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La próxima pandemia: El virus que amenaza a la humanidad

Federico Kukso 15 / Mar / 19
Según la Organización Mundial de la Salud, una nueva crisis sanitaria global provocada por la gripe es inminente. De cazadores de virus a vigilancia constante: así se prepara el mundo

En 2005, uno de los mayores asesinos de toda la historia de la humanidad revivió. Tan implacable como minúsculo, se las había ingeniado para permanecer en las sombras durante ochenta años hasta que el 20 de agosto de 1997 un microbiólogo llamado Johan Hultin, con mucho cuidado, cavó un metro en la tundra y grava y luego otro metro más en el permafrost del cementerio de Brevig Mission, Alaska. 

Hasta que lo encontró: el cuerpo de una mujer de unos treinta años, obesa, con evidencias de hemorragia pulmonar, el sello inconfundible de muerte rápida provocada por la influenza o "gripe española" que en 1918 había aniquilado en una semana a 72 de los 80 habitantes de aquella aldea esquimal y a, nada más y nada menos, que a otras 50 millones de personas en el mundo.

Todo lo que quedaba de la ropa de aquella mujer indígena era una hilera de botones de hueso que yacían en su pecho. Su cuerpo, sin embargo, estaba intacto: congelado, aparentemente aislado por la grasa de los ocasionales y breves descongelamientos.

Con solo guantes y una máscara como escudo, este patólogo de origen sueco tomó muestras del bazo, el hígado y el corazón, cerró la tumba y partió. Hultin ya había intentado infructuosamente aislar el virus del tipo A conocido como H1N1 —responsable de la influenza o gripe española— así que fue generoso. Y le proporcionó las muestras al virólogo Jefferey Taubenberger del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. 

Un mortal rompecabezas
No había allí virus intactos sino más bien fragmentos de sus genes. Así que Taubenberger recurrió a muestras de dos soldados que también habían muerto en 1918 y se puso a trabajar. Tardó ocho años pero al fin, en 2005, reconstruyó aquel mortal rompecabezas: 90 años después de la peor pandemia de la historia, la gripe española había resucitado en un laboratorio, bajo las más estrictas medidas de bioseguridad.

 

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Imagen ilustrativa

La polémica estalló (¿Y si el virus escapaba? ¿Y si algún grupo terrorista lo usaba como arma?). Pero Taubenberger se justificó: la resurrección del virus era crucial para comprender sus misteriosos orígenes y su excepcional virulencia así como para ayudar a predecir las futuras pandemias. 

"La amenaza de influenza pandémica está siempre presente", asegura el director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “El riesgo continuo de que un nuevo virus de influenza se transmita de animales a humanos y que potencialmente cause una pandemia es real. La pregunta no es si tendremos otra pandemia, sino cuándo. Debemos estar atentos y preparados: el costo de un brote de gripe mayor será mucho mayor que el precio de la prevención".

El origen de la muerte
Si bien se la conoce coloquialmente como "gripe española", la pandemia provocada por la mutación más mortal del virus H1N1 probablemente no nació en España. Hay registros de Hipócrates, quien habría presenciando una aparente epidemia de gripe en Grecia en 412 a.C.

El término “influenza”, de hecho, data del siglo XVI cuando los italianos adoptaron esta palabra para referirse a las enfermedades relacionadas con "influencia de las estrellas".

En la actualidad, el consenso general es que el virus de la influenza de 1918 se originó en el medio oeste de los Estados Unidos. Los registros médicos informaron los primeros casos de "influenza de tipo grave" alrededor de marzo de 1918 en campamentos militares en Kansas.  

A partir de entonces, se cree que el virus se propagó por todo el país norteamericano, y luego fue transportado por barcos de tropas estadounidenses a los campos de batalla de Francia, donde se esparció gradualmente por Europa y el resto del mundo.

