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La científica que busca salvar a la vainilla mexicana

Citlali Aguilera 07 / May / 19
Venerada por los antiguos mexicanos y ostentosa de un título de denominación de origen, la orquídea perfumada de nuestro país que hace las delicias en la cocina mundial enfrenta diversas amenazas

Era un día caluroso en Papantla, Veracruz, cuando una niña de 11 años que acababa de llegar a vivir a la ciudad, salía de la escuela. Los rayos del sol caían pesados, para refrescarse se compró un raspado, sólo había de un sabor: un jarabe oscuro y ligero que contenía vainas alargadas y brillantes, de color café, casi negro. Envuelta en un halo fragante, dio el primer sorbo y sus papilas gustativas quedaron maravilladas.

En esa misma región, pero muchos siglos atrás, los antiguos pobladores conocidos como totonacos buscaban dentro de la espesura del selvático Totonacapan a Caxixánat, una planta que antes de identificarla con la vista, se descubre por su aroma. Además de su uso comestible, medicinal, religioso y comercial, en tiempos prehispánicos se utilizaba para dar tributo a los aztecas, pues era privilegio exclusivo de la nobleza disfrutar de una bebida elaborada con esta planta, cacao y miel de abejas silvestres.

Como si aún estuviera saboreando aquel exquisito sabor, Rebeca Menchaca, hoy investigadora del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana (CITRO UV) me platica: “de ahí me surgió la curiosidad de saber qué era aquello que estaba probando”. Fue ese encuentro el que marcaría el inicio de su vocación como científica y su misión como investigadora.

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En la imagen la investigadora Rebeca Menchaca del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana. Dedicada al estudio de las orquídeas, en específico, la vainilla | Foto: Julissa Aguilera Cruz

Una orquídea seductora... y amenazada

Bien dijo la bióloga evolucionista Lynn Marguilis que "la vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian". La especie Vanila planifolia comúnmente conocida como vainilla, no es la excepción. Es una planta originaria del sureste de México y pertenece a la familia botánica de las orquídeas. Esta especie, al ser trepadora, crece pegada a los troncos de árboles que dan sombra en la región, sus raíces mantienen una relación simbiótica con hongos —del género Tulasnella Ceratobasidium— y sus flores verde amarillas pálido suelen ser polinizadas por las abejas Euglosinas macho —que son atraídas por los compuestos químicos aromáticos—.

Al ser fecundada, la flor se seca dando paso al crecimiento de un fruto, una cápsula alargada y semi cilíndrica —equivocadamente llamada vaina, de allí su nombre en castellano—, en su interior guarda cientos de diminutas semillas. A los nueve meses el fruto está maduro y listo para ser cosechado por los productores que comenzarán un laborioso proceso llamado beneficio.

A pesar de su valor histórico, biológico, cultural y gastronómico la vainilla actualmente se encuentra catalogada como amenazada en la Norma Oficial Mexicana ECOL-059-SEMARNAT-2010 y enlistada en la categoría de alto grado de erosión genética según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Un experimento atrevido

Antes de ingresar a la carrera de biología, Rebeca ya había decidido que quería dedicarse al estudio de las orquídeas. Durante su preparación profesional se enteró que la semilla de vainilla es muy difícil de germinar, por lo que los productores optan por la reproducción asexual. Es decir, que generan clones a través de cortes de tallos, y la producción de frutos se realiza por autopolinización. Desafortunadamente esta práctica ha contribuido a la erosión genética o el proceso de pérdida de la variabilidad de una especie.

Se dice que fueron a partir de seis u ocho clones todos los cultivos que hay en México, así que no hay variabilidad genética como tal, entonces es sumamente susceptible a ataques de plagas y enfermedades, así como a no tolerar sequías”, afirma Menchaca.

Es importante recordar que una semilla contiene la información genética heredada de generación en generación de distintos individuos; mientras que un clon es un individuo genéticamente idéntico del que nació por mecanismos de reproducción asexual (como en este caso de tallos). Por eso la importancia de la germinación de semillas.

La investigadora cuenta que “no había un estudio científico sobre su germinación, sólo existían dos reportes de los años cincuenta, pero se pensaba que los millones de semillas que producían eran infértiles”. Así que cuando llegó el tiempo de hacer la tesis se tomó como reto lograr germinarla.

