Cosmos

Historia de un fracaso: Fedor el “robonauta” ruso bueno para nada

Federico Kukso 17 / Sep / 19
Lo anunciaron con júbilo, pero el androide resultó ser completamente inútil en la Estación Espacial Internacional. Hoy, el protagonista de esta aventura fallida se encuentra en un cofre “aguardando instrucciones”

Es el año 2029. Los androides conviven con los humanos. En Rusia, se venden como electrodomésticos: algunos caminan por las calles, otros son explotados como compañeros sexuales. Si bien aun despiertan desconfianza en algunas personas, estas nuevas encarnaciones de la tecnología trabajan como choferes y guardias de seguridad, y son vendidos en su mayoría por una corporación llamada Cronos, similar a lo que hoy es Apple. Así comienza la serie Mejores que nosotros en Netflix: una hoja de ruta sobre nuestro posible futuro.

Eclipsada por Occidente, desde mediados del siglo XIX, Rusia tiene una rica tradición en la literatura de ciencia ficción. Allí la “fantasía científica” -como le dicen- floreció de una manera reconocible y totalmente propia: autores como Alexander Belayev -el "Julio Verne ruso"- a Alexander Bogdanov -autor de Estrella Roja (1908), sobre un joven socialista bolchevique que viaja a Marte-, Aleksey Tolstoy -Aelita (1923)-, Yevgeny Zamyatin -autor de la distópica We (1921), que tanto influyó en George Orwell y Aldous Huxley- moldearon la imaginación de toda una generación y propulsaron el programa espacial soviético.

Sin embargo, las historias de ciencia ficción rusa y sus diferentes visiones del futuro no habían logrado desembarcar en la pantalla chica, un mercado tan secuestrado por el inglés y dominado por perspectiva occidental. Hasta ahora.

La rebelión de las máquinas

Con la producción Mejores que nosotros, lo hacen de la mejor manera. En 16 episodios, la serie explota un miedo tan antiguo como presente, tan local como global: el de la rebelión de las máquinas.

Tú eres mi creador, pero yo soy tu amo", le dice el monstruo al doctor Victor Frankenstein al final de la obra de 1818 de Mary Shelley. A más de 200 años de la publicación de la considerada novela de ciencia ficción, sus ecos aún nos alcanzan. El mito nos sirve para pensar la distinción entre lo natural y lo artificial, la responsabilidad científica, la idea de la ciencia fuera de control. No extraña que se conozca como "síndrome de Frankenstein" al temor de que los humanos sean controlados de alguna manera por sus creaciones.

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Fedor se convirtió en el primer robot ruso en viajar al espacio y ver la Tierra desde afuera | Foto: Cortesía

Las actitudes hacia los robots humanoides están mediadas por la cultura. Pero en Rusia la preocupación está también latente. La serie Mejores que nosotros lo registra, en especial en una época en la que la robótica rusa está dando grandes pasos.

Su máximo embajador es el robot antropomórfico SKYBOT F-850, más conocido como “Fedor”, acrónimo de Final Experimental Demonstration Object Research.

Como una celebridad, desde hace tres años viene atrayendo todas las miradas. Pero fue hace unos días que dio su gran salto a la gloria. Al igual que la perra Laika, Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, Fedor se graduó de pionero: en su caso, se convirtió en el primer robot ruso en viajar al espacio y ver la Tierra desde afuera.

De soldado a explorador espacial

Rusia viene desarrollando robots antropomórficos desde 2014 de la mano de la Fundación Rusa para Proyectos de Investigación Avanzada y la Asociación de Investigación y Producción Androidnaya Tekhnika.

Como ocurrió en su momento con países como Japón, Estados Unidos y Alemania, los ingenieros rusos al fin comprendieron la importancia del show, del marketing, el imperio de la imagen: los androides son visualmente atractivos. Nadie los compra para tener uno en casa pero despiertan nuestro interés, así como en cierto punto incomodan, alientan nuestras pesadillas. Nos fascinan y al mismo tiempo nos preocupan.

Quizás porque el miedo al reemplazo fue tan explotado por la ciencia ficción -en Terminator, los replicantes de Blade runner, los Cylons de Battlestar Galactica, Westworld, Ex-Machina- y tan inyectado en nuestro imaginario colectivo que estos seres artificiales no pasan desapercibidos.

