aprendido?

Enrique Anzures 14 / Jun / 19
Una de las mayores emergencias sanitarias del mundo se vivió hace una década en nuestro país, más allá de cubrirnos con el codo al estornudar cómo prevenimos otro eventual brote

El 11 de junio de 2009, la Organización Mundial de la Salud anunció que el mundo se enfrentaba a una pandemia mundial ocasionada por un nuevo virus de influencia de origen porcino, clasificado como A (H1N1/09), el principal foco de atención epidemiológico era México.

La nueva cepa del virus que se encontraba deambulando en distintos países desde finales de 2018 haciéndose pasar como una influenza estacional. No fue hasta el 21 de abril del 2019, cuando los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, informaron la detección en dos niños residentes del estado de California, de una nueva sepa de virus de influenza.

Poco antes de la alerta del CDC, el 24 de febrero de 2019, en el estado de San Luis Potosí, se dio un caso de una niña de 6 meses de edad, que presentaba síntomas en las vías respiratorias. Tiempo después se confirmó que eran ocasionados por el virus de influenza A (H1N1/09).

Los médicos mexicanos asociaron el virus caracterizado por la CDC, con una serie de casos de neumonía atípica de origen viral, manifestados en distintas zonas del país y que ya había cobrado la vida de 20 personas. 

Para el 25 de abril, la OMS declaró emergencia de salud pública de interés internacional, y, en consecuencia, el gobierno mexicano activó el Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza.

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Alerta sanitaria en México: Foto: Reuters

¿Por qué es tan peligrosa la influenza?

Comúnmente, los virus de la influenza habitan entre los humanos. A pesar de ello, son los que más inquietan a los especialistas de la salud debido a que, de generarse un cambio abrupto o mutación, los convierten en peligrosos patógenos para la humanidad por su rápida velocidad de propagación. 

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Una imagen de microscopio electrónico muestra un cultivo del virus de la "gripe porcina" A H1N1 | Foto: Reuters

Existen cuatro clasificaciones para los virus de la influenza, denotados con las letras: A, B, C y D. Entre los cuales, los virus del tipo A, son los causantes de las influenzas más peligrosas ya que cuentan con varios hospederos como los humanos, aves o bovinos; lo que les ha permitido tener la ventaja, para realizar cambios importantes de su material genético en un tiempo corto. 

Al desarrollarse una nueva cepa es posible causar una pandemia, si no se controlan a tiempo ya que el sistema inmunológico no cuenta con un registro del nuevo tipo de virus que ha logrado mutar.

Maestros del disfraz

Las cepas del tipo A, se han estructurado en una compleja clasificación, que se conjugan de acuerdo a las proteínas neuromidasa (N) y hemaglutinina (H). De las cuales, se conocen 11 subtipos de neuromidasa y 18 subtipos diferentes de hemaglutinina, desprendiéndose de ellas, variedades de virus como el A (H1N1), A (H3N2), A(H5N1) A(H7N9), A(H9N2).   

La influenza del tipo A es de origen zoonótico, lo que significa que se desarrollan en animales, por ejemplo, el virus A(H9N2) y A(H5N1) se originó en las aves y el A(H1N1) y A(H3N2) en  porcinos. 
 

La constante evolución de los virus los distinguen como maestros del disfraz, engañando a las células al cambiar su material genético en un proceso denominado variación antigénica. Cuando estos cambios son mínimos, se considera que es una "variación antigénica del virus", y cuando hay un salto importante en el material genético se le denomina “cambio antigénico mayor".

Las mutaciones se generan cuando se dan las condiciones que faciliten a los virus adaptarse y evolucionar. Un ejemplo sucedió en China antes de 1990 cuando en los mercados de aves se carecían de procesos de salubridad y los procesos de alimentación implementados en granjas aprovechaban el excremento de gallinas para alimentar a los cerdos y los excrementos de cerdos, para alimentar los peces en los estanques. Esta situación los convirtió en importantes focos de transmisión entre humanos y animales. 
 

