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Falta investigación en marihuana medicinal

Berenice González Durand 14 / Jan / 19
Aunque hay varias líneas de investigación esperanzadoras para el uso médico de cannabis, aún faltan más recursos para profundizar en sus efectos

A finales del siglo XIX se registró un auge de publicaciones científicas sobre los usos médicos del cannabis, sin embargo esta utilización no era una novedad: le antecedían más de cuatro mil años con diversas historias en el seno de las culturas persa, india y romana, entre otras. Se dice que la planta fue introducida por Cristobal Colón a nuestro continente y después Cannabis sativa y Cannabis indica literalmente echaron raíces en nuestro territorio, al ser importadas de Asia y Europa por Hernán Cortés para fortalecer la economía de la Nueva España.

¿Qué le han aportado en el área médica cientos de años de historia a la mítica planta? Mucho y muy poco. La paradoja se esconde detrás  de los alrededor de 400 compuestos que posee la marihuana, pero de los que se desconocen  exactamente sus efectos porque la gran mayoría no se han estudiado. “Sólo dos de estos compuestos se han investigado con mayor profundidad y ya hay evidencia de su utilización clínica”, señala el doctor Oscar Prospéro, Director del Laboratorio de Cannabinoides de la Facultad de Medicina de la UNAM, haciendo referencia al Delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) y al cannabidiol (CBD). El primero es considerado el principal compuesto psicoactivo de la planta y también ha sido estudiado como el agente terapéutico de mayor importancia. El cannabidiol es el otro compuesto activo importante.

“En nuestros estudios hemos visto claramente que el THC, además de la utilidad para inducir sueño y regular el dolor, puede aumentar la ingestión de alimento y reducir la temperatura corporal”. El investigador subraya que hay varias funciones fisiológicas que sí se ven reguladas por los fármacos con estos componentes, pero son compuestos en donde la molécula está perfectamente aislada. “No es la planta en si, no son extractos, ni es ‘el aceite de…’. Hay una dosis exacta para que funcione contra determinado padecimiento”.

Fábrica de sustancias
El especialista con más de veinte años de experiencia trabajando con la acción de estos compuestos en el cerebro, señala que la razón por la que finalmente se  logró la legalización de la marihuana para fines  médicos y de investigación, así como el proceso que se sigue para fines lúdicos es reducir la violencia asociada a la utilización de drogas, pero para él es importante siempre subrayar que cuando el  consumo de la planta   se realiza antes de que el cerebro acabe su proceso de maduración (hasta los 30 años), y principalmente antes de los 18, hay daños. “Se afectan los sistemas  de recompensa, los que nos hacen sentir placer; se afectan los de defensa, los que nos hacen sentir miedo y ansiedad ante situaciones adversas; y se afecta la inteligencia y otros  sistemas  que incluye la corteza prefrontal”.

 

“En nuestros estudios hemos visto claramente que el THC, además de la utilidad para inducir sueño y regular el dolor, puede aumentar la ingestión de alimento y reducir la temperatura corporal”
Oscar Prospéro, Director del Laboratorio de Cannabinoides de la Facultad de Medicina de la UNAM / EFE

Cuando se habla de investigación sobre estos componentes químicos , el investigador señala que es importante aclarar que es un terreno diferente, pero también con reglas muy estrictas, pues se trata de definir  cómo funcionan con precisión las moléculas derivadas de la marihuana y cuál es realmente su utilidad e impacto en el organismo  a corto y largo plazo. 

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) anunció hace casi tres meses la primera liberación de productos de cannabis, entre los que se encuentran derivados farmacológicos, materias primas, suplementos alimenticios y productos cosméticos. Aún falta para que estos productos estén disponibles y no se sabe finalmente cuáles serán específicamente los productos, así como las estrategias y disposiciones de venta, pero los especialistas llaman a revisarlos con ojo crítico.

“Cofepris autorizó primero algunos productos, pero al parecer no se siguió el procedimiento adecuado. Probablemente después de rectificar los trámites, salgan al mercado”. El médico explica que la mayoría de estos productos tienen cannabidiol y le preocupa que algunos de estos puedan ser vendidos sin receta, pues aunque esta sustancia ha tenido buenos resultados para tratar un tipo de epilepsia, debe ser administrada  por especialistas. 

“Este componente tiene buena posibilidad de controlar un tipo de epilepsia que se manifiesta con múltiples crisis convulsivas  al día. Se empezó a utilizar  porque hay un grupo muy respetado de investigadores de la Universidad de Nueva York que tiene información esperanzadora, pero su utilización conlleva riesgos que un neurólogo tiene que tomar en cuenta porque dos de cada diez niños no mejoran e incluso podrían entrar en un estado epiléptico con convulsiones constantes que podrían provocar la muerte”.

