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¿Elementos químicos en peligro de extinción?

Susan Irais 15 / Apr / 19
La explotación irracional de algunos elementos de la tabla periódica podría ponerlos en riesgo y con ello, algunas de sus principales utilizaciones, por ejemplo para la fabricación de teléfonos celulares

Hace 150 años un químico llamado Dmitri Mendeleev publicó la primera tabla periódica con 63 elementos químicos y algunos espacios en blanco. En un siglo y medio esos lugares se han ocupado y nuestra tabla actual tiene 118 elementos.  

Aunque muchos laboratorios están en búsqueda de nuevos elementos químicos, algunos de los que ya tenemos están en riesgo, de acuerdo a la Sociedad Europea de Química los elementos químicos se reducirán en menos de cien años.

Cuando hablamos de elementos en riesgo no hablamos de extinción, —recordemos que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma—, entonces no van a desaparecer, lo que está ocurriendo y seguirá pasando es que cada vez nos va a costar más trabajo poder tener acceso a estos elementos”, aclara Benjamín Ruíz Loyola, químico de la UNAM.

En la tabla periódica se encuentran los 90 elementos que componen todo lo que existe en el universo, y 28 elementos sintéticos que son creados en un laboratorio. “Los elementos en riesgos son muchos y por diversas razones”, dice el profesor de la UNAM, quien impartió recientemente la charla “Elementos en Riesgo, del Helio al Indio” en la 40° Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, a propósito del Año Internacional de la Tabla Periódica de Elementos Químicos.

La fantasía y el amor mataron al helio

Del que podemos hablar con mayor conocimiento porque todo el mundo está en contacto con él, es el helio. Lo tenemos cerca en dos fechas principalmente, el 14 de febrero y el Día de Reyes, los globos flotantes.

Los globos flotan porque el helio es un elemento muy ligero, “el problema es que en el 90% de los casos, por no decir que en todos, van al cielo, el Helio se fuga poco a poco y se queda en las capas superiores de la atmósfera. Recuperarlo de ahí es, en este momento es tecnológicamente y económicamente inviable”, explica Benjamín Ruíz.

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El uso del helio en celebraciones, como el 14 de febrero, disminuye de manera significante las reservas del mismo | Foto: Juan Carlos Reyes García

El helio nace como un subproducto de la descomposición de minerales radioactivos naturales , por ejemplo, el uranio. “Para obtenerlo se hace una destilación fraccionada donde se separa el Helio del gas natural”, explica Ruíz Loyola.

Si el helio sólo sirviera para globos, el problema no existiría, pero también se utiliza para enfriar aparatos de muy alta especialidad médica, por ejemplo, la mayoría de equipos que se usan para resonancia magnética o en el escáner de imagenología médica.

“Estos aparatos médicos están enfriados con helio y por muy bien que estén estos equipos tienen fugas, de manera que con cierta periodicidad hay que darle una recarga de helio. Si nos quedamos sin helio dejarán de funcionar todos estos aparatos médicos, y encontrar otro gas que pueda funcionar en las mismas condiciones, será una misión imposible”, describe el también profesor de la Facultad  de Química de la UNAM.

Estos equipos médicos, por ejemplo, brindan imágenes por resonancia magnética que ayudan a los médicos a descubrir el cáncer en el cuerpo e identificar signos de que la enfermedad se ha propagado.También, estas imágenes pueden ayudar a los médicos a planificar el tratamiento del cáncer, como cirugía o radiación. De modo que, si nos quedamos sin helio nuestros diagnósticos y tratamientos para la segunda causa de muerte a nivel mundial: el cáncer, serían limitados.

 
Además de uso para hacer que los globos puedan elevarse, el helio es indispensable para que aparatos de alta especialidad médica funcionen. La mayoría de los aparatos de resonancia magnética o escáner de imageneología médica, fundamentales para que los médicos puedan hacer diagnósticos, por ejemplo, de cáncer, la segunda causa de muerte a nivel mundial
Foto: Salvatore Di Nolfi

“O encontramos la manera de recuperarlo de las partes altas de la atmósfera o encontramos otro gas que nos dé esas características, que hasta el momento no lo hay; o encontramos otras técnicas de imagenología médica”, advierte el químico.