Las mutaciones se generan cuando se dan las condiciones que faciliten a los virus adaptarse y evolucionar. Un ejemplo sucedió en China antes de 1990 cuando en los mercados de aves se carecían de procesos de salubridad y los procesos de alimentación implementados en granjas aprovechaban el excremento de gallinas para alimentar a los cerdos y los excrementos de cerdos, para alimentar los peces en los estanques. Esta situación los convirtió en importantes focos de transmisión entre humanos y animales.
Foto Ilustrativa | Foto: Reuters

El escudo que protegió a México

A pesar de los 1,172 decesos ocasionados por virus el A (H1N1/09) en México, en el 2009 los mexicanos fueron afortunados, ya que dos años antes de la pandemia, se habían tomado las debidas precauciones ante un panorama de estas características.

El 10 de octubre de 2016, a las 8:00 de la mañana, se ejecutó el “ejercicio “escudo centinela”, simulacro nacional para la evaluación de la respuesta ante una pandemia de influenza”.

Encabezado por la Secretaría de Salud, el Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades (CENAVECE), la Dirección General de Epidemiología, el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE) y los institutos de salud nacionales, además de las dependencias estatales del ramo, sumado a las fuerzas armadas y de seguridad pública. Realizaron un simulacro, ante un brote del virus H1N5 —cepa altamente virulenta y con un promedio de mortandad del 30 al 100 %—. En el ejercicio, atendiendo un posible escenario, en donde las distintas entidades gubernamentales, se enfrentarían a posibles casos de presión mediática, manifestaciones civiles, saturación de los sistemas de salud y carencia de medicamentos. 

Para ser lo más realista el posible el simulacro, se simularon el cierre de vialidades principales como la calzada de Tlalpan a la altura del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, carreteras como la de Ixmiquilpan-Tasquillo, y se desarrollaron confrontaciones civiles en puntos estratégicos, como en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.  

Gracias a este simulacro y la participación de 2,803 empleados gubernamentales y de la sociedad civil, se logró mejorar los mecanismos de acción para la atención ante un caso de emergencia sanitaria, causada por un brote de influenza. 

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Imagen ilustrativa de caos en la ciudad | Foto: Especial

Un aprendizaje para lo que viene

En el reportaje de Federico Kukso: La próxima pandemia: El virus que amenaza a la humanidad publicado en Tangible se realiza una remembranza de las grandes pandemias que azotaron al mundo y pone en prospectiva el riesgo latente con el que aún se cuenta.  

Consiente de este riesgo, y apegándose a los lineamientos internacionales dictados por la Organización Mundial de la Salud, consecuencia del brote de influenza aviar de 1997. El gobierno mexicano empezó desarrollar lo que hoy ya es el Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza. 

El documento, presenta de manera puntual y concreta, las acciones generales que cada entidad gubernamental, sector empresarial y sociedad civil, deben de asumir ante un brote inesperado de una nueva sepa de influenza.

La OMS declaró el término de la pandemia el 10 de agosto de 2010, dejando una estela de más de 18 mil muertes en todo el mundo. Por ende, y previendo un nuevo incidente de esta escala, se actualizó la versión de 2006 del Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza -versión que había tomado la experiencia del simulacro “Escudo Centinela”-, plasmando el aprendizaje compilado por todos los niveles de gobierno en 12 puntos estratégicos, con un apartado denominado: “Lecciones aprendidas”; y que continuación se resumen de manera amena:

1. La preparación es rentable.

2. Los virus pueden surgir de cualquier lado.

3. Los médicos deben de prestar atención a fiebres mayores de 38°.

4. Formalizar canales de comunicación.

5. Mejoramiento e inversión en infraestructura. 

6. Atención oportuna ante problemas en las vías respiratorias. 

7. Mejoramiento de los lineamientos de comunicación social.

8. Capacitación continúan del personal médico.

9. Generar programas que aumente la eficiencia de la infraestructura.

10. Protección médica del personal del sector salud.

11. Desarrollo científico y producción de vacunas en México.

12. Promover una cultura de prevención dentro del sector salud.

Las anteriores recomendaciones se han elaborado desde un enfoque institucional, siendo así, la sociedad en general también ha integrado en su cultura cotidiana, formas de prevención colectivas, como el uso del gel antibacterial en lugares públicos, el estornudo de etiqueta -estornudar en el antebrazo-, acudir al médico con antelación ante sospechas de una enfermedad respiratoria, y en menor medida, el uso de cubrebocas.