Prospéro dice que en todo el  mundo hace falta investigación clínica para los diversos tratamientos. “En nuestro país, respecto a  la parte médica de la legalización creo que estamos muy 'flacos'. Las sociedades médicas no están interviniendo en las sugerencias que debe acompañar a la toma de decisiones y muchas áreas médicas tienen que ver porque este tipo de productos actúan en todo el cuerpo”.

También argumenta que a pesar de la legalización, en la parte de usos para investigación los permisos se han detenido de forma innecesaria. “A nosotros nos solicitaron varios requisitos y seguramente los papeles están acumulando polvo, pues no ha habido respuesta desde hace seis meses”. La petición permitiría tener una colaboración con laboratorios extranjeros en Canadá y EU, pues ellos son los encargados de aislar los componentes con el aval de que es una materia prima pura y la idea es poder probar otros compuestos  en diferentes sistemas. “Si no se puede disponer de estos productos provenientes de esta fábrica de sustancias que es la planta, tampoco se puede conocer más acerca de sus verdaderos efectos”.
 

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El Universal

Más opciones terapéuticas
El Doctor Juan Manuel Viveros, del Laboratorio de Investigación  y Desarrollo Farmaceútico del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías de la Universidad de Guadalajara coincide en que se tendrían que tener más estudios a profundidad para tomar decisiones sobre el uso de productos cannábicos. Ambos argumentan que el problema es que estas investigaciones llevan tiempo y cuestan mucho, pero son útiles para que la población tenga el menor impacto de efectos adversos a través del tiempo, aunque sea de lo aparentemente más inocuo como un suplemento alimenticio o una crema.
 
Viveros ha trabajado con una molécula que se encuentra presente en cannabis, pero también está  en otras plantas como cempasúchil, clavo de olor y albahaca.  Se trata de un terpenoide que le da su olor característico a la marihuana. “  El beta-cariofileno lo hemos explorado para el control del dolor inflamatorio y neuropático, así como el  control metabólico. Este lípido que parece disminuir la inflamación en vasos sanguíneos por artereosclerosis puede estar presente en varios tipos de plantas. “No se considera un fitocannabinoide, pero si actúa sobre el sistema endocannabinoide. Hemos trabajado 10 años con esta molécula porque no es ilegal a pesar de su presencia en cannabis”. 

Hay tres tipos de cannabinoides: fitocannabinoides, que se encuentran en plantas; cannabinoides sintéticos; y endocannabinoides, presentes en el organismo de los mamíferos. Así, el sistema endocannabinoide integra un grupo de receptores cannabinoides endógenos localizados en el cerebro y a través de los sistemas nerviosos central y periférico. De hecho, se piensa  que probablemente la capacidad de sintetizar endógenamente cannabinoides por parte de los humanos tenga sus orígenes en un ancestro eucariota (unicelular) común a animales y plantas. El Sistema Cannabinoide Endógeno se acopla a receptores para cannabinoides (RCB) para modular procesos fisiológicos concretos, cuya relación es muy compleja.

Viveros señala  que la sociedad tiene necesidad de fitocannabinoides para enfrentar diferentes enfermedades, sin embargo a lo único que ha accesado  hasta el momento es a productos artesanales generados por gente que en algún momento tuvo una afinidad más bien lúdica o recreativa con cannabis. 
 
“Por otra parte, se tiene la falsa idea de que todo producto natural es inocuo y no es así”. Explica que hay condiciones totalmente diferentes que atacar  y en cuanto a las biomoléculas presentes en cannabis no todas tienen el mismo efecto. Sus blancos terapéuticos son diferentes, pues aunque están en la misma planta, actúan de diferente forma en los diferentes receptores que siguen múltiples rutas de señales intracelulares. 

“Se tendría que ser muy cautelosos en el consumo de productos cannabicos también para no desvirtuar los beneficios”. Otros países han mostrado que una buena regulación de los medicamentos creados a partir de componentes del cannabis pueden ser una muy buena alternativa para enfermos con altos rangos de dolor antes de ser tratados con opioides, que por cierto han desatado una crisis en EU por su abuso y muertes relacionadas.

“La planta tiene muchos beneficios, pero dependiendo lo que coadyuve. No se puede considerar la fórmula mágica para todos los males”, finaliza Viveros.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.
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Tangible Redacción
14/01/2019