Sociedad

Homo luzonensis: conoce la nueva especie de humano

Carmina de la Luz Ramírez 13 / Apr / 19
El hallazgo de la nueva especie en Filipinas ha llevado a los arqueólogos a replantearse el concepto y la historia de la humanidad, y extiende aún más nuestro árbol familiar

Imagina que tú, tu familia y todos los de tu especie eventualmente llegan a una isla y quedan desconectados del resto del mundo. Pasan años, decenas de miles de años; en ocasiones, los tuyos se enfrentan a límites de espacio e incluso a escasez de comida; y la selección natural los orilla a adaptarse o morir, con lo que resulta una nueva especie. A lo largo de generaciones, los sobrevivientes de tu estirpe serán muy distintos a los primeros isleños; probablemente medirán metro y medio (máximo), estatura que los volvió más aptos a su hábitat inclemente.

Lo anterior se conoce como enanismo insular, y es una de las manifestaciones de la evolución biológica, fenómeno inherente a todos los seres vivos. Es también la posible historia de Homo luzonensis, el recientemente anunciado nuevo pariente del ser humano.

Érase una vez en Filipinas

Anunciarle al mundo un hallazgo como el de Homo luzonensis requiere de varias personas y años de trabajo. En este caso, la labor comenzó con el arqueólogo filipino Armand Salvador Mijares, quien en 2007 encontró fósiles muy distintos a todo lo que había visto.

Mijares ha sido denominado “el hombre que excavó más profundo”; él decidió buscar en Callao, una enorme cueva de la provincia de Cagayan (isla de Luzón, Filipinas) que en el pasado podría haber sido el dulce hogar de alguna especie emparentada con el ser humano.

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Callao Cave Archaeology Project | Foto: AP

13 pequeños fósiles

Las suposiciones de Salvador Mijares se hicieron realidad el día que desenterró restos con una antigüedad de 67 mil años. Otro miembro del equipo, el doctor Philip Piper −experto en zooarqueología y paleoecología de la Universidad Nacional Australiana− lo ayudó a descartar aquellos fósiles que pertenecían a otro tipo de animales.

Al final, los investigadores se quedaron con un solo hueso que les recordaba a los del pie humano: “era pequeño y había algo raro en él”, dijo Mijares al respecto.

Más tarde, el ahora profesor de la University of Philippines Diliman y sus colaboradores, encontraron nuevas evidencias: en 2011 desenterraron en Callao dientes, un fragmento de fémur y huesos de mano, también muy parecidos a los nuestros; mientras que en 2015 hallaron otros dos rastros dentales, esta vez con una antigüedad de 50 mil años. De esta manera, el equipo de científicos −al que se unió Florent Détroit, investigador del Musée de l’Homme en París− terminó trabajando con apenas 13 pequeños fósiles.

Lo más impresionante de estos hallazgos no son los restos en sí, sino las conclusiones a las que dieron pie. Détroit, Mijares y Piper son parte de los autores que el pasado 10 de abril publicaron un estudio que apuesta por una nueva especie de Homo, el mismo género al que pertenecemos los humanos modernos u Homo sapiens. Aunque no todos los días nos enteramos de este tipo de sucesos, tampoco es la primera vez que surge una noticia por el estilo.

Navegantes antiguos

Ya en 2004, se había anunciado el encuentro con Homo floresiensis, cuyos descubridores lo llamaron cariñosamente “El Hobbit”, debido a su pequeñez. Esta especie vivió en la isla Flores (Indonesia) −ubicada a unos 3000 kilómetros al sur de Luzón− hasta hace aproximadamente 50 mil años, lo cual significa que coexistió temporalmente con Homo luzonensis. Eso no es todo; tal como sugiere el Instituto Smithsoniano, en diversos puntos de la Tierra, otras especies de Homo luchaban por la supervivencia durante la misma época: neandertales, en Europa; denisovanos, en Siberia; quizá los últimos ejemplares de Homo erectus, en Asia; y nuestra propia especie −Homo sapiens−, que comenzaba a salir de su natal África.

Para Chris Stringer, el hallazgo de Homo luzonensis no es de extrañar; al contrario, desde el descubrimiento del hombre de Flores, el profesor del Museo de Historia Natural de Londres −quien no participó en ninguna de las dos publicaciones− sugirió que algo similar podría repetirse en otras islas de la región.

Ambas especies (luzonensis y floresiensis), enfrentaron las presiones que implica vivir en un sitio reducido; sin embargo, esto tampoco es lo más intrigante sobre ellos. El enanismo insular es relativamente común entre los animales, inclusive en nuestros tiempos; por ejemplo, el zorro isleño −Urocyon littoralis, considerada la especie de zorro más pequeña de Norteamérica− está adaptado a su hábitat, las Islas Santa Bárbara (frente a las costas de California).

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H. luzonensis existió al mismo tiempo que sapiens, neandertales, denisovanos y el hombre de Flores | Mapa: Nature

¿Cómo llegaron allí?

El verdadero misterio que representa Homo luzonensis es la forma en que llegó a la isla de Luzón. Alejandro Terrazas, paleoantropólogo mexicano, dijo a Tangible que la única explicación es que lo haya hecho navegando.

