Fuera mitos

¿Es cierto que el 93% de la comunicación interpersonal es NO verbal?

Luis Javier Plata Rosas 01 / May / 19
Lo que comunica el rostro y el cuerpo cuando hablamos podría ni de cerca tan efectivo com se ha pensado durante décadas

En el ámbito de los estudios sobre comunicación humana uno de los mitos más extendidos exhibe, irónicamente, la mala comunicación de los resultados de dos series de experimentos de 1967, cuyo principal autor es Albert Mehrabian. La leyenda urbana atribuye a este psicólogo la contribución, en porcentajes por demás precisos, de las partes verbal (7%), vocal (38%) y facial (55%) del contenido de todo mensaje transmitido de una a otra persona.

La forma que toma la fórmula y las interpretaciones de lo que es verbal, vocal y facial que desde entonces todo interesado en el tema ha hecho ameritan por sí mismas una investigación aparte (que es precisamente lo que ha hecho David Lapakko, experto en estudios de comunicación, como veremos más adelante).

Antes de hablar de unas y otro, no está por demás repasar algunos de los varios mensajes fraccionarios que, en este no intencionado juego de teléfono descompuesto, nos han dejado desde los años sesenta, entre otros, comunicólogos, divulgadores y periodistas.

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El estudio de Albert Mehrabian establece que la parte verbal sólo contribuye un 7% del mensaje que se transmite de una persona a otra | Foto: Especial

Comunicación al 100%

La supuesta conclusión de Mehrabian se resume en que éste “determinó que el 93% del impacto de nuestros mensajes depende de elementos no verbales”, y a partir de ello las variaciones son inagotables, como que:

* “Este investigador afirma que en una conversación cara a cara el componente verbal es un 35% y más del 65% es comunicación no verbal”, lo que ni siquiera es matemáticamente correcto, dado que 35 + 65 = 100. ¿De dónde se obtiene, entonces, que “más del 65% es comunicación no verbal”? Esto me recuerda un capítulo de Los Simpsons en el que se pide a unos jugadores que den más del 100% y ellos replican que, por definición, 100% es igual al TOTAL de su esfuerzo y que, por lo tanto, es imposible dar un porcentaje más alto.

* Otros sitios son de plano tajantes al elevar los porcentajes 7-38-55 a nivel de Regla Mehrabian y mandar cinco o hasta más de diez años al futuro los experimentos de éste (“Mehrabian concluyó en los años 80”, por ejemplo, de acuerdo con un “coach de comunicación y doctorando en sociología”, ya se ve que no en comunicación)

* El Foro de Profesionales Latinoamericanos de Seguridad no duda en añadir que la comunicación no verbal “supera el impacto de la comunicación verbal” y que “es a través del lenguaje no verbal que se delatan las verdaderas intenciones de un individuo”.

* Un post en redes sociales que cita como fuente a la Unitec es más flexible al indicar que la comunicación no verbal representa “entre el 60 y 80%" del mensaje y el tono de voz “entre el 20 y 30%”.

La importancia del tono

En definitiva, en más de medio siglo de que Mehrabian publicó sus artículos y a pesar de que en la mayoría de los cientos de sitios en internet en que se le achaca la proporción 7-38-55, incluso entre aquellos que desmienten este mito son contados quienes decidieron examinar por cuenta propia el origen de estas tergiversaciones. En el primero de estos textos de trascendencia tan inesperada para el propio Mehrabian, él y su colega Morton Wiener dividieron a 45 estudiantes universitarios en tres grupos, y a los participantes de cada grupo les pidieron que imaginaran que una serie de palabras —miel, quizás y terrible, como ejemplos de palabras positiva, neutra y negativa, respectivamente— era dicha por una persona, mientras juzgaban cuál había sido la intención de ésta en alguna de las siguientes condiciones: a) prestando atención al significado de la palabra y al tono (lo que varios retoman y renombran como vocal) en que se dijo; b) prestando atención sólo al significado de la palabra e ignorando el tono; c) ignorando el significado de la palabra y prestando sólo atención al tono. Previamente, cada una de las palabras había sido leída por otras dos voluntarias con un tono positivo, neutro o negativo y grabada en una cinta magnética (recuerden que estamos en la prehistoria analógica a la que pertenecen los casetes de música).

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En uno de los textos de Albert Mehrabian​​​​, establecieron que el tono tenía demasiado peso en la transmisión de los mensajes | Foto: Especial

Los resultados de este experimento permitieron concluir que el tono en que se decían las palabras tenía un peso desproporcionadamente mayor que el significado de éstas en la interpretación del mensaje, lo que en algo recuerda cuando un amigo nos llama con tono afectuoso “perro maldito” (o algún mote similar): atendemos más a su intención que a las palabras.

