El diablo viste de moda: la contaminación de la industria del vestido

Otras opciones están siendo exploradas bajo las herramientas de la biotecnología. En el Laboratorio de Investigación en Programas Institucionales del Instituto de Biotecnología (IBt-UNAM), estudian ecosistemas impactados por colorantes de la industria textil, con el objetivo de seleccionar microorganismos y comunidades microbianas, útiles para degradar colorantes sintéticos y otros compuestos presentes en agua contaminada.

Pero la biotecnología no sólo busca nuevas alternativas para librarse de los contaminantes, también está siendo utilizada como una herramienta para limitar los recursos naturales derrochados en esta industria y depender menos de los productos relacionados con el petróleo. Un ejemplo de esto es la diseñadora nacida en Zimbabwe, Natsai Audrey Chieza, fundadora de Faber Futures, un estudio de investigación y desarrollo que crea materiales de inspiración biológica.

La diseñadora utiliza la bacteria Streptomyces coelicolor para crear nuevas formas de teñir textiles. Como miembro del género Streptomyces, este microorganismo produce sustancias que cumplen funciones antibacteriana y antitumoral, lo cual le confiere gran utilidad dentro del campo de la medicina, pero también está siendo explorada por los rangos de coloraciones que desprende (que van desde el azul y violeta hasta el rosa) y que pueden cambiar en varios aspectos el futuro de esta industria.

Se calcula que 93 mil millones de metros cúbicos de agua emplea la industria de la moda para vestir a cinco millones de personas. Esta bacteria puede sobrevivir sin problema en 200 mililitros de agua y controlando sus condiciones de crecimiento se podría trabajar para el teñido en escala industrial sin el gasto de agua y productos químicos que generalmente se utilizan para teñir telas.

Existe una larga lista de startups que están experimentado con éxito la biotecnología buscando materiales que además sean más resistentes. Un ejemplo de esto es MycoWorks, una empresa con sede en San Francisco que produce prendas sostenibles a partir de hongos. Fundada hace apenas un lustro, esta empresa ya genera materiales resistentes a la intemperie utilizando los hongos Ganoderma lucidum y Pleurotus ostreatus.
 

Se calcula que 93 mil millones de metros cúbicos de agua emplea la industria de la moda para vestir a cinco millones de personas. Conoce más en nuestro interactivo

Reúso y reciclaje

Cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura. Según datos de la Unidad de Producción y Consumo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la producción mundial de ropa y calzado también genera entre 8 y 10 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo. Con la dependencia al petróleo, se esperaría que las emisiones de gases de efecto invernadero de esta industria aumenten en casi 50% para 2030.

Pero antes que las herramientas de la biotecnología y otras sofisticadas herramientas de diseño de producto puedan marcar la diferencia en el consumo masivo, el reúso y reciclaje de prendas y fibras ya pueden ayudar a disminuir el impacto ambiental hasta en un 400%.

La producción de una camiseta de algodón requiere de 2 mil 700 litros de agua, cantidad promedio que una persona ingiere en alrededor de año y medio. La huella hídrica de este tipo de productos puede disminuir considerablemente simplemente siguiendo los preceptos de la economía circular, un modelo que tiene como objetivo mantener los productos, componentes y materiales en un estado útil durante el mayor tiempo posible. Es así que es necesario un enfoque integral para mantener el ciclo de vida de los productos en una nueva cultura de consumo y disposición final que no pierde de vista las 3R (Reduce, Reúsa, Recicla).

Información del CEMDA (Centro de Derecho Ambiental) señala que el primer paso es contar con un adecuado diagnóstico legal que identifique actores estratégicos e intereses, así como las barreras y oportunidades para sentar las bases legales adecuadas que promuevan una economía circular en el sector de la moda y confección en México. A partir de eso, se podrán realizar propuestas de diseño e implementación de políticas públicas y/o reformas al marco legal (leyes, políticas, instituciones y normas).

Este tipo de estrategias a nivel mundial ha demostrado que pueden fructificar poderosamente, incluso con un reconocimiento extra, pues en la actualidad las marcas que son amigables con el ambiente pueden obtener también un plus de marketing.

Pero no sólo eso, existen empresas encargadas sólo de reciclar textiles que se han vuelto emporios a nivel mundial. Un ejemplo de esto es la empresa alemana I:CO que procesa alrededor de 700 toneladas de artículos textiles diariamente en más de 90 países. Además trabaja con diversos socios que desarrollan nuevas tecnologías para utilizar al máximo los materiales desechados.
 

La huella hídrica de este tipo de productos puede disminuir considerablemente simplemente siguiendo los preceptos de la economía circular, un modelo que tiene como objetivo mantener los productos, componentes y materiales en un estado útil durante el mayor tiempo posible

Foto: Especial

La mayoría de las prendas aún se reciclan mecánicamente (se cortan) en lugar de reciclarlas en fibra virgen. Esto se debe a la insuficiencia de la tecnología, lo que da como resultado que el material reciclado desperdicie el 75% de su calidad y valor.

Más de 60 millones de toneladas de fibras sintéticas salen cada año de las fábricas del mundo y el líder indiscutible es el poliéster. Setenta millones de barriles de petróleo se utilizan cada año para producir este material. A esto hay que sumarle que cada vez que se lava una prenda sintética, como poliéster o nylon, alrededor de mil 900 microfibras se liberan en el agua y se introducen en nuestros océanos y cadena alimenticia.

En la actualidad las mezclas de fibras son más difíciles de reciclar. Instituciones como el Instituto de Investigación de Textiles y Confecciones de Hong Kong (HKRITA), han desarrollado un nuevo método para reciclar. Utilizando un proceso hidrotermal con menos del 5% de sustancias químicas verdes biodegradables ahora pueden separar algodón y poliéster sin pérdida de calidad.

En un intento por detener las prácticas ambiental y socialmente destructivas de la industria de la moda, y aprovecharla como motor para mejorar los ecosistemas del mundo, 10 diferentes organizaciones de las Naciones Unidas establecieron la Alianza para la Moda Sostenible, lanzada durante la Asamblea Ambiental de la ONU 2019 que se realizó en Nairobi hace unos meses.

El objetivo de esta alianza es crear una plataforma para varias agencias de la ONU que aborden esta problemática desde varias trincheras, como el caso de la FAO y su proyecto “Moda Azul” que utiliza materiales marinos sostenibles. Un ejemplo es el trabajo de las comunidades pesqueras del lago Turkana en Kenya que utilizan la piel de la perca del Nilo (un subproducto que antes se desperdiciaba) como un tipo de cuero para hacer bolsas, chamarras y zapatos.

Por otra parte, el Centro de Comercio Internacional ha establecido una iniciativa de moda ética para subrayar la labor de los artesanos del mundo en desarrollo; mientras que ONU Medio Ambiente está presionando a los gobiernos para que fomenten prácticas de fabricación sostenibles. El objetivo general es identificar soluciones para buscar activar las políticas necesarias que respalden y en donde empresas, científicos y consumidores formen equipo para darle un tinte menos turbio a nuestras prendas.

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