Fuera mitos

El fraude de la programación neurolingüística, otra mentira que nos hemos tragado

Luis Javier Plata Rosas 30 / Jan / 19
Pocas metodologías pseudocientíficas pueden presumir el éxito alcanzado y sostenido durante casi medio siglo por la Programación Neurolingüística (PNL, para intentar, según sus postulados, programar a mi cerebro a pensar “charlatanería” cada vez que escriba, lea o escuche estas siglas)

Desde que inventaron la PNL en los años setenta, John Grinder y Richard Bandler demostraron con la elección del nombre que, en su caso, sus estudios en lingüística (el primero) y en psicología (el segundo) no los harían tan ricos como la mercadotecnia —a falta de ciencia— de la PNL en forma de conferencias, seminarios y diplomados que cada uno por su cuenta promueve en su propia página personal en internet. 

Bandler nos ofrece, por ejemplo, una Ingeniería de la persuasión o un Remodelado neurohipnótico, y no esperábamos menos de quien se autodenomina “matemático, filósofo, modelador, maestro, artista y compositor”, y autor de un legado de conocimientos que “cambiarán la terapia, la educación y la medicina para siempre”. 

Grinder, algo más modesto, promete enseñarnos a Amar hablar en público sin sufrir el martirio de practicar y ser criticados —retroalimentados, diríamos mejor, para no herir nuestra autoestima hipersensible en estos tiempos milenarios— en cada sesión de Toastmasters por nuestros compañeros del club. “Imagina a tu audiencia disfrutando de tu presentación, hipnotizada por tu estilo y queriendo compartir con sus amigos todo lo que tú dijiste”. Yo, al menos, imagino a mis lectores haciendo esto con mis textos y lamento no contar con los cuarenta y cinco mil pesos que cuesta el seminario de seis días, pero, como en los memes de Kermit (la rana René, para los nacidos el siglo pasado), “… luego recuerdo que la PNL no sirve y se me pasa”. 

De sapos a príncipes
El núcleo de la PNL es que cada persona prefiere uno de los siguientes “sistemas representacionales” o sentidos para percibir los estímulos del medio y representar la realidad en su mente: visual, auditivo o cinestésico (mediante sensaciones corporales y sentimientos). 

Al determinar qué tipo de persona somos —visual, auditiva o cinestésica— y qué tipo de persona son los otros, podemos “sintonizarnos” con éstas —comunicarnos con el sistema que ellas prefieren— y, digamos (¿digamos? Este verbo puede indicar que quien esto escribe es una persona auditiva según la PNL), ganar con los ojos cerrados (¡ojos cerrados! Estas palabras indican que soy una persona visual según la PNL) un premio de Comunicador Avanzado Oro. ¡En su cara, Toastmasters! (¿cara? Ya saben lo que eso significa para la PNL).

Entre los milagros que podemos lograr una vez que sepamos cómo distinguir si la vecina, el jefe, un cliente o cualquier otra persona es visual, auditivo o cinestésico está el curar nuestras fobias y ayudar a niños y adultos a superar problemas de lectura y escritura en menos de una hora, eliminar hábitos perniciosos como el alcohol y el tabaco en unas cuantas sesiones y sanar de varios problemas físicos. O al menos eso asegura Steve Andreas, editor y prologuista (y, por supuesto, acólito de los autores) de Frogs into Princes (De sapos a príncipes, 1975), una de las piedras de toque de la PNL escrita por Bandler y Grinder. 

 

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Richard Bandler y John Grinder 

En Frogs into Princes Grinder y Bandler tranquilizan a sus lectores escépticos al aclarar que no son psicólogos ni teólogos ni teóricos. Añaden que: “no tenemos idea sobre la naturaleza ‘real’ de las cosas, y no estamos particularmente interesados en qué es ‘verdadero’. […] si nos toca mencionar algo que usted sabe que es inexacto con base en un estudio científico, o por estadísticas, dese cuenta de que lo que aquí le ofrecemos es un nivel de experiencia diferente. No le estamos ofreciendo algo que es verdad, sólo cosas que son útiles”. Más honestidad no se puede pedir ni a los políticos de la 4T. 

Por sus ojos los conoceréis.
El programador neurolingüístico puede: a) capacitarse en persona con Bandler o Grinder —mas ya vimos que esta opción no es para todos los bolsillos—, b) leer alguno de sus libros, o c) enterarse de sus técnicas nada secretas en la red. A fin de cuentas, tampoco es que se trate de estadística avanzada y —de nuevo de acuerdo con Andreas— la mayoría de tales técnicas “pueden ser puestas a pruebas en unos cuantos minutos o unas cuantas horas”. A continuación, una de las más populares de ellas, resumida en la sentencia “por sus ojos los conoceréis”:
La teoría (en el más amplio sentido del término) de la PNL nos dice que una forma de determinar si una persona es visual, auditiva o cinestésica es observar el movimiento de sus ojos; hacia arriba a izquierda o derecha indica, por ejemplo, que es lo primero. Más aún: si la persona es diestra y mira hacia arriba y a su derecha, eso significa que está “construyendo” (es decir, imaginando) un evento, mientras que si mira hacia arriba y a su izquierda es que está recordando algo. 

A pesar de que sus propios creadores de entrada anunciaron que la PNL no tiene evidencia alguna que respalde sus postulados, y aunque jamás implicaron que “construir” un evento fuera sinónimo de “inventar una mentira”, al parecer sus seguidores ni vieron ni oyeron ni captaron por ninguno de sus sistemas representacionales preferido esta afirmación ni su nula aplicación como alternativa al polígrafo, y llegan incluso a ponerle números a los supuestos resultados de este método, tan pseudocientífico como inútil, de detección de mentiras. Así, mientras que algunos practicantes de la PNL afirman que “63 % de la población” miente con sus ojazos tapatíos de la manera predicha, otros aseguran que un 90% sigue ese patrón, y nadie menciona cómo obtuvo estas cifras. 