Mehrabian y Wiener advierten que este resultado abarca sólo aquellas situaciones en las que no existe información adicional a la suministrada por estos dos canales (verbal-tonal) y ejemplifican con el caso de una persona que nos dice “te odio” en un tono de voz positivo. En ausencia de otros elementos interpretaríamos este mensaje como positivo, a menos que el tono de voz positivo que acompaña al “te odio” se deba al placer que experimenta al dirigirnos esas palabras acompañadas de unos buenos puñetazos, lo que de inmediato enviaría para nosotros la intención del mensaje al polo negativo.

Carita mata verbo

En el segundo de los artículos, Mehrabian y su colega Susan R. Ferris grabaron en cinta magnética a tres voluntarias mientras pronunciaban la palabra “quizás” en diferentes tonos de voz (positivo, neutro y negativo), y tomaron fotografías de la cara de otras tres voluntarias mientras gesticulaban para comunicar agrado, neutralidad o desagrado hacia otra persona. Armados con esto, Mehrabian y Ferris pidieron a 20 participantes universitarios que juzgaran cuál era la actitud de la persona mostrada en cada fotografía mientras escuchaban la grabación que decía “quizás” en diferentes tonos de voz.

Los resultados de este experimento permitieron a los autores concluir que el efecto de la imagen (el componente facial) era mayor que el tono en que se decía la palabra (el componente vocal). Y es aquí donde aparece por primera vez que, al tomar en conjunto con los resultados del estudio de Mehrabian y Wiener y a partir de un análisis estadístico (una regresión para determinar la relación entre cada componente: verbal, vocal y facial), la propuesta de que “el efecto combinado de las comunicaciones verbal, vocal y la actitud facial es una suma de sus efectos independientes, con los coeficientes de 0.07, 0.38 y 0.55, respectivamente”. No es una ley universal ni exacta, sino una simple estimación del peso que, en ciertas condiciones bastante restringidas y a partir de muestras extremadamente pequeñas (de unas cuantas decenas de universitarios), tiene cada uno de estos elementos de la comunicación humana

Como pólvora en la web

En 2007 el ya nombrado David Lapakko decidió ver hasta qué punto la “fórmula” 7-38-55 había permeado en guías para hablar en público y libros y artículos sobre comunicación interpersonal y organizacional, y con este fin hizo un análisis del contenido de los primeros 100 de los más de 263,000 sitos que resultaron de una búsqueda en Google a partir de la frase “comunicación 93 por ciento no verbal”.

Al igual que en mi caso, Lapakko halló sitios relacionados con instituciones educativas (como el MIT; pasa en las mejores familias… y universidades), consultorías y periódicos y otros medios de comunicación. De todos ellos, sólo cuatro tuvieron una actitud escéptica sobre la reducción de algo tan complejo como la comunicación entre personas a una mera relación de tres cifras, y hubo algunos que llegaban al extremo de aplicar esta información al caso de los correos electrónicos, donde “tienes que hacer el 100% del trabajo con sólo el 7% de los recursos”.

Casi la mitad del centenar de websites examinados por Lapakko identificaba erróneamente la fuente de “la ecuación de Mehrabian”, señalando que, por ejemplo, los porcentajes se debían a “un estudio de la UCLA”, “una estadística comúnmente citada”, “psicólogos y antropólogos”, “estudios clínicos hechos en los pasados 40 años” y hasta “psicólogos de programación neurolingüística”.
 

Es un análisis hecho por David Lapakko decidió demostrar hasta dónde llega el impacto de la fórmula 7-8-35 para entender y difundir la comunicación humana, a partir de la frase "comunicación 93 por ciento no verbal". La mayoría de los portales daban por válida dicha información. Tanto en instituciones educativas, consultorías, periódicos y otros portales
Foto: Especial

La importancia de la palabra

Sólo uno de los sitios analizados por Lapakko describía correctamente los resultados de los experimentos de Mehrabian. Desde entonces, por fortuna (y por el trabajo de periodistas, divulgadores e investigadores) este número ha aumentado notablemente, si bien es irónico que en el área de los estudios de comunicación haya perdurado tanto una distorsión de uno de estos estudios, lo que para Lapakko significa que los estudiosos de la comunicación “hemos fallado en nuestra misión”.

Si esto es hasta cierto punto verdad, es claro que no es inalterable y que no menos cierto es que no pocos hemos fallado también al aceptar unos porcentajes que, de ser correctos, significarían que las palabras son lo que menos importa cuando hablamos con alguien y que mejor habría sido, en vez de malgastar años de nuestras vidas aprendiendo español o cualquier otro idioma, permanecer en una idílica realidad en la que, a semejanza de hombres prehistóricos y para ser congruentes con la “ley” 7-38-55, nos comunicásemos fundamentalmente con posturas, gestos y vocalizaciones a las que podríamos incorporar algo del lenguaje de los grandes simios que, el siglo pasado, la tira cómica de Tarzán nos enseñaba domingo a domingo: “¡Kriga, kriga, bundolo!”.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).