La importancia de las lenguas indígenas

A nivel mundial, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce la importancia de las lenguas indígenas en el desarrollo, la consolidación de la paz y la reconciliación. Por ello declaró el 2019 como Año Internacional de las Lenguas Indígenas, ya que “desempeñan un papel crucial en la vida cotidiana de las personas, no solo como instrumentos de comunicación, educación, integración social y desarrollo, sino también como depositarios de la identidad, la historia cultural, las tradiciones y la memoria únicas de cada persona”. Datos de la ONU señalan que hay 5 mil culturas indígenas distintas repartidas en 90 países alrededor del mundo, y 2680 de sus idiomas se encuentran en peligro. México aporta a estas cifras 68 lenguas indígenas, de las cuales el 60% está en riesgo de desaparecer, según datos del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Una de las principales amenazas que enfrentan las lenguas indígenas en México es la discriminación. Por ejemplo, la gente acostumbra referirse a ellas como “dialectos”, como si no tuvieran las cualidades suficientes para ser consideradas idiomas. “Se les ha llamado dialectos a las lenguas indígenas con un uso peyorativo de la palabra, un uso que da una carga subalterna, de idiomas de segunda a las lenguas indígenas explica la maestra del Ángel Flores, originaria de una comunidad del norte de Veracruz (…) Estas lenguas subestimadas suelen pertenecer a pueblos subyugados, pueblos que perdieron guerras de conquista o territorios, pueblos que son gobernados por otros pueblos”. Desde la perspectiva de la lingüística disciplina científica dedicada al estudio de la estructura y evolución de las lenguas, los dialectos (también llamados geoléctos) existen: “quienes hablamos español en México, hablamos una variante dialectal del español; de la misma forma, los pueblos indígenas hablan dialectos, por ejemplo, en mi pueblo hablamos teneek de la sierra de Otontepec, que es una variante dialectal diferente a la variante dialectal del este de San Luis Potosí (…) Técnicamente es correcto decirles dialectos, pero también son idiomas y así se les tiene que llamar”, cuenta Nayelli del Ángel.

Otro mito sobre los idiomas originarios que contribuye a su marginación es que no tienen gramática. La colaboradora de la Dirección General de Cultura de Paz y Derechos Humanos (de la Secretaría de Gobierno del Estado de Veracruz) desmiente esto: “puede que no tengan gramática escrita, pero sí tienen gramática; cualquiera de los 68 idiomas indígenas que se hablan en México, más el español, más todos aquellos idiomas que han llegado a nuestro país tienen estructura gramatical, solo que, en el caso de las lenguas indígenas, esas reglas gramaticales no se encuentran por escrito, sino que se transmiten de forma oral, generación tras generación”.

Lengua, cosmogonía y ciencia

Además de ser un tema de derechos humanos, la preservación de las lenguas indígenas también es importante en términos de riqueza de conocimiento. El idioma contiene la cosmogonía de una cultura, es decir, las formas que ha hallado o inventado determinado pueblo para explicarse el Universo y transformarlo. Curiosamente, lo que Luis Álvarez Gaumé (investigador del CERN) llama “cosmogonía científica” se plantea las mismas preguntas que los pueblos originarios: ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿por qué las cosas son como son? Así, las lenguas se convierten en un asunto de interés para la ciencia.

“Los idiomas indígenas, como cualquier idioma, contienen conocimientos de tecnología, de culinaria, de medicina, de valores humanos, morales y éticos (…) Y un ejemplo muy claro está en la riqueza biocultural”, destaca la también integrante de la asociación ciudadana Huastecos unidos. En este sentido, el tema estelar ha sido el del maíz. Dicha planta no se origió tal y como la conocemos hoy en día, sino que proviene de su pariente silvestre, el teocintle que en náhuatl significa “grano de dios”. La Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO) describe a los teocintles como un conjunto muy variable de pastos; cada planta presenta varios tallos ramificados con numerosas “mazorquitas” que contienen solo dos hileras de granos envueltos en una estructura muy endurecida.

“Gracias 350 generaciones que lo estuvieron escogiendo, sembrando, experimentando con él en los laboratorios in situ, que son las milpas de los pueblos indígenas, es que lo tenemos ahora”, reconoce Nelly del Ángel, “es así como actualmente estados como el de California, en Estados Unidos, viven de la producción del maíz; entonces, si se pierde el idioma, se pierde todo ese conocimiento de agroecología”.

Los más amenazados

Pese a que su importancia es más que evidente, buena parte de las lenguas originarias de México están pereciendo. Tristemente, según la maestra del Ángel Flores, estas son algunas de las que pronto solo tendremos recuerdos:

Lenguas del norte: Por ejemplo, el papipai, el kumiai y el cucapá son tres idiomas de pueblos amerindios con estilos de vida semi-nómada. En territorio mexicano, tienen presencia en Baja California y Sonora, principalmente, y una de las amenazas más grandes que enfrentan la inminente construcción del muro impulsada por Donald Trump.

Sureste de México: El Cakchiquel, el quiché y el jacalteco son idiomas que pertenecen a la familia lingüística de las lenguas mayenses. Se hablan en los estados de Campeche, Chiapas y Quintana Roo, pero están en un situación muy grave.

Ixcateco: Se habla en el noroeste de Oaxaca, y como como este el 60% de las lenguas originarias nacionales están representadas por un número de hablantes que se puede contar con los dedos de las manos.

Popoluca de Oluta: El caso de este idioma de Veracruz es extremo, pues su único hablante proficiente conocido (una persona mayor de 80 años) sabe cuál es la estructura e historia de su lengua, pero no tiene con quién hablarlo.

Este tipo de listas han sido establecidas por lingüistas para llamar la atención y tomar acciones en pro del rescate de las lenguas indígenas. Aunque el panorama es desalentador, sí existen medidas para rescatar los idiomas originarios, entre las que destacan: una política intercultural bilingüe en todos los niveles de educación básica, apoyada por herramientas tecnológicas; valorar el bilingüismo indígena del mismo modo que el bilingüismo español-inglés, y promover el uso de las lenguas más allá del ámbito doméstico.

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