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Fusión en frío: ¿Es posible conseguir energía limpia e ilimitada?

Federico Kukso 09 / Jun / 19
A 30 años de uno de los grandes fiascos de la historia de la ciencia, Google busca resucitar las investigaciones alrededor de un fenómeno que podría llegar a reemplazar a los combustibles fósiles y salvarnos del Apocalipsis climático

Los sueños no constituyen únicamente, como postulaba Sigmund Freud, una vía para comunicar todo aquello que la mente consciente no puede aceptar. Los sueños en especial son los motores de las grandes ideas y de las revoluciones científicas. En 1989, los químicos Martin Fleischmann (de la Universidad británica de Southampton) y Stanley Pons (de la Universidad de Utah) anunciaron que habían logrado hacer realidad uno: el sueño de conseguir energía barata, limpia, ilimitada.

En una conferencia de prensa que sacudió a la comunidad científica internacional, las palabras "fusión fría" comenzaron a esparcirse por el mundo. Se trataba de una de las mayores promesas de la física nuclear: la de conseguir imitar las reacciones que alimentan al Sol pero a temperatura ambiente.

Sin haber presentado los resultados en ninguna revista científica y con una sonrisa de oreja a oreja, el jueves 23 de marzo de 1989 en Salt Lake City, Estados Unidos, Fleischmann y Pons exhibieron frente a las cámaras y los periodistas un pequeño frasco.

"Parece que podemos conseguir fusión indefinida en un instrumento relativamente barato", dijo Fleischmann con tranquilidad ante lo que parecía ser el mayor descubrimiento energético de la humanidad.

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En una conferencia de prensa que sacudió a la comunidad científica internacional, las palabras "fusión fría" comenzaron a esparcirse por el mundo. Se trataba de una de las mayores promesas de la física nuclear: la de conseguir imitar las reacciones que alimentan al Sol pero a temperatura ambiente | Foto: Especial

Domesticar al Sol

Los investigadores, hasta entonces virtualmente desconocidos, alegaron haber domesticado al Sol, desatando su poder sobre la Tierra sin efectos secundarios destructivos. La forma más común es la fusión de hidrógeno, donde dos átomos de hidrógeno se combinan para formar un átomo de helio, liberando enormes cantidades de energía en el proceso. Esto es lo que ocurre en el interior de la mayoría de las estrellas.

El dúo de químicos afirmó que al hacer pasar corriente a través de agua pesada —agua en la que el hidrógeno era reemplazado por su isótopo deuterio— entre un electrodo de platino y otro de paladio, en el paladio se producía una acumulación tal de los átomos de deuterio que sus núcleos se fusionaban, es decir, se unían liberando en el proceso una cantidad sorprendente de energía. 

La noticia pronto se desparramó como pólvora. Apareció en los principales diarios, así como en la portada de revistas como Business Week, Time y Newsweek. Había un gran deseo de que la historia fuera cierta. El recuerdo de Chernobyl estaba todavía fresco. Y nada tentaba más que acabar con la dependencia humana del petróleo.

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Martin Fleischmann y Stanley Pons alegaron haber domesticado al Sol, desatando su poder sobre la Tierra sin efectos secundarios destructivos. Lo cual resultó ser falso | Foto: Especial

De celebridades a sospechosos

No tardó mucho para que la excitación diera paso al escepticismo. Todo parecía escandalosamente fácil, en especial para un tema con gigantescos intereses y repercusiones económicas. Hasta entonces, nadie había podido lograr una reacción tan sostenida, ni siquiera brevemente, sin someter al deuterio al tipo de temperatura y presión extremas que se encuentran dentro de nuestra estrellas.

Las dificultades para reproducir los experimentos por parte de miles de científicos en todo el mundo hicieron que Fleischmann y Pons pasaran a ser de héroes, visionarios y superestrellas científicas a sospechosos.

Si la fusión ocurriera, veríamos radiaciones de una u otra manera y no sería posible ocultar esa radiación. Ninguno de nosotros ha podido ver radiaciones por encima de los niveles naturales al realizar este experimento", dijo Steven E. Koonin, del Instituto de Tecnología de California.

Nuevas esperanzas

Para junio de 1989, lo que había prometido ser el comienzo de una nueva era se consolidaba como un gran fiasco. Sin embargo, pese a haber recibido un baño de críticas, la persecución de la fusión fría se negó a morir.

Bajo el nombre de Reacciones Nucleares de Baja Energía (LENR, por sus siglas en inglés), se ha mantenido viva gracias al trabajo de un grupo pequeño pero dedicado de investigadores que trabajan en una especie de clandestinidad científica publicando silenciosamente sus resultados tentadores en sus propias publicaciones.

En abril de 2015, estos sueños llamaron la atención de Google. Las recompensas de conseguir energía ilimitada eran demasiado grandes para renunciar a ellas, en especial en el marco actual de la persistente crisis climática. El gigante informático convocó a un equipo de 30 investigadores de distintos laboratorios y empezó a financiar los experimentos sobre un tema considerado tabú científico, un tema maldito.

