Fuera mitos

¿Es malo o bueno tomar leche?

Luis Javier Plata Rosas 30 / Oct / 19
Ha sido satanizada hasta la náusea en sitios de internet y otros foros como un producto causante de obesidad y otras males graves. El desmitificador de cabecera de Tangible se hizo cargo de este caso. Esto es lo que encontró

Pocos líquidos han sido tan vilipendiados en años recientes como la blanca secreción de las ubres vacunas. El embate más fresco en nuestra mente posiblemente tiene el rostro de Eugenio Derbez, quien en su versión de Di No a la Leche expone numerosas razones por las que le negaría un vaso de leche a la familia P. Luche y al resto de sus conciudadanos. Quizás hacerlo portavoz de esos mensajes, a pesar de su innegable popularidad, aportó tanto a la credibilidad del video como la inclusión de Galilea Montijo en la campaña de lectura en píldoras de 20 minutos al día (es verdad que la culpa puede no ser de uno ni de otra, y deberse más bien a nuestros prejuicios y rapidez en encasillarlos), lo que en el caso de la desinformación vertida en este texto, es más bien algo bueno. 

Lo malo es que Derbez no inventa nada y todo lo que afirma circula desde hace tiempo por internet y las redes sociales, ocasionando que, en más de una mesa, durante el desayuno el cartón o el tetra brick vacuno sea sustituido por “leches” vegetales (que, estrictamente hablando, no son leches; de ahí las comillas): con encabezados que van desde “Treinta razones por las cuales la leche equivale al veneno para ratas” hasta “Porqué la leche de vaca es la bebida preferida para los supremacistas”, hay material de sobra que ordeñar sobre los mitos de la (mala) leche desparramada en estos textos, pero rumiemos en esta ocasión los que tienen que ver con los cantados sobre los supuestos y abundantes efectos negativos en nuestra salud.

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Ilustración de la leche | Foto: Pixabay

La mala leche de los antileche... y lo que dice la ciencia

Según quienes pregonan esta moda antileche y prefieren que, en su opinión, se les eche a perder la leche y no la vida, la lista de males a los que se arriesgan quienes deciden emular a los becerros en su mamante hábito incluye diabetes, obesidad, esclerosis múltiple, alergias, autismo y enfermedades cardiovasculares (arterias taponadas por la grasa vacuna. En los portales (que no en los pesebres) antileche podemos enteramos de la existencia de una Mafia del Poder Mugiente: “… las personas que hacen las recomendaciones sobre productos lácteos o los nutricionistas que apoyan su consumo son personas cercanas a las empresas que producen estos mismos productos”. 

Ante la gravedad de estas acusaciones no podemos menos que presentar la totalidad de la evidencia científica en dos de las más recientes revisiones, publicadas en 2016 y 2019 (la falta de modestia no es mía: los autores de la primera de ellas titulan así, tal cual, su artículo: “Una evaluación de la totalidad de la evidencia científica” ). Y lo que todas las observaciones, mediciones y estadísticas muestran es un panorama mucho menos agrio para la leche y sus consumidores en México y en el mundo:

·    Sobre la obesidad y la diabetes tipo 2, una dieta rica en leche y productos lácteos redujo los riesgos de obesidad infantil. Los lácteos proveen de proteínas de alta calidad, importantes para la pérdida o mantenimiento de peso gracias que tienen un efecto saciante, lo que previene de comer en exceso. Estas proteínas ayudan además a mantener la masa muscular metabólicamente activa durante la pérdida de peso. En adultos, la leche mejora la composición corporal al reducir la grasa y preservar la masa magra corporal durante periodos de restricción calórica. Productos fermentados, como queso y yogurt, están asociados con una reducción en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. 

