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Ecología del fuego: ¿Puede un incendio como el de la Amazonia ser bueno para el ambiente?

Carmina de la Luz Ramírez 21 / Aug / 19
Este tipo de fenómenos no necesariamente son enemigos de los bosques. Contribuyen a la supervivencia de la vegetación y, si los evitamos por completo, podrían surgir peores catástrofes

Ayer la noticia del  incendio forestal en la Amazonía brasileña causo conmoción en la población a nivel mundial. Este fenómeno lleva activo tres semanas, comenzó a finales de julio pasado en una reserva ambiental en el estado brasileño de Rondonia, en la frontera con Bolivia, y posteriormente se originó en otros en la región, poniendo en riesgo la vida de los residentes locales y animales.

Y aunque los incendios para los ojos de todos son devastadores, los expertos en materia forestal trabajan ya bajo un paradigma más optimista, donde las llamas pueden jugar el papel de aliadas "

Según la CONAFOR, instancia encargada de prevenir y combatir los incendios forestales, se trata de fenómenos con una "propagación libre y sin programa de fuego sobre la vegetación en los bosques, selvas, zonas áridas y semiáridas". Esto significa que cualquier tipo de ecosistema silvestre puede quemarse ; es, además, una definición que coincide con la diversidad de tipos de vegetación en México, entre los cuales existen algunos más sensibles al fuego y otros que lo requieren en algún punto de su desarrollo. 

Oxígeno, chispa y combustible 

Los incendios forestales son parte natural del paisaje en nuestro planetadesde hace unos 400 millones de años, cuando las plantas adoptan un hábito de vida terrestre y sus tejidos (follaje, madera, etcétera) se convierten en material combustible, capaz de quemarse. De acuerdo con Enrique Jardel Peláez -experto en ecología y manejo forestal-, un incendio también requiere el oxígeno atmosférico (como comburente) y una fuente de calor que inicia la reacción de combustión. 

“En el pasado, inicie con la caída de un rayo en un árbol durante una tormenta eléctrica, por ejemplo, con el material incandescente de una erupción volcánica", Cuenta quien es profesor investigador del Centro Universitario de la Costa Sur (Universidad de Guadalajara)," pero con el conocimiento del fuego por parte del ser humano controlado también los incendios forestales inducidos; aprendimos que el fuego favorece el rebrote de plantas comestibles, y lo que utilizamos para reducir el espacio a la agricultura y la ganadería ”.

Datos de la CONAFOR −en colaboración con la Secretaría de Medio Ambiente y el Centro Nacional de Prevención de Desastres - señalan que, actualmente:

9 de cada 10 incendios forestales tiene una causa antropogénica, es decir producida por el ser humano. Una gran cantidad se remite a actividades agropecuarias (44%); buena parte se debe a negligencia y accidentes (37%), y un 19% corresponde a incendios totalmente intencionales, enmarcados en conflictos como la tala ilegal y los litigios por el territorio. 

Bosque y nada más

Para la doctora Irma Trejo Vázquez -especialista en ecología vegetal- , el verdadero problema de los incendios forestales llega una vez que el fuego se apaga, entonces suele ser intervenir el ser humano con la finalidad de cambiar el uso del suelo. “No es tanto el efecto como tal de un incendio, sino lo que pasa después”, destaca la investigadora del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, “en la mayoría de los casos, si un ecosistema es perturbado y se le da tiempo para que se regenere, lo hará solito ; esto se debe a que, en mayor o menor medida, las especies que lo componen son resistentes y resistentes a la perturbación ”.  

Ese tiempo depende de muchos factores: “puede tardar décadas −precisa Irma Trejo− y aún así así podemos esperar que; un terreno forestal quemado no puede transformarse en una parcela para construir viviendas, establecer una zona de pastoreo o siembra; está legislado, un incendio forestal no es justificación para hacer un cambio de uso del suelo ”. Por esta razón, la doctora Irma Trejo considera que la vigilancia de los sitios afectados por un incendio es tan importante como el monitoreo de aquellos donde todavía no ha sucedido alguno. 
 

"El verdadero problema de los incendios forestales llega una vez que el fuego se apaga, entonces entonces suele intervenir el ser humano con la finalidad de cambiar el uso del suelo." No es tanto el efecto como tal de un incendio, sino lo que pasa después ”, dice Irma Trejo Vázquez, especialista en ecología vegetal.
Foto: Especial

A veces, prevenir es lamentar

Tal como reconoce Trejo Vázquez:

casi todos los incendios forestales de origen antropogénico traen efectos negativos para la vegetación silvestre. Pero también hay casos donde, de no ser por el fuego, el paisaje como lo conocemos desaparecería.

Sucede en algunos bosques de coníferas con especies nuestras semillas de temperaturas altas para germinar, por ejemplo: “pueden alcanzar con la insolación, si se trata de áreas abiertas; sin embargo, en zonas con mucha sombra, el bosque se renueva con ayuda del fuego ”. Todo es parte de la evolución, ya que durante millones de años las plantas se han adaptado a coexistir con las llamas, y su biología las ha aprovechado. 