Creemos que hay una ciencia nueva y emocionante que debe hacerse dentro del espacio de parámetros de los experimentos de fusión fría", señala Matthew Trevithick, gerente de programas de investigación de Google en Mountain View, California. "Incluso si el descubrimiento de la fusión fría a tasas suficientemente altas de energía no se materializan".

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Martin Fleischmann murió el 3 de agosto de 2012 por complicaciones relacionadas con el Parkinson y la diabetes | Foto: Especial

Pero pese a el nuevo empujón económico y de entusiasmo, la fusión fría siguió sin aparecer. Como constataron los investigadores en una serie de papers publicados recientemente en la revista Nature, tras 420 experimentos y diez millones de dólares gastados, aún no se ha observado ningún efecto destacable. 

Ciencia patológica

La fusión fría es el gran unicornio de la ciencia: todo el mundo desea que exista, pero no hay evidencia alguna de su presencia.

Como dice el químico y escritor científico Philip Ball, la fusión fría representa un ejemplo de lo que se conoce como "ciencia patológica". Es decir, una afirmación sorprendente y controvertida que entra en conflicto con todo el conocimiento previo, cuyos postulados son difíciles de contrastar y que se niega a morir después de que la mayoría de los científicos del campo la abandonaron como falsa.

El término fue utilizado por primera vez por el químico ganador del Premio Nobel Irving Langmuir en 1953, quien describió la ciencia patológica como "la ciencia de las cosas que no son tal". Como ejemplos están los "rayos N" —una forma hipotética de radiación descrita por el físico francés Prosper-René Blondlot en 1903 y descartada como ilusoria—, la memoria del agua —una propiedad curativa no demostrada— de fines de los 80, los inexistentes "canales" marcianos.

La saga de fusión fría expuso una de las mayores fortalezas científicas: su capacidad colectiva de autocorrección. Como decía Carl Sagan, afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria. Y en eso fallaron Martin Fleischmann y Stanley Pons: fue la falta de reproducibilidad la que finalmente puso en tela de juicio la idea de la fusión fría.

Fleischmann y Pons pasaron por alto el proceso de revisión por pares e informaron sus resultados directamente al público para proteger sus reclamos de propiedad intelectual. Cuando los científicos de todo el mundo intentaron —sin éxito— reproducir estos resultados emocionantes, se percataron que la investigación presentaba grandes fallas.

La capacidad de los investigadores independientes para obtener los mismos resultados (o similares) cuando se repite un experimento o prueba es considerada uno de los distintivos de la buena ciencia. Como indica el bioeticista David Resnik, proporciona a los científicos evidencias de que los resultados de la investigación sean objetivos y confiables.

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Stanley Pons se mudó a Francia para continuar su trabajo con fondos privados, pero no tuvo éxito | Foto: Especial

Reacción en cadena

La supervivencia de la fusión fría como línea de investigación se explica por una simple razón: su carácter mesiánico. Las personas que continúan defendiendo sus resultados están convencidos de que se trata de una tecnología salvadora que reemplazará a los combustibles fósiles y nos salvará del apocalipsis climático. Películas como Chain reaction (1996) con Keanu Reeves y Morgan Freeman fueron impulsadas por estas esperanzas.

Gran parte de la comunidad científica considera que estas investigaciones constituyen una pérdida de tiempo. Pero Matthew Trevithick y sus colegas de Google creen que podría haber habido fallas en los experimentos que no pudieron reproducir las investigaciones de Fleischmann y Pons. "Había muy pocos datos disponibles para evaluar si la fusión fría era correcta o no", dice Trevithick.

Hasta que la semana pasada publicaron sus resultados en Nature, los científicos contratados por Google habían logrado mantener su trabajo en secreto, teniendo en cuenta que estas investigaciones podrían derivar en resultados (y ganancias) insospechados.

"El proyecto ha producido materiales, herramientas y conocimientos, como calorímetros que funcionan de manera confiable en condiciones extremas, que podrían beneficiar otras áreas de investigación de energía y fusión", se lee en el informe.
 

Fleischmann y Pons pasaron por alto el proceso de revisión por pares e informaron sus resultados directamente al público para proteger sus reclamos de propiedad intelectual. Cuando los científicos de todo el mundo intentaron —sin éxito— reproducir estos resultados emocionantes, se percataron que la investigación presentaba grandes fallas.
Foto: Cortesía

Desprestigiado, el electroquímico Martin Fleischmann murió el 3 de agosto de 2012 por complicaciones relacionadas con el Parkinson y la diabetes. Junto a Pons, se había mudado a Francia para continuar su trabajo con fondos privados, pero sin éxito.

Muchos de los investigadores que continúan trabajando en el tema son científicos consumados, retirados, exentos a posibles críticas. Al fin y al cabo, todo aquel científico que se atreve a explorar la fusión fría es visto con malos ojos.

Los aportes de Google quizás cambien esta situación. La necesidad de fuentes de energía baratas y más limpias es más apremiante que nunca. Si eventualmente se llegara a detectar el fenómeno fusión fría, cambiaría el mundo. Y con él, nosotros.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.