Cuerpo

El ataque de los titanes y la fisiología de la distopía de Isayama

Luis Javier Plata Rosas 11 / Jul / 19
Un vistazo desde la fisiología permite ver que los gigantes tendrían una deficiencia alimenticia para movilizar sus enormes cuerpos

La humanidad —lo que queda de ella— ha disfrutado de cien años de paz… o al menos todo lo que es posible disfrutar mientras se está encerrado como ganado dentro de alguna de las tres murallas de 50 metros de altura que la protegen y evitan, continuando con el símil, que los hasta ahora supervivientes se conviertan en boccatti di cardinali de los gigantes humanoides que dan nombre a la serie animada basada en el manga de Hajime Isayama. La paz terminó: comienza El ataque de los titanes.

En el futuro distópico creado por Isayama la única especie que debe preocuparse de una altamente probable y muy próxima extinción es la nuestra. Uno se acuesta rezando (si es que es religioso) porque las murallas sean suficientes para mantener fuera de ellas a los titanes, sabiendo de antemano que no lo son. No en casos como el de quienes son equivalentes a supertitanes, como el Titán Acorazado, que tiene la piel mucho más dura que la de nuestro actual secretario de Hacienda luego de un ataque de los memes (aunque no sabemos cuánto resistirá; ni éste ni aquél).

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La muralla de "El ataque de los titanes" | Foto: Especial

Y si lo uno tiene la suerte de vivir fuera de esta ficción para contar lo que de ciencia hay en ella, en vez de portar dos espadas para encajárselas en el cuello a los titanes y un cilindro de gas para propulsarse por los aires, puede iniciar, como el estudiante de maestría Luke Willcocks, por indagar si en verdad los titanes podrían haber sobrevivido un siglo sin probar un muslo, unas manitas, ni siquiera un pescuezo de humano.

Gigantes fotosintéticos

Antes de que los fanáticos de la serie se apresuren a destrozar este texto, a quienes no lo son debemos decir que todo parece indicar que, en realidad (es un decir), como los titanes no tienen tracto digestivo, no necesitan consumir humanos y sólo lo hacen por molestar (otro decir), pues nunca nadie ha visto que se lleven a la boca nada que no sea un miembro de nuestra especie. Al parecer y en espera de nueva información que contradiga esta hipótesis, los titanes son, al igual que las plantas, fotosintéticos, y partiendo de esto Willcocks ha determinado cuánta energía requieren al día para vagar pasiva y erráticamente de un lado a otro.
 

Un titán de los de menor tamaño —una especie de enano entre los gigantes— mide aproximadamente tres metros de altura y si, como Willcocks, tomamos para simplificar a alguno que tenga un índice de masa corporal ideal de 22, esto implica que su peso es de 198 kilogramos. Con estos datos, al usar la ecuación de Harris-Benedict, que permite estimar el metabolismo basal (el mínimo para subsistir) de una persona —o un titán— en función de su peso, estatura y edad (25 años para el hipotético titán, no porque sea su edad real sino por considerar, para no subestimarlo, el gasto energético de una persona joven), tenemos que un titán que se pasara echado todo el día gastaría aproximadamente 4,119 kilocalorías. Como este no es el caso, y cuando no están despanzurrando humanos con sus dientes su pasatiempo favorito (de otra forma no se explica su práctica centenaria) es caminar, al considerar este factor la energía mínima que debe producir un titán por fotosíntesis para mantenerse vivo es de 7,106 kilocalorías, ¿lo conseguirá?

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Gigante enano de "El ataque de los titanes" | Foto: Especial

Sin energía suficiente

Indispensable para fotosintetizar es que el titán cuente con organelos en sus células que pueden absorber luz y usar ésta para producir carbohidratos. Willcocks no se percata que, dado que los titanes no son verdes, es posible que, como las algas pardas, en lugar o además de clorofila, tengan ficoxantina u otros pigmentos fotosintéticos. Como sea, en un día cualquiera las plantas sólo son capaces de convertir un 2%, como máximo de luz en energía utilizable, por lo que, si toda la piel titánica cuenta con pigmentos fotosintéticos y es bañada durante 14 horas —asumamos que es verano y que viven cerca del ecuador—, producirían unos 5.6 megajoules, que es poco menos de la mitad de la energía que requiere un iPhone 5 para funcionar durante un año pero que en estas titánicas proporciones no cubre ni el 20% de las necesidades energéticas diarias de un pequeño titán de 3 metros.

La situación va empeorando conforme aumenta la talla del titán, y en el caso del Colosal, de 60 metros de alto, éste sólo puede generar un 6% de la energía necesaria para vivir como caminante, no se diga ya como el destructor de murallas que es. Tal vez temporadas futuras revelen que los titanes cuentan con pigmentos con una eficiencia energética más próxima al 100%, o que cuentan además con alguna fuente alterna de energía que permita explicar su capacidad destructiva.

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Ilustración de "El ataque de los titanes" | Foto: Especial

Gigantes y veloces

Atrapado ya por el devastador poder de atracción de estos titanes, Willcocks se alió con Alex Parry, estudiante de maestría en ciencias de la complejidad, para determinar la velocidad máxima a la cual pueden correr los llamados titanes anormales, que son idénticos a los normales salvo por el hecho de que, sin previo aviso, pueden actuar de manera impredecible y, por ejemplo, hacer sprints en los que aplastan a incontables y, al parecer, mucho más lentos humanos.

Un titán de mediana estatura, lo que en estas gargantuescas dimensiones significa unos 15 metros de alto, tiene una masa —calculada asumiendo un índice de masa corporal de 22— de 4,950 kilogramos y un peso de 48 mil Newtons. Al descomponer las fuerzas que actúan sobre un pie del titán y aplicar la tercera ley de Newton (la consabida “A toda acción corresponde una reacción de la misma magnitud y dirección, pero de sentido contrario”), de manera que la fuerza resultante sea la responsable de su avance hacia enfrente con velocidad constante, Willcocks y Parris obtienen un valor aproximado de 100 m/s, igual a 360 km/h. En consecuencia, sin las cuerdas y cilindros propulsores, los humanos están condenados a ser aplastados como cucarachas ante el avance de un titán anormal.

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Ilustración de "El ataque de los titanes" | Foto: Especial

El influjo de los titanes ha alcanzado también a los aracnólogos, pues en 2018 una nueva especie de arácnido de la región amazónica fue bautizado como Megalolaelaps colossus en honor del Titán Colosal por su gran tamaño (de unos 5 mm en promedio, lo que lo convierte en el gigante de los ácaros) y su feroz aspecto. Por fortuna para los escarabajos peloteros, a diferencia de en El ataque de los titanes, este arácnido vive en relación simbiótica sobre el cuerpo de estos insectos

 

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Willcocks, L., 2017, Could Titans produce enough energy to sustain themselves?, Journal of Interdisciplinary Science Topics, 6, 4 pp. ,Parry, A. y Willcocks, L., 2017, How fast can a Titan run?, Journal of Interdisciplinary Science Topics, 6, 4 pp.,Cómbita-Heredia, O., Quintero-Gutiérrez, E.J. y Klompen, H., 2018, Ontogeny of Megalolaelaps colossus sp. nov. (Acari: Megalolaelapidae), an enigmatic symbiont of dung beetles (Coleoptera: Scarabaeidae) in Colombia, Systematic and Applied Acarology, 23(6), 1102-1124.