Los primeros casos se informaron ampliamente en España —quizás de ahí su nombre— pues, como país neutral en la Primera Guerra Mundial, en este país no se practicaba la censura en la prensa tan sistemáticamente como sí ocurrió en Alemania, Gran Bretaña y Francia.
 

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En la actualidad, el consenso general es que el virus de la influenza de 1918 se originó en el medio oeste de los Estados Unidos

El holocausto médico
La pandemia duró entre enero de 1918 y diciembre de 1920. Y se cree que se propagó de las aves a los humanos. 

En ese tiempo, el virus infectó a 500 millones de personas en todo el mundo y causó entre 50 y 100 millones de muertes, entre el tres y el cinco por ciento de la población mundial. El grupo de edad que más sufrió fue el de los jóvenes de entre 20 y 40 años.

Se piensa que hasta 25 millones de personas perecieron durante las primeras veinticinco semanas, lo que lleva a los historiadores a referirse a la gripe española como el “mayor holocausto médico de la historia”, matando a más que la Peste negra. 

Algunas estimaciones indican que en México hubo casi medio millón de muertos, otros señalan que fueron 300 mil. Como recuerdan las antropólogas Lourdes Márquez Morfín y América Molina del Villar, la pandemia —curiosamente denominada por la prensa local de por entonces como la "peste roja"— se presentó en México durante la segunda ola, en octubre de 1918. Primero atacó las poblaciones del norte y se extendió a lo largo del país a gran velocidad. Las vías de entrada fueron el ferrocarril y los barcos. 

En Argentina, en cambio, fue conocida como la "dama blanca" y provocó 14.997 casos fatales.

Pandemias del siglo XXI
El virus que causó la influenza de 1918 era extremadamente resistente. Los estudios han demostrado que esta cepa se disemina a otros tejidos más allá del tracto respiratorio y causa más daño. No fue hasta 1933, más de una década después de la pandemia, cuando el virus de la gripe se aisló por primera vez, y se demostró que era el agente causal de las infecciones estacionales por el virus de la gripe. Cada año emerge una cepa ligeramente diferente de la gripe estacional, cobrando la vida de entre 250.000 y 500.000 personas.
 

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Especial 

Aunque habitual, la influenza es una enfermedad compleja causada por un virus en el aire que se propaga entre individuos en gotas microscópicas, al toser o estornudar. Los primeros síntomas son dolor de cabeza, escalofríos, tos seca, fiebre, debilidad y pérdida de apetito, fatiga generalizada, bronquitis y neumonía.

Personas en contacto cercano ayudan a la propagación de la infección, en particular en lugares como escuelas, oficinas mal ventiladas, medios de transporte y hospitales. En muchos casos, los escolares son los primeros en atrapar el virus y luego transmitirlo a sus familias.

"Hemos visto tres pandemias de gripe adicionales desde 1918 —recuerda la inmunóloga Katherine Kedzierska de la Universidad de Melbourne-: la gripe 'asiática' de 1957, la gripe 'de Hong Kong' de 1968 y la gripe 'porcina' de 2009. Aunque fueron más leves que la pandemia de 1918, exhiben la amenaza constante que representa el virus de la gripe a la salud humana".
Análisis recientes sugieren que una pandemia podría repetirse si no se toman las medidas adecuadas y no se lleva a cabo una vigilancia global.

El impacto del cambio climático
Para la microbióloga Caroline van de Sandt, del Instituto Peter Doherty para Infecciones e Inmunidad en la Universidad de Melbourne, la próxima pandemia de gripe estará influenciada por el cambio climático y el envejecimiento de la población: "Los cambios climáticos afectan los reservorios de los virus de la influenza y los patrones de migración de aves. Esto podría propagar virus a nuevas ubicaciones y en una amplia gama de especies de aves".

