Cosmos

El cielo perdido de los filósofos

Gerardo Herrera Corral 05 / Nov / 18
Mirar al cosmos es un viaje al pasado. En la actualidad, la tecnología nos permite mirar tan lejos que podemos alcanzar el origen mismo del tiempo. Y aunque a través de los siglos la imagen del cielo se ha transformado, mirar al espacio siempre ha sido y será la representación humana del comienzo.

Hesíodo fue uno de los más grandes poetas griegos. Dicen que un día, siendo pastor, se le aparecieron las musas del destino para decirle que su camino era la poesía. Fue hace 2 mil 700 años que este pastor escribió la Teogonía, un poema filosófico que contiene una de las más antiguas versiones del origen del cosmos y la formación del Universo. En él se narra cómo antes de que los dioses y las fuerzas aparecieran, existía el “espacio que se abre”, el estado primigenio llamado Caos. Para el poeta nacido hacia la segunda mitad del siglo VIII antes de nuestra era --y para el mundo griego-- el universo surgió del abismo.
 
El cielo de los griegos es un reflejo de la razón, gestionado por lo divino, un lugar cerrado y ordenado en el que habita el hombre.
 
Platón consideraba que el Universo era la obra de Dios, inspirada en un modelo matemático que podía ser comprendido. Su discípulo Aristóteles escribió en su Tratado del cielo, que hay un primer motor que imprime movimiento a la esfera donde se encuentran las estrellas. Esto es lo que gobierna al mundo sublunar corrompible y siempre sujeto al cambio, decía el más influyente de los pensadores de la antiguedad.
 
Los filósofos desarrollaron siempre su idea de la naturaleza, y al hacerlo delinearon un concepto del cielo. San Agustín de Hipona pensaba que Dios creó el mundo a partir de la nada. Tomás de Aquino buscó incorporar el pensamiento Aristotélico a la fe cristiana, y Giordano Bruno fue quemado en la hoguera por pensar que el cosmos era infinito.

“Cada sustancia singular expresa a todo el universo”, decía Gottfried Leibniz retomando la idea de monada pitagórica (la fuente o el primer ser), que es unidad y que, a la vez, es la totalidad de las cosas. El filósofo, matemático y teólogo alemán inventó el concepto de partícula elemental y construyó alrededor de las monadas todo un imaginario del universo.
 

El filósofo alemán se aboca a los espacios múltiples de la sociedad, y describe la convivencia moderna como formada por esferas, burbujas y espuma
Foto: Peter Sloterdijk / Especial 

Emmanuel Kant decía que “uno quisiera dar cuenta del origen del universo por las leyes del movimiento, pero la autonomía de la mecánica celeste acaba por develar la marca de Dios”.
 
Pero, ya en 1934, Edmund Husserl diría que la Tierra no debe ser concebida como un planeta cualquiera sino como el suelo donde anclamos nuestro cuerpo. Los filósofos dejaron de mirar al cielo para ocuparse del mundo.
 
Actualmente, el filósofo alemán Peter Sloterdijk se aboca a los espacios múltiples de la sociedad, y describe la convivencia moderna como formada por esferas, burbujas y espuma. Hace su analogía con la imagen de un edificio moderno en el que cada uno de nosotros vivimos en un piso distinto, vivimos en apartamentos separados en los que se viven realidades diferentes. Las paredes son permeables, argumenta, pero individuales en esencia. Con ello, parece tomar ideas de la física moderna y de las nuevas concepciones del espacio y del tiempo, pero no se refiere a ellas.
 
Sloterdijk pertenece a la escuela de Frankfurt de la que Jürgen Habermas es un representante icónico, pero ni él, ni Habermas, se preocupan por construir una imagen del cielo. Su pensamiento gira alrededor de “la esfera social” y sus intereses son la democracia, las reglas de la convivencia y la tradición.
 
La lingüista y filosofa belga, Luce Irigaray, considera la posibilidad de crear maneras femeninas de hablar, soñar y pensar que estén libres de las formas masculinas de hacerlo. Su pensamiento es feminista. Nos dice que cada sexo tiene una relación propia con el deseo y, por lo tanto, cada género tiene una relación con la locura. 

'Cada sustancia singular expresa a todo el universo, decía Gottfried Leibniz retomando la idea de monada pitagórica (la fuente o el primer ser), que es unidad y que, a la vez, es la totalidad de las cosas'"

 
El filósofo norteamericano, Richard Rorty, decía que la filosofía progresa no adquiriendo rigor, sino haciéndose más imaginativa. Rorty criticó la filosofía que se basa en la metafísica porque considera que así se divorcia de la realidad. Él tenía el presentimiento de que la filosofía en nuestros días solo parece hablar de sí misma.
 
El filósofo australiano, Peter Singer, es más conocido por su propuesta de cuidado a los animales, mientras que el esloveno, Slavoj Žižek, está en contacto con la gente e interesado en el psicoanálisis, y nos habla de los asuntos de la vida con una gesticulación animada en la que sus manos circulan con rapidez, llegan continuamente a la nariz, pasan por su cabello, acomodan la camisa una y otra vez, y al final llega el resultado: una declaración contraintuitiva. Así, de buenas a primeras, nos dice: “la gente no quiere ni desea realmente la felicidad y creo que es bueno que así sea”. Desafiante, nos aclara: “sabe usted, la felicidad es una categoría antiética, la felicidad es inmoral”.
 
Los filósofos no miran más al cielo y esto quizá se debe a que ahora el cosmos tiene una historia. Más aún, ahora, finalmente, es evidente que en esa historia del universo el ser humano no juega un papel, ni central, ni periférico. Quizá por eso los filósofos se han volcado al hombre, pequeño, insignificante, exiguo, en la bastedad del espacio y del tiempo. Quizá la indiferencia de los filósofos, la displicencia de los pensadores contemporáneos hacia el cielo, es solo un intento por recuperar la infinita nimiedad del ser humano.
 

Autor: Gerardo Herrera Corral
Es profesor titular del Departamento de Física del Centro de Investigación y De Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV). Es líder del trabajo de los científicos mexicanos en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN). Es autor de los libros "El Universo, la historia más grande jamás contada" y "El azaroso arte del engaño", entre otros.