La agencia espacial rusa Roscosmos lo sabe. Y no dudó en adoptarlo como la cara de su futuro: el adalid de la exploración científica del espacio.
 

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El robot antropomórfico SKYBOT F-850, más conocido como “Fedor”, acrónimo de Final Experimental Demonstration Object Research | Foto: Roscosmos
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Es controlado a la distancia por un operador con un exoesqueleto y unos visores de realidad virtual | Foto: Roscosmos

¿Rambo metálico?

Fedor en verdad no nació pensado para el espacio. Más bien, fue concebido por el Ministerio de Situaciones de Emergencia de Rusia como trabajador de rescate para sacar a las víctimas atrapadas bajo los escombros.

Presentado oficialmente en octubre de 2016, en sus primeros videos se lo vio como un Rambo metálico: caminaba, superaba obstáculos, hacía flexiones con los puños, conducía un automóvil, se arrastraba por el suelo, levantaba pesas, manejaba una agujereadora y disparaba dos pistolas automáticas a objetivos en un campo de tiro.

Este ser artificial que costó unos 300 millones de rublos (aproximadamente 4,2 millones de euros), según los medios locales, no tardó así en despertar la polémica.

No estamos creando un Terminator”, tuvo que aclarar el por entonces viceprimer ministro Dmitry Rogozin. “Sino inteligencia artificial que será de gran importancia práctica en varios campos”.

Ha Fedor se le vio en sus primeros videos como un Rambo metálico: caminaba, superaba obstáculos, hacía flexiones con los puños, conducía un automóvil, se arrastraba por el suelo, levantaba pesas, manejaba una agujereadora y disparaba dos pistolas automáticas a objetivos en un campo de tiro | Foto: 
Foto: Roscosmos

Desde entonces, Fedor experimentó una rápida reconversión: de soldado a explorador del espacio. Parecido a Robocop, funciona como las criaturas azules de la película Avatar: controlado a la distancia por un operador con un exoesqueleto y unos visores de realidad virtual.

Aunque en verdad es multifuncional: puede responder preguntas y mantener conversaciones, e incluso contar chistes, aunque solo en ruso por ahora.

Desde un primer momento, entusiasmó a los ingenieros y directivos espaciales. Además de soñar con caminatas espaciales controladas desde la Tierra, el flamante director general de Roscosmos anunció que Fedor podría ser enviado en un sobrevuelo de la Luna a bordo de una nueva generación de naves espaciales rusas llamadas Federatsia antes de misiones lunares tripuladas por los cosmonautas. “Es probable que haya una etapa preliminar que involucre a un robot humanoide”, aseguró Dmitry Rogozin. “Los humanos serán enviados cuando comprendamos todos los riesgos y sepamos cómo neutralizarlos. En el futuro, planeamos que esta máquina también nos ayudará a conquistar el espacio profundo”.

Para las cámaras

El 23 de julio Fedor llegó al cosmódromo de Baikonur, donde se sometió a una serie de controles y pruebas. Allí publicó su primer tuit:

Hola mundo, soy Skybot F-850. Pero pueden llamarme Fedor: Ahora me estoy familiarizando con los controles de la nave espacial Soyuz MS-14, en la que planeo volar a la Estación Espacial Internacional (EEI) el 22 de agosto próximo".

Y así lo hizo. Sentado en la silla del comandante de la cápsula y sosteniendo una pequeña bandera rusa, emuló las palabras del primer hombre en el espacio, Yuri Gagarin, y gritó: "Vámonos. Vámonos".

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Parche que simboliza la misión de Fedor | Foto: Roscosmos

Tras varios intentos fallidos de acople, cinco días después de despegar desde Kazajstán, Fedor ingresó a la EEI a las 06.08 (hora de Moscú) del 27 de agosto. Luego de dar discursos para las cámaras, posó sosteniendo una bandera rusa y se abrazó con los cosmonautas en la sección rusa de la estación.

Un nuevo tipo de tripulante había llegado.

Robots por dentro y por fuera

Fedor es un pionero pero no es el primer "robonauta" o astronauta-robot. Transportado en la última misión del transbordador espacial Discovery, el Robonaut-2 de la NASA y General Motors fue el primer humanoide avanzado en viajar al espacio en febrero de 2011. Sin piernas, trabajó codo a codo con los astronautas hasta que en 2014 comenzó a presentar problemas con su sistema de alimentación eléctrica. Y regresó para reparaciones en 2018.

En 2013, Japón envió un pequeño robot diseñado por Toyota llamado Kirobo y en julio del año pasado la compañía Airbus colaboró en la construcción del asistente para astronautas CIMON, un robot social esférico diseñado para reconocer caras, tomar fotografías y videos.

Los robots más avanzados en la EEI llegaron a principios de este año: son dos robots flotantes conocidos como Astrobee. Tienen forma de cubo y ayudan a documentar los experimentos realizados por astronautas con sus cámaras.

Si bien la generación actual de robots fueron diseñados para funcionar solo dentro de la estación espacial, el deseo es que funcionen en un futuro por fuera. "Podrían ayudar a reparar una fuga externa sin la necesidad de ser supervisados por los astronautas", dice Maria Bualat, gerente del proyecto Astrobee.

Transportado en la última misión del transbordador espacial Discovery, el Robonaut-2 de la NASA y General Motors fue el primer humanoide avanzado en viajar al espacio en febrero de 2011. Sin piernas, trabajó codo a codo con los astronautas hasta que en 2014 comenzó a presentar problemas con su sistema de alimentación eléctrica
Foto: NASA

Problemas en el espacio

La multiplicación de los robonautas tiene cierta lógica. Como explica Yevgeny Dudorov, director ejecutivo de desarrolladores de robots Androidnaya Tekhnika, esta tecnología podría ser de mucha ayuda en ambientes donde los seres humanos tienen capacidades limitadas: en el espacio sin aire, en zonas con altos niveles de radiación. "Los robots antropomórficos podrían ayudarnos a explorar la Luna, Marte y a manipular cargas desde fuera de la estación espacial. Cada caminata espacial es potencialmente peligrosa para los seres humanos. Hasta el 90 por ciento de las operaciones que realiza un astronauta durante estas operaciones se puede realizar utilizando robots teledirigidos".

El debut espacial de Fedor lucía prometedor. Pero a las pocas horas, tanto en órbita como en la Tierra los rusos comenzaron a advertir los problemas. El diseño de Fedor, el explorador del futuro, no era adecuado para el espacio.

Con una altura de 1,80 m y 160 kilos, sus largas piernas sobraban, molestaban: no eran necesarias para las caminatas espaciales. Y no solo eso: sus manos tampoco estaban programadas para asirse de los pasamanos de la estación para desplazarse en microgravedad.

Quien más lo sufrió fue Aleksey Ovchinin. Este cosmonauta de 48 años fue asignado para trabajar con el robot en el reducido espacio de la EEI. Cada vez que debía comenzar un entrenamiento algo sucedía. En una ocasión, se quejó ante el control de la misión de que se necesitaron más de una docena de intentos para encender el robot. "Tal vez debería golpearlo con un martillo", sugirió. Fedor era demasiado grande y torpe para resultar verdaderamente útil allí arriba.

Desde entonces, su destino quedó sellado. La aventura espacial de Fedor había acabado.
 

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Trabajadores, extraen a Fedor de una cápsula | Foto: Cortesía
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Depositaron a Fedor en un ataud de donde no saldrá | Foto: Cortesía

No tiene nada más que hacer allí", sentenció con cierto disgusto Dudorov. "Ha completado su misión. No puede cumplir con su tarea asignada de reemplazar a los astronautas humanos en caminatas espaciales largas y arriesgadas".

Y se ordenó que regresara a la Tierra. Una vez que aterrizó en las estepas de Kazajstán fue enviado directamente a la planta de la empresa Androidnaya Tekhnika a las afueras de Moscú. Allí los trabajadores, entre la tristeza y la desazón, lo extrajeron con grúas de la cápsula y lo depositaron en una especie de ataúd, donde lo pusieron a dormir. "Me alegra reunirme con especialistas de nuestra legendaria compañía espacial", fueron sus últimas palabras en Twitter el 10 de septiembre. "Ahora estoy en el cofre. Aguardo instrucciones".

Nadie piensa despertarlo, al menos que sea para exhibirlo en un museo.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.