Geo

Hongos, los protectores invisibles del Ajusco

Otoniel Pavón 03 / Sep / 19
No son los que ves en la comida olvidada en el refrigerador, los que emergen de la fruta en proceso de descomposición. Tampoco los que acompañan quesadillas y guisos: champiñones, huitlacoche o setas. Hay otros hongos tan maravillosos y coloridos que parecen extraídos de un sueño. Su lugar está lejos de la cotidianidad, en los bosques

Hay que poner mucha atención en la tierra para identificarlos y entonces, poco a poco, comienza a surgir una cierta obsesión por encontrar sus formas maravillosas y sus fascinantes colores. Crecen durante las lluvias beneficiados por la humedad de los cuerpos de donde obtienen sus alimentos. Son esponjosos y emergen de la tierra, de los troncos, entre plantas… son los hongos de los bosques de agua que rodean la Ciudad de México.

Entre nubes

Para encontrarlos partimos de San Miguel y Santo Tomás Ajusco. Mientras la temperatura desciende hasta los cuatro grados, la camioneta apresura su marcha, la velocidad hace sentir más el frío. Algunos viajan dentro, los demás en la caja de carga. El lugar al que nos dirigimos rebasa los tres mil metros de altura.

Querer visualizar la ciudad resulta, además de imposible, inútil. La nubosidad es lo suficientemente densa para esconder los resquicios de la urbe. Oyamel y pino conforman la arboleda que nos envuelve mientras nos acercamos al destino: parte de los últimos pulmones de la CDMX.

Nos detenemos, un camino de tierra y lodo es lo que sigue. Una pala, bolsas, mochilas y un par de canastas son todos los instrumentos con los que contamos para la recolección.

Los abrigos y las chamarras se cierran. Las botas se ponen en marcha sobre el suelo aún fangoso por la lluvia de la madrugada. Lo primero que recogemos no son los seres del reino Fungi, sino desperdicios que dejan personas que visitan el bosque, miembros de la Ronda Comunal Ajusco son los que llevan a cabo la labor mientras revisamos entre plantas y hoyos.

oto-hongos-texto-ya.jpg
Miembros de la Ronda Comunitaria Ajusco, brigada sociocultural del Bosque de Santo Tomás Ajusco | Foto: Otoniel Pavón

Este es un mantequilla”, menciona uno de los miembros de la Brigada sociocultural, de tallo blanquizco y cuerpo amarillento, el Suillus s.p. es el primer hongo en ser recolectado.

Amigos del bosque

“Los hongos son organismos eucariontes y quimioheterótrofos. Lo que significa que no producen su propio alimento, lo que los diferencia de las plantas”, explica el biólogo José de Jesús Ruiz Ramos, “por ello han encontrado formas de vivir en simbiosis con otros organismos, con algas formando líquenes o con plantas formando micorrizas; se calcula que más del 90% de las plantas del mundo tienen relación con ellos”, menciona el experto en micología, recursos naturales y ecología.

Un Tejamanil (Infundibulicybe gibba)”, exclama Ruiz Ramos, antes de arrebatar un hongo comestible más del suelo. La relación que mantienen los hongos con las plantas es vital para el mantenimiento de los bosques, por medio de la relación el hongo recibe nutrientes de la planta, y a la inversa gana agua y sales minerales; además de brindar protección por las variaciones de las condiciones ambientales.

“Esto se realiza a través del micelio, la parte que casi nunca vemos, es el conjunto o masa de hifas (células) que constituyen el cuerpo del hongo y se conectan con las raíces, es lo que conocemos como micorrizas”, explica el experto que ha estudiado los hongos del Ajusco y la Cuenca de México durante seis años.

Al borde de una zanja relucen estructuras abultadas y de tonos naranja y amarillo, nadie las toca por tratarse de un espécimen tóxico: el Hypholoma fasciculare. Además de las plantas, pueden vivir gracias a parásitos, animales y otros hongos, “los que se aprovechan de residuos o desechos son saprobios, y si se encuentran en la madera son lignícolas, por ello forman parte importante en el reciclaje de nutrientes en los diferentes ecosistemas”.

coprinopsis-sp.-texto-ya.jpg
Hongo Coprinopsis sp. | Foto: Otoniel Pavón

Salimos de la arboleda, un camino de terracería conduce a picos más elevados en el Ajusco donde el boscaje se hace más denso. "Se piensa que si hay muchas hierbas o plantas el bosque tiene buena salud, pero muchas veces esto no es cierto. Campañas de reforestación no obtienen los resultados esperados por no considerar la relación de los árboles con los hongos del lugar”, comenta José de Jesús. Por ejemplo, Calocera (Aff. Macrospora) y Dacrymyces sp. conviven directamente con el tronco, y el hongo de repisa (Fomitopsis pinicola) degrada el árbol y devuelve los nutrientes al suelo.

No todos los bosques son iguales, y en el caso de los de montaña ─oyamel, pino, encino─ se tienen que considerar las características de cada uno para que los hongos ayuden; en caso de tener alguna enfermedad, terminarán por matarlo.
 

