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Humboldt y el descubrimiento científico de América

Citlali Aguilera 13 / Sep / 19
Un día como hoy, pero de hace 250 años, nació el naturalista reconocido como El padre de la geografía, y por Charles Darwin —autor del Origen de las especies— como el personaje que le inspiró a viajar en el Beagle

En la Europa del siglo XVIII —principalmente en Francia e Inglaterra— se forjó el periodo conocido como el siglo de la Ilustración o de Las Luces, por el denotado interés por el conocimiento con el que se comenzó a mirar el mundo. Antes de esa luz, el saber se albergaba entre los oscuros pasillos de los dogmas y las creencias religiosos. Pero ahora había un ímpetu por conocer, curiosidad por experimentar y un deseo entusiasta por descubrir al mundo y entenderlo.

Es en ese contexto que el 14 de septiembre de 1769 nace en Tegel, en las afueras de Berlín, Alemania, Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt, hijo de aristócratas prusianos. Un hombre que ni siquiera el futuro que tenía asegurado junto a sus aproximadamente cien mil taleros (antigua moneda alemana) que heredó de su madre y que, según sus propias palabras, lo hicieron tan rico que podría cubrirse “de oro hasta la nariz, los ojos y las orejas” lo distrajeron de su máxima pasión: la naturaleza.

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Humboldt | Ilustración: Especial

El último erudito

Humboldt dedicó todo su tiempo y energía al estudio riguroso de la naturaleza y se consagró como uno de los científicos y naturalistas más importantes que hemos tenido en la historia.
 

Algunos conocedores señalan que Humboldt fue el último erudito que logró abarcar el estudio de todas las ciencias, pues con casi 30 años de edad conocía de filosofía, economía, astronomía, botánica, zoología, mineralogía, física, meteorología, matemáticas, hidrología, zoología y orografía, entre otras disciplinas.

El reconocimiento hacia su trabajo del científico “de dimensión universal” como lo considera el especialista mexicano en el tema, Jaime Labastida, ha sido tal que diversos lugares del continente americano como calles, localidades, museos, escuelas, parques nacionales, así como especies de animales, plantas, elementos geográficos y hasta cuerpos en el espacio llevan su nombre. También es considerado como “el descubridor científico de América”, continente que recorrió durante cinco años.

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Humboldt | Ilustración: DW

Inspiración para Darwin

Entre sus vastas aportaciones al avance científico destaca su talento para establecer relaciones y comparaciones, siempre con la premisa de que “todo está conectado”; por ejemplo, relacionó el tipo de vegetación con la altitud y la temperatura, una correlación muy importante y útil en la ecología. Este tipo de alcances científicos eran gracias a sus detallados mapas, en los que representaba los estratos de tal forma que no solo se podía explicar cómo cambia la vegetación dependiendo la altitud, sino también apreciar las capas de la tierra en función de los fósiles y los yacimientos mineros, según el tiempo geológico.

Por lo mismo, se le considera el padre de la geografía moderna. Su trabajo cartográfico era impecable tanto en términos de metodología como en materia de ejecución, marcando pauta en los demás cartógrafos y geógrafos.

En Perú, gracias a que todo lo medía y escudriñaba, logró describir por primera vez el ecuador magnético de la Tierra. También llegó a la conjetura de que hay lugares en el mundo afectados por las mismas corrientes de temperatura por lo que acuñó los términos isoterma e isobara, que son las líneas que vemos en un mapa cuando se presenta el estado del tiempo en la televisión. Examinó el comportamiento de una corriente marina fría del Océano Pacífico —la cual lleva su nombre: corriente de Humboldt— que está estrechamente relacionada con los fenómenos climáticos de El Niño y La Niña.

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Humboldt | Ilustración: Wikimedia, Public Domain

Además, fue la figura más influyente para Charles Darwin, el naturalista inglés que planteó la teoría de la evolución biológica y escribió El origen de las especies —publicada en el mismo año en el que murió Humboldt—, y quien afirmó en una de sus cartas que dirigió al botánico Joseph Dalton Hokeer en 1845: “todo el curso de mi vida se debe a haber leído y releído, cuando era joven, la Relación histórica del Voyage de Humboldt”. Con una diferencia de edad de cuatro décadas, el joven Darwin y el adulto Humboldt mantuvieron una relación epistolar en la que compartían sus hallazgos, reflexiones e investigaciones como pares.

En su juventud fue un gran amigo Wolfgang von Goethe, poeta, dramaturgo y científico, con quien conversaba y debatía sobre poesía, arte, filosofía, literatura, ciencia y naturaleza. Era la época del prerromanticismo, donde el arte y la ciencia se cultivaban por igual. Por eso Humboldt era un naturalista esteta, ya que sus narrativas contaban con un toque poético que no ficcionaban la realidad, sino que la nutría.

Un hombre de montañas

Quienes lo han estudiado reconocen que su trabajo científico siempre estuvo relacionado con las montañas; por ejemplo, Cosmos, su obra cumbre, no hubiera sido la misma sin todos los datos recolectados en un sinfín de montañas, cordilleras y volcanes que visitó. A pesar de esta pasión y del minucioso recorrido que hizo por la entonces Nueva España, es interesante conocer en su Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España que no escaló ni el Popocatépetl ni el Iztaccíhuatl, pero sí conoció el Cofre de Perote en el Estado de Veracruz.

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Parque Nacional Cofre de Perote | Foto: Especial

He de confesar que fue eso, precisamente, y no mis estudios formales en biología los que detonaron en mí un impulso por conocer la cima del Cofre. Entre mis pasos buscaba los suyos. Con una diferencia de tres siglos del científico, pisé por primera vez las alfombras aciculares que van formando los pinos en el suelo. Buscaba hacia mis adentros el espíritu del naturalista sobre cómo “todo está interconectado”.

Este sitio que hoy es parte de un Área Natural Protegida, fungió en los tiempos de Humboldt como “señal a los navegantes al recalar en Veracruz”. Gracias a sus descripciones ahora no tan sólo veo piedras sino, pórfido, un tipo de roca ígnea purpúrea que Humboldt, como el minerólogo que era, describió como un componente principal del Cofre de Perote.

Ya en la cima, el silencio es un paisaje de verdores brillantes. La vista es clara y soleada. A 4 mil 240 metros sobre el nivel del mar corroboro cómo este lugar también es un “suelo erizado de montañas” donde sale a relucir la compañía del Citlaltépetl
 

En la magnífica cúspide me puedo imaginar el momento en que aquel joven berlinés sacó su cianómetro para medir la intensidad del color azul que tiene el cielo. Hasta en su quehacer rutinario de naturalista y científico, el mundo de la ciencia se rodeaba de poesía.

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Monumento a Humboldt en la Universidad de La Habana, Cuba | Foto: Especial

Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.