Los aspectos más importantes de esta relación ecosistema-fuego son la intensidad y la frecuencia con la que se manifiestan los incendios forestales. El profesor Enrique Jardel Peláez explica las distinciones correspondientes a varios regímenes de fuego: “un régimen de fuego se caracteriza por cuán seguido ocurre en los incendios y en qué estación del año”. La temporada de incendios forestales en las regiones centro, norte, noreste, sur y sureste de México va de enero a junio; mientras que en el noreste del país el fuego suele presentarse entre mayo y septiembre. 

Alterar este comportamiento -por ejemplo, instaurando políticas forestales que evitan al extremo el surgimiento del fuego- puede significar una catástrofe mayor. México vivió una situación extrema en 1998, año en el que se reportó arriba de 56 mil incendios que afectaron un área de más de 2 millones 300 mil hectáreas. Ahora, Jardel y sus colegas abordan el tema desde la ecología del fuego, una perspectiva científica novedosa, aunada a dejar se satanizar las llamas y no criminalizar a quien las utiliza de manera adecuada.

¿Suprimir o no suprimir?

Enrique Jardel es considerado pionero en el desarrollo de los primeros modelos con bases científicas para el manejo del fuego en México . Sus trabajos en lugares como laReserva de la Biósfera Sierra Manantlán (en Jalisco y Colima) han demostrado que “los sitios más propensos a incendiar, incluso sin intervención humana, son aquellos donde están lo suficiente como para producir vegetación densa −que finalmente es combustible -, pero donde después hay un período largo de secas, que es cuando suelen presentarse los incendios ”. En cambio, estas perturbaciones son raras en ecosistemas donde llueve muy poco −y por lo tanto se producen poca vegetación−, como los matorrales de las zonas desérticas. 

El autor del libro  Planificación del Manejo del Fuego narra que, en el pasado, ecosistemas como los bosques mexicanos de coníferas --cuyo régimen de fuego es de incendios frecuentes, a los cuales están adaptados-- fueron intervenidos con buena intención: “se suprimió el fuego por un tiempo, y esto hizo que se acumulara mucho combustible (hojarasca, leños, arbustos, árboles muertos), y cuando finalmente sucedió un incendio fue proporcionado por mayores mayores a lo normal para ese tipo de ecosistema; es decir, paradójicamente, al querer suprimir el fuego, generamos un problema porque volvimos al bosque más vulnerable a los incendios ”. 
 

El bosque se renueva con ayuda del fuego. Todo es parte de la evolución, ya que durante millones de años las plantas se han adaptado a coexistir con las llamas, y su biología las ha aprovechado.
Foto: Especial

Con vegetaciones húmedas, como las selvas del sureste de nuestro país, sucede algo distinto: “su régimen de fuego corresponde a incendios muy espaciados en el tiempo; sin embargo, al ser desmontados para la agricultura y la ganadería, se les ha reducido a manchones de vegetación con bordes muy susceptibles de quemarse como entradas de fuego a la selva ”, indica el profesor Jardel, quien reconoce que ahí están las consecuencias del fuego son más severas, pues las especies no están adaptadas. “En resumen, el experto, lo que nos está pasando es lo que está quemando más frecuentemente, zonas donde no debería haber tantos incendios , y los lugares donde el fuego ha sido parte de la dinámica, al suprimirlo hemos creado condiciones para que se sucedan incendios más severos ". 

Fuego contra fuego

Carlos Mallén Rivera −académico titular del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) - destaca que ocurren más incendios forestales y estos son más severos en ecosistemas perturbados por la agricultura y la ganadería. Él coincide con diversos expertos en que, anteriormente, las quemas para la siembra eran más controladas porque el trabajo de campo dependía de un alcalde número de personas: “en ese entonces los terrenos se preparan para el cultivo, pero se hizo con los recursos preventivos ; por ejemplo, delimitaban con cortafuegos las áreas a quemar ; ahora, ese tipo de acciones se hacen más individualizadas y con menos cuidado ”. 

Como estudioso del aprovechamiento forestal sustentable, Carlos Mallén es partidario de incorporar el fuego a los planos de manejo: “en los ecosistemas donde se practica la silvicultura, curiosamente, es donde hay un mejor control de los incendios forestales, una diferencia de los sitios que no se pueden fácilmente tan fácilmente, como las áreas naturales protegidas; los ejidatarios y productores tienen una gran cultura, un gran conocimiento de uso del fuego y una fuerte tradición de brigadistas ".

Además, el sector científico ha cambiado de paradigma: " el factor fuego ya es reconocido como elemento del ecosistema,y como tal debe de ser manejado; no se trata de suprimirlo por suprimirlo, de apagar por apagar, el fuego es una gran herramienta para el cuidado de los bosques (...) inclusive hay veces que se combate fuego con fuego, por ejemplo, los brigadistas pueden hacer brechas quemando parte del ecosistema en franjas, para cuando llegue hasta allí el incendio no encuentre más combustible ”, concluye el investigador. 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez