Mente

El origen de la conciencia

Gerardo Herrera Corral 12 / Nov / 18
Gerardo Herrera Corral
Nació en Delicias, Chihuahua, el 2 de enero de 1963. Realizó la licenciatura en Ingeniería Física en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en 1984, la Maestría en Ciencias en el Departamento de Física del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional en 1987 y el Doctorado en la Universidad de Dortmund, Alemania en 1991.
¿Qué serie de acontecimientos en el pasado remoto de nuestra especie dio pie al pensamiento? Una intriga que la ciencia intenta resolver

El Universo ha cambiado mucho desde que se originó hace 13 mil ochocientos millones de años. A lo largo de todo ese tiempo, ocurrieron eventos singulares que acabaron determinando la forma de todo lo que vemos o detectamos. En esta secuencia de acontecimientos la aparición de la vida no ha dejado de asombrarnos. Es a partir de este fenómeno prodigioso que la organización biológica alcanzaría su más alto grado al configurar el cerebro humano. Para esto debieron transcurrir miles de millones años desde que todo comenzó.
 
La capacidad que tenemos de reflexionar e imaginar es, sin duda, el misterio más profundo al que nos enfrentamos. Que el Universo consiguiera crear un espejo en el que se mira a sí mismo es uno de los temas más importantes de la investigación científica de nuestros días.
 
Entender el origen de los pensamientos, las emociones, la conciencia y la percepción requiere del estudio de muchos aspectos alrededor del órgano que los genera. La neurofisiología no es la única perspectiva. En las investigaciones participan también filósofos, matemáticos, informáticos, físicos, paleontólogos y arqueólogos.
 
Hace unos días, la revista Nature Ecology and Evolution (en su número de octubre 29 de 2018) publicó los resultados de un estudio de “isótopos estables en fauna fósil”. Esta técnica permitió determinar la existencia de 21 elementos químicos en las dentaduras y restos óseos encontrados. El análisis revela la presencia de abundante vegetación en Saudi Arabia, en la época en que esa región parece haber sido poblada por homínidos. El hallazgo viene a descartar la idea de que la migración del Homo sapiens a la península arábica requirió cambios evolutivos que, eventualmente, condujeron al desarrollo cerebral, ante las condiciones adversas que representa el desierto.
 
El género homo apareció en África hace 3 millones de años. Estuvo precedido por el Australopitecos, un tipo de primates homínidos que se desplazaba de manera bípeda. Nuestra propia especie --Homo sapiens-- parece haber surgido en África hace más de 300 mil años.
 

Richard Leakey, el paleo-antropólogo más famoso del mundo por sus estudios del origen del ser humano, pensaba que los Australopitecos y el género homo convivieron en África oriental hace 3 millones de años
Foto: Reuters

 
Se había pensado que aquellos antepasados comenzaron a poblar muy diversas regiones del planeta hace 60 mil años, pero descubrimientos posteriores habrían mostrado que se encontraban en la península arábica hace 86 mil años. La nueva evidencia va más allá. La presencia de homínidos parece datarse ahora entre los 500 mil y 300 mil años en el pasado.
 
Para muchos especialistas, la adaptación a condiciones extremas del medio ambiente --como la aridez en los más hostiles desiertos de la Tierra-- pudieron haber sido el detonador de cambios drásticos que habrían de conducir a la generación de las primeras reflexiones introspectivas. Pero, el estudio publicado hace unos días reporta herramientas de piedra y fósiles de antílopes, elefantes y otros animales en Ti´s al Ghadah (Saudi Arabia). El análisis muestra que estos tenían una dieta a base de vegetales y abundante agua.
 
Los restos analizados están asociados con las herramientas de caza en el mismo sitio, por lo que resulta claro que, para llegar ahí, los primeros humanos no necesitaron enfrentar la desventura de la escasez de alimento en climas de sequía extrema. Esto viene a complicar la idea de los especialistas, quienes consideran las zonas adversas para la vida como las precursoras del cambio que pudo desarrollar el cerebro, al grado de dar inicio con la generación de conciencia.
 
El caminar erguido y el uso de herramientas puede estar asociado con la necesidad de enfrentar la desolación estéril del yermo que se extendía al norte de África.  Según esto, la adaptación humana habría respondido a la presión de un medio ambiente difícil, pero hay quien considera que la evolución significativa ha tenido que ver con la variabilidad continua de las condiciones del medio. Esto se contrapone con la constancia en el tipo de hábitat, sea la sabana o los desiertos. 
 
Richard Leakey, el paleo-antropólogo más famoso del mundo por sus estudios del origen del ser humano, pensaba que los Australopitecos y el género homo convivieron en África oriental hace 3 millones de años. Entre sus innumerables descubrimientos, se le atribuye a  este investigador, el del Homo Ergaster que vivió hace 1.5 millones de años, y al cual se le adjudica la capacidad de desarrollar un lenguaje articulado. Además, se piensa que pudo ser uno de los primeros en establecer relaciones sociales complejas. Es posible que en él aparecieran las primeras abstracciones en forma de metáforas que le permitían imaginar a qué animal correspondía una huella, por ejemplo.
 
De manera tal que, el origen de los primeros pensamientos podría estar asociado a los antecesores del Homo sapiens. No sabemos aún el momento exacto de la historia en que apareció la primera chispa del pensamiento, pero quizá un día tendremos la información completa que nos permita intuirlo.

 Al respecto, Richard Leakey acostumbraba decir: “Si pudiéramos entender nuestro pasado, comprender aquello que nos hizo ser como éramos, entonces, tal vez, podríamos obtener una visión fugaz de nuestro futuro”.
 

Autor: Gerardo Herrera Corral
Es profesor titular del Departamento de Física del Centro de Investigación y De Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV). Es líder del trabajo de los científicos mexicanos en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN). Es autor de los libros "El Universo, la historia más grande jamás contada" y "El azaroso arte del engaño", entre otros.