También habrá que tener en cuenta la degradación ecológica y las presiones de la población que pueden hacer que sea más probable que los virus salten de los animales a los humanos.
Si se produce tal crisis sanitaria global es probable que haya un mayor número de infecciones y muertes en comparación con 1918, debido a que la cantidad a personas en el planeta ha aumentado más de cuatro veces en el último siglo. Según estimaciones de Christopher Murray, investigador en salud global en la Universidad de Washington, si el virus de la influenza pandémica reapareciera hoy, con una virulencia y tasa de ataque similares a las del virus de 1918, el número de muertos podría llegar a 147 millones. Dado el nivel de movilidad actual de las poblaciones, en solo unas semanas el virus se esparciría por el mundo.

"Las características demográficas de la población de hoy son dramáticamente diferentes a las de 1918", asegura van de Sandt. "Hoy en día, un gran porcentaje de la población mundial es anciana o vive con una o más enfermedades crónicas: afecciones médicas como enfermedad cardíaca, obesidad, asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, diabetes. Este cambio demográfico de la población es importante, ya que se sabe que cada uno de estos factores del huésped aumenta la gravedad de incluso las infecciones leves del virus de la influenza". 

Cazadores de virus
En la actualidad, es imposible predecir qué cepa del virus de la influenza causará la próxima pandemia. Dada la propensión del virus a mutar, los especialistas coinciden en que es solo una cuestión de tiempo hasta que surja una cepa tan contagiosa y mortal como la gripe española. O peor.

"Las pandemias de influenza son como terremotos, huracanes y tsunamis: ocurren y algunas son mucho peores que otras", dice Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota.

Las vacunas son el mejor medio para detener una pandemia. Pero esto requiere primero identificar el virus, crear una vacuna y luego distribuirla en todo el mundo, un proceso que toma meses.

El ecólogo y biólogo evolutivo Kevin Olival es un cazador de virus. Busca detectar, prevenir y controlar enfermedades infecciosas emergentes antes de que se conviertan en pandemias.
Foto: EcoHealth Alliance.

Por eso, la Organización Mundial de la Salud pone el foco en la vigilancia. Es decir, detectar un peligroso virus con la suficiente antelación para contenerlo. Ahí entran en juego los llamados "cazadores de virus" como Kevin Olival. Desde hace unos 15 años, este biólogo evolutivo viaja por el mundo en busca de muestras de animales que hospedan algunos de los virus más terroríficos sin descubrir. De las aproximadamente 400 enfermedades infecciosas emergentes que se han identificado desde 1940, más del 60 por ciento tienen orígenes animales: el VIH/sida comenzó como un virus en monos; el ébola saltó de los murciélagos a los humanos y no hay que olvidar que en su momento la peste bubónica fue transportada por ratas.

Olival forma parte de una alianza global sin fines de lucro llamada EcoHealth Alliance cuya misión es detectar, prevenir y controlar las enfermedades infecciosas emergentes antes de que se conviertan en pandemias. En Indonesia, por ejemplo, este ecólogo y conservacionista persiguió y tomó muestras de murciélagos como parte de este sistema de alerta temprana. “Nuestro estudio proporciona el primer mapa predictivo de dónde se pueden encontrar estas virus zoonóticos”, dice. "Esta información es fundamental para priorizar la vigilancia para identificar y detener la próxima pandemia. Si observas el Sars, que fue la primera pandemia del siglo XXI, se trataba de un virus desconocido antes de saltar a las personas y propagarse por todo el mundo". 

Grandes amenazas
En la actualidad, estamos mejor preparados para la próxima pandemia del virus de la influenza que hace 100 años. Sin embargo, una buena comunicación entre los países y la OMS sigue siendo esencial, sin importar el nivel de desarrollo de las naciones.

"La gripe es la única enfermedad epidémica infecciosa que en los países tecnológicamente avanzados representa actualmente una amenaza comparable a la experimentada en siglos anteriores a causa de enfermedades tales como la peste y el tifus", escribió el historiador médico Thomas Mc Keown en 1976. "Es decir, la gripe es la única enfermedad que puede volver a revivir fenómenos ya olvidados por la humanidad".

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.