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Entomología forense: insectos en la escena del crimen

Berenice González Durand 25 / Sep / 18
En la UNAM se integra una colección de artrópodos para implementar un modelo de estudio con miras a su utilidad en el área legal

Una sucesión de brillos metálicos se observa a lo lejos. Del azul al verde, filas de pequeñas moscas son sostenidas por el filo de los alfileres y agrupadas con un número que las identifica. Allí esta Lucilia sericata, quien con sus 12 milímetros de largo y su llamativo verde botella es identificada como una ciudadana del mundo. Esta mosca necrófaga es reconocida por perseguir los restos de un plato de comida o volar aguerridamente tras un bote de basura, pero también es la primera en detectar un cadáver cercano.

Hay referencias de estas famosas moscas verdosas y azuladas desde hace más de 3 mil años. Se dice que el primer caso resuelto por la entomología forense fue en la China del siglo XVIII. Un documento que data de esta época atestigua la resolución de un crimen en el que un campesino fue degollado por una hoz. Al comparar las herramientas de varios sospechosos, se diferenció la del asesino cuando algunas moscas se posaron sobre la que sirvió como arma. Sin embargo, este universo de estudio no se reduce a las moscas.

El Laboratorio de Entomología de la Licenciatura en Ciencia Forense de la Facultad de Medicina de la UNAM apenas tiene menos de un año funcionando pero ya cuenta con varias líneas de investigación que buscan fortalecer el estudio de la gran diversidad de insectos que sirven como herramienta indispensable en la medicina forense. Uno de estos proyectos es precisamente la formación de una colección de artrópodos de referencia forense que lleva alrededor de 500 especímenes del Valle de México incorporados.
Existe una gran variedad de insectos que interviene en las diferentes etapas de descomposición de un cadáver. Según el doctor Carlos Pedraza, encargado del mencionado laboratorio, los insectos y artrópodos en todo el mundo suman alrededor de un millón, lo que representa un 80% de todas las especies descritas.

Este tipo de animales integra el grupo más numeroso de fauna en el mundo, pero además hay diversas estimaciones que señalan que aún falta por descubrir mucho por lo que en realidad podrían existir hasta 30 millones de especies. “De ellos, al menos dos de los órdenes de mayor importancia forense, como dípteros (moscas) y coleópteros (escarabajos) son también de los más diversos, por lo que hay una buena razón en sospechar que la diversidad de insectos y artrópodos de interés forense es muy alta, especialmente en un país mega diverso como México”, señala Pedraza, quien dirige el laboratorio con la colaboración de la doctora Carolina Núñez.

El experto explica que se utilizan claves taxonómicas para la identificación de estos animales, sin embargo éstas fueron hechas en otras partes del mundo, por lo que considera necesario realizar catálogos de especies para las diferentes regiones biogeográficas de México. Es así que al catalogar la diversidad de estos animales en el Valle de México, esperan poder aplicar el modelo para otras áreas del país.

En este laboratorio ubicado al interior del edificio donde desde hace tres años se inauguró la Licenciatura en Ciencia Forense de la UNAM, se pueden atestiguar varios pasos de este proceso mediante el que se arma la colección. En su refrigerador se preservan a cuatro grados en alcohol las moscas que unos días después serán montadas a perpetuidad para armar la “colección seca”, mientras que las larvas y gusanos conforman la parte de la “colección húmeda”, preservada en portaobjetos con preparaciones semipermanentes. Todos estos animales tienen una función específica dentro del área de identificación humana en la medicina forense.

“En la actualidad, un área importante vinculada con el desarrollo de la entomología es la genética. El objetivo es trabajar con el ADN humano recuperado a través de insectos que se alimentan específicamente de tejido humano como el sanguíneo” Carlos Pedraza

Ciclo de energía
“El proceso de descomposición cadavérica es después de todo un proceso ecológico. Todo el tiempo nacen nuevos organismos y mueren otros. Esto forma parte de un ciclo de energía y de materia en todo el ecosistema. La descomposición es un proceso ecológico más que tenemos que estudiar con sus diferentes atributos. Uno de ellos es la sucesión, es decir un ciclo que inicia con la llegada de una serie de especies que implementan la cadena alimenticia. Conforme avanza el proceso, las condiciones físicas, químicas y biológicas del ecosistema se modifican y llegan nuevas especies”.