Dicha hipótesis se sustenta en la historia geológica del lugar y en la historia de los Homo; este género surgió en África, hace unos dos millones de años, y para ese entonces el océano ya rodeaba a Luzón. “No fue como en el caso del estrecho de Bering −explica el doctor Terrazas para referirse a los sapiens que llegaron a América durante la más reciente era de hielo−, que cuando se congeló nos permitió pasar caminando; por eso el hallazgo [de Homo luzonensis] revela que ya desde hace mucho tiempo otras especies eran capaces de viajar por mar (…) y esto se los permitió su inteligencia y tecnología”.  

¿Ancestros o parientes?

De acuerdo con la investigación publicada hace algunos días en la revista Nature, Homo luzonensis probablemente no llegaba a medir más de 90 centímetros de altura, y su apariencia pudo haber sido una mezcla de características modernas y ancestrales. Al respecto, Alejandro Terrazas −quien no participó en el descubrimiento, pero conoce de cerca a los autores y su trabajo− recuerda un diálogo que ha tenido con diversos medios:

−Entonces, ¿Homo luzonensis podría ser el ancestro de los “negrito”? −le han preguntado.

−No. −Responde tajantemente el académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. −Los “negrito” son varios grupos étnicos distribuidos actualmente en Malasia, las islas Andamán e incluso Filipinas; no suelen medir más de metro y medio, sin embargo, pertenecen a la misma especie que nosotros, Homo sapiens. Si tú hablas con uno de ellos, te darás cuenta que son iguales a ti; su idioma es diferente, pero su capacidad de lenguaje y manera de pensar es la misma. Lo que sucede es que son un ejemplo contemporáneo de enanismo insular−.

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Los dientes del 'Homo luzonensis' se parecen a los de nuestra propia especie, pero los huesos de sus pies y manos recuerdan a los de los primitivos australopitecos | Foto: Callao Cave Archaeology Project

¿Cercanos a Lucy?

Según este experto del Laboratorio de Prehistoria y Evolución Humana, los sapiens surgimos en África, hace 300 mil años, y los fósiles de nuestra especie indican que comenzamos a desplazarnos hacia otros territorios apenas hace 70 mil años. En todo caso, los “negrito” son descendientes de los primeros Homo sapiens que llegaron a las Filipinas, aproximadamente hace 10 mil años. “Si tienes restos tan diferentes como los de Luzón, con una antigüedad de 67 mil años, entonces no puede tratarse de ancestros de Homo sapiens; lo más probable es que esos fósiles le pertenezcan a otra especie”.

Quienes hallaron a Homo luzonensis se percataron de que tenía dientes muy parecidos a los nuestros, pero demasiado pequeños. En cambio, las manos y los pies recuerdan más a especies tan antiguas como Lucy −Australopithecus que pobló África hace entre 4 y 2 millones de años−. Este es otro de los grandes enigmas sobre luzonensis: “Los antropólogos asumíamos que organismos como los australopitecos jamás habían salido de África”, señala el doctor Terrazas.

Trabajo impecable

Alejandro Terrazas aprovechó la conversación con Tangible para reconocer la calidad de la investigación: “Los autores son gente de primerísimo nivel, jóvenes que hicieron un trabajo espectacular; los resultados fueron sorprendentes, totalmente inesperados”.

Terrazas continúa describiendo cómo durante el Congreso de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (UISPP, por sus siglas en francés), realizada en junio de 2018 en París, ya corrían rumores entre los colegas. “A los autores les decíamos que estaban ocultando algo −cuenta en tono de broma el investigador−, pero ellos supieron guardar muy bien sus resultados, hasta que estuvieran realmente listos”.

–Hablando de las cualidades del trabajo −interrumpo a Terrazas −¿Cómo se dieron cuenta los investigadores que los trece fósiles pertenecieron, al menos, a tres individuos distintos de Homo luzonensis: dos adultos y un niño?

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Foto de los dientes encontrados | Foto: AP

−Bueno −me dice el Doctor en Antropología, y sonríe ante la pregunta −el número de individuos se infiere por eliminación. Por ejemplo, primero observaron todos los dientes; como un solo individuo no puede tener dos primeros molares derechos, entonces eso indica que, al menos, pertenen a dos individuos diferentes; y por el desgaste de esos dientes debían ser de adultos. Sin embargo, el fémur tenía características de un juvenil, que corresponde al tercer individuo.

−¿Y por qué suponen que la especie no sobrepasaba los 90 centímetros?

−Es ahí, precisamente, donde se observa el trabajo científico bien hecho. Los investigadores midieron el ancho y el largo de los huesos; analizaron su forma, y los compararon con miles de fósiles de todo el mundo, para saber si cabían o no dentro de la variabilidad de otras especies, incluyendo la nuestra. Esto requiere de mucha paciencia, es un trabajo que lo tienen que hacer personas, que hasta el momento no se lo podemos dejar a las máquinas, por ejemplo.

Finalmente, el estudio fue muy bien recibido por la comunidad de antropólogos y arqueólogos de todo el mundo:

Teníamos muchas expectativas; yo no me he escrito con ningún colega que descalifique la investigación; es un trabajo que abre nuevas preguntas”.

Autor: Carmina de la Luz Ramírez