En 1989, su tesis de licenciatura se convirtió en el primer estudio científico de germinación exitosa de vainilla en México. En el trabajo científico propuso una metodología de germinación con un gel nutritivo y descubrió que las semillas inmaduras son las que germinan. Ahora, treinta años después, siendo investigadora y directora de decenas de tesis de licenciatura, maestría y doctorado sobre esta orquídea, ve a la distancia que “fue un experimento bastante atrevido”.
 

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La vainilla es una planta originaria del sureste de México y pertenece a la familia de las orquídeas | Foto: Julissa Aguilera Cruz
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La reproducción asexual que le dieron los productores a la vainilla es causa de su poca variabilidad genética | Foto: Julissa Aguilera Cruz

Recuperar la diversidad

El botánico mexicano, Miguel Soto Arenas, dice que “la vainilla es sobreexplotada porque las poblaciones silvestres han sido diezmadas con la colecta excesiva para establecer plantaciones hasta el punto de que la especie está en severo peligro de extinción”.
 
Así es que, con la finalidad de incrementar la diversidad genética de los cultivos de los productores, Rebeca Menchaca comenzó a generar híbridos con especies mexicanas afines: Vanilla planifolia, (que se usa en el comercio) y Vanilla pompona. La cruza logró ser compatible y producir semillas para su germinación in vitro.

Su quehacer científico ha transcurrido todos estos años entre el orquidiario de la Universidad Veracruzana —que cuenta con laboratorios equipados para la propagación in vitro, así como un banco de germoplasma—, al tiempo que la realización del trabajo de campo la ha llevado a otros sitios dominados por la vainilla como la Isla Reunión, Madagascar; la Amazonía boliviana y diversos lugares de México, muy puntualmente con los productores de Papantla el sitio originario de la planta:

los apoyamos para que tuvieran su vivero legal bajo las normas de SEMARNAT, como una unidad de conservación de la vida silvestre”.

Denominación de origen

La orquídea papanteca cuenta con una Declaratoria General de Protección de la Denominación de Origen, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 5 de marzo de 2009. En forma paralela el gobierno mexicano ha obtenido el reconocimiento en el Arreglo de Lisboa relativo a la Protección de las Denominaciones de Origen y su Registro Internacional.

Junto al azafrán, la vainilla es la especia más cara del mercado mundial, en este año alcanzó los 600 dólares por kilo según cálculos de mercado realizados por Thomson Reuters. Se sabe que la vainilla de Papantla es de alta calidad porque las características bioclimáticas hacen que se concentren los elementos aromáticos en el fruto dándole un buqué que no se consigue en ninguna otra parte del mundo.

Sin embargo, el volumen de producción de México de 30 toneladas anuales registrado por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SAGARPA) no tiene ningún efecto en el mercado global. El Observatorio de la Complejidad Económica (OEC) del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) menciona que el principal país exportador de vainilla es Madagascar acaparando el 66 por ciento del mercado global seguido por Indonesia (9.8%) y Alemania (3.5%).

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La investigadora Menchado no sólo ha trabajado en Papantla, lugar de origen de la vainilla, también en otras partes de México, la Amazonia Boliviana, las Islas Reunión y Madagascar | Foto: Julissa Aguilera Cruz​​​​​​​

Cooperación para su rescate

Además de la situación poco alentadora en el mercado global y la erosión genética que la mantiene amenazada, el cultivo de vainilla enfrenta afectaciones graves por el cambio climático “Las zonas registradas para su cultivo va de los 0 a los 400 metros sobre el nivel del mar (msnm), pero ahora la podemos encontrar a más de 1,000 msnm” , dice Menchaca quien también está realizando estudios de polinización, sometiendo el polen a diferentes temperaturas “nos estamos dando cuenta que a mayor temperatura el polen no germina, entonces no forma fruto, esto está directamente relacionado con el calentamiento global”.

La científica mexicana actualmente realiza, junto a su equipo de trabajo y otros investigadores, el primer estudio del impacto que el cambio climático tiene sobre la vainilla. Además de continuar con estudios sobre resistencia a patógenos, pruebas de hibridación, mejoramiento genético, caracterización de hongos benéficos para la germinación, entre otros.
 

“La vainilla necesita muchos colaboradores para poder existir: necesita un hongo para poder germinar; necesita un árbol para poder crecer; necesita un insecto para ser polinizada; necesita de un ave o quizá un murciélago para dispersarse; pero para su permanencia en el planeta, este cultivo milenario, necesita de todos nosotros”.
Foto: Julissa Aguilera Cruz
Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.