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La caprichosa ley del deseo

Berenice González Durand 26 / May / 19
En el mundo animal, las leyes de la atracción se visten de colores, pero a veces también pesa la empatía. Cuatro nuevos estudios sobre la compleja seducción

Los diseños plasmados en su cefalotórax no tienen nada que envidiarle a una colorida obra de Paul klee. El macho de la pequeñísima Maratus volans, mejor conocida como araña pavo real, seduce a la hembra con un baile en el que levanta sus patas para asegurarse de que la futura novia perciba la brillantez de sus colores. Ella estudia cuidadosamente los movimientos y los coloridos trazos que presume el aspirante. Si no es complacida, el castigo no sólo es el desaire; incluso puede llegar a devorar a su pretendiente.

Un estudio recientemente publicado en Proceedings of the Royal Society B, la legendaria revista británica especializada en ciencias biológicas, señala que en realidad el éxito o fracaso de este ritual de seducción tiene mucho que ver con la forma en que han evolucionado los coloridos tonos en el abdomen arácnido y la clave de esos tonos vibrantes parecen ser las regiones de negro profundo en el arácnido.

Usando un microscopio electrónico y una imagen hiperespectral, los científicos descubrieron que los diseños en el cefalotórax de la araña están formados por una serie de pequeñas protuberancias cuticulares compactas llamadas microlentes. Con ellos se reflejan menos del 0.5% de la luz, eliminando así los reflejos en el negro y haciendo que los otros colores cercanos se vean mucho más brillantes. El super negro elimina localmente los reflejos especulares blancos, los puntos de referencia utilizados para calibrar la percepción del color, haciendo que las otras tonalidades se vean, incluso, luminosas.

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La araña pavo real seduce con sus patas en un baile a la hembra, en busca de apareamiento | Foto: Especial

Los investigadores, comandados por la especialista Dakota E. McCoy, proponen en el texto que esta experiencia sensorial cualitativa habla de una evolución convergente para el apareamiento de las arañas saltarinas, que se creía reservada sólo para especies de mayor tamaño.

¿Todo lo que brilla es oro?

Él se muestra y ella elige. Cuando se trata de encontrar un compañero en el reino animal, las hembras tienden a preferir a los machos con los colores más brillantes, un rasgo que sugiere que tienen genes saludables. Sin embargo, lo que busca la hembra en una pareja varia según la especie. Los rituales de cortejo le permiten a ellas evaluar tanto las características físicas como otras motivaciones. “No todo lo que brilla es oro” o cobra importancia en los criterios de selección sexual.

Un nuevo estudio sobre los pequeños pájaros de rayas grises y “mejillas” naranjas, conocidos como diamante cebra o diamante mandarín (Taeniopygia guttata),  abona evidencia sobre sus preferencias amorosas alejadas del aspecto físico. Al parecer, estas aves  prefieren parejas con intereses similares, como la inclinación por explorar el mundo.

En la investigación realizada por el Instituto Max Planck de Ornitología en Seewiesen, Alemania y comandado por la ecóloga del comportamiento y autora principal del texto, Malika Ihle, se muestra cómo más que buscar los genes correctos, la hembra está detrás de un macho con un  comportamiento que se adapte bien a sus intereses.

Un macho que es  tan  activo como la hembra, por ejemplo, puede facilitar la coordinación de la crianza de los polluelos en las colonias a menudo grandes y caóticas en las que se reproducen estas aves. En el estudio se forzaba a un grupo de hembras a tener una pareja diferente a la elegida y la tasa de mortandad de sus recién nacidos era mucho más alta que los de aquellas que habían encontrado la pareja por libre elección y podían sincronizarse mejor en el cuidado del nido.

Los investigadores se preguntan si realmente los beneficios evolutivos del “amor” o mínimo de la empatía alcanzan más especies de las que imaginamos
Foto: Pixabay

 

Aunque es demasiado pronto para decir qué tan extendida está este tipo de elección en las aves y en los pocos grupos de animales donde hay cuidado biparental, en realidad podría ser más común de lo que pensamos", señala el documento.

Pero otra realidad innegable para humanos y aves es que más allá de compartir gustos y aficiones, en ocasiones una mansión también es digna de ser tomada en cuenta. Precisamente en el mundo de las aves se realiza uno de los rituales de cortejo más vistosos en este aspecto. El llamado pájaro pergolero (Amblyornis inornata) construye, durante la época de apareamiento, una compleja enramada en forma de cono que puede alcanzar hasta dos metros de diámetro.

Sostenida de ramas, como si se tratara de pilares, la mansión es decorada con todo lo que el entorno provee, desde flores, musgos, hojas y frutas de colores, hasta conchas, insectos e incluso alguna basura de metal o plástico encontrada en el área. La hembras estudian cuidadosamente las construcciones de los pretendientes y eligen al macho tomando en cuenta la novedad de la decoración y la calidad de la estructura mostrada. Como no hay colores espectaculares en su plumaje con los cuales seducir a la hembra, esta ave endémica de Nueva Guinea, le apuesta al ingenio arquitectónico. Se cree, además, que el interior de  la enramada amplifica el sonido de su canto durante el cortejo.
 

