Cuerpo

El efecto Angelina Jolie en México: ¿Te extirparías los pechos para evitar el cáncer?

Carmina de la Luz Ramírez 17 / Jan / 19
Uno de cada 260 mexicanos puede ser portador de alteraciones genéticas relacionadas con el tumor que más vidas cobra entre las mujeres de nuestro país. ¿Cómo utilizar esta información para prevenir la enfermedad?

La madre de Angelina Jolie luchó contra el cáncer de mama por más de una década, pero perdió la batalla a los 56 años; fue la misma historia en el caso de su abuela y su tía. Angelina intuyó que debido a este historial, quizá, ella tendría un mayor riesgo que la población en general de padecer la enfermedad que tan solo en 2015 cobró la vida de 571 mil personas en todo el mundo, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Jolie acudió a la ciencia y se hizo una prueba genética que analiza alteraciones en los genes BRCA1 y BRCA2, cuya función en los humanos es reparar el material genético y evitar así la formación de tumores.

En ocasiones, cuando los genes BRCA1/2 cambian o mutan, dejan de trabajar como deberían y, por lo tanto, aumenta la probabilidad de desarrollar tumores. La mala noticia para Angelina fue que, en efecto, su gen BRCA1 presenta una mutación que la hacía 87% más susceptible al cáncer de mama.

En general, el Instituto Nacional del Cáncer (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos señala que entre el 55 y 65% de las mujeres con mutaciones perjudiciales en el gen BRCA1 padecerán cáncer de mama en algún momento de su vida; mientras que para las alteraciones dañinas en el gen BRCA2 el cálculo es del 45%. 

Angelina decidió actuar. La buena noticia es que el tejido mamario de la actriz aún estaba sano cuando decidió extirpárselo en 2013 mediante una cirugía profiláctica. Con esta intervención preventiva, Jolie se colocó en un nivel de vulnerabilidad semejante al de la población general: en Estados Unidos, el 12% de las mujeres desarrollarán la enfermedad. “Cáncer sigue siendo una palabra que da terror y produce una profunda sensación de impotencia —dijo la también directora de cine, a través de un comunicado que publicó el New York Times—; pero hoy un examen de sangre hace posible averiguar si eres altamente susceptible o no al cáncer de mama, y así tomar acciones”.

¿Podría funcionar esta prueba en las mexicanas, para evitar que se enfrenten a lo que en el país constituye la principal causa de muerte por tumores en mujeres?

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El Instituto Nacional del Cáncer (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos señala que entre el 55 y 65% de las mujeres con mutaciones perjudiciales en el gen BRCA1 padecerán cáncer de mama en algún momento de su vida; mientras que para las alteraciones dañinas en el gen BRCA2 el cálculo es del 45%. 

El efecto en la población mexicana
Un pinchazo y la secuenciación de nuestros genes a partir de una muestra de sangre no es suficiente para saber si somos o no propensos a determinado padecimiento. La esencia de las pruebas genéticas radica en el conocimiento previo que se tiene sobre determinado genoma (o totalidad del material genético de un organismo). 

Así, las ciencias genómicas se han encargado de caracterizar los genomas (particularmente el humano): identifican los genes de los que están constituidos; determinan su ubicación; analizan por qué cambian y cuáles de esas mutaciones son malignas o benignas; etcétera.  Ese conocimiento está concentrado en gigantescas bases de datos que funcionan como un parámetro con el que se comparan las pruebas genéticas personales. 

Así, Angelina Jolie pudo conocer el riesgo que representaba su gen “defectuoso” gracias a las referencias sobre las mutaciones peligrosas en los genes BRCA1/2 de la población a la que pertenece (caucásica). Desafortunadamente, los datos que le sirvieron a Angelina resultan poco útiles para poblaciones altamente mestizas, como la nuestra. 

Sin embargo, un nuevo estudio realizado en el Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN) arroja luz sobre aquellas variaciones asociadas a los genes BRCA1/2 de la población mexicana. 

En entrevista para Tangible, Alfredo Hidalgo Miranda −Director del Laboratorio de Genómica del Cáncer del INMEGEN y uno de los autores de la investigación− detalla que “cuando se secuencia un gen, muchas veces se pueden encontrar sitios en donde hay un cambio de una letra por otra; en un sentido estricto eso es una mutación, pero si en las bases de datos internacionales no está reportada como claramente causante de enfermedad, es decir, patogénica, no sabemos si esa variante en realidad es peligrosa, y hay que ponerle atención o se trata de una variación genética común en la población que no tendríamos que considerar”. 

El miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y sus colaboradores “reciclaron” las bases de datos de otro proyecto del INMEGEN dirigido al análisis de la genómica de la diabetes en varios miles de mexicanos. 

Lo que obtuvieron fue el espectro de variación común de los genes BRCA 1 y BRCA 2 a partir de una muestra de datos de 3985 individuos seleccionados de manera abierta y al azar: “Es el estudio más grande que se ha hecho en una población latina abierta −señala quien ha obtenido el nivel más alto (III) dentro del Sistema Nacional de Investigadores− (…) Por primera vez definimos esa base poblacional de mutaciones, y eso nos lleva a concluir que aproximadamente uno de cada 260 mexicanos puede ser portados de una mutación patogénica en estos genes [BRCA1/2]”. 

Para comprobar los resultados poblacionales, el equipo de Hidalgo Miranda llevó a cabo una segunda parte del estudio, la cual consistió en secuenciar los genes BRCA1/2 de 66 pacientes con cáncer de tipo hereditario −aproximadamente el 10% de los tumores de cáncer pertenecen a esta clase− que reciben tratamiento en el Instituto de Enfermedades de la Mama (FUCAM, A. C.). 
 

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Un nuevo estudio realizado en el Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN) arroja luz sobre aquellas variaciones asociadas a los genes BRCA1/2 de la población mexicana. 

El biólogo con doctorado en Investigación Biomédica dice que esa es la prueba real: “la base de datos poblacional permite interpretar mucho mejor si las mutaciones en los genes de una paciente son variantes patogénicas [que puedan heredar las siguientes generaciones], variantes específicas de esa persona o variantes comunes en su población que se puedan obviar”. 
El trabajo de Hidalgo Miranda y sus coautores fue publicado el pasado 10 de enero en Human Genomics, revista internacional de acceso abierto especializada en la aplicación de los análisis genómicos en todos los aspectos de la salud humana. 

Respecto al financiamiento, este provino sobre todo de fondos del mismo INMEGEN, pero también recibió apoyo de la compañía farmacéutica AstraZeneca. “Las compañías farmacéuticas tienen el interés de identificar la frecuencia de las mutaciones patogénicas (…) Existen fármacos, como los llamados inhibidores PARP, que solo se los puedes dar a pacientes que tengan mutaciones en BRCA1/2; entonces es importante conocer cuántas pacientes tienen esas alteraciones, y nos importa tener instituciones que puedan identificarlas [como el INMEGEN, fundado en 2004]”, resalta Alfredo Hidalgo. 

¿Jolie o no Jolie?
El efecto Angelina Jolie fue formalmente documentado en países como Reino Unido. Por ejemplo, en 2016, la British Medical Journal (editada por la Asociación Médica Británica) publicó un estudio que señala que el número de pruebas para analizar los genes BRCA1/2 en mujeres se elevó 64%. 

En el mundo, una investigación realizada por académicos italianos y publicada en la Health Education Journal encontró que países como Estados Unidos, Austria, Australia y Canadá las pruebas genéticas BRCA se incrementó hasta en un 80%. Al respecto, Hidalgo Miranda opina que, aunque ya tenemos una base de información específica para la población mexicana, “no es cuestión de que todo el mundo debe hacerse una prueba”. 

Los costos de este tipo de análisis aún son muy elevados, y existen poblaciones (como las de origen africano) que no cuentan siquiera con un marco de referencia; antes de promover estas pruebas debe generarse la información basal de la población. 

Un estudio llevado a cabo por una investigadora de Harvard, también publicado en BMJ, determinó que la inversión de más de 3 mil dólares por parte de Angelina Jolie motivó la realización de unas 4500 pruebas en Estados Unidos durante los 15 días hábiles posteriores a la emisión de su mensaje en el New York Times. 

“No se busca alarmar a la población; una de cada 260 personas puede parecer mucho, pero es un marco de referencia para tratar de identificar cuál es ese tamaño de la población [mexicana] que pudiera ser susceptible (…) Yo creo que debemos actuar con responsabilidad; hay parámetros bien definidos a nivel internacional para determinar qué paciente requiere una prueba, la ruta es consultar al oncólogo y al genetista, quienes ayudarán a tomar la decisión para ver si existe un factor genético que eleve el riesgo y que sea heredable”, concluye Hidalgo Miranda. 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez