Cosmos

Hermes, el mensajero de la ciencia en el espacio

Ana Cristina Olvera 01 / May / 19
El ingeniero mexicano, Pedro Curiel, detalla su participación en el proyecto Hermes, una plataforma multiusos en la microgravedad que hará más accesible la ciencia de asteroides en el espacio para uso científico y con gran interés para la industria de la minería espacial

“Para la mitología griega, Hermes representa al mensajero entre mortales y dioses, pero en la ciencia espacial del siglo XXI, Hermes será un mensajero de ciencia a 400 km por encima de la superficie de la Tierra”, de esta manera describe el ingeniero mexicano, Pedro Curiel, el proyecto en el que ha trabajado como líder de Ingeniería en sistemas desde hace un año y que, tentativamente, este próximo viernes se encaminará a hacia la Estación Espacial Internacional (EEI) a bordo de la misión 17 de reabastecimiento de Space X, desde el complejo de lanzamiento del Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, Florida. 

Una vez instalado en el laboratorio en órbita el dispositivo será un perfecto receptáculo de experimentos convenientemente adaptados en formato de “cassette”, un cartucho que puede intercambiarse para dar lugar a que muchos científicos e instituciones alrededor del mundo tengan acceso a la ciencia en el espacio de manera sencilla. Las características descritas aunadas a su capacidad de conectarse directamente a la red de comunicaciones de la estación para estar en contacto de manera inmediata con sus operadores lo convierten en un verdadero portador de mensajes científicos entre nuestro mundo y el espacio.

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Hermes es reconocido en la mitología griega como el heraldo de los dioses | Foto: Especial

Observar la formación de asteroides

El primer experimento, o “Cassette-1”, que viaja con el mensajero de la ciencia en el espacio estudiará la formación de cuerpos celestes, como los asteroides, y su comportamiento. En cuatro contenedores tubulares de policarbonato, se colocaron fragmentos de diferentes materiales que simulan regolito, un sedimento presente en los cuerpos celestes carentes de atmósfera. “En cero gravedad, las rocas se empiezan a mover y a tener interacciones entre sí que no tendrían normalmente mientras son afectadas por la gravedad de la Tierra, por lo que se generan formaciones. Los elementos que componen estas cápsulas son de vidrio y tienen diferentes formas intencionales para observar su comportamiento”, detalla el originario de Ciudad Juárez, desde su mesa de trabajo, en el laboratorio en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, Texas. 

Este experimento sólo necesitará la participación de los astronautas para su instalación y ensamblaje. Pero una vez en su correcto espacio en el módulo estadounidense de la estación, está diseñado para ser operado desde Tierra por los ingenieros y los científicos que participan en la misión:

Vamos a prender el dispositivo en el mes de julio y estaremos descargando la información que entreguen los sensores y las imágenes semanalmente para que se puedan empezar a analizar los datos que nos ayudarán a avanzar en la ciencia de asteroides.”

El antecesor de este proyecto es Strata-1, con el cual se documentó por primera vez el movimiento y comportamiento de material simulador de regolito, los cambios en la estratigrafía, o disposición de los fragmentos, y la migración de partículas. Información reunida con detalle y que está siendo analizada para entender cómo diseñar misiones que tengan que interactuar con estas condiciones presentes en algunos cuerpos en nuestro Sistema Solar.

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Experimento de Strata-1 | Foto: NASA

¿Por qué es tan importante el regolito?

El regolito es el sedimento en forma de polvo y piedras que está presente en los cuerpos celestes que carecen de una atmósfera capaz de generar corrientes de aire, como cometas, lunas o asteroides, y se genera por ser pedazos restantes de impactos. Aunque aparentemente hablamos de montón de fragmentos sin rastro alguno de materia viva, su estudio ha cobrado más relevancia que nunca en la exploración espacial en nuestra era, pues conocer su interacción con las naves espaciales y cómo anclarlas en la movediza superficie será importante para las misiones de exploración que se planean, según afirma la investigadora principal de Hermes, la Dra. Kristen John, de la división de Investigación en Astromateriales  y Ciencia de Exploración del Centro Espacial Johnson.

Justo en estos momentos, dos misiones de agencias espaciales comprueban la necesidad y el valor de estas investigaciones. La misión OSIRIS-REx de NASA fue lanzada el 8 de septiembre de 2016 y alcanzó una distancia de acercamiento de tan sólo 12 km con el asteroide Bennu el 3 de diciembre del 2018, después de un viaje de más de 113 millones de kilómetros. Uno de sus más relevantes descubrimientos fue encontrar —gracias a dos de sus espectrómetrosrastros de hidroxilos, un indicador de que las arcillas que ahora componen este asteroide estuvieron en contacto con agua mientras formaban parte de otro cuerpo más grande anteriormente. Esta misión tiene programado tomar muestras de Bennu en julio del 2020 y traerles de vuelta a la Tierra para su análisis en septiembre de 2023.

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El regolito se encuentra en cuerpos celestes que carecen de atmósfera capaz de generar aire, tales cómo cometas lunas o asteroides | Foto: Especial

Mientras tanto, la misión japonesa Hayabusa-2, se encuentra en este momento cara a cara con Ryugu, un cuerpo de 435 metros de radio a 300 millones de kilómetros de distancia de la Tierra, cubierto del enigmático regolito. La sonda liberó al robot explorador MASCOT sobre su superficie para probar la reacción de la materia, y el 21 de febrero pasado aterrizó por instantes en el objeto para recolectar muestras de las piedras de su superficie. El 15 de abril utilizó material explosivo contra él para exponer un poco de sus entrañas y observar el tamaño del cráter formado. La misión tiene programada emprender su camino de regreso a nuestro planeta con las muestras a finales de este año para arribar en 2020.

Minería espacial

La industria también tiene un especial interés en desvelar los enigmas del regolito, y conocer mejor cómo manipularlo. La ley estadounidense conocida como “Space Law” aprobada en 2015, otorga el derecho a las empresas norteamericanas para comerciar dentro del país con los recursos minerales que logren explotar en el espacio. Aunque el Tratado Internacional del Espacio Ultraterrestre, firmado por 103 países a partir de 1967, impide que ningún firmante se apropie de elementos del espacio exterior, el muy limitado acceso que existe a lo que hay más allá de los confines de la Tierra, hace que sea prácticamente imposible que alguien o algo detenga a quienes logren desarrollar la tecnología para realizar minería espacial. Por lo menos dos empresas de ese país, Planetary Resources y Deep Space Industries, han anunciado sus planes de aprovechar esta ventaja competitiva desde hace más de 6 años, aunque aún sin ningún éxito concreto.

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Aunque existe un acuerdo para no apropiarse de los recursos del espacio exterior, es practicamente imposible evitar que alguien pueda explotarlos por medio de la minería espacial | Foto: Especial

Accesibilidad a la Estación Espacial Internacional

El rol que Pedro desempeña en Hermes es el de integrador de todos los sistemas del dispositivo, el eléctrico, mecánico y de software. Por lo tanto, coordina el buen funcionamiento e integración del proyecto con todas las partes involucradas, las cuales incluyen a la Estación Espacial Internacional, los líderes científicos y un equipo compuesto por el Centro Espacial Johnson, la Universidad Central de Florida e investigadores y estudiantes afiliados con la universidad Texas A&M a través de un convenio con en el Texas Space, Technology, Applications and Research. En este sentido, asegura que “la tendencia es hacer que la Estación Espacial Internacional sea cada vez más accesible a las personas que quieran hacer investigaciones. Por eso están apoyando este tipo de proyectos que hacen cada vez más fácil el acceso a universidades o instituciones privadas para que usen los recursos del espacio.”

Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con larga trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es conductora de INTERFAZ, y co-conductora del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Colabora en Radio UNAM y NASA en español, entre otros medios nacionales e internacionales. Creadora del proyecto 4ta Revolución.