Las mentiras de la PNL
Un problema más serio es que todavía en el 2001 publicaciones como el FBI Law Enforcement Bulletin, con artículos de interés permanente y universal —si uno es un oficial de policía— incluían textos escritos por agentes e instructores del FBI sobre la utilidad de la PNL en la sala de interrogatorio, con conclusiones como esta: “al ser conscientes del proceso y de los beneficios asociados con la PNL, los entrevistadores pueden usar estas técnicas a su favor”.
 

El núcleo de la PNL es que cada persona prefiere uno de los siguientes “sistemas representacionales” o sentidos para percibir los estímulos del medio y representar la realidad en su mente
Foto: Especial

A pesar de la posibilidad de ser interrogados e injustamente condenados como mentirosos (no digamos ya por alguna autoridad judicial sino por autoridades de cualquier otro tipo, como nuestra maestra de primaria, nuestro médico o nuestro jefe inmediato) apenas en 2012 dos artículos pusieron a prueba la hipótesis de la PNL como método para detectar mentiras. 
En el primero de ellos, Samantha Mann y sus colegas del Departamento de Psicología de la Universidad de Portsmouth pidieron a 204 personas, todas ellas pasajeros en tránsito en un aeropuerto, que dijeran la verdad (107 de ellas) o mintieran (las 97 restantes) acerca del propósito de su viaje mientras eran grabados en video. Posteriormente, dos investigadores —uno de ellos ignorante de la hipótesis que se investigaba y de la veracidad de las respuestas dadas— analizaron en los videos los movimientos de los ojos de los participantes. Resultado: sólo 13 de quienes mintieron (6.5% del total de mentirosos) movieron sus ojos de la forma predicha por la PNL. 

“Es que la PNL claramente dice que los mentirosos ‘construyen’ a partir de eventos pasados, no de intenciones futuras”, podrían aducir sus defensores. Es por eso que Mann y colaboradores, en un segundo experimento, pidieron a otros participantes que mintieran acerca de su profesión en una entrevista grabada en video y analizada posteriormente como en el primer experimento. Resultado: sólo 9% de los participantes se comportaron de acuerdo con lo predicho con la PNL. Conclusión del estudio: es una mentira que la PNL permita detectar mentiras.

 Ajustar la realidad a nuestro pensamiento
El segundo estudio fue incluso más concienzudo. En él, psicólogos de las universidades de Hertfordshire, Edimburgo y Columbia Británica, encabezados por Richard Wiseman, analizaron en un primer experimento los movimientos oculares en videos de participantes que mintieron o dijeron la verdad sobre lo que hicieron dentro de una oficina y acerca de los objetos que había dentro de un cajón en ella. Como los practicantes de la PNL podrían aducir que éste es un proceso mucho más intuitivo que codificar movimientos oculares por investigadores en videos, en un segundo experimento se informó a un grupo de participantes sobre el movimiento de los ojos asociado con mentir según la PNL y se les pidió que fueran ellos quienes detectaran a los mentirosos en los videos. Por último, para aquellos defensores de la PNL que señalan que posiblemente estos mentirosos no tenían motivos suficientes para ser “buenos” o “auténticos” mentirosos, se usaron videos provenientes de agencias noticiosas de diferentes países en los que en la mitad de ellos los entrevistados mentían al pedir ayuda en la búsqueda de un familiar extraviado. Conclusión de los tres experimentos: la misma que en el primer estudio. Conclusión mía: hora de, al estilo Marie Kondo, decir “gracias por haberme entretenido” a todos nuestros libros de PNL y enviarlos a donde pertenecen.

Dada su proliferación, está claro que el hecho de que las técnicas de la PNL no sirvan no significa que muchas personas no crean que sí lo hacen (no por nada decenas de libros con el PNL en el título siguen guiñándole el ojo a miles de personas) , y un estudio de 2018 mostró que los participantes en él, a quienes se les había mentido previamente diciéndoles que era una verdad apoyada por la ciencia la asociación entre mentirosos y aquellos movimientos oculares descritos por la PNL, estaban seguros de haber observado este comportamiento en sospechosos de mentira (si se nos permite el exceso, dado que a estos últimos se les pidió que movieran los ojos como si mintieran, aunque estuvieran diciendo la verdad y viceversa), a pesar de que esto no ocurrió así. La teoría de disonancia cognitiva es una posible explicación de este comportamiento: ante la diferencia observada entre lo que esperamos que suceda —con base en nuestras ideas, creencias, conocimientos y prejuicios— y lo que en verdad ocurre, intentamos racionalizar esto para disminuir esta discrepancia y, en vez de ajustar lo que pensamos a la realidad, intentamos ajustar la realidad a lo que pensamos.

PNL aparte, la verdad es que la frecuencia y duración de los movimientos sacádicos de los ojos sí permite distinguir cuando una persona miente, esto se debe a que, para mentir, es necesario recuperar información en nuestra memoria a largo plazo y diversos estudios, apoyados con imágenes de resonancia magnética, muestran que estos movimientos, con milisegundos de duración, están relacionados con la eficiencia en esta búsqueda de información. Un estudio mostró que los mentirosos exhibieron una tasas de movimientos sacádicos oculares un 68% mayor que quienes dijeron la verdad. 

Y aunque también es cierto que detectar frecuencia y duración de movimientos sacádicos oculares puede ser programable mediante el lenguaje, nadie habla aquí de neurolingüística, y ni siquiera de humanos, sino de instrucciones en una computadora que controle una cámara de alta velocidad.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).