El tiburón no es como lo pintan

“Lo primero es que en aguas mexicanas, en lugares como Bahía Vizcaíno y Laguna Ojo de Liebre, se alberga una zona donde habitan organismos recién nacidos y juveniles, es decir, en los primeros estados de su ciclo de vida"

Oscar Sosa Nishizaki, investigador del Departamento de Oceanografía Biológica del CICESE
 

Los tiburones blancos son una de las especies de mayor tamaño en el mundo marino. Se estima que estos enormes depredadores (los segundos, después de las orcas) pueden pesar hasta dos toneladas y medir seis metros. Se calcula que en un año un tiburón blanco puede ingerir más de 10 toneladas de alimento. Algunas de sus presas favoritas son las focas y los lobos marinos, por la gran cantidad de grasa que almacenan.

Esta ingesta contribuye a regular los ecosistemas, pues por lo general se alimentan de individuos enfermos o débiles, lo que ocasiona que los individuos más fuertes permanezcan para reproducirse y que en consecuencia la descendencia de estas especies sea más saludable, según se explica en el texto Conocer al gran blanco, publicado por la CONABIO.

Por otra parte, el especialista del CICESE señala que otra virtud del estudio es subrayar que en nuestro territorio existe una zona de gran importancia ecológica para el ciclo de vida del tiburón blanco por lo que es importante realizar mejoras para el monitoreo y conservación de sus poblaciones. Esta especie tarda mucho en alcanzar la madurez sexual, que se calcula a los quince años, alrededor de la mitad de su vida promedio. Tienen poca descendencia y si a esto se le suman las altas tasas de mortalidad de ejemplares juveniles, los riesgos contra la especie crecen.

Según datos proporcionados por el doctor Sosa, se calcula que alrededor de 130 a 140 individuos se agregan cada año a las poblaciones adultas de la Reserva de la Biosfera Isla Guadalupe. El Programa de Monitoreo Biológico (PROMOBI) de la Comisión Nacional de Areas Protegidas (CONANP) calcula en la región Norte de esta Reserva, un registro de 305 individuos.

El especialista del CICESE destaca la labor de científicos jóvenes mexicanos, como los doctores Mauricio Hoyos y Omar Santana, quienes desde hace varios años han estudiado al tiburón blanco muy de cerca e incluso han realizado una labor de monitoreo en algunas de sus poblaciones, identificando organismos de manera individual.

Tras el nado de un tiburón

Mauricio Hoyos es reconocido en la comunidad científica por realizar un seguimiento detallado de las poblaciones adultas que viven precisamente en Isla Guadalupe, el lugar con mayor densidad de la especie en nuestro territorio y que según el reciente estudio parece albergar en su vida adulta a los mismos ejemplares que nacen en Bahía Vizcaíno. Mediante marcadores acústicos, fijados en la parte inferior de sus aletas dorsales, este especialista ha logrado observar los hábitos del tiburón blanco en las aguas de esta isla oceánica de origen volcánico, que se encuentra aproximadamente a 250 kilómetros de la costa del Pacífico de la península de Baja California.

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Por su parte la CONANP ha anunciado que se trabaja para que en 2018 se implemente el monitoreo en otras 50 áreas naturales protegidas, para tener un registro más puntual de la vida en diversos ecosistema, como el caso de Isla Guadalupe, donde a finales de julio y principios de agosto inicia la temporada de avistamiento. El tiburón blanco actualmente está registrado bajo la categoría de Amenazada según la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-Semarnat-2010), pues se mantiene la pesca incidental.

Al respecto, el doctor Sosa señala que esta no es una especie de la que puedan sacar provecho los pescadores en nuestro país, así que se muestran comprometidos para implementar acciones que eviten su captura. Se calcula que se pescan accidentalmente entre 25 y 175 crías al año que caen en redes agalleras a lo largo de la costa de Baja California. Por lo pronto, el compromiso de los científicos es encontrar maneras de evitar la captura accidental de tiburones blancos jóvenes, como cambiar el tamaño de malla que usan los pescadores, reducir la cantidad de tiempo que éstas se dejan en el agua, y saber manipular estas redes para soltar a los tiburones sin lastimarlos.

Para conservar la especie es muy importante desmitificar su ferocidad, pues en aguas mexicanas no se ha registrado ningún ataque a bañistas por parte de estos tiburones. México es considerado uno de los cinco puntos de avistamiento de tiburones blancos más importantes del mundo. En este sentido, agrega que actividades turísticas como el buceo y otras alternativas que se han impulsado en Isla Guadalupe para establecer cercanía y conocimiento del animal, son positivas. Para él, benefician una cultura de conservación de la especie, pero lo único que se tiene que mantener es una verificación constante de las reglas con las que trabajan los operadores de servicios.

Los números muestran que en la relación humano-tiburón, este último cae en desventaja, pues al año sólo ocurren una decena de ataques de tiburón a humanos en todo el mundo, mientras que mueren alrededor de cien millones de tiburones por caza ilegal o pesca incidental.

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