Campañas de reforestación no obtienen los resultados esperados por no considerar la relación de los árboles con los hongos del lugar”. En la imagen José de Jesús Ruiz sostiene un hongo de repisa (Fomitopsis pinicola), el cual degrada el árbol una vez muerto y devuelve los nutrientes al suelo
Foto: Otoniel Pavón

Macros y micros: oler, ver y comer hongos

El olor a preticor o tierra mojada no es lo único que los miembros de la Brigada sociocultural van percibiendo. Mientras más se sumergen los dedos en las entrañas, más hongos se recogen. Surge un enchilado (Lactarius spp.), Antonio Chávez, quien toda su vida ha recolectado hongos, lo pasa por su nariz:

un hongo comestible se distingue por el puro olor, el que es bueno y el que es ‹falso›”. Entra a la canasta para acompañar a las mantequillas y las panzas (Boletus spp.).

recolector-hongos-foto-cortesia-texto-ya.jpg
Recolector de diferentes especies de hongos | Foto: cortesía

Francisco Solórzano es “honguero” desde hace muchos años, aprendió desde chico gracias a su papá, “mínimo recolectábamos de ocho a 10 kilos al día, cuando de plano no había eran unos tres kilos, porque era negocio, pero ha ido desapareciendo”. Cuenta que hace unos 20 años el modo de vida era juntar esos hongos que sí se consumen, que las familias grandes se dedicaban a ello, pero ahora ya hay pocos que se dedican a la recolección y a los jóvenes ya no se les ve interés.

“Oyamel, zacatonal, clavito, (había) matas de hasta un kilo, ahora ya no se ven. La gente ya no consume hongos, y ya es muy difícil encontrarlos, pisa el ganado donde hay y los desecha, empiezan a quemar y no se dan”, cuenta Antonio Chávez.

Comeremos los hongos, y esa parte es la encargada de su reproducción, “muchas veces el micelio se reproduce de forma asexual, pero hay veces que se forman estructuras llamadas esporomas, la parte de la fase sexual, la parte que normalmente vemos” comenta el biólogo.

A pesar de lo que se podría pensar, los hongos pueden encontrarse en toda la región de la Cuenca de México, incluidas las zonas urbanas. Principalmente son los microhongos, demasiado pequeños para verlos a simple vista a menos que se junten en gran cantidad (causan alergias, degradan comida, brindan nutrientes a árboles urbanos), y los macrohongos, más fácil encontrarlos en épocas de lluvias.

calavera-aff.-macrospora-texto-ya.jpg
Hongo Calocera aff. macrospora | Foto: Otoniel Pavón

Canastas vacías, ¿dónde están los hongos?

Se rebasa ya el medio día, aunque esto no se ve reflejado ni en la fuerza del rayo del Sol, ni en la temperatura. Sobre la pendiente encontramos las últimas especies de esta tarde: russula sp., de un rojo vivo como las llamas; Amanita muscaria, nombrado San Miguelito por el lugar donde crece, y pedos de lobo (Bovista pusilla), el cual absorbe una gran cantidad de agua y, al presionarlo, exhala agua por la parte superior.

La mayoría de los hongos no pueden crecer con el frío, sí necesitan de la humedad, pero también de ciertas temperaturas. “De no existir las condiciones apropiadas para una especie no surgirá. Es posible que una temporada veamos a determinadas especies, pero por cambios ambientales ya no las veamos, eso no significa que no estén ahí”, comenta José de Jesús.

El experto en micología explica que los hongos son uno de los grupos más diversos y menos conocidos. Actualmente se reconocen 120 mil especies a nivel mundial, pero estimaciones como las de Hawsksworth y Lüking sitúan el número entre 2.2 y 3.8 millones de ejemplares. Sólo en México la Conabio tiene registradas 7 mil especies, pero se piensa que en el país podrían existir cerca de 200 mil, lo que significa que no conocemos ni el 5% de su riqueza ni lo vitales que son estos organismos para todos los ecosistemas.

El investigador estima que existen unas 377 especies en la CDMX. 200 en la comunidad de Santo Tomás, 120 relacionadas con la alimentación y 35 entre cuestiones de medicina y toxicidad.

“Es necesario hacer estudios desde diferentes disciplinas como la ecología, la taxonomía y la etnobiología. Hongos que se encuentran en la NOM-059-SEMARNAT-2010 (la cual engloba a las especies que se consideran en riesgo) se pusieron ahí para evitar que se extinguieran por la recolección de las personas, lo cual no necesariamente pasaría; es necesario que se pueden seguir estudiando y las comunidades puedan seguir accediendo para que no se pierda su conocimiento”, concluye.

Alt
Hongo pesos de lobo Bovista pusilla | Foto: Otoniel Pavón
Alt
Hongo Infundibulicybe gibba, Tejamanil | Foto: Otoniel Pavón
Alt
Hongo Hypholoma fasciculare | Foto: Otoniel Pavón

Entre las tradiciones que se perderían por la falta de transmisión de conocimiento de generación en generación están los nombres, los cuales tienen diversos orígenes:

-Provienen del náhuatl
-Acentuar riesgos, como las panzas locas (se les agrega el adjetivo para saber que son tóxicos)
-Por temporalidad, como el San Juanico
-Festividades, como el cuaresmeño (Cuaresma)
-Referentes a animales, como la trompa de cochino

Es poco lo que ha podido recolectarse. Tanto Antonio Chávez como Francisco Solórzano concuerdan en que ha disminuido mucho la cantidad de hongos. Lo asocian al crecimiento de la ciudad, la tala de los bosques y la disminución de las lluvias.

Los brigadistas han concluido su trabajo por hoy, tanto de recolección de hongos como de basura -no son sus únicas labores, buscan reducir la tala de los bosques, prevenir incendios y proporcionar educación ambiental a los más pequeños, entre otras-. La camioneta se pone en marcha, la tranquilidad queda atrás mientras nos acercamos al bullicio de la sociedad.

Pocos son los hongos y mucho lo que no se sabe, pero la idea de un próximo viaje encierra la oportunidad de conocer más a los millones de organismos que aún son invisibles para nosotros.

Autor: Otoniel Pavón
ESPECIALTangible