Cosmos

El científico mexicano que podría encontrar vida en Marte

Carmina de la Luz Ramírez 08 / Apr / 19
Recientemente, la Unión Geofísica Americana reconoció el trabajo de Rafael Navarro como el mejor en el campo de las ciencias de la Tierra y el espacio. Aquí te contamos por qué

“Creo que en este momento, en algún otro rincón del Universo, tal y como lo estamos haciendo nosotros, una periodista y un científico extraterrestres están conversando sobre la vida fuera de su planeta”, me dijo una vez Rafael Navarro, cuya más reciente investigación sobre Marte fue reconocida como la mejor en el campo de las ciencias de la Tierra y el espacio. 

La ovación provino de la American Geophysical Union (AGU), considerada la sociedad científica más grande del mundo, pues congrega a más de 60 mil investigadores de 144 países—. A través de su portal Earth & Space Science News, el pasado 3 de abril, la AGU señaló el trabajo del doctor Navarro como “nuevas y significativas pistas acerca del rompecabezas climático marciano”. 

Soñar con otros mundos

Rafael Navarro tenía escasos 10 años cuando un suceso marcó el rumbo de su vida: la llegada del ser humano a la Luna. En aquel momento —julio de 1969— el pequeño Rafael apenas estudiaba la primaria, sin embargo, ya tenía grandes expectativas:

El evento me hizo pensar en si los astronautas podrían encontrar vida en la Luna o si habría vida en otros mundos, como Marte”. 

La imaginación y las dudas propias de un infante no abandonaron a Navarro; al contrario, con los años provocaron que estudiara biología y química (de forma simultánea) en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El investigador continuó sus estudios entrando directamente al doctorado en la Universidad de Maryland, donde primero se especializó en exobiología y después migró a la astrobiología. Sobre las diferencias entre ambas disciplinas, Navarro ha explicado que “la exobiología se caracteriza por desarrollar experimentos que simulan las condiciones de la Tierra primigenia en modelos de otros cuerpos celestres, como lunas o cometas, para explicar si pudo haber surgido vida en ellos; mientras que la astrobiología es un campo mucho más amplio, pues pretende entender el origen y evolución de la vida dentro y fuera de la Tierra, así como el destino de la vida en el Universo”.

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Rafael Navarro es pionero en la astrobiología en México, ciencia que pretende entender el orígen de la vida en la Tierra y el Universo | Foto: Especial

Con el apoyo de su alma máter y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Rafael Navarro regresó a México como investigador, y en 1996 fundó el Laboratorio de Química de Plasmas y Estudios Planetarios del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM. Es aquí donde el científico se ha consolidado como pionero de la astrobiología en México, ha formado nuevas generaciones de astrobiólogos y ha realizado investigaciones con reconocimiento internacional. 

 

Incursión en las grandes ligas

Rafael Navarro es famoso por colaborar con la NASA, en uno de sus proyectos más ambiciosos de exploración espacial, la misión Curiosity. Fue en 2004 cuando, como parte de un equipo internacional, Navarro comenzó el desarrollo del instrumento SAM (Sample Analysis at Mars), que por muchos es considerado el “corazón” de dicha misión. Pero la entrada del mexicano a las grandes ligas de la ciencia no fue fácil. 

Hubo un momento en que la NASA quiso recortar el presupuesto de la misión, y esto implicaba reducir también las capacidades del SAM. Sin embargo, con evidencia en mano, Navarro defendió todas las cualidades del equipamiento que hoy permite conocer y cuantificar los componentes del suelo marciano, y que convierten al Curiosity en un laboratorio rodante: “mis estudios [con muestras de Río Tinto, hábitat extremo ubicado al sur de España] demostraron que dichos cambios provocarían el fracaso de la misión”. 

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Rafael Navarro es colaborador de la NASA en uno de sus proyectos más ambiciosos | Foto: Cortesía
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Se quizo disminuir el presupuesto del proyecto, pero Navarro de mostró con evidencia que sería perjudicial para la misión | Foto: Cortesía

Además de haber participado en el diseño de Curiosity, Rafael Navarro es miembro del grupo de científicos que analizan e interpretan los datos enviados por el rover desde que amartizó, el 5 de agosto de 2012. Por lo tanto, todo este tiempo, Rafael Navarro ha contribuido a la detección de sustancias relacionadas con la posibilidad de que haya existido vida en Marte o pudiera establecerse vida en el futuro.

