Cosmos

¿Estamos preparados para una tormenta solar?

Berenice González Durand 23 / Oct / 18
Los sistemas de protección civil del país también buscan la forma más adecuada de proteger a la población de los efectos del clima espacial que hoy cuenta con varios sistemas de monitoreo y estudio

La información sobre la intensidad de los rayos cósmicos en tiempo real se ve como la imagen de un electrocardiograma: líneas que ascienden y descienden en una gráfica que registra la actividad eléctrica del corazón en cada uno de sus latidos. A través del trazo de unas líneas, la energía de un corazón se puede volver esperanza de vida. Lo mismo sucede con los diagramas que brindan información sobre los rayos cósmicos, partículas subatómicas procedentes del espacio exterior cuya energía, debido a su gran velocidad, es vecina a la velocidad de la luz. Estas partículas probablemente provienen de explosiones de estrellas lejanas, colisiones de galaxias, agujeros negros y otros eventos similares. Su registro forma parte de la serie de datos que también, como la salud de un corazón, puede brindar importante información sobre riesgos latentes.

Estas partículas se aceleran a tales velocidades que se vuelven muy energéticas. Viajan a través del Universo billones de billones de kilómetros en todas direcciones y algunas alcanzan a la Tierra. De hecho se considera que por cada latido de nuestro corazón, 100 partículas de rayos traspasan la atmósfera terrestre. ¿Esto es un problema? Generalmente cuando las partículas cósmicas se topan con la atmósfera alta de la Tierra, se desintegran formando otras muy pequeñas. Sin embargo, el estudio y monitoreo de los rayos cósmicos mediante la combinación de otros datos puede prevenir riesgos mayores.

Para medir las condiciones actuales del clima espacial, otros datos refuerzan este tipo de estudios, como el flujo de protones que muestra la cantidad de partículas que están pasando cerca de la Tierra e indican la llegada de una Eyección de Masa Coronal (EMC) a nuestro vecindario terrestre. Por otra parte, el flujo de rayos X del Sol entre 1 - 8 angstroms (línea roja) es una medida que da cuenta de la intensidad de la actividad solar. Los picos representan fulguraciones solares de diferentes clases e influyen en el clima espacial. Todos estos datos se encuentran en la Red de Instrumentación de Clima Espacial de nuestro país que finalmente lo que busca es prevenirnos de un evento de mayores magnitudes que pudiera desestabilizar la vida en la Tierra.

Por cada latido de nuestro corazón, 100 partículas de rayos traspasan la atmósfera terrestre. ¿Esto es un problema? Generalmente cuando las partículas cósmicas se topan con la atmósfera alta de la Tierra, se desintegran formando otras muy pequeñas"

Este tipo de datos dan pistas a los científicos para estudiar el viento solar que representa ese flujo de partículas que provienen del Sol y que rebasan la órbita de todos los planetas y que conectan al Astro Rey con la Tierra. Nuestro planeta tiene un campo magnético y este funciona como una coraza que impide que las partículas de viento solar entren a la atmósfera. Gracias a esto la vida se ha podido desarrollar en el planeta, sin embargo esta coraza no es infalible, se puede romper, pues cuando hay una tormenta solar, ocurre una explosión en el Sol y sale una nube de material proveniente del astro que se impacta en el campo magnético de la Tierra y que podría abrir una herida en ese escudo natural.

 

Para medir las condiciones actuales del clima espacial, otros datos refuerzan este tipo de estudios, como el flujo de protones que muestra la cantidad de partículas que están pasando cerca de la Tierra e indican la llegada de una Eyección de Masa Coronal (EMC) a nuestro vecindario terrestre
Foto: Especial

Protección civil y clima espacial

Recientemente se realizó en el CENAPRED, el Segundo Foro de Fenómenos Astronómicos con el objetivo de informar sobre qué tanto hemos avanzado en la política de protección civil frente a fenómenos de clima espacial en el país, como el caso de las tormentas solares que representan sobre todo una amenaza en las sociedades modernas por nuestra dependencia a los sistemas tecnológicos críticos, como los satélites, los sistemas de posicionamiento global y las redes de distribución de energía eléctrica. Una tormenta solar es descrita formalmente como una perturbación temporal de la magnetósfera terrestre que puede ser causada por una onda de choque de viento solar y/o una eyección de masa coronal que interactúa con el campo magnético terrestre.

El Sol, como todas las estrellas, tiene un ciclo de actividad de alrededor de once años, por lo que se considera que el próximo lapso de mayores riesgos, en lo que a clima espacial se refiere, se podría presentar en 2024. Desde hace cuatro años se han incrementado los esfuerzos en el país para monitorear adecuadamente esta actividad. En junio de 2014 se modificó en México la Ley General de Protección Civil, pues se incluyó la atención a fenómenos astronómicos, y en particular, a los efectos de las tormentas solares. Por su parte, el Instituto de Geofísica de la UNAM (IGEF) ha establecido redes de instrumentos cada vez más ambiciosas para el monitoreo y estudio del fenómeno.

En este sentido ha sido muy importante la creación de un Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE) que mantiene colaboraciones internacionales para mantener el fenómeno vigilado más de “cerca”. El doctor Américo González Esparza, coordinador de este laboratorio señala que se calcula que en los próximos dos o tres años no habrá riesgos de tormentas solares intensas, pero dentro de seis años sí podría registrarse un evento de mayor magnitud, por lo que este es el momento más adecuado para desarrollar acciones de prevención e incrementar la resiliencia nacional ante este tipo de fenómenos. Entre otros avances a nivel nacional, actualmente la UANL construye un espejo del centro de operaciones del LANCE.

"En los próximos dos o tres años no habrá riesgos de tormentas solares intensas, pero dentro de seis años sí podría registrarse un evento de mayor magnitud, por lo que este es el momento más adecuado para desarrollar acciones de prevención e incrementar la resiliencia nacional ante este tipo de fenómenos"

Para el monitoreo de estos fenómenos es vital el mantenimiento del servicio de Clima Espacial (SCIESMEX), creado en febrero del 2016, así como el establecimiento de un sistema de alerta temprana de eventos de clima espacial que actualmente se encuentra en implementación en el Sistema Nacional de Protección Civil, de hecho, actualmente ya está en revisión un manual de gestión de riesgos para desastres de clima espacial.

El último evento de este tipo que se tiene registrado en la historia reciente es el llamado evento Carrington. En 1859, el cielo nocturno de México se cubrió de una aurora boreal roja que abarcó prácticamente todo el planeta. En aquel momento la noticia fue sólo el espectacular paisaje que desencadenó, pero en la actualidad el efecto magnético en las comunicaciones podría tener efectos devastadores.
 

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.