Hecho en México: historia del invento nacional más importante para el mundo, 59 años de la pastilla anticonceptiva

Lecciones de botánica

Durante todo el gobierno de Luis Echeverría, María Bahena viajó regularmente a la ciudad de Iguala, donde autoridades de Salubridad le suministraban, de forma gratuita, pastillas anticonceptivas que luego distribuía entre las mujeres de su pueblo en edad reproductiva. Ninguna de ellas conocía la larga historia de ese invento que tomaban cada mañana al despertar, ni el papel que habían jugado científicos de su propio país.

Ya desde mediados del siglo XIX, los químicos auguraban el desarrollo de un anticonceptivo oral basado en el creciente conocimiento de la fisiología femenina, pero les hacía falta un punto de partida. Las soluciones comenzaron a aparecer en la década de 1930 con tres grandes hallazgos: el descubrimiento de la progesterona; su efecto inhibitorio en la ovulación, y la posibilidad de sintetizarla a partir de una sustancia llamada diosgenina, presente en la raíz de las plantas conocidas como dioscóreas, barbascos o ñames.

Aunque existen unas 600 especies de dioscóreas distribuidas en el mundo, hay una que sobresale por su alto contenido de diosgenina. Se trata de Dioscorea composita, también llamada “cabeza de negro”, cuyo hábitat natural son las selvas tropicales de Veracruz, en México. A principios de 1940, un químico estadounidense, Russell Marker, se percató de tal riqueza, y apostó todo para que México se convirtiera en el centro de producción de progesterona sintética.

Un joven de 26 años

La puerta que se abrió ante Marker fue la de los Laboratorios Hormona, empresa mexicana dedicada a la producción de progesterona de origen animal para el tratamiento de desórdenes ginecológicos. En aquellos tiempos dicho negocio representaba una ganancia de hasta 80 dólares por gramo de hormona.

En 1944, Marker y Laboratorios Hormona crearon la división Syntex, donde algunos años después los químicos Carl Djerassi y George Rosenkrantz dirigirían el trabajo de un destacado estudiante, Luis Ernesto Miramontes Cárdenas. El joven nayarita tenía apenas 26 años, y se encontraba haciendo su tesis de licenciatura en ingeniería química, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
 

Plana del 25 de marzo de 1978 donde se publicó que autoridades de Nayarit y el Conacyt reconocieron al nayarita Luis Miramontes la invención de la píldora anticonceptiva

Foto: Hemeroteca de El Universal

Fue Luis Miramontes quien el 15 de octubre de 1951 sintetizó la sustancia norethynyltestosterona, conocida genéricamente como noretisterona, el principio activo que en otras partes del mundo daría pie a distintas formulaciones para finalmente crear un primer anticonceptivo hormonal oral efectivo y seguro. El trabajo de Miramontes lo convirtió en el único mexicano en aparecer en el USA Inventors Hall of Fame, al lado de inventores como Thomas Alva Edison.

¿Hecho en México?

Con 80 años recién cumplidos, doña María Bahena no recuerda el nombre ni la fórmula del medicamento que entregaba a las mujeres de su pueblo como promotora voluntaria de control de la natalidad. Tampoco recuerda haber escuchado hablar de Luis Miramontes, pero siente como si hubiera sido ayer cuando organizaba reuniones en su casa para explicar el funcionamiento de la píldora y la manera en que debía ser tomada.

— ¿Sabía que ese medicamento jamás hubiera existido sin la participación de científicos mexicanos?.

No. Siempre pensé que era un invento de los estadounidenses, pero ahora me da gusto saber que algo bueno hicimos en México.

Técnicamente doña Maquita tiene razón. A menudo se piensa que la píldora anticonceptiva en sí misma fue una innovación mexicana, pero, cuando aún vivía, el mismo Miramontes le dijo lo siguiente a la Revista de la Sociedad Química de México:

Yo no soy el inventor de la píldora anticonceptiva, el inventor fue el doctor Gregory Pincus, a quien conocí y me distinguió con su amistad; yo soy el descubridor del compuesto químico que originó la mencionada píldora. Algunos dicen que somos los padres de la píldora, no los inventores”.

Luis Miramontes en su laboratorio de Syntex en 1651. Estudió en la Escuela Nacional de Ciencias Químicas de la UNAM, en Tacuba, de 1945 a 1949

Foto: Ttomada del sitio oficial de Luis Ernesto Miramontes Cárdenas del IFUNAM.

Enovid, la primera píldora anticonceptiva

Un anticonceptivo hormonal cumple su trabajo de impedir la ovulación con tan solo estar hecho de alguna progestina, por ejemplo, de la norethynyltestosterona sintetizada por Luis Miramontes. Sin embargo, este tipo de formulaciones tienen una desventaja: a menudo provocan sangrado intermenstrual. Por esta razón, a partir de 1951, el fisiólogo estadounidense Gregory Pincus y su compatriota, el obstetra John Rock —motivados por la activista Margaret Sanger, y auspiciados por Katharine Dexter, heredera de la fortuna McCormick—, comenzaron a probar distintas mezclas hormonales.

Fue en 1956 cuando patentaron la fórmula de Enovid, primera pastilla anticonceptiva jamás creada. Posteriormente, el 18 de agosto de 1960, la Food and Drug Administration la aprobó para el tratamiento de trastornos menstruales, y en 1961 fue posible usarla como anticonceptivo. De acuerdo con la doctora Josefina Lira Plascencia, presidenta del Colegio Mexicano de Especialistas en Ginecología y Obstetricia (COMEGO), “Pincus y Rock desarrollaron la base de todos los anticonceptivos orales combinados que han surgido hasta la fecha; encontraron que una progesterona inhibirá la ovulación y, si se le agrega un estrógeno, este le dará estabilidad al endometrio para que no haya sangrado”.

Respecto a la efectividad de este tipo de fármacos, Lira Plascencia explica que el índice de Pearl valora la falla de un método anticonceptivo de acuerdo con el número de embarazos por cada 100 mujeres usuarias:

Cuando las mujeres toman a la perfección la píldora combinada, la falla anticonceptiva es del 0.03%, con la ventaja de que se trata de un método reversible; en comparación, el método quirúrgico y definitivo llamado salpingoclasia o ligadura de las trompas de Falopio presenta una falla de 0.05%”.

La época de oro

Josefina Lira Plascencia reconoce que la anticoncepción oral hubiera sido imposible sin las aportaciones de México —y concretamente sin el trabajo de Luis Miramontes—: “Quizá Pincus y Rock jamás hubieran hallado la fórmula combinada”.

Según un artículo de Lara Marks, del Centre for the History of Science, Technology and Medicine (Reino Unido), para 1966 más de 100 millones de mujeres en el mundo consumían la píldora cada año. Esto provocó una demanda de los principios activos que, a su vez, generó una gran derrama económica e inspiró nuevas investigaciones científicas. En el caso de México, todavía hoy se pueden escuchar en las aulas de la Facultad de Ciencias de la UNAM anécdotas sobre cómo la búsqueda de barbascos benefició a la botánica. Biólogos como Faustino Miranda, Mario Sousa Sánchez y un joven José Sarukhán obtuvieron recursos para internarse por primera vez, entre 1958 y 1967, en los densos bosques tropicales de nuestro país, oportunidad que aprovecharon describiendo la enorme biodiversidad vegetal.

Las ciencias químicas también se potenciaron en esos tiempos. Por ejemplo, tras la innovación de Luis Miramontes, la compañía Syntex apoyó decididamente la consolidación del Instituto de Química de la UNAM, el cual se convirtió en uno de los centros de investigación más importantes del país. Desde entonces, la investigación en México no ha vuelto a tener una época de oro similar.
 

Respecto a la efectividad de los distintos tipos de anticonceptivos orales, Lira Plascencia explica que el índice de Pearl valora la falla de un método anticonceptivo de acuerdo con el número de embarazos por cada 100 mujeres usuarias

Foto: Especial

Innovación social

“Una pequeña pastilla puede tener el mismo efecto que la bomba atómica”, dijo la revista Newsweek en 1999 después de haber encuestado a 80 científicos para determinar los 10 inventos más importantes de los últimos dos mil años. El mismo año, el periódico The Economist colocó a la píldora anticonceptiva como la aportación científica más destacada del siglo XX.

No solo es el medicamento más consumido en el mundo, sino también el único que ha sido diseñado para administrarse por largos periodos en personas sanas. Hablar sobre los distintos episodios de su desarrollo es hablar de la historia de la ciencia y la tecnología, pues coincide con la carrera espacial y con la expansión de otros inventos (por ejemplo, la aspirina o la televisión), y como innovación va mucho más allá del ámbito técnico.

Quizá lo más relevante de la píldora anticonceptiva fue que dio origen a fenómenos de innovación social, es decir, permitió nuevas formas de organizarse y comportarse de forma colectiva. Algunos expertos señalan que catalizó la revolución sexual y que integró a más mujeres al mundo laboral. En México fue parte de una política demográfica de varias décadas, donde la natalidad se redujo un 70%, la tasa de crecimiento poblacional disminuyó hasta rondar el 1%, y el promedio de hijos por mujer descendió a 2.21. Doña María Bahena fue testigo de estos resultados:

Las mujeres del pueblo no dejaban de venir por sus pastillas; a veces, hasta sus esposos eran los que venían. Después, me di cuenta que estaban teniendo menos hijos; yo cada vez atendía menos partos, hasta que un día dejé el oficio. Pero está bien, porque ayudé a que más mujeres planearan su familia.

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