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Una imagen de microscopio electrónico muestra un cultivo del virus de la "gripe porcina" A H1N1 | Foto: Reuters

Prevenir el futuro

Para estar al día ante eventuales brotes en México, el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE), es el responsable de estar alerta ante cualquier amenaza que pueda surgir dentro o fuera del país. 

Los laboratorios InDRE, cuentan con un nivel de bioseguridad nivel tres (BSL-3) capaz de contener patógenos de alto riesgo, pero que pueden ser tratados con medicamentos o vacunas -el máximo nivel de bioseguridad es el 4 que contienen virus o bacterias, que no tienen vacuna o antibiótico-. Y en estos laboratorios de alta tecnología, son usados como “referencia” por todas las instituciones de salud del México, en donde llegan muestras de todos los rincones de la república, para ser analizados, y así evaluar si existe algún posible foco de atención epidemiológica que deba de ser atendido inmediatamente.

A pesar de esta infraestructura, para la Dra. Rocío Tirado Mendoza, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) existen flancos que no se deben descuidar por lo que se ha desarrollado dentro de los laboratorios de la máxima casa de estudios de México técnicas para la de detección de virus respiratorios como el Orthopneumovirus humano, Metapneumovirus humano y Rubulavirus tipo 2 humano. 

Tirado Mendoza, de formación química fármaco bióloga, con maestría en biología celular y doctorada en ciencias biomédicas, indica que “estos virus, desafortunadamente tienen un alto índice de mortalidad, principalmente entre poblaciones menores a 5 años y adultos mayores…y, el Orthopneumovirus, es el número uno, después Metapneumovirus y Rubulavirus -que es una influenza tipo 2. Ha teniendo más de 200 mil muertes al año en todo el mundo… Para estos tres virus, —contrario lo que sucede con el virus de la influenza—, no hay vacunas y tampoco antivirales eficientes… Esto es muy grave, ya que el diagnostico diferencial —al menos en nuestro país— no se hace”.

El trabajo realizado por el grupo de la Dra. Rocío Tirado se orientó a generar un diagnostico diferencial para los pacientes que llegan a los centros de salud con infecciones respiratorias agudas de origen viral. El objetivo de este trabajo es saber cuál de los tres virus, genera la infección y así tomar las medidas adecuadas. 

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Imagen obtenida a través de scanner térmico | Foto: Reuters

¿Estamos preparados?

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México se cuenta con una población de 129.2 millones de personas, y que de ellas, según cifras de 2017 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD), “México tiene 2.4 médicos por cada 1 000 habitantes, en relación con 3.4 en promedio en la OCDE, y cuenta con menos de un tercio del número de enfermeros/as y camas de hospital por cada 1 000 habitantes que el promedio de la OCDE”. 

A pesar de que el informe de la OCDE expone que aún se tiene que subsanar un rezago en el sistema de salud pública, el panorama es alentador. Ya que la suma de la experiencia plasmada en Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza, sumado, a que se ha implementado un programa de desarrollo de vacunas propias en el país, dentro de los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México (Birmex); y la participación de la comunidad científica mexicana, vislumbra una preparación nacional adecuada ante un nuevo brete de influenza

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Personal realizando limpieza durante el brote de virus de la influenza de 2009 | Foto: Reuters

Algunos especialistas han expresado que el brote de virus de la influenza de 2009, fue una bala que pasó rozando a los mexicanos, ya que el virus A (H1N1/09), no fue tan virulento como se pensaba, y por fortuna no fue el temido A(H5N1). 

A pesar de ello, el costo que requirió para la atención del brote del virus en México, fue de más de 9 mil millones de dólares (equivalente al 1% del PIB de 2008) —gasto superior al presupuesto anual nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación—. 

A diez años de la aparición en México del A (H1N1/09), considerada como la primera pandemia del siglo XXI, fue clara la advertencia y no bajar la guardia, ya que los especialistas señalan que tarde o temprano un nuevo virus mutará impactando en la población mundial. 

Autor: Enrique Anzures
Enrique Anzures es periodista y divulgador de la ciencia. Ha colaborado en distintos medios informativos para las secciones de ciencia y tecnología. Fue galardonado con “Premio de la Juventud de la Ciudad de México 2010” en la categoría de Actividades Académicas, Científicas o Profesionales, y la “Medalla Luis. G. León” en el año 2011, por sus contribuciones a la divulgación de la astronomía en México.