Un estudio señala que el éxito o fracaso de este ritual de seducción tiene mucho que ver con la forma en que han evolucionado los coloridos tonos en el abdomen arácnido. Conoce más en nuestro interactivo
Foto: Especial

También en el Instituto Max Planck, pero en su área de Antropología, se acaba de publicar un artículo que tiene que ver con el estudio del comportamiento de animales en los rituales de apareamiento. El primatólogo Martin Surbeck estudió a los bonobos salvajes de la República Democrática del Congo.

Después de largas temporadas de observación se dio cuenta que algunas hembras interferían en los rituales de apareamiento de ciertos machos. Las investigaciones, publicadas en Current Biology mostraron que las hembras que complicaban el cortejo eran en realidad las madres de esos machos adultos y al parecer lo que intentaban hacer era buscarles a sus hijos hembras más aptas para la procreación, por ejemplo, las acercaban a las que estaban ovulando.

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El pájaro pergolero construye una enramada durante la época de apareamiento | Foto: Captura de pantalla

Según los científicos, este tipo de comportamientos podría tratarse de una prolongación indirecta de sus genes. Sin tener más descendencia, las hembras, utilizan a sus hijos para garantizar el éxito reproductivo de su estirpe, sin tener que meterse ellas mismas en las labores de descendencia.

Bien decía el poeta Charles Baudelaire que el amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice, aunque seguramente el autor no pensaba en la complicidad de la madre (ni en los bonobos salvajes) para realizar la conquista amorosa, pero para estos primates “el amor” es una cuestión de supervivencia en donde la ayuda materna no está de más.

Susurros amorosos

En los humanos, los sonidos pueden tener gran influencia durante la excitación sexual, pues pueden aumentar o inhibir la respuesta. En el reino animal, los susurros amorosos también son importantes e incluso se ha demostrado que algunas especies que son forzadas a adaptarse a nuevos entornos, tienen que diseñar otras estrategias sonoras para seducir a su pareja, según las nuevas circunstancias.

En la revista Nature, Ecology & Evolution, recientemente se publicó un estudio sobre la rana túngara (Engystomops pustulosus), un pequeño anfibio de la familia Leiuperidae que habita en los suelos de los bosques húmedos y se encuentra en el continente americano desde el este y sur de México hasta Venezuela. 

Su nombre se debe precisamente al sonido que emite y que algunos lo relacionan con las sílabas tún, ga y ra. Los naturalistas se dieron cuenta que el macho ha tenido que hacer su llamado más complejo cuando habita entornos urbanos. Los ruidos de las ciudades pueden ser confusos, así que han creado un lenguaje de seducción más elaborado, pero esto no sólo les funciona para diferenciarse de algún claxon o motor, también este “discurso” los hace más aptos para las hembras.

El grupo de científicos trasladó a un grupo de ranas citadinas a bosques alejados del bullicio urbano y su sonoro ritual erótico dio frutos rápidamente, pues les hizo reclutar rápidamente hembras que parecían mucho más motivadas ante estos ruidos que los clásicos ruidos emitidos por los machos del bosque; sin embargo, al final, los machos cambiaban su lenguaje amorosos por sonidos más discretos. El motivo: desgraciadamente las ondas sonoras más llamativas no sólo atraían a más hembras, sino también a más depredadores, como murciélagos.

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Las hembras que interfieren en los rituales de apareamiento de los bonobos resultaron ser sus madres, las cuales buscan que su estirpe tenga mejor dependencia | Foto: Captura de pantalla

El estudio de la conducta animal no sólo aporta nuevos datos a los científicos para el entendimiento de los seres vivos, sino abona directamente en su conservación. Un cambio en el comportamiento puede ser indicador de alteraciones en el hábitat que afectan a la supervivencia del conjunto, pero también puede dar pistas sobre características de desarrollo evolutivo que las especies han integrado para adaptarse a nuevas condiciones.

Este tipo de investigaciones cobran más peso sobre todo ahora que un reciente informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) se subraya que existe un declive sin precedentes en el número de especies amenazadas en el mundo.

Precisamente los anfibios son unos de los animales más amenazados. Se estima que al menos el 25 % de especies está en peligro de extinción, de las siete mil que existen en todo el mundo. Pero hay otro dato importante: se piensa que otras dos mil 200 especies no cuentan con evaluaciones sobre su riesgo de extinción o la información no es suficiente. Según un informe de la Universidad de Yale publicado en la revista Current Biology esto sucede primordialmente en Sudamérica y el sudeste asiático. Sin embargo, la falta de datos en valoraciones integrales de todo lo que sucede en los ecosistemas, no solo afecta a los anfibios.

No sólo la depredación de un hábitat, las especies invasoras o la sobreexplotación de una especie puede acabar con ella, hay muchos aspectos que pueden alterar sigilosamente aspectos claves para su supervivencia, como sus rituales de reproducción. La contaminación lumínica, química y sonora pueden socavarlas lentamente. Se sabe que las orcas aumentan la duración de sus llamados en presencia de barcos con sonar (una técnica que usa la propagación del sonido bajo el agua para navegar, comunicarse o detectar objetos sumergidos), aunque a veces con poco éxito; mientras que químicos en el agua pueden cambiar la coloración que utiliza un pez para atraer al sexo opuesto. La detección de este tipo de cambios en las pautas normales de socialización y reproducción ayuda a tomar medidas para mitigar otra posible amenaza, de las tantas que enfrentan los seres vivos en la actualidad y que se cuantifican en la alarmante cifra de un millón de especies de animales y plantas en peligro de extinción de las 8.7 millones que habitan actualmente el planeta.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.