La mejor inversión en salud: dormir

“La sociedad ignora que los niños tienen que dormir de diez a doce horas y por nuestro sistema educativo y laboral se las restringimos a ocho y luego los juzgamos por su bajo rendimiento. Nosotros promovemos la idea de que dormir es una pérdida de tiempo, pero realmente es la mejor inversión para nuestra salud”

Javier Velázquez Moctezuma, director de la Clínica de Trastornos de Sueño de la UAM

“Un síntoma ocasional de mala calidad del sueño lo puede tener hasta 45% de la población. Los problemas respiratorios del sueño son mucho más frecuentes en el sexo masculino (ronquido y apnea obstructiva del sueño) mientras que el insomnio es dos a uno más frecuente en el sexo femenino. Hay trastornos también más prevalecientes según la edad, por ejemplo el sonambulismo y en general las parasomnias, se encuentran principalmente en la etapa preescolar y escolar, alrededor del 4% de la población infantil podría tener esta afectación”, señala Jiménez Correa y agrega que en general cuando avanzamos en la vida, los síntomas de insomnio van siendo cada vez más frecuentes hasta convertirse en el principal motivo de consulta en adultos mayores.

¿Cuándo acudir al especialista?
Todos podemos dormir mal de vez en cuando y tener mucho sueño durante el día, pero esto no necesariamente debe ser motivo de preocupación. El especialista de la UNAM señala que si dormimos mal o tenemos mucho sueño al menos tres días o tres noches por semana durante cuando menos un mes, se trata de un problema que no se corregirá de manera espontánea.

En la clínica al interior del Hospital General atienden alrededor de 450 pacientes al mes, desde recién nacidos de meses hasta personas de 90 años. En los casos de los bebes generalmente son tratados por condicionantes, durante su gestación o nacimiento, que los llevan a tener mayor riesgo de presentar muerte de cuna.
Por su parte, Velázquez Moctezuma señala que de manera general en las clínicas del sueño se realiza la historia clínica y exploración del paciente para llegar a un diagnóstico de presunción que será confirmado a través de otras herramientas, como un estudio polisomnográfico, para canalizarlo a diferentes tipos de tratamientos, incluyendo los fisicoterapéuticos y farmacológicos.

Jiménez Correa señala que el estudio polisomnográfico ha evolucionado a partir de 1971, fecha desde que se conoce como tal. Desde entonces, los equipos de última generación se encuentran basados en estándares internacionales. “Entre las dos clínicas de la UNAM se realizan alrededor de 130 a 140 polisomnografias al mes. Hay pacientes que sólo vienen por un estudio de diagnóstico, pero hay otros que vienen para un diagnóstico diferencial, como por ejemplo de crisis convulsivas durante el sueño, en donde se trata de detectar si es un problema del sueño o neurológico”.

Frente a otros trastornos como una apnea del sueño, se puede aconsejar el uso de una mascarilla durante la noche que ayude a los pacientes a respirar, pero hay otro tipo de diagnósticos y tratamientos más complejos, como el caso de la narcolepsia. Para su diagnóstico se realiza una prueba de latencias múltiples, un estudio que se lleva a cabo durante el día, como complemento de la polisomnografía.

La duración de un tratamiento depende la complejidad del problema “Hay pacientes insomnes que únicamente corrigiendo algunos puntos en su estilo de vida, pueden salir adelante y a veces en un mes ya lo resolvieron; algo muy diferente del que tiene insomnio crónico, quien han dormido mal a veces durante años y su problema se complicó mediante el abuso en el consumo de psicofármacos”.

Líneas de investigación
Las clínicas mencionadas desarrollan diferentes proyectos de investigación. Las de la UNAM se han concentrado en diseñar inventarios, escalas y cuestionarios que sirven para el tamizaje de los síntomas de trastornos del sueño. “Tambien tenemos nuestros propios desarrollos y validaciones de instrumentos que se han creado en otros países. Se adaptan y aplican en la población mexicana. Por otro lado hemos estado haciendo investigación sobre el insomnio. El tratamiento cognitivo-conductual es la primera opción de tratamiento con muy buenos resultados”. Entre los instrumentos adaptados a la población mexicana, se encuentra un dispositivo de avance mandibular que se coloca entre los dientes para combatir los ronquidos. “También estudiamos las alteraciones del sueño que se presentan de manera secundaria a las jornadas extendidas y rotación de turnos en el trabajo”, apunta Jimenez Correa.

Por su parte, el doctor Velázquez señala que en la clínica de la UAM les interesa el estudio del insomnio relacionado con alteraciones de la actividad eléctrica cerebral, como la epileptiforme; pero también se han centrado mucho en la relación de las alteraciones del sueño con la obesidad, particularmente en niños. “Hay una correlación entre falta de sueño y la ganancia de peso, hay influencias recíprocas, entre menos horas duerme un niño, tiene más riesgo de sobrepeso”. El investigador señala que los dispositivos electrónicos como teléfonos celulares y tabletas también han contribuido a este proceso.
 

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