Ya no compremos globos con helio, no compremos amor y eso va a ayudar muchísimo a la conservación de este elemento”, recomienda el experto.

Hay otros elementos en riesgo que tienen diferentes usos, por ejemplo “el galio, un elemento metálico utilizado en BluRay, en celdas solares y en microondas; o el selenio, un micronutriente que se utiliza en equipos de rayos X, en fotocopiadoras y en el fax. Incluso, la plata”, agrega Benjamín Ruíz.

Los asesinos de elementos

¿Por qué están en riesgo los elementos químicos? Porque son muy escasos, o es muy difícil obtenerlos y utilizarlos, y a veces son las dos cosas, son escasos y difíciles de encontrar.

Un elemento que cumple con las dos características es el indio, es difícil de obtener y es escaso. “Este elemento es difícil de purificar porque se encuentra en muy pequeña cantidad en minerales. Para obtenerlo se hace un compuesto que se llama óxido de indio que se mezcla con óxido de zinc y hace posible las pantallas táctiles”, dice el químico de la UNAM.

Pero, ¿cada cuánto cambiamos de teléfono? Los celulares son uno de los productos que se reemplazan con más frecuencia. En 10 años, de 2007 a 2017 se produjeron 7.100 millones de teléfonos inteligentes, según cifras de Greenpeace.

Cada vez hay más demanda de óxido de indio, siempre hay un nuevo modelo que hace obsoletos a los anteriores, por eso se vuelve más escaso y se encuentra en riesgo.

En un celular se utilizan por lo menos 31 elementos químicos, ¿y cuánta vida útil tienen? De acuerdo con la Unidad de Inteligencia Competitiva, cada “smartphone” tiene un periodo de uso de sólo dos años y aunque éste siga funcionando, es reemplazado. Esto tiene un impacto en los elementos que hacen posible su funcionamiento.

La Sociedad Europea de Química elaboró junto con la UNESCO una Tabla que expone el el problema. Este esfuerzo ilustra las proporciones reales que hay de cada elemento, cuáles son usados para elaborar teléfonos móviles y el riesgo que tiene cada uno de ellos.

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Elementos cómo el cloro o el aluminio no presentan problemas en cuanto su obtención, pero no es lo misma para la plata o el yodo | Imagen: Sociedad Química Europea/UNESCO

De las entrañas de la Tierra a las entrañas de la basura

La minería tradicional implica meterse a la entrañas del planeta, sacar las rocas, y de las rocas aislar los materiales que resultan valiosos. “Ahora debido a la explotación irracional de los elementos se requiere un nuevo tipo de minería: la urbana. Esta implica meterse en las entrañas de la basura y a recuperar todo aquello que sea un desperdicio electrónico”, exhorta el experto.

Tenemos que buscar la manera de reciclar y si no es posible reusar. Aplicar las tres erres también a los elementosReducir —usar el menor número posible—; reemplazar —evitar usarlo si se puede hacer con otros métodos—, y refinar —trabajar rápido y procurando el bienestar.

¿Qué podemos hacer?

Estos ladrillos del universo están en todo, 90 de ellos hacen posible la vida tal y como la conocemos, pero los estamos explotando sin medidas. ¿Podemos hacer algo por ellos?

Apostemos por mejores políticas de reuso y reciclaje y como consumidores hacer un uso racional. No comprar globos de Helio. Si su celular funciona adecuadamente no vivir obsesionado con las tendencias. No tirar smartphones a la basura, hay compañías que están haciendo acopio para recuperar las partes útiles y elementos, como el indio”, concluye Ruíz Loyola.

La Asamblea Genaral de la ONU declaró al 2019 como Año Internacional de la Tabla Periódica de Elementos Químicos, aprovechando el 150 aniversario de la clasificación Dmitry Mendeleev. Este ruso clasificó 63, luego se agregaron 55. Pero, ¿cuánto de ellos quedan, es suficiente?
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Autor: Susan Irais
Periodista de ciencia. Colaboradora en Tangible y Asistente de Información de Iván Carrillo. Profesora adjunta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha escrito para la revista Algarabía y Ciencia UNAM de la Dirección General de Divulgación de Ciencia.