·    El consumo de 200 a 300 ml de leche al día (el típico vaso que recomendaban en antiguas campañas) está asociado con una reducción del riesgo de sufrir hipertensión o un infarto, y no está asociado a un riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

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Ilustración de la leche | Foto: Pixabay

·    La leche contiene proteína, calcio, fósforo, magnesio, manganeso, zinc y vitamina K, todos ellos nutrientes necesarios para construir huesos fuertes en la infancia y para su mantenimiento en la adultez; en la lista de elementos necesarios para lograr esto y que no se encuentran en la leche sólo falta la vitamina D. Aunque es cierto que otros alimentos contienen también calcio en altas concentraciones, tomando en cuenta el valor energético por porción, la leche de vaca es la mejor fuente de calcio dentro de una dieta balanceada. Pero si este argumento no es suficientemente convincente, en niños y adolescentes el consumo de magnesio puede ser más importante que el de calcio para el desarrollo de sus huesos, y la leche es una fuente importante de este elemento. 

·    La ingestión de leche no está asociada con riesgos de padecer autismo, ni cáncer pancreático, ni de ovarios, ni de pulmón, y sí tiene un efecto protector contra cáncer colorrectar, de vejiga, gástrico y, posiblemente, de mama. En hombres, su efecto protector contra el cáncer colorrectal sobrepasa al ligero incremento en el riesgo de desarrollar cáncer de próstata; ¿a qué nos referimos con “ligero incremento”? A lo que en medicina se conoce como una razón de riesgo de 1.03 (si, por ejemplo, la razón de riesgo fuese de 2, significaría que un bebedor consuetudinario de leche de vaca tendría el doble de riesgo que un no bebedor de lácteos).

·    Se han observado efectos limitados del consumo de leche en la aparición de eccemas, asma y rinitis alérgica en niños pequeños, pero son necesarios más estudios para confirmar esta asociación. La alergia a la leche (debida a la proteína caseína) es una de las alergias más comunes en la infancia y se presenta en entre 2 y 3% de los niños durante su primer año de vida, disminuyendo a medida que crecen. 

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Ilustración de la leche | Foto: Pixabay

·    La intolerancia a la lactosa, debida a la ausencia o deficiencia de lactasa (una enzima que permite la digestión de esta azúcar de la leche; al no digerirse ésta, los microbios en nuestro intestino la usan y producen, entre otras cosas dióxido de carbono y otros gases, lo que se traduce en dolor e hinchazón abdominal y diarrea) afecta a cerca del 70% de la población adulta (alrededor del 50% en el caso de México, según el INEGI). Quienes son intolerantes a la lactosa y no quieren sufrir molestias gastrointestinales pueden dejar de tomar leche… o tomar leche deslactosada. 

·    Las “leches” vegetales (las de almendra y soya, por ejemplo) y la leche de vaca son productos diferentes tanto en su contenido nutricional como en sus efectos en la salud. Hasta que no existan estudios que prueben lo contrario, las primeras no son sustitutos de la segunda.

En síntesis, dado que la enorme mayoría de las asociaciones entre este nada vacuo fluido vacuno son positivas o neutras, si excluimos consideraciones de otra naturaleza, es más que adecuado responder la próxima vez que, con un vaso en la mano, alguien nos cuestione: ¿Leche? ¡MUUUY bien!

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Kongerslev-Thorning, T., Raben, A., Tholstrup, T., Soedamah-Muthu, S.S., Given, I. y Astrup, A., 2016, Milk and dairy products: good or bad for human health? An assessment of the totality of scientific evidence, Food & Nutrition Research, 60(1), 32527.
Marangoni, F., L. Pellegrino, E. Verduci, A. Ghiselli, R. Bernabei, R. Calvani, I. Cetin, M. Giampietro, F. Perticone, L. Piretta, R. Giacco, C. La Vecchia, M.L. Brandi, D. Ballardini, G. Banderali, S. Bellentani, G. Canzone, C. Cricelli, P. Faggiano, N. Ferrara, E. Flachi, S. Gonnelli, C. Macca, P. Magni, G. Marelli, W. Marrocco, V.L. Miniello, C. Origo, F. Pietrantonio, P. Silvestri, R. Stella, P. Strazzullo, E. Troiano y A. Poli, 2019, Cow’s Milk Consumption and Health: A Health Professional’s Guide, Journal of the American College of Nutrition, 38(3), 197-208