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Dragones, la ciencia también alimenta el mito

Berenice González Durand 31 / Mar / 19
Paleontólogos, genetistas, historiadores e ilustradores, entre otros, han contribuido a quitar y poner nuevas piezas en los rompecabezas que dan vida a un animal fantástico

Tras el furioso vuelo del dragón, los pobladores de Klagenfurt huían de las llamaradas del mítico ser alado. Así se condimenta la leyenda del origen de esta ciudad al sur de Austria. La historia está grabada en la torre dibujada en el escudo de la ciudad; se dice que decidieron hacer esta construcción para atar en su punta a un buey que funcionó como carnada para atrapar a la bestia.

La leyenda se fortaleció con el encuentro de un fósil en 1335, cuando en una zona de canteras de la región se descubrió el enorme cráneo de un rinoceronte lanudo del pleistoceno. En la obscuridad medieval, los conceptos de las edades de hielo y la extinción eran desconocidos, por lo que el impresionante cráneo de casi 80 centímetros se interpretó como la prueba irrefutable del insolente dragón, e incluso sirvió como modelo para la escultura que adorna una fuente en el centro de la ciudad  austriaca.

Este  cráneo es uno de los fósiles más famosos, entre los muchos que han sido transformados en animales fantásticos ante las limitaciones de épocas donde no se  explicaban debidamente los hallazgos científicos. Mark Norell, investigador y curador del Museo de Historia Natural de Nueva York y uno de los paleontólogos y genetistas más importantes en la actualidad, ha señalado que muchos de los mitos de criaturas fantásticas en todo el mundo fueron alimentados por avistamientos de  animales desconocidos o restos de fauna que habitó en otros tiempos. Así, con un poco de imaginación, un manatí podría convertirse en una sirena y los huesos de un dinosaurio podrían ser también la evidencia de un dragón.
 

Mark Norell señala que ha señalado que muchos de los mitos de criaturas fantásticas en todo el mundo fueron alimentados por avistamientos de  animales desconocidos
Foto: Foto: Cortesía

Aves, dinosaurios y dragones
En las culturas orientales, generalmente el dragón emerge como el símbolo serpenteante de la buena fortuna, muy diferente al temido reptil alado que escupe fuego en la mitología occidental. Para algunos especialistas, los fósiles de dinosaurios y grandes mamíferos podrían ocupar un papel preponderante en el mito de los dragones europeos. Precisamente Norell ha desarrollado una topologia filogenética para entender las tendencias de evolución, diversidad y extinción de estos animales. Él también fue uno de los primeros en describir la relación cercana que prevalece entre dinosaurios y aves, así como la descripción de varias especies de dinosaurios con plumas.

Existen algunos científicos que se muestran escépticos a estos lazos tan íntimos entre aves y dinosaurios, sin embargo en las últimas dos décadas han aparecido una serie de hallazgos que parecerían confirmar cada vez con más fuerza estos vínculos. Tal es el caso de la llamada Rahona ostromi, que vivió hace 70 millones de años y tenía alas emplumadas como un pájaro moderno, pero también cola larga y huesuda, además de garras como las de un dinosaurio terópodo carnívoro.

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La imaginación hoy tiene mucho material de donde inspirarse ante los numerosos hallazgos paleontológicos. En varias publicaciones recientes de la revista Science se habla de la importancia del hallazgo en Polonia del Lisowicia bojani lo que según la publicación asimilaría la cruza de nueve toneladas entre un rinoceronte con una tortuga gigante.

Los paleontólogos dicen que esta criatura ofrece una nueva visión de los albores de la era de los dinosaurios, pues se pensaba que durante el Triásico tardío (hace 200 millones de años) los primeros mamíferos y sus parientes se retiraron mientras los dinosaurios se alzaban y crecían hasta alcanzar enormes tamaños. El nuevo hallazgo significa que la historia no era tan simple. Se sugiere que las mismas fuerzas evolutivas que favorecían a los dinosaurios gigantes, también trabajaban en otras criaturas con formas que desafían la imaginación más acelerada.

Los dragones parecen ser algunos de esos seres míticos que no pierden vigencia y que incluso adquieren nuevas dimensiones en una sociedad con mayor conocimiento que brinda nuevos genes para crear renovadas criaturas fantásticas. En los últimos años, la cultura pop ha revivido el mito de los dragones, mediante series y películas engalanadas con estas criaturas. Una de ellas es Game of Thrones, la serie de ficción de la cadena televisiva HBO que está a punto de estrenar su última temporada. Especialistas de Pixomodo, el estudio de animación encargado de crear a los dragones, han dicho que la anatomía de animales como gallinas y murciélagos fueron útiles para crear a las bestias: un poco de realidad puede, literalmente, hacer volar a la ficción.

Canto de fuego y escamas
Hay científicos que incluso van más allá y con un sentido lúdico señalan que existe otra característica escondida en las aves que también podría tener un dragón: la molleja. En la última bolsa del estómago, las aves guardan pequeñas piedras que les ayudan a terminar de triturar los alimentos ante la falta de dientes. Frank van Breukelen, biólogo de la Universidad de Nevada, ha dicho que el material para la ignición podría, por qué no, frotarse en esta área del cuerpo si la idea fuera imaginar un dragón con un poco más de veracidad.

Pero hay quienes disfrutan más de la realidad. En el libro Cuando separaron la Tierra del cielo: cómo la mente humana moldea el mito, de Elizabeth y Paul Barber, se explica como el atemorizante fuego del dragón podría haber sido inspirado por un fenómeno real en el norte de la Europa medieval: las precarias cámaras funerarias. Allí los cadáveres en descomposición pudieron haber proporcionado el ambiente perfecto para las bacterias productoras de metano, así que un ladrón de tumbas en busca de botín y con antorcha en mano para alumbrarse en la obscuridad, podría haberse convertido en la llamarada de un dragón castigador.

El maestro Aldi de Oyarzabal, biólogo e ilustrador científico mexicano señala que la imagen del dragón está retratada en todo el mundo adaptándose a la geografía cultural de la región de donde surge, como la serpiente emplumada Quetzalcóatl en nuestro país.

Los límites entre imaginación y evidencia científica son inciertos y con innumerables vertientes; sin embargo, la iconografía de un dragón en el mundo contemporáneo adquiere nuevas formas y moldes, bajo la exigencia de monstruos con un abdomen menos abultado y alas más poderosas que nos hagan creer, según la leyes de la aerodinámica, que podrían tener más oportunidad de levantar el vuelo. 

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La apariencia que se le da a los dragones en las diferentes partes del mundo adquiere características geográficas de esa región | Foto: Especial

El también ilustrador y especialista en paleoarte, Marco Pineda, señala que la fauna es una fuente importante para crear el diseño de un animal fantástico, como un dragón. “La morfología de animales como lagartos, cocodrilos, tortugas, aves o mamíferos proporciona detalles que aportan realismo, como la proporción entre las extremidades, o bien, la forma y tamaño de las manos, pies y garras. El análisis de los principales rasgos de la fauna nos permite determinar qué habilidades están más desarrolladas”, señala y agrega que aunque se trate de animal imaginario es importante conferirle su propia identidad zoológica; sin embargo, ante la extraordinaria diversidad de formas en las especies prehistóricas y actuales, hoy la tarea de imaginar se vuelve más compleja.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.