La mejor de todas

El reconocimiento por parte de la American Geophysical Union radica en que Navarro y sus colaboradores llevaron a cabo una doble investigación, cuyos resultados fueron publicados en la Journal of Geophysical Research: Planets, en enero de este año. Ahí, Rafael Navarro aparece como autor principal del estudio, seguido de científicos de la Universidad de París, el Centro Goddard de la NASA, la Universidad de Michigan, el Jet Propulsion Laboratory (también de la NASA), el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, entre otros.

El hecho de que mi trabajo haya sido seleccionado como uno de los más significativos muestra que la investigación es de mucho impacto y está en la frontera del conocimiento”, dijo Navarro a Gaceta UNAM.

De acuerdo con los expertos, entre 4500 y 4100 millones de años atrás, Marte tuvo una atmósfera rica en dióxido de carbono. Este gas de efecto invernadero, a su vez, permitía un clima cálido y húmedo, donde el agua fluía sobre la superficie del planeta rojo. Eventualmente, el dióxido de carbono escapó hacia el espacio, pero el agua continuó recorriendo el paisaje marciano por miles de millones de años más.

Lo anterior representaba todo un misterio para los científicos, pues sus escenarios marcianos sin dióxido de carbono atmosférico no alcanzaban a calentar lo suficiente el planeta como para albergar agua líquida. Hasta que llegó el trabajo de Rafael Navarro. Con datos de SAM, él y sus colaboradores descubrieron que las rocas de un antiguo lago del cráter Gale eran altamente ricas en compuestos de nitrógeno: “Las rocas más profundas y viejas contienen los niveles más altos de nitratos y nitritos, cuya formación se explica por la presencia de hidrógeno en la atmósfera”, dijo el investigador en entrevista para Tangible desde Estados Unidos. 

Para comprobar su hipótesis, Navarro dirigió experimentos en laboratorio, donde con láseres simularon las colisiones de asteroides en la atmósfera de Marte. Según el artículo publicado, los autores observaron qué pasaba con la fijación de nitrógeno cuando los bólidos impactaban en una atmósfera rica en hidrógeno; después, vieron el mismo fenómeno pero en una atmósfera sin presencia de hidrógeno.

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Se descubrió que las rocas de un lago antiguo del cráter Gale eran altamente ricas en compuestos de hidrógeno | Foto: Especial

Hidrógeno al rescate 

Los hallazgos de Rafael Navarro fueron sorprendentes: la producción de compuestos de nitrógeno en la atmósfera marciana experimental fue más eficiente cuando había hidrógeno. “Nuestros resultados son importantes para las futuras misiones [a Marte], ya que el nitrógeno es clave para la vida”, destacó quien en 2009 recibió el Premio Alexander von Humboldt de la Unión Europea de Geociencias, por el descubrimiento de un suelo similar al de Marte en una zona del Desierto de Atacama, en Chile. 

Navarro tiene mucho trabajo por delante, no solo a partir de Curiosity y su instrumento SAM, sino también considerando misiones por venir, como ExoMars, proyecto de la Agencia Espacial Europea —donde Navarro ya colabora y cuyo lanzamiento está planeado para 2020—. 

“La vía más inmediata para saber si existe o existió vida en Marte sería analizar en la Tierra muestras de roca o suelo traídos desde el planeta rojo, pero esto podría tomar los próximos 20 años”, dice el astrobiólogo. Mientras tanto, habrá que poner atención al hidrógeno, mediante misiones remotas:

El hidrógeno actúa no solo favoreciendo la producción de nitratos y nitritos, sino que además jugó como gas de efecto invernadero, manteniendo la temperatura por arriba del punto de congelamiento del agua y facilitando las condiciones de habitabilidad para la vida”, concluye Rafael Navarro. 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez