Sociedad

Hombre y naturaleza: el divorcio imaginario

Citlali Aguilera 07 / Jul / 19
La ciencia y la tecnología se presentan como las grandes herramientas para encarar el problema de la conservación de la naturaleza, pero ¿qué papel juegan los saberes ancestrales?

Antes de que las aportaciones filosóficas de Descartes nos partieran en dos la existencia con la división entre “hombre y naturaleza”, y mucho antes de que la era industrial se desarrollara, sucedió otra historia: hace más de dos millones de años surgieron los homínidos de los que desciende el Homo sapiens, especie que pobló los territorios naturales del planeta como selvas, costas, bosques, y desiertos.
 
Como cualquier otra especie en busca de la supervivencia, los humanos nos adaptamos y convivimos con la diversidad biológica presente en los ecosistemas para proveernos de comida, vestimenta y vivienda, y partimos de ellos para conformar nuestra cosmovisión. 
 
En México la cultura y la naturaleza están amalgamadas a perpetuidad. La serpiente, el nopal y el águila real se ondean en la bandera. Somos, según esa antigua visión del mundo, “el ombligo de la luna” (en la que, por cierto, vemos la forma de un conejo). Pareciera que más que haber domesticado al maíz, el maíz nos domesticó a nosotros: lo comemos, bebemos, sembramos y celebramos; las abejas meliponas se consideran parte de la familia en el sureste mexicano; los danzantes yaquis usan capullos de mariposas como instrumentos llamados tenábaris; un sinfín de plantas son comida y medicina a la vez, y existen lenguas madre que tienen palabras que emulan los cantos de pájaros y otros animales.

hominido.jpg
El Homo sapiens pobló los territorios naturales del planeta como selvas, costas, bosques, y desiertos | Foto: Especial

Guardianes esenciales

La diversidad biológica no se puede conservar sin la diversidad cultural. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice que los pueblos originarios constituyen sólo el 5% de la población mundial, sin embargo, los reconoce como guardianes esenciales del medio ambiente ya que, si bien, los territorios indígenas tradicionales representan el 22% de la superficie terrestre del mundo, son el albergue del 80% de la biodiversidad mundial. Un estudio publicado en Nature sustainability estimó que más del 65% del territorio que los pueblos originarios habitan son los que mejor grado de conservación tiene el planeta.

Así mismo, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) publicó un informe sobre la conservación biológica y su relación con pueblos originarios. En él se señala que el conocimiento ecológico acumulado por los pueblos indígenas está contenido en sus lenguas. Lamentablemente estos idiomas están expuestos a mucha presión cultural lo que podría derivar en su desaparición y en la extinción de estos conocimientos que se transmiten verbalmente de generación en generación.

Como cualquier otra especie en busca de la supervivencia, los humanos nos adaptamos y convivimos con la diversidad biológica presente en los ecosistemas para proveernos de comida, vestimenta y vivienda, y partimos de ellos para conformar nuestra cosmovisión
Foto: Especial

Pienso en los más de sesenta pueblos originarios que habitan en nuestro país, como los mazahuas, otomíes, purépechas, nahuas, triquis, zapotecos o mayas; en sus paisajes, en las más de 360 variaciones de las lenguas madres para nombrar el agua o el jaguar, las semillas, la vida... e intento imaginar cómo es que ellos miran y tocan al planeta.
 
Mientras que nosotros preferimos el divorcio con la naturaleza y decidimos cambiarnos a una gran casa artificial con rascacielos de adorno, suelo de asfalto, platos de unicel y borrar la noche estrellada con electricidad; ellos le cantan a la lluvia, piden permiso a sus deidades antes de cortar un árbol, recitan poemas a la tierra para que haya buena cosecha y escuchan los ciclos biológicos de la madre tierra.

Ser, conocer y estar
 
Nada es blanco y negro. Ambos mundos coexistimos y padecemos las consecuencias del cambio climático y la inminente crisis ambiental global. ¿De qué manera los avances científicos y tecnológicos pueden dialogar con la sabiduría y las prácticas de los pueblos originarios para encarar estratégica y armoniosamente el problema planetario?
  
El ambientalista mexicano, Enrique Leff, dice que la crisis ambiental es una crisis civilizatoria y hace un llamado a cuestionarnos sobre "el ser, conocer y estar" en el mundo ya que la popular dicotomía "hombre-naturaleza" se ha traducido en el dominio del "hombre" —que dicho sea de paso, invisibiliza a las mujeres— sobre de ella, y esta separación a la larga a traído como consecuencia una pérdida de sentido de existencia en nosotros y de sobreexplotación de la naturaleza, lo que se expresa en el modelo económico, político, tecnológico y cultural contemporáneo.

conta.jpg
¿De qué manera los avances científicos y tecnológicos pueden dialogar con la sabiduría y las prácticas de los pueblos originarios para encarar estratégica y armoniosamente el problema planetario? | Foto: Especial

Quizá el cambio no deba ser dirigido a priori a la acción sino al pensamiento, a la forma en la que nos aproximamos, vivimos y sentimos en el mundo, para así poder alcanzar un nuevo paradigma que rasgue esa falsa ilusión de que los seres humanos somos ajenos y superiores a la naturaleza. 

Una nueva visión que nos lleve a comprender y sentipensar que nosotros también somos ella.

Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.