Las especies pioneras en el caso de descomposición cadavérica, son las que tienen herramientas para detectar rápidamente un proceso de descomposición a mucha distancia. Las primeras en detectar los gases de un cadáver son dípteros, como los moscos, que dejan huevos y eclosionan en larvas que se alimentan directamente del sustrato. El experto explica que una segunda oleada de especies, puede llegar incluso a alimentarse de las primeras especies de las larvas y así sucesivamente llega un desfile de hormigas, avispas y escarabajos, entre otros, que consumirán en su totalidad el material orgánico del cadáver. Es así que mediante el estudio de esta fauna se puede a llegar conclusiones sobre la identidad de la persona e incluso las condiciones de su fallecimiento.

“En la actualidad, un área importante vinculada con el desarrollo de la entomología es la genética. El objetivo es trabajar con el ADN humano recuperado a través de insectos que se alimentan específicamente de tejido humano como el sanguíneo”. Es así que de los insectos hematófagos se puede obtener un ADN útil para la identificación, aunque el tiempo también cuenta para obtener perfiles genéticos útiles. Según explica Pedraza, esto depende, por ejemplo, de la cantidad de alimento y velocidad con la que la especie lo procesa, pues no es lo mismo un mosquito que almacena gran cantidad para producir huevos que en unapequeña larva. Determinar el tiempo exacto en que todavía es posible obtener información genética fiable es parte de la investigación de frontera que realiza el laboratorio de entomología en colaboración con el laboratorio de genética de la misma institución.
 

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El Laboratorio de Entomología tiene varias líneas de trabajo, como la catalogación y el estudio de los ciclos de vida de la entomofauna 
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En el Instituto de Ciencias Forenses se utiliza un microscopio estereoscópico de alta resolución para observar a los insectos y determinar las especies 
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  La profesionalización
Pero un especialista en esta área no sólo puede desarrollarse profesionalmente en la entomología forense médica, también puede trabajar en la industria de los alimentos, donde hay implicaciones legales muy importantes. “Existe la entomología de los productos almacenados, que ayuda a resolver cuestiones ligadas, por ejemplo, a una demanda de una compañía que vende un producto contaminado por insectos”. Puede haber diferentes versiones, sobre si producto fue vendido así o no. El papel del entomólogo forense tiene mucha relevancia en este sentido porque puede determinar el tipo de especie, de dónde es originaria y el tiempo que ha permanecido en el producto.

“La entomología forense es una disciplina que se ha desarrollado en todo el mundo, principalmente ligada al sistema de justicia, pero en el país es muy reducido el grupo de especialistas que trabajan con peritajes de este tipo. La mayoría de ellos son biólogos de formación. En términos académicos hay varias instituciones que hacen investigación en esta área, pero de manera general es algo que va empezando a tomar auge. Su finalidad última es la aplicación legal, pero requiere un bagaje amplio de conocimientos”.
El especialista dice que en la licenciatura referida, con una generación de alrededor de 35 alumnos, hay una materia obligatoria en entomología forense. Con ella, los estudiantes salen con un conocimiento fundamental para enfrentar casos de este tipo, pero también se ofertan materias optativas para especializarse de manera más formal en este campo. “Con esta preparación podrían trabajar sin problema en el sistema de justicia en este ámbito. Para una mayor especialización como investigadores pueden tener un posgrado en ciencias biológicas”, apunta Pedraza sobre un terreno de la ciencia forense que dadas las condiciones de nuestro país, requiere más especialistas capaces de mejorar y estandarizar los protocolos en todas las áreas que la competen.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.
ESPECIALTangible
Por:
Berenice González Durand
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