Sociedad

La ciencia a profundidad de Bob Esponja

Luis Javier Plata Rosas 30 / Nov / 18
¿Quién vive en una plataforma carbonatada debajo del mar? Mirada con cuidado, la saga submarina, creada en 1999, es una joya didáctica de la biología y la geología marina que nos invita a sumergirnos en un mar de conocimiento oceanológico

El mejor amigo que, más que encontrar, creó el recientemente fallecido (27 de noviembre) Stephen Hillenberg en mayo de 1999 fue un invertebrado marino de color amarillo, un porífero descerebrado —como todos los espongiarios, pues carecen de sistema nervioso cuyo nombre nos describe qué es —una esponja— y cómo es —o, al menos cómo viste: con pantalones cuadrados—. ¿A quién que, a diferencia de Hillenberg, no hubiese impartido clases de biología marina (en el Instituto Marino del Condado de Orange, California) se le habría ocurrido la antropomorfización extrema de algo que antes del siglo XIX ni siquiera era reconocido como parte del reino animal, sino visto más bien como una planta?

Antes de Hillenberg, por supuesto que más de un caricaturista o de un animador dieron rasgos humanos y hasta hicieron hablar y cantar a delfines, peces, tiburones, tortugas, cangrejos, pulpos, medusas y hasta a almejas, pero… ¿una esponja? ¿Un organismo acuático que pasa su vida entera fija en un solo lugar (o casi, ya que se ha visto que algunas especies pueden desplazarse a una velocidad extraordinaria de unos milímetros por día), filtrando por cada uno de sus poros agua con partículas orgánicas para alimentarse de éstas?

Se necesita mucha creatividad y algo de ciencia para tomar el barro de una esponja o, mejor dicho, sus células totipotentes (así se llaman: significa que pueden transformarse en cualquier tipo de célula que requiera la esponja para, por ejemplo, producir corrientes de agua dentro de su cuerpo y capturar partículas alimenticias, en cuyo caso forman coanocitos, o para alimentarse propiamente, para lo cual se convierten en arqueocitos) y convertirlo en un personaje que, según License Global Magazine, en 2014 era, incluso más que su amigo Patricio, la estrella de la caricatura más vista por niños de 2 a 11 años en 170 países y 25 idiomas (aunque hay que hacer notar que un tercio de su audiencia tiene entre 18 y 49 años de edad).

Bob Esponja, es cierto, no es un programa educativo estilo Plaza Sésamo, pero las oportunidades para usar esta animación como recurso pedagógico cuando de hablar sobre oceanografía -especialmente en las áreas de la biología y la geología marinas- a sus millones de seguidores se trata han sido aprovechadas, inclusive, para escribir una tesis y presentar una ponencia en la reunión anual de la Sociedad Geológica de los Estados Unidos[1]. Claro que, para exprimir su potencial didáctico, es necesario hacer como las esponjas y, a la hora de filtrar cada episodio para atrapar y digerir lo mucho que de inspiración oceanográfica tienen sobre todo las primeras tres temporadas, en las que Hillenberg estuvo más sumergido, aceptar y disfrutar el acompañamiento absurdo y hasta surreal de personajes y situaciones que inundan el programa.
 

Antes de Hillenberg, por supuesto que más de un caricaturista o de un animador dieron rasgos humanos y hasta hicieron hablar y cantar a delfines, peces, tiburones, tortugas, cangrejos, pulpos, medusas y hasta a almejas, pero… ¿una esponja?
Foto: Stephen Hillenburg /  Especial

Con esto en mente, podemos iniciar nuestro viaje submarino visitando la casa de Bob Esponja; como sabemos gracias a la primera línea de la canción, ésta se encuentra en la ciudad de Fondo de Bikini, localizada en el Atolón Bikini, en las Islas Marshall, en el Océano Pacífico. Si bien estos datos son suficientes para los eficientes servicios de Correos de México, para mayor precisión geológica tenemos que Fondo de Bikini fue fundada sobre una plataforma carbonatada, que es una superficie sumergida a poca profundidad, en las márgenes de los continentes, en la que se depositan carbonatos. En México, la península de Yucatán se halla en su mayor parte en la parte no sumergida de una plataforma carbonatada.

En el episodio El abismo, Bob y Patricio visitan Fondo de Roca, una ciudad en la planicie abisal, que está completamente a oscuras al no poder penetrar la luz solar a esa profundidad y en la que era forzoso que hicieran su debut un pez linterna y un pez pelícano, famosos habitantes de esta región. Más inesperada es la aparición de un celacanto, especie de pez prehistórico con más de 360 millones de antigüedad que, en efecto, vive a cientos de metros de profundidad, pero las dos especies que se conocen viven cerca de las Islas Comores, en África, y en Indonesia, y no en el Pacífico, donde habita Bob Esponja.

En Tomemos el té, Bob conoce a Arenita en los Campos de Medusas, que es una pradera de pastos marinos: plantas acuáticas que son una especie de oasis submarino, ya que al reducir con sus hojas el movimiento de las corrientes marinas y producir oxígeno mediante la fotosíntesis, sirven de refugio y crianza de varias especies de invertebrados y de peces.

En Pantalones rotos, antes de que tenga lugar el suceso que da nombre a este capítulo, Bob y Arenita hacen esculturas con la homónima de esta ardilla en Laguna Pegajosa, como es nombrada en la caricatura una región poco conocida del fondo del océano a la que los oceanógrafos se refieren como lago o piscina de salmuera y que, en efecto, es una cuenca debajo del mar con agua tan salada (unas cinco veces más que la salinidad promedio del agua de mar) y densa que no se mezcla con el agua que la rodea. En el Golfo de México hay varios de estos lagos, con tamaños que van de un metro a 20 kilómetros de longitud y cuyas aguas contienen una alta concentración de metano. El metano es aprovechado por bancos de mejillones que, con la ayuda de bacterias que se hospedan dentro de ellos, se alimentan de este gas, pero para el resto de las especies marinas un clavado en estas piscinas de salmuera es una casi una sentencia de muerte, lo que ha inspirado en los investigadores nombres menos festivos que Laguna Pegajosa y tan aciagos como “El jacuzzi de la desesperación”.

Y en un viaje en el tiempo al pasado, Calamardo camina por el fondo de un océano primordial en el que observamos fauna paleozoica característica: trilobites, medusas, gusanos y, por supuesto, un ancestro de Bob Esponja (las esponjas aparecieron en el Precámbrico, el período anterior al que da inicio a la Era Paleozoica).

"¡No me importan los niños, solo me importa el dinero de sus padres. Que sus pobres mentes sean fácilmente manipuladas por parques baratos y payasos sin talento no me incumbe en absoluto!" Palabras tan ilustrativas son de la autoría de Hillenberg sólo en cuanto a que fueron puestas por él en boca de Don Cangrejo. Y recorridos más y mejor ilustrados que el presente pueden hacerlos quienes se aventuren por los paraderos de la piña más famosa del fondo del mar.
 

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Grandy, T.J. y M.J. Zaleha, 2013, “The geology of SpongeBob Squarepants: Potential of a cartoon to enhance student learning in the geosciences”, Geological Society of America Abstracts